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Publicado el 7 Agosto, 2017 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

CUBA 1957

El muchacho del Parque del Carmelo

José Ramón Rodríguez primero trató de transformar el barrio, luego se percató de que era necesario transformar todo un país
El parque del Carmelo, lugar relevante en la vida de Ramoncito durante su niñez y juventud. (Autor sin identificar)

El parque del Carmelo, lugar relevante en la vida de Ramoncito durante su niñez y juventud. (Autor sin identificar)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Fotos: Cortesía de la ACRC La Habana

La gente del barrio le llamaba, algunos todavía le llaman, Ramoncito. Cuando el autor de estas líneas era un niño y asistía a la escuela primeria Osmani Arenado de la calle17 entre 12 y 14, en el Vedado capitalino, un maestro que hablaba de historia como si narrara un cuento de los Hermanos Grimm, le dijo a sus alumnos que en ese mismo plantel, en los años 40, cuando lo regenteaban las Hermanas Teresianas, había cursado el prescolar José Ramón Rodríguez López.

Decía el maestro que El Héroe –él le llamaba así– le enseñó ajedrez a los maleantes y buscavidas que “ponían malo el parque del Carmelo, frente a la iglesia del padre Reginaldo” (calle 13 entre 14 y 16) y el lugar dejó de oler mal (años después supe que se refería a la marihuana) y se dejó de jugar al interés. Pronto el parque se llenó de tableros escaqueados en los que intercambiaban jaques blancos, mulatos y negros, mataperros de todas clases, niños de los solares aledaños y de las casas con perro y garaje, mientras Ramoncito, de contendiente en contendiente, iba repartiendo consejos: “saca primero los caballos”, “en esa apertura tienes que comerte el peón”, “eso te pasa por no enrocarte”.

De pelotero en su infancia. Era partidario del club Habana en la Liga Invernal cubana. (Autor sin identificar)

De pelotero en su infancia. Era partidario del club Habana en la Liga Invernal cubana. (Autor sin identificar)

Su vida y su muerte adquirieron en el barrio de mi infancia ribetes de leyenda. El imaginario popular afirmaba que antes de ser asesinado había proyectado a tres policías: uno por técnica de hombro (ipon seoe nague), el segundo, por uchi mata; el tercero, por una combinación de osoto gake e inmovilización. “Los dejó indefensos pero vivos, y cuando les dio la espalda, tiraron desde el piso”.

La realidad fue distinta y hay que contar la historia tal como fue. Un niño devino testigo casual y lo vio todo. En la esquina de 18 y 19 en El Vedado, había en 1957 una cafetería famosa por sus medianoches y helados cremosos, con puertas de entrada y salida por las dos calles. Allí frecuentaba José Ramón para sus contactos revolucionarios. Aproximadamente a las tres de la tarde del 7 de agosto de 1957, a esa esquina, llegó una perseguidora con varios esbirros y el delator, quien identificó a Ramoncito. Narra el entonces niño: “Estaba jugando bolas frente a casa de mi tía que vivía a mediación de cuadra a unos 15 metros del lugar de los hechos, yo aún no había cumplido los nueve años.

“Presencié personalmente cuando lo capturan…, el entra a la cafetería por la calle 19 y sale por la calle 18 y se introduce por unas escaleras que daban para el primer edificio de la cuadra, es ahí donde lo detienen. Lo llevan a la perseguidora, él se defiende e impacta a uno o dos de los guardias pero es reducido ante la superioridad numérica y forzado a entrar en el auto donde le propinan el primer disparo. Yo lo escucho y mi madre me obliga a entrar a la casa, me impide ver los restantes acontecimientos”.

Ultima foto captada días antes de su muerte. (Autor sin identificar)

Ultima foto captada días antes de su muerte. (Autor sin identificar)

Llevado con rumbo desconocido –según investigaciones de los combatientes Adalberto Herrera y Alfredo García–, “todo parece indicar que a la Quinta Estación de Policía, donde debieron torturarlo”, lo dejaron por muerto varias horas después en el Hospital de Emergencias de la calle Carlos III. Los médicos comprobaron que a pesar de su estado, aún vivía y notaron un balazo, en la cabeza, producido a boca de jarro, sin dudas un intento de rematarlo. Familiares y compañeros que al enterarse de lo sucedido habían comenzado su búsqueda, lo encontraron al fin en ese centro hospitalario en estado sumamente grave. Se mantuvo así inconsciente durante cuatro días. Falleció el 11 de agosto de 1957.

José Ramón Rodríguez López nació el 17 de agosto de 1937 en La Habana y siempre residió en la casa de sus padres, en la calle 16 esquina 13, en El Vedado. Según su hermana Xiomara, “desde muy niño se mostraba poseedor de un carácter fuerte y a la vez muy sereno, practicó varios deportes entre ellos ajedrez y judo; a este último, su deporte preferido, le dio lauros (llegó a ser cinta negra segundo dan). En el caso del ajedrez le gustaba dar simultaneas a los muchachos en el parque. Practicó también el deporte acuático de vela en lo que es hoy el círculo social obrero que lleva su nombre”.

Casa natal, en calle 16 y 13, en el Vedado. (Autor sin identificar)

Casa natal, en calle 16 y 13, en el Vedado. (Autor sin identificar)

Opuesto a la tiranía batistiana desde su instauración, estuvo muy vinculado con la Federación de Estudiantes de Academias Privadas (FEAP), en la que integraba el sector más radical e insurreccioanlista. Militante del Movimiento 26 de Julio, fundó y devino jefe indiscutible de la Célula 8, denominación del grupo de Acción del M-26-7 con base en la barriada El Vedado, aunque logró también agrupar a jóvenes de La Habana Vieja, Centro Habana y Luyanó. Algunos de sus compañeros de lucha comenzaron a llamarlo El Temerario, porque parecía no temer a nada. Solía decir que “el valiente muere una vez y los cobardes, mil veces”. Al frente de su célula realizó infinidad de misiones, incluso en otros barrios de la capital. Creó una fábrica de explosivos en el garaje de su propia casa, donde también enseñaba el uso de las armas a los combatientes.

Al día siguiente de su muerte, a pesar de la represión y vigilancia, la tiranía batistiana no pudo evitar que la gente del barrio, más de un centenar donde se confundían combatientes de su célula y estudiantes universitarios y de la Segunda Enseñanza, llevaran a pie por las calles del Cementerio Colón su ataúd cubierto por la bandera cubana hasta el panteón familiar, mientras entonaban el Himno Nacional.

Fuentes consultadas

Testimonios recogidos por los combatientes Adalberto Herrera y Alfredo García a familiares, amigos y compañeros de lucha. Documentos y fotos localizadas en las sedes de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana en la provincia de La Habana y el municipio de Plaza de la Revolución.


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García