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Publicado el 9 Agosto, 2017 por Marta Sojo en Historia
 
 

72 AÑOS DESPUES DE LA MASACRE

Piedra de la promesa de la Paz

Hiroshima será siempre un recordatorio para lograr que no se repitan hechos como el de aquel agosto de 1945

Piedra de la promesa de la PazPor: MARTA G. SOJO

Foto: ANARAY LORENZO

Más de 7 décadas atrás un devastador suceso conmocionó al planeta. Harry S. Truman presidente entonces de los Estados Unidos ordenó atacar al imperio japonés lanzando una primera bomba atómica en Hiroshima el 6 de agosto, y una segunda en Nagasaki el 9 del propio mes. Según fuentes consultadas, argumentó la necesidad de invadir Japón para evitar la muerte de miles de soldados norteamericanos. Se sabe en el presente, que Japón, a esa altura de la guerra, ya estaba derrotado. El objetivo era político. EE.UU. se proponía, desde el inicio de la guerra, definir el reparto del mundo a su favor y consolidar su hegemonía a nivel mundial.

Después de la guerra los habitantes de Hiroshima emprendieron una campaña para solicitar al gobierno central la edificación de una Ciudad de Paz. Este movimiento dio como resultado la “Ley de Reconstrucción”, primera de índole que refleja la lucha de la raza humana por la paz. El decreto estipuló, también, preservar a perpetuidad la zona de la isla Nakajima, situada cerca del centro de la explosión y recomendó edificar lo que es hoy el Parque Conmemorativo de la Paz de Hiroshima, en el cual se incluye la faja de tierra del otro lado del río Motoyasu, donde se levanta lo que nombraron Cúpula de la Bomba A, bello edificio que fue la Galería de Promoción industrial Prefectural de Hiroshima, cuya armazón sufrió daños graves a causa del rebufo y luego se quemó desde el techo hacia abajo debido a los incendios ocasionados espontáneamente por los rayos caloríficos.

Por otro lado, el ferviente anhelo del pueblo japonés de expresar la necesidad de la paz mundial y el no uso de las armas atómicas, lo motivó a esculpir en losas, extraídas con posterioridad del lugar donde impactó la bomba en Hiroshima y obsequiarlas a diversas países en el mundo, como una plegaria por la paz, para así compartir con todas las naciones este llamado pacifista.

Luego de extensas investigaciones realizadas por la Hiroshima Railway Company, fue comprobado que esas piezas, efectivamente, eran las que habían estado expuestas a la explosión. Después de pruebas científicas para determinar si no conservaban radioactividad, alrededor de 10 mil personas de diversos credos esculpieron en cada uno de los 188 trozos, el rostro de la Diosa de la Misericordia, conocida en ese país asiático como Kannon. Esa labor tardó siete años en ser concluida y este recuerdo fue nombrado “Piedra de la Promesa de Paz de Hiroshima”.

La historia de la constitución de esta sociedad viene de lo visto por Reikiyo Umemoto, fundador de dicha Asociación, quien visitó Hiroshima, dos semanas después del suceso. La mayoría de los edificios estaban quemados y todo un desastre, caminaba por el puente Aioi bashi a unos doscientos metros de la explosión, cerca de una vía de tranvía. El viento sopló y Rikiyo notó que las piedras estaban intactas debajo de las cenizas. Ahí fue que decidió que esas piedras debían servir para guardar la paz y ser un recuerdo de todas las víctimas de la bomba atómica.

Veinte años después Umemoto compró las piedras cuando cambiaron las vías del tranvía y esperó otros 20 más para que desapareciera los trazos de radioactividad, después de lo cual fueron grabadas con el rostro de la diosa.  En 1991, fue que se constituyó la sociedad.

La “Asociación de Piedras por la Paz de Hiroshima”, organismo no gubernamental se ha dado a la tarea de establecer contactos con diferentes países para donarles una losa del pavimento por donde cruzaba la línea de tranvías de la ciudad. La primera fue entregada el 6 de agosto de 1991, fecha conmemorativa del estallido, a la República del Perú. En lo adelante se han confiado las muestras a otros países tanto de Norte y Sur América, como de Asia, Oceanía, África, Europa y el Medio Oriente. Al develarse en Cuba, en 1999, una de ellas, expuesta en la Casa de Asia, ya hay más de 82 naciones las que han recibido el legado pacifista.

Las reliquias de aquel fatídico episodio, esparcidas ahora en diferentes áreas geográficas, pasan a ser un tesoro cultural, y más aún, un tremendo símbolo de reflexión. Sean estas líneas un recordatorio de aquel catastrófico hecho que causó tantas muertes de inocentes y un rechazo a las guerras que aún se mantienen en el planeta.


Marta Sojo

 
Marta Sojo