Rita Longa
Varias generaciones de cubanos sienten como propias sus obras, desde el Grupo familiar (Los venaditos), del Zoológico de la habanera avenida 26; la Virgen del camino, símbolo del municipio capitalino de San Miguel del Padrón; la Ballerina, del cabaret Tropicana; la Aldea Taína, en Guamá, Matanzas; el Bosque de los Héroes, en la Avenida de los Héroes, Santiago de Cuba; El Gallo de Morón, en esa ciudad, y la Clepsidra, del hotel Habana Libre, solo por mencionar algunas.
Rita Longa Aróstegui (La Habana, 14 de junio de 1912-29 de mayo de 2000), figura cimera de la escultura cubana, tiene una formación básicamente autodidacta. Su diapasón es amplio: va desde la pequeña obra hasta el conjunto monumental o la estructura destinada a calificar el ambiente; explota las posibilidades del bronce, el mármol, la madera…
En 1995, al recibir el Premio Nacional de Artes Plásticas, declara: “Las personas conocen mi obra porque la están viendo desde hace más de 60 años y esa es la única razón que doy a mi popularidad. Es el tiempo, la reiteración, es lo que impone la obra de un artista. No importa si se recuerda su nombre o no. El trabajo es lo que queda”. (PAG)








