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Publicado el 29 Julio, 2017 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

JOSÉ MARÍA MARTÍNEZ TAMAYO

Combatiente sin fronteras

Capitán rebelde en el Segundo Frente, guerrillero en Guatemala y Argentina, acompañó al Che en las gestas internacionalistas de Congo y Bolivia

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA
Fotos: Archivo de BOHEMIA

Según la CIA, José María medía aproximadamente cinco pies nueve pulgadas y tenía la nariz recta, cejas gruesas, piel aceitunada, fuertes brazos y piernas, manos grandes.

Según la CIA, José María medía aproximadamente cinco pies nueve pulgadas y tenía la nariz recta, cejas gruesas, piel aceitunada, fuertes brazos y piernas, manos grandes.

El 30 de julio de 1967, el Che y sus compañeros entablaron combate con los guardias bolivianos en las márgenes del río Rosita. Bajo un intenso tiroteo, Ricardo fue herido. Se organizó una línea de fuego y varios guerrilleros se lanzaron a rescatarlo. El revolucionario boliviano Raúl Quispeya (Raúl) recibió un tiro en el rostro que le causó la muerte. Alberto Fernández Montes de Oca (Pacho), aún herido, logró silenciar la ametralladora enemiga que los hostigaba.

El Che escribiría entonces en su Diario: “Ricardo estaba muy grave y el último plasma se había perdido en la mochila de Willy. A las 22 murió Ricardo y lo enterramos cerca del río en un lugar bien oculto, para que no lo localicen los guardias”.

De esta forma concluyó la trayectoria revolucionaria de un extraordinario combatiente que se caracterizó por su sensibilidad y audacia. Durante años desarrolló una activa labor internacionalista con los movimientos de liberación nacional de América Latina y África, que nunca fue detectada por la CIA. Solo esta supo, a mediados de 1967, y gracias a un desertor de la guerrilla boliviana, que era cubano, le llamaban Ricardo y “parecía tan fuerte como un toro”.

Los sesudos de Langley lo describían como “el más fuerte de todos” entre los compañeros del Che. Según sus archivos, Ricardo medía aproximadamente cinco pies nueve pulgadas y tenía “la nariz recta, cejas gruesas, piel aceitunada, fuertes brazos y piernas, manos grandes”. Le calculaban unos 30 años de edad. Y añadían el siguiente dato: “No fuma”.

Años después supieron que se trataba del capitán José María Martínez Tamayo, el legendario Papi del Segundo Frente Oriental Frank País. Pudieron identificarlo como aquel que había acompañado a Turcios Lima y Yon Sosa en la guerrilla de Guatemala en 1962, y a Jorge Ricardo Masseti, en la de Argentina en 1964; el Mbili o Chinchu que combatió al lado del Che en el Congo en 1965. La misma persona que participó, junto con los hermanos Coco e Inti Peredo, en la organización de la base de apoyo de la guerrilla boliviana.

Había nacido en Mayarí, hoy provincia de Holguín, el 31 de marzo de 1936. Era el mayor de cuatro hermanos. Cuentan que el abuelo, de buena posición económica, quería que jugara solo con los niños de su clase, pero José María prefería compartir aventuras con los hijos de los campesinos pobres y de los jornaleros haitianos y jamaicanos.

Quienes le conocieron hablan de su fuerza física poco común. Según testimonios de su madre, “estaba siempre en contacto con la naturaleza, vivía montando a caballo, bañándose en los ríos, pescando. Le gustaba cazar, explorar los bosques y las montañas”. Solo pudo asistir a la escuela hasta el cuarto grado.

Cuando su hermana más pequeña enfermó y hubo que traerla para La Habana, el niño José María le dio todos sus ahorros (unos cuatro pesos) a la madre. Ella recordaría años después: “Apenado, me dice que creía que era más, pero que va a vender todo lo que tiene (unos pollitos que criaba) para que su hermana y yo no pasáramos trabajo.

Pues bien, durante el tiempo que estuvimos por acá, todos los meses mandaba uno o dos pesos, que era todo lo que podía reunir”.

