0
Publicado el 24 Septiembre, 2017 por Redacción Digital en Historia
 
 

La guerra que todavía debe ganar

La guerra que todavía debe ganar.

Carlos Rafael Rodríguez sentía aprecio y respeto por el Che, a quien admiraba por ser hombre de acción y de pensamiento. Ni su intensa actividad internacional, ni las horas que dedicó a trabajar en todas sus tareas, le impidieron al Che estudiar, examinar acuciosamente temas nacionales, entre ellos el de la economía.

He aquí fragmentos de aquella conferencia

Había sido inicialmente renuente por respeto al Che, por el hecho de que las circunstancias del trabajo en que todos estamos envueltos hacen difícil una revisión sistemática de todo el conjunto de ideas tan importantes elaboradas por el Che sobre la dirección económica del país […].

Pero hace unos días recordé que entre los trabajos que había recibido recientemente y que, como muchos, no he tenido la oportunidad de leer hasta ahora, estaba el premio Casa de las Américas, otorgado este año a un libro que yo me había asomado a él sin penetrar mucho en su contenido, de un joven estudioso cubano, Carlos Tablada, sobre el Che Guevara. […] puedo confesarles que me siento tributario en esta tarde de ese libro porque sin él no habría podido llegar aquí y decir […]: Estoy en disposición mínima, por así decirlo, de compartir con los compañeros algunas reflexiones sobre la contribución de Ernesto Che Guevara a los problemas de la economía nacional, mínima, porque el pensamiento del Che tiene tantas facetas que es imposible abarcarlo de una sola vez […].

Sin embargo, creo que el mejor homenaje que podemos rendirle al Che en este XX aniversario, cuando nos reunimos compañeros que de un modo u otro estamos responsabilizados con el quehacer económico, es revisar un poco de lo mucho con que él contribuye al desarrollo de la economía cubana, en el terreno de la teoría […], y principalmente en el terreno de la práctica.

La personalidad del Che ha estado siempre presente en la industria nacional […], muy particularmente en la industria básica de nuestro país, a la cual él estuvo tan particularmente ligado. […] ustedes conservan la imagen del Che como un ejemplo a seguir, y creo que todos debemos tenerlo en esa condición. Un ejemplo para dirigentes y para dirigidos.

[…] Dentro de las ideas del sistema presupuestario de dirección de la economía postulado por el Che se encuentran contenidas ideas actualísimas, para lo que estamos realizando y yo diría que si no ponemos en práctica muchas de las ideas del Che en el sistema de cálculo económico, por el cual nos guiamos, y respecto al cual el Che fue tan crítico, no podremos avanzar […].

A la distancia del tiempo, el sistema presupuestario nos aparece como una contribución de excepcional valor. No diríamos –y ustedes lo saben bien– el Che creó el sistema presupuestario. Ya venía de países socialistas […]. Pero el Che sí lo trabajó en las condiciones de un país que a la vez hace el desarrollo y el socialismo, condiciones particulares de la economía cubana […].

Se ha escrito mucho en el extranjero, y hay hasta libros hablando de las contradicciones del Che con algunos compañeros, y particularmente se me señala a mí. Yo tengo como orgullo el poder decir que, aunque algunas contradicciones existieron, en lo fundamental, en lo esencial al abordar el problema económico, estuvimos siempre profundamente identificados y trabajamos juntos, con otros compañeros, para imponer un poco de orden en la economía cubana, por lograr la máxima eficiencia […] y por establecer aquello que para nosotros es esencial: el control económico, cualquiera que sea el punto de partida. Y el sistema presupuestario se basaba, en primer término, en el uso de las técnicas contables más avanzadas y una concepción muy moderna […] sobre el uso de la computación […]. En este terreno Che, anticipándose a su tiempo, con una visión larga que él tuvo siempre, comprendió lo mucho que la naciente utilización de la computación podía dar a la economía como auxiliar valioso del control económico […]. Y una contabilidad fuerte, junto con la computación […], eran la base del sistema presupuestario que él defendía.

