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Publicado el 25 Julio, 2017 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

MARIO MUÑOZ MONROY

En la hora del Moncada

Combatiente de dos revoluciones, su cumpleaños 41 lo encontró en su puesto de combate
En el consultorio de su ciudad natal.

En el consultorio de su ciudad natal.

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Fotos: Archivo de BOHEMIA

Sábado 25 de julio de 1953, al amanecer. El auto donde viajaba Fidel hacia la granjita Siboney, en Santiago de Cuba, se detuvo en la gasolinera ubicada en Máximo Gómez esquina a Calixto García, en la ciudad de Colón. Allí lo esperaba el doctor Mario Muñoz Monroy. Ambos acordaron reunirse horas después en la urbe oriental. Fidel continuó viaje.

Minutos después de partir Fidel, el galeno hizo lo mismo en su automóvil. Había quedado con el también luego mártir del Moncada, Julio Reyes Cairo, en recogerlo en algún punto del camino que todavía hoy (2017) la historiografía no ha podido precisar. Se detuvieron en casa de la madre de un amigo, Bartolomé Soler, cuando atravesaron Placetas. Ya de madrugada llegaron a la granjita Siboney.

El jefe de los moncadistas y el médico de Colón se abrazaron con efusión. “Fidel, ¿ha llegado la hora cero?” “Sí, doctor, es la hora cero”. “¡Te felicito! ¡Qué fecha has escogido! Hoy cumplo 41 años y los pongo en tus manos, que tienes 26”.

Destinado al Hospital Civil, en el grupo comandado por Abel Santamaría, y según testimonio de Melba Hernández brindó auxilios tanto a moncadistas como a guardias heridos. Afirmaría la Heroína en el juicio por las acciones del 26 de julio: “Lo detuvieron en perfecto estado de salud junto con nosotras, a los tres nos condujeron a pie del hospital al Moncada, él caminaba entre dos escoltas a dos o tres metros delante de Yeyé y de mí, escuchamos que le explicaba a un militar que era médico, que no había llevado armas, el militar lo insultaba y lo empujaba violentamente, una de las veces que trató de pararse, porque lo habían lanzado al suelo, le dispararon por la espalda, asesinándolo”.

Junto a su planta de radio original, que hoy se conserva en el Museo de la Revolución en la capital.

Junto a su planta de radio original, que hoy se conserva en el Museo de la Revolución en la capital.

Los años y sus éxitos en la profesión no habían mellado los arrestos revolucionarios del doctor Muñoz, quien había sido un activo opositor a la tiranía machadista. En 1933, al conmemorarse en su primer aniversario el asesinato por el régimen de los hermanos José, Narciso y Ramón Álvarez Rodríguez, organizó en su natal Colón un homenaje a los jóvenes ultimados. Cuentan que compró una corona a través de un conocido. La imprenta de un amigo confeccionó la cinta, que decía: “A los hermanos Álvarez, de tus compañeros que vengarán tu muerte”. Ya entrada la noche, uno de los compañeros de Muñoz, a caballo, llevó la corona cerca del Mausoleo de los Mártires de la ciudad, donde aguardaba Mario con la cinta. A la mañana siguiente los sicarios descubrieron la ofrenda al pie del monumento. Nunca pudieron descubrir quiénes habían participado en la acción.

Graduado de Medicina en la Universidad de La Habana, desdeñó posibilidades de radicarse en la capital y regresó a su pueblo. Como no se prestaba a los rejuegos de la politiquería, debió ejercer la profesión en su consultorio particular, que radicaba en la calle Gonzalo de Quesada #11, entre Ricardo Trujillo y Calixto García. Sabemos de su condición de médico honorífico del hospital San Fernando (hoy demolido) porque así lo consignó el periódico La Defensa en su edición del 11 de marzo de 1944. Ese rotativo reportaba (25 de diciembre de 1944) los servicios gratuitos que prestaba en el dispensario de la Cruz Roja, entonces situado en Maceo y Masó.

Cuentan que aunque su clientela aumentaba por día, no siempre lo hacía en igual proporción su caudal económico. En una ocasión, un campesino, ante la fiebre alta que mantenía su hija de tres años, decidió llevarla al viejo hospital de Colón. No la atendieron bien y alguien le aconsejó llevarla a la consulta del doctor Muñoz. Este le inyectó un antibiótico y le sacó una placa, sin preguntarle al guajiro si tenía dinero para pagar. Años después el campesino confesaría a un periodista: “Esa noche mi niña enferma durmió en una camita que se le preparó en la casa particular de Mario Muñoz. Curó a la niña. No me cobró”.

Militante del Partido Ortodoxo, se enfrentó decididamente a la tiranía batistiana. El 23 de abril de 1952 Fidel visitó por primera vez su casa en Colón. Comprendió que Mario podría ser muy útil, pues aparte de la medicina, tenía conocimientos de comunicación, como radioaficionado, y de aviación. Hubo una segunda visita suya al hogar del médico, el 4 de mayo siguiente, acompañado de Jesús Montané. Ya el doctor Mario Muñoz había sido incorporado al contingente moncadista.

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Fuentes consultadas

Los libros Mario Muñoz Monroy, de Juan Isaías Grillo; El médico del Moncada, de Eduardo Marrero y Míriam Hernández; y El grito del Moncada, de Mario Mencía.


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García