A mediados de los años 50, Papi manejó tractores, aró tierras y trabajó en el tiro de caña. En cuanto supo que Fidel luchaba en las montañas contra la tiranía batistiana, colgó un cartel en su máquina (“Me voy para la Sierra, Libertad o Muerte”, decía) y se fue con su fusil a incorporarse al Ejército Rebelde.

Formó parte de la columna 17 en el Segundo Frente. Cuentan que un rebelde perdió el conocimiento, en medio de un combate, por la explosión de una granada. Bajo una fuerte balacera, Papi lo llevó a lugar seguro, arrastrándolo por el cinturón.

Al triunfo de la Revolución, ubican a Papi en la unidad de tanques de Managua, bajo las órdenes de Abelardo Colomé Ibarra Furry, quien al pasar al Departamento de Investigación del Ejército Rebelde (DIER) seleccionó a José María para que lo acompañara.

Fundador de los órganos de la Seguridad del Estado, al crearse el Departamento de Operaciones Especiales del Minint, Martínez Tamayo deviene activo oficial en la materialización de la ayuda solidaria de la Revolución Cubana a la lucha de liberación nacional de los pueblos.

En el Congo, cuando le llamaban Mbili, junto a su jefe el Che

En el Congo, cuando le llamaban Mbili, junto a su jefe el Che

En la gesta internacionalista del Congo fungió, con el sobrenombre de Mbili, como tercero al mando, solo precedido por el Che y Víctor Dreke. En opinión de este último, “tenía dominio de la lucha guerrillera y clandestina. Su serenidad la probó en múltiples situaciones difíciles y riesgosas. Se preocupaba mucho por sus compañeros, por quienes más de una vez arriesgó su vida”.

Cuentan que en el Congo, en el combate de la carretera a Front de Force, Mbili mantuvo a raya a las fuerzas enemigas al cubrirle la retirada al ejército revolucionario congolés.

Del Congo marchó a Bolivia adonde llegó en marzo de 1966 con el fin de preparar la campaña planeada por el Che.

Retomó contactos con los hermanos Coco e Inti, quienes ya habían colaborado con él en la experiencia guerrillera de Jorge Ricardo Masetti en Salta, Argentina. En homenaje al revolucionario argentino, Papi-Mbili adoptó entonces el sobrenombre de Ricardo para desarrollar su trabajo clandestino.

En Bolivia, junto con Harry Villegas (Pombo) y Carlos Coello (Tuma).

En Bolivia, junto con Harry Villegas (Pombo) y Carlos Coello (Tuma).

Sin ser detectado por la CIA ni por el aparato represivo del régimen tiránico de Barrientos, Ricardo dio los primeros pasos organizativos de la guerrilla: recopiló armas, seleccionó casas seguras para refugio de combatientes, inspeccionó las posibles zonas de asentamiento del foco insurrecto; luego, organizó la recepción de los compañeros que conformarían el núcleo inicial del Ejército de Liberación Nacional.

Leonardo Tamayo (Urbano), quien combatió junto con José María en la guerrilla boliviana, afirma: “He participado en muchos combates al lado de cientos de compañeros, pero de la estirpe de Ricardo no he visto otro.

Era de los hombres que había que aguantar para que no saliera de su posición y avanzara”.

En los días de su muerte en combate, Che lo calificó de “extraordinario combatiente (…) Es una pérdida sensible por su calidad”. El revolucionario boliviano Inti Peredo escribiría tiempo después: “Ricardo o Papi, como cariñosamente lo llamábamos todos, fue el hombre que tuvo el peso de la preparación previa de la guerrilla. Querido por los compañeros bolivianos, respetado por los cubanos y peruanos que estaban combatiendo allí, no podíamos abandonarlo en un momento tan doloroso. Por eso, porque la guerrilla desarrolla hondamente los sentimientos fraternales entre los hombres, hubo actos de arrojo tan maravillosos para salvarlo”.
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Fuentes consultadas
Los libros Seguidores de un sueño, de Elsa Blaquier, y Mi campaña con el Che, de Inti Peredo. El Diario del Che en Bolivia. El Diario de Pacho, de Alberto Fernández Montes de Oca.


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García