Esto iba unido también a una concepción muy clara del papel de la planificación como instrumento permanente de la economía. Naturalmente, junto a la planificación que el Che elaboró como instrumento fundamental frente al cálculo económico que le daba una mayor autonomía a las empresas, la centralización del sistema presupuestario, según la cual no había fondos particulares de las empresas y por consiguiente un fondo centralizado y común regía todas las finanzas del conjunto económico empresarial. El Che partía para esto de la eficiencia lograda por las grandes empresas y consorcios que empezaban entonces a ser ya multinacionales […]; eficiencia económica que les permitía manejar un conglomerado disímil de empresas como si fuera una sola entidad. Y, partiendo de la idea de que el socialismo está en condiciones mejores que el capitalismo –y lo está– para el manejo de la centralización económica, el Che llegaba a la conclusión de que toda la economía nacional podía ser administrada como una sola empresa, con un fondo común con asignaciones de fondos de acuerdo con los requerimientos –como hay que tomar en cuenta–  la posibilidad que nos da el socialismo de que, si es necesario, una empresa esté en déficit permanente, produzca productos que desde el punto de vista económico no parecen “rentables”. Si se considera solamente la llamada rentabilidad –que él rechazaba– […], la producción de esos rubros puede ser negativa porque, dada la estructura de salarios, los costos serán mayores que los ingresos.

Sin embargo, siendo necesario el producto, el socialismo nos da la posibilidad, que debemos saber aprovechar y tenemos que aprovechar, de que empresas aparentemente irrentables –vamos a usar esa palabra– sigan produciendo porque otras empresas, que tienen excedentes de rentabilidad, contribuyen con sus fondos que el presupuesto puede asignar a las empresas deficitarias y les permitan trabajar en esas condiciones […].

¿Podemos considerar que el sistema presupuestario es más progresista que el sistema de cálculo económico? Yo creo que se acerca más al porvenir. El sistema presupuestario está más cerca de lo que tiene que ser la sociedad en el futuro, pero esto es solo una hipótesis y se refiere a un futuro algo distante […].

Analicemos algo en que coinciden los dos sistemas para recordar que para el Che la planificación, como opuesta al mercado […], es la categoría definitoria de la sociedad socialista: sin planificación, no puede haber socialismo […].

El compañero Fidel, con mucha razón, ha insistido en la necesi-dad de mantener la centralización de la economía en sus aspectos fundamentales y, sobre todo, en la selección, atribución y puesta en práctica del plan de inversiones de la economía nacional. No siempre lo que es bueno para la empresa es bueno para el conjunto de la economía. Eso es una axioma del cual partimos. […]. La idea de que lo que es bueno para la empresa es bueno para la economía es solo real en parte, porque la empresa, como productora de recursos, como suministradora de recursos, evidentemente si trabaja bien debe trabajar para el beneficio de la economía. Pero para que la empresa trabaje para el beneficio de la economía, el plan de la empresa, sus inversiones y hasta el surtido de sus producciones –y esto es algo en lo cual insiste particularmente el compañero Fidel– deben ser, en lo fundamental, decididos centralizadamente. Si dejamos que la empresa produzca todo aquello que ella quiera producir y aquello que le sea más ventajoso económicamente, cometeremos serios graves errores […].

Ley del valor, mercancía y mercado

Otro elemento fundamental que tenemos que tomar en cuenta al analizar las ideas del Che es la polémica que hubo en los inicios de la revolución entre el Che y los que entonces aparecían como principales defensores del cálculo económico y la ley del valor. Yo diría lo siguiente: la mayor parte de las contribuciones del Che, […] sobre el sistema presupuestario de financiamiento, tiene una originalidad extraordinaria. Y, si ustedes quieren estudiar el pensamiento económico del Che Guevara, yo los instaría sobre todo a examinar la polémica que tuvo con un entonces miembro del Partido Comunista Francés, que nos ayudó en los primeros momentos en la esfera de la planificación. Charles Bettelheim. Ahí están las contribuciones mayores del Che sobre la ley del valor.

