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Publicado el 26 Julio, 2017 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

26 DE JULIO DE 1953

Tres visiones

Los hechos en torno a los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes desde las ópticas del Che, Frank y Haydée Santamaría

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Fotos: Archivo de BOHEMIA

Según el Che, los hechos en torno al 26 de julio de 1953 significaban una rebelión contra las oligarquías y contra los dogmas revolucionarios.

Según el Che, los hechos en torno al 26 de julio de 1953 significaban una rebelión contra las oligarquías y contra los dogmas revolucionarios.

En el altiplano boliviano, tras oír el discurso conmemorativo de Fidel, trasmitido por Radio Habana Cuba, el Che reunió a su destacamento guerrillero y les habló de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. Consignó luego en su diario: “Por la noche di una pequeña charla sobre el significado del 26 de Julio: rebelión contra las oligarquías y contra los dogmas revolucionarios”.

Se refería a lo que consideraba “aportaciones fundamentales” de la Revolución Cubana “a la mecánica de los movimientos revolucionarios de América”, a los cuales ya había hecho mención años antes en su libro La Guerra de Guerrillas, y que refutaban lo enunciado por él como “la actitud quietista de revolucionarios o seudorrevolucionarios que se refugian, y refugian su inactividad, en el pretexto de que contra el ejército profesional nada se puede hacer”.

Antes del Moncada, e incluso varios años después, se creía en Cuba que una revolución podía hacerse con el ejército o sin el ejército, pero nunca contra el ejército. Muchos grupos insurreccionales se desgastaban en conspiraciones con los militares, las que al final eran detectadas y neutralizadas por el aparato represivo de la tiranía. El 26 de Julio, para el Guerrillero Heroico, al prescindir de los uniformados para el estallido de una insurrección, marcaba un hito.

Sobre la otra aportación fundamental que desde el Moncada habían hecho Fidel y sus compañeros, el Che ponía una acotación especial: “Es necesario demostrar claramente ante el pueblo la imposibilidad de mantener la lucha por las reivindicaciones sociales dentro del plano de la contienda cívica”, es decir, solo una vez agotadas las posibilidades de una lucha legal, o para decirlo con palabras del Che, cuando “la paz es rota por las fuerzas opresoras que se mantienen en el poder contra el derecho establecido”, es viable la insurrección. Una alusión implícita a la labor de Fidel al haber llevado a Batista a los tribunales por interrumpir el ritmo constitucional con el golpe del Estado. Cuando los jueces se plegaron a la tiranía y desestimaron la acusación del joven abogado, le demostró al pueblo que no había más opción que la del 68 y el 95.

Por último, para el Che era inconcebible sentarse “a esperar a que de una forma mecánica se den todas las condiciones objetivas y subjetivas necesarias, sin preocuparse de acelerarlas”. Total coincidencia con lo expresado por Fidel meses antes del Moncada: “Hace falta echar a andar un motor pequeño que ayude a arrancar el motor grande”.

Desde la óptica de un santiaguero

Para Frank País, la decisión de Fidel de encabezar el asalto al cuartel Moncada demostraba que era un hombre puro.

Para Frank País, la decisión de Fidel de encabezar el asalto al cuartel Moncada demostraba que era un hombre puro.

A eso de las cinco y media de la madrugada del 26 de julio de 1953, a Frank País lo despertó un ruido ensordecedor, como de tableteo de ametralladoras y disparos de rifles. Abandonó el lecho y junto con su hermano Josué subió al techo. El tiroteo procedía del cuartel Moncada. Buscaron infructuosamente noticias en la radio: las emisoras santiagueras no aparecían en el dial, las de La Habana ignoraban lo que estaba sucediendo en la urbe oriental.

Pepito Tey irrumpió en casa de los País García, venía en busca de noticias. Frank y él marcharon a casa de Pedro García Lupiáñez. Luego partieron hacia el cuartel y comenzaron a darle vueltas, intentando acercarse y contactar con los supuestos soldados insurrectos. Ya en el Moncada no se combatía y la soldadesca les impidió pasar, primero esgrimiendo las culatas de los rifles, después disparando al aire.

En carta a su entonces novia, Elia Frómeta, fechada el 28 de julio de 1953, escribió Frank: “Te escribo ante todo para decirte que en estos días no me ha pasado nada, no estoy mezclado en absolutamente nada, pero quisiera, ese día salí a la calle buscando quien tuviera un rifle o un revólver […].

“Los jóvenes [asaltantes] se marcharon a Siboney y luego a la Gran Piedra y demás lomas, donde los guapos ahora los están persiguiendo como a perros, a todos los matan, a los que se rinden también, imagínate, ellos que no conocen esos lugares, los matan como a mosquitos […].

“Con los compañeros más avanzados, Frank fundó la Acción Revolucionaria de Oriente (ARO)”.

Frank País.

“Me llegué a colar con un grupo que traía a un soldado herido, [los cadáveres de los asaltantes] estaban tirados en el suelo, todos llenos de balas y de honor, jovencitos algunos, que no tenían ni barba siquiera, uno colgado en un árbol, las piernas al aire y los pies en el suelo (sic), mientras el cuerpo se bamboleaba en el aire. Era algo horrible […].

“Me dio una rabia y un dolor ver cómo morían y mueren decenas de muchachos jóvenes”.

Un día después consignaría en una misiva a su amiga Ruth Gainza: “Te habrás enterado ya lo que ocurrió el domingo [26 de julio], pero no vayas a creer en todo lo que dicen los periódicos […].