[…] Yo solo quiero fijarme en un elemento, que es el siguiente.

La teoría de eliminar la ley del valor no la planteaba el Che como absoluta, esto es interesante recordarlo, puesto que nosotros admitimos la vigencia de la ley del valor en ciertos efectos. Él decía que la ley del valor no podía ser rectora de la actividad económica, que nosotros teníamos condiciones creadas por el socialismo para manipular la ley del valor […].

Porque, efectivamente, no se trata, como alguno de los defensores del cálculo económico de aquel período trataron de establecer, sobre la defensa absoluta de la vigencia de la ley del valor y de la inevitabilidad del mercado, sino de la utilización de la ley del valor bajo control, tomando en cuenta fundamentalmente los elementos impuestos por la responsabilidad de la economía de nuestros tiempos, en nuestro país, en las condiciones históricas de nuestro país, que nos obligan a cosas tan sencillas, por ejemplo –y rechazadas por el Che–, como admitir la categoría de nuestra mercancía para las relaciones interempresariales. […]. Pero cuando aceptamos la vigencia de la mercancía, no aceptamos la vigencia principal del mercado. En los defensores cubanos del cálculo económico hay un extremo de esa defensa del cálculo económico que conduce a la admisión del mercado como el gran juez de la economía nacional, como el organizador de la economía nacional. No se necesita sostener esa tesis, que a nuestro juicio es falsa y conduce a más errores […].

[…] Si aceptamos el mercado aceptamos con él la anarquía que el llamado mercado libre introduce en nuestra economía. El mercado y la ley del valor actúan corrigiendo, bajo los efectos de la ley del valor, las distribuciones iniguales de la riqueza entre las empresas a través de la ley del mercado y de los precios […].

[…] Por consiguiente, cuando hablamos de la utilización de la mercancía nos referimos a la utilización relativa del mercado. No-sotros utilizamos el mercado. Junto a productos que no solo tienen un mercado regulado –como es el mercado de la libreta en nuestro país–, hay productos que están sometidos al mercado paralelo. Pero el mercado paralelo, donde tomamos en cuenta la ley de la oferta y la demanda para establecer el precio de los productos, no es un mercado autárquico, en que las leyes de la oferta y la demanda prevalecen absolutamente; es un mercado donde la dirección del país utiliza de una manera reguladora las posibilidades que la ley de la oferta y la demanda le ofrece para poner precios que se acercarían a los precios del mercado si el mercado existiera, pero que maneja el mercado, no se subordina al mercado […].

Por eso, podemos aceptar la definición que está en estas palabras del Che que me gustaría repetir: “Consideramos la ley del valor como parcialmente existente debido a los restos de la sociedad mercantil que todavía subsiste”. Pero hay una frase adicional que no podemos aceptar y es esta: “Negamos la existencia de la categoría mercancía entre empresas estatales”. Eso no lo aceptamos, no es lo que prevalece en nuestro sistema […].

Y tenemos que aceptar también este apotegma del Che: “La ley del valor y el plan son términos ligados por una contradicción”.

Efectivamente, el plan es contradictorio con la utilización del mercado y, por consiguiente, con la utilización de la ley del valor. El plan se hace más conciliable con la utilización del mercado y la ley del valor cuando se interpreta la ley del valor como vigente parcialmente, cuando no nos dejamos vencer por ella sino que la utilizamos, cuando establecemos el mercado como un elemento manejado por la dirección de la economía.

[…] Por consiguiente, si pudiéramos decir algo, yo repetiría una frase de Lenin que debemos tomar en cuenta y que coincide con lo que estamos haciendo: “en política –dice Lenin– es poco serio confiar en la convicción, la lealtad y otras magníficas cualidades morales. Dichos rasgos morales lo poseen solo contado número de personas, pero las que resuelven el desenlace histórico son las grandes masas, las cuales, si este pequeño número de personas no se adapta a ellas, las tratan a menudo con no mucha delicadeza”.