“Después de unas horas de combate se retiraron, dejaron pocos muertos, pero atraparon en el hospital civil a las dos mujeres y unos 17 jóvenes, […] alguien, no puedo decirte, vio cuando los sacaban a culatazos, y mataban a algunos a culatazos, habiéndose ya rendido, y estando desarmados, reconquistaron el cuartel [sic] y los llevaron allí, donde los golpearon muchísimo y después alguien vio cómo los ahorcaban y los fusilaban sin juicio ni nada, […] y los hicieron aparecer como muertos en campaña, una verdadera masacre.

“El resto huyó a Siboney y luego a la Sierra Maestra, donde los están persiguiendo como a perros sin tener compasión de los que se rinden, los asesinan también. Ayer vieron traer a seis prisioneros y fusilarlos en el cuartel y hacerlos aparecer hoy en los periódicos como que habían muerto en el tiroteo […].

“Me da muchísimo dolor que los estén asesinando así y yo con los brazos cruzados, viviendo cómodo en mi casa, es como para desesperar a cualquiera”.

Frank no permaneció inactivo. Según el combatiente Eduardo Yasells, “después del Moncada, la primera acción que planteó Frank fue ir por Siboney, donde habían operado los moncadistas, y buscar las armas que suponíamos habían dejado ellos en su retirada”. De acuerdo con el testimonio de Rafael Portuondo, para esa tarea reunió un grupo de compañeros y los puso enseguida a rastrear la zona en que está enclavada la granjita de la que partieron los asaltantes y sus alrededores. Esta encomienda tenía sus riesgos, pues todavía el ejército custodiaba esos parajes. Añade Yasells: “Cada uno de nosotros nos asignamos distintos lugares. Este rastreo era un poco de tanteo, así que no resultó fructífero”.

Frank no podía quedarse inactivo, sentía la necesidad de denunciar públicamente a la tiranía. Con ayuda de otros jóvenes, recopiló información y redactó un manifiesto titulado Asesinato, donde condenaba los crímenes perpetrados. Juan Antonio Monroy, biógrafo del héroe santiaguero, asegura que la idea inicial era imprimir cuatro mil ejemplares, pero no alcanzó el dinero y solo dos mil salieron de la imprenta.

El documento cayó en manos de las fuerzas represivas, las cuales lo calificaron de “altamente subversivo” pues en él, argumentaban, “se hacen alusiones a los sucesos ocurridos el día 26 de julio pasado en el cuartel Moncada, tergiversando esos hechos para confundir a la opinión pública e infiriendo frases amenazantes para miembros de las Fuerzas Armadas”. Como aparecía firmado por el joven revolucionario, este cayó preso junto al impresor Pinillos, quien fue puesto en libertad a los pocos días, pues Frank asumió la total responsabilidad del manifiesto y lo exoneró de toda culpa. Su estancia en prisión duró hasta bien entrado el mes de agosto de 1953.

Al salir de la cárcel, era frecuente en las conversaciones de Frank una referencia al Moncada. Alababa no solo la valentía que tuvieron los atacantes sino también el valor político de la acción. Y le oyeron decir que la decisión de Fidel de encabezar un enfrentamiento de este tipo mostraba que era un hombre puro.

Por aquellos días, se desconocían aun las declaraciones de Fidel y todavía no había pronunciado su histórico alegato “La historia me absolverá”.

Visión de una heroína

Haydée: “El Moncada no hubiera sido nada sin la firmeza de los que murieron y sin la firmeza de los que vivieron”.

Haydée: “El Moncada no hubiera sido nada sin la firmeza de los que murieron y sin la firmeza de los que vivieron”.

Haydée Santamaría resultó, a la vez, participante activa y testigo excepcional de los hechos acaecidos el 26 de julio de 1953 en Santiago de Cuba. En una oportunidad, ante estudiantes universitarios, hizo reflexiones sobre ese momento histórico: “Cuando hablamos de cualquier cosa insignificante, decimos: ‘Esto nos pasaba antes’ o decimos: ‘Esto nos pasaba después’.  Y ese antes y ese después es antes del Moncada y después del Moncada.

“La transformación después del Moncada fue total. Se siguió siendo aquella misma persona, pudimos seguir siendo aquella misma persona que fue llena de pasión, y pudimos, se pudo seguir siendo una apasionada pero la transformación fue grande, fue tanta que si allí no nos hubiésemos hecho una serie de planteamientos, hubiera sido difícil seguir viviendo o por lo menos, seguir siendo normales.

“Allí se nos reveló claramente que el problema no era cambiar un hombre, que el problema era cambiar el sistema; pero también que si no hubiéramos ido allí para cambiar a un hombre, tal vez no se hubiera cambiado de sistema.

Haydée Santamaría.

Haydée Santamaría.

“Allí pensamos cuanto podíamos seguir haciendo y la enorme voluntad que teníamos que seguir teniendo. Porque recordamos siempre –lo recordamos como si fuera ese primer día-, cuando Abel nos decía: ‘después de esto es más difícil vivir que morir, por lo tanto tienes que ser más valiente tú que nosotros; porque nosotros vamos a morir y ustedes, Melba y Haydée, tienen que vivir, tienen que ser más fuerte que nosotros, es más fácil esto que lo otro’. Aquello nos ayudó a pasar las horas más terribles que pudimos haber vivido, pero también nos ayudó a vivir.

“[…], pero es que los hechos quedan, cuando quedan, también del hecho, algunos hombres firmes. Porque el Moncada se hace grande por la firmeza de los que mueren y por la firmeza de los que viven. El Moncada no hubiera sido nada sin la firmeza de los que murieron y sin la firmeza de los que vivieron”.

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Fuentes consultadas

Los libros La Guerra de Guerrillas, de Ernesto Che Guevara, La clandestinidad tuvo un nombre. David, de Yolanda Portuondo, y Haydée habla del Moncada, de Haydée Santamaría. El Diario del Che en Bolivia. La compilación Moncada: antecedentes y preparativos.


Pedro Antonio García

 
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