[…] Vemos continuamente los errores, las flaquezas, incluso incorrecciones de gentes que creíamos representantes de esta sociedad. Sin embargo, no podemos dejarnos arrastrar por la desconfianza, tenemos que seguir con la confianza puesta en el ser humano como tal, en su posibilidad de perfectibilidad […].

[…] Che decía: ‘Siempre insistimos –repito sus frases– en este doble aspecto del avance de la construcción del socialismo. No es solo trabajo la construcción del socialismo, no es solo conciencia la construcción del socialismo’. Esto es muy importante […]. Si nosotros dedicamos a avanzar la conciencia sin tomar en cuenta la eficiencia del trabajo, no construiremos una sociedad comunista.

[…] Tenemos que tomar en cuenta esto como elemento permanente de nuestra conducta en la batalla que estamos siguiendo. Esta es una batalla sobre todo en que la eficiencia económica se vincula con la elevación moral de nuestra sociedad. […].

Ahora, para todo esto ¿qué hace falta? […]. Che dijo de una manera muy categórica: “Sin control no podemos construir el socialismo” […].

¡Fíjense con qué clarividencia él, un comunista, que vivía por delante del conjunto de la sociedad, se daba cuenta de la falla y de los errores de una sociedad! Un hombre que tenía inmensa fe en el hombre, inmensa fe en la capacidad del hombre, que confiaba en el hombre en todos los elementos cotidianos, en el trabajo voluntario, en el trabajo de la fábrica, que confió siempre en el ser humano, decía: “La gente puede ser muy buena la primera vez. Pero cuando, basados en la independencia, cometen actos de sustracción de tipo personal para reponer a los dos o tres días, después se va enlazando esto y se convierten en ladrones, en traidores, y se van sumiendo cada vez más en el delito”.

Este tipo de gente somos todos nosotros. No nos consideramos inmunes a esa posibilidad de error. Y la única manera que tenemos de evitar estos es la lucha contra lo malo que hay en nosotros mismos, contra la supervivencia del pasado […], es fácil corregir el primer error, difícil el segundo, pero imposible cuando los errores se transforman en una conducta.

[…] Si queremos acercarnos cada vez más a la sociedad mejor que nosotros aspiramos a tener, hay que hacer que cada trabajador tenga esto en mente, y lo que tiene que tener el director de la empresa, lo que tiene que tener el núcleo del partido, lo tiene que tener el sindicato, lo que tiene que tener la colectividad en su conjunto. […].

Calidad

Ahora vayamos, en este mismo sentido, a un nuevo aspecto en el que estamos poniendo mucho énfasis, el problema de la calidad.

¿Qué dijo el Che? Dijo: ‘Norma es calidad, no solo cantidad’ […].

¿Qué pasa entre nosotros? Una guagua puede no parar completamente, y si usted protesta el chofer le dice: Usted toma o deja la guagua. Si ese chofer va a un mercado, al chofer le dicen: Bueno, ¿lo toma o lo deja? Porque esto es lo único que tenemos, y no se preocupe de estar buscando más calidad que esta. Si el del mercado va a un restaurante le dicen lo mismo: ¿lo toma o lo deja? Una cadena de “lo toma o lo deja” como concepción, como idea.

[…] Norma y control, una frase que también debemos recordar, porque es actualísima: ‘en el momento en que caigan los controles –decía el Che– caerá todo el aparato organizativo que hemos montado’. Esa era una de sus preocupaciones […].

El control y la norma, la norma, como producción de calidad; pero, además, la norma –y esto es muy importante, y también por acá hay una frase del Che– como producción al más bajo costo posible […]. Cuando nosotros pensamos en el Che tenemos que pensar en este tipo de cosas. Porque, efectivamente, la muerte del Che fue una muerte heroica y para nosotros muy dramática, pero […] el Che dejó ejemplos a la sociedad cubana.

Economía, cuadros, ejemplo

[…] Como ha dicho Fidel, las cifras son engañosas. Pero si te-nemos una dirección de empresas y un colectivo de dirección em-presarial que sea capaz, con un contador eficiente y un economista preparado, y un director de empresa que puede ser técnico o un economista, cualquiera de esas dos cosas si tenemos ese conjunto de trabajadores, sabremos descubrir los secretos que hay detrás del dato. Y esto es muy importante: los datos fríos no sirven […].

Ustedes recuerdan –y creo que algunos de ustedes participaron varias veces en los análisis sistemáticos– […] que hacían del trabajo de las empresas bajo la conducción del Che. Un día completo de análisis de todo lo que ocurría en una empresa, desde el abastecimiento, hasta los problemas tecnológicos, los problemas financieros […]. Él decía: “la disciplina financiera es uno de los aspectos más importantes de la gestión de la empresas, de las fábricas. Las finanzas, tenerlas al día. Por ejemplo, los pagos y los cobros, todos los problemas con los contratos; por ejemplo, un arbitraje que haya que hacer por un producto malo que llega, todas esas cosas constituyen la disciplina financiera, constituyen los controles”. Y añadía: “el costo sería el que realmente daría el índice de la gestión de la empresa. Lo que interesa es el análisis continuado de la gestión de la empresa, medido por sus éxitos al trabajar los costos”.

[…] Ahora estamos revisando la política de cuadros. No porque no tengamos una definición de la política de cuadros. Raúl ha sido uno de los que más se ha quejado de esto […]. Pensamos que la vigilancia continua de los trabajadores es un elemento esencial […]. Si no les damos participación a los trabajadores andaremos mal; si creemos que nosotros, desde arriba, podemos tener el monopolio total de la selección, estamos en un profundo error.

[…] Tenemos que avergonzarnos un poco de no haber aplicado la política de cuadros, de la cual teníamos ejemplos maravillosos, entre ellos el ejemplo del Che […]. Hay algunas cosas que el Che menciona continuamente como elementos de una política de cuadros. Primero, el ejemplo. El cuadro debe ser un hombre de vanguardia, el hombre tiene que forjar día a día el espíritu revolucionario. Si no se da el ejemplo no se puede ser dirigente […]. Y el Che lo daba continuamente, en el trabajo voluntario, en el comportamiento social, en la forma de presentarse, en su modestia, en todas las virtudes […]. Después, la elevación del nivel, no creernos nunca que hemos llegado al nivel necesario.

[…] Y, por último, compañeros, la austeridad, la austeridad en todo nuestro comportamiento […]. El Che fue el ejemplo excepcional entre nosotros por su conducta diaria de una austeridad que hasta en la forma de vestir se manifestaba. […]. Austeridad no solo para él, austeridad para su familia, austeridad para sus hijos, austeridad para todos los que estaban alrededor de él, austeridad que él enseñaba con el ejemplo. Con esto compañeros, estoy dando fin a mis palabras. Al despedirse, Che me dijo: “Si se puede gano una guerra como esta”. Y recalcó “y la ganaremos”.

Cuando el Che murió en una soledad casi absoluta, consciente de que no había ganado aquella guerra, porque es evidente a través de las páginas del diario que se va dando cuenta del cerco que lo rodea, yo lamenté mucho su muerte y que no hubiera ganado la guerra. Y tres días después llegué a Roma. Me encontré a Roma tapizada virtualmente con los retratos del Che. Para mí fue una sorpresa llegar a Roma y encontrarme que se había llenado a Roma de la imagen del Guerrillero Heroico. Y tenía una leyenda: “¡El Che vigila!” y entonces supe que el Che había ganado la guerra porque no se ganan guerras solo con victorias militares, sino que se ganan guerras con el ejemplo moral de mucha gente. Esa es la guerra que el Che todavía tiene que ganar entre nosotros […].

  • Publicada en la revista Cuba Socialista, mayo-junio de 1988.

Redacción Digital

 
Redacción Digital