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Publicado el 25 Septiembre, 2017 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

La muerte acecha en la quebrada

 

Abra del Picacho, sitio al que llegaron el Che y sus compañeros el 26 de septiembre de 1967. (autor no identificado)

Abra del Picacho, sitio al que llegaron el Che y sus compañeros el 26 de septiembre de 1967. (autor no identificado)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Fotos: Archivo de BOHEMIA

El 26 de septiembre de 1967, Che y sus compañeros de la guerrilla boliviana llegaron al Abra de Picacho, caserío de poco más de 100 habitantes, situado a más de 2 200 metros sobre el nivel del mar, la mayor altitud a la que habían ascendido los revolucionarios. El terreno por donde transitaban ahora era muy diferente al que habían recorrido anteriormente, pues escaseaba la vegetación y los lugareños vivían más cerca unos de otros, factores que permitían al enemigo localizarlos mejor.

Ese día los vecinos del sitio celebraban una fiesta. Los guerrilleros continuaron su marcha pero al llegar a La Higuera se percataron de que el Ejército del golpista René Barrientos los había detectado y conocían su ruta, por lo que deciden enrumbar hacia Pucará.

Che le impartió instrucciones a Miguel (Manuel Hernández Osorio, cubano), el jefe del pelotón de vanguardia, para que su grupo avanzara con mucho cuidado. Según testimonio de Pombo (Harry Villegas, cubano), “se debía mantener no menos de diez metros entre cada elemento de la columna y mediante 30 minutos entre pelotones, con lo que se garantizaba que al comenzar el centro su marcha, la vanguardia ya hubiera ocupado el firme de la loma”.

A la media hora, afirma Pombo, “cuando estaba en marcha toda la guerrilla, sonaron disparos concentrados. Se veía la movilización de soldados corriendo por el firme tratando de llegar al camino que subía por el flanco izquierdo. Che dio órdenes de retroceder hacia el poblado y organizar la defensa, para lo que era necesario cruzar un camino […] Todos logramos cruzar menos Inti (Guido Peredo, boliviano) y León (Antonio Domínguez Flores, boliviano, luego desertor), que se tiraron por una quebrada que allí nacía, por lo que quedaron separados del grupo”.

Luego se les unieron los sobrevivientes del pelotón de vanguardia y pudieron conocer lo sucedido. Al retrasarse Benigno (Dariel Alarcón, cubano, traidor), Miguel, Coco (Roberto Peredo) y Julio (Mario Gutiérrez Ardaya), ambos bolivianos, quienes ya coronaban el firme de la quebrada, toparon con el enemigo, que se encontraba emboscado y abrió fuego. Miguel cayó muerto; Coco y Julio resultaron heridos, pero con posibilidades de moverse por sí mismo. Julio trató de alcanzar una cerca de piedra que estaba en el flanco derecho, a unos 15 o 20 metros. La soldadesca, al percatarse de su maniobra, concentró fuego sobre él y lo acribillaron. Coco fue rematado por dos proyectiles que frustraron el auxilio dado por sus compañeros. El resto de la vanguardia se retiró por detrás de la cerca de piedra.

Horas después el Che consignaría en una de sus libretas de notas la evaluación póstuma de los tres combatientes caídos. De Miguel escribiría: “Muere en la sorpresa de La Higuera. Fue un gran combatiente y un espíritu ejemplar. Una gran pérdida”.

Miguel, el jefe de la vanguardia

Manuel Hernández Osorio, en sus días de capitán rebelde durante la Campaña de Las Villas. (autor no identificado)

Manuel Hernández Osorio, en sus días de capitán rebelde durante la Campaña de Las Villas. (autor no identificado)

Dicen quienes le conocieron que era alto, más bien delgado, de nariz aguileña. Todos coinciden en que poseía una inmensa fuerza y resistencia física. Manuel Hernández Osorio –Miguel en el altiplano, El Isleño en el Ejército Rebelde, Nené en su natal Santa Rita-, nació el 17 de marzo de 1931 en la finca El Diamante, perteneciente al hoy municipio granmense de Jiguaní.

El 2 de julio de 1957 se unió al Ejército Rebelde porque, como confesara a su padre y a Elvira Victoria, su novia de entonces y luego esposa y madre de sus tres hijos, “no quería morir por gusto, sino por algo grande como hizo Maceo”. Por su bravura y heroísmo el Che lo ascendió a teniente y lo escogió para integrar la columna 8 Ciro Redondo. A su paso por Camagüey, asumió la jefatura de la vanguardia con grados de capitán. Después del triunfo se desempeñó como jefe de batallón en La Cabaña y Sancti Spíritus.

La periodista Elsa Blaquier suele recordarlo aún sentado en su pupitre, “en aquella improvisada aula de superación que funcionaba cada día en la casa donde vivía el Che por entonces, en la calle 18 de la barriada de Miramar. Sus chistes y jaranas despertaban a cada rato la hilaridad de estudiantes y profesores. En nuestro edificio, donde pasó algunos meses del año 1962, se convirtió en el amigo indispensable de todos por la alegría que nos brindaba con sus anécdotas de la guerra salpicadas con su humor”.

Tras graduarse en 1966 de la Escuela Básica Superior de Guerra –ya era primer capitán–, se incorporó a la guerrilla del Che el 27 de noviembre de ese año. A partir de entonces, aparecen más de 100 referencias suyas en el Diario del Che en Bolivi; rara es la jornada en la que el Guerrillero Heroico no lo cite con elogios. Explorador por excelencia, idóneo a la hora de buscar agua o un lugar seguro donde acampar, lo mismo es bravo en el combate que empuñando el machete para chapear la espinosa y enmarañada maleza y abrir paso a sus compañeros.

El 25 de marzo de 1967, cuando Che se vio precisado a destituir como jefe del pelotón de vanguardia a Marcos (Antonio Sánchez Díaz, Pinares), por sus graves errores, designó a Miguel para sustituirlo.

Agosto, el más malo

Al hacer el resumen del período, el Che consignó en su diario que agosto de 1967 había sido el mes más malo de la guerrilla hasta ese momento. La falta de contacto con el exterior, sin razonable esperanza de restablecerlo de inmediato, golpeaba al destacamento. Tampoco tenían noticias del grupo de la Retaguardia, que comandado por Joaquín (Vilo Acuña) se había separado de la columna principal ante la necesidad de brindar atención a los enfermos. Las noticias de la radio sobre las informaciones que dos desertores de ese grupo habían dado al Ejército eran preocupantes.

El Guerrillero Heroico, a pesar de los contratiempos, no perdía el optimismo. Escribía en su diario: “Las tareas más urgentes siguen siendo las mismas del mes pasado, a saber: restablecer los contactos, incorporar combatientes, abastecernos de medicina y equipo”. El análisis terminaba con una valoración sobre dos combatientes, de quienes consideraba que despuntaban cada vez más como cuadros revolucionarios y militares: Inti y Coco Peredo.

Coco, la pérdida más grave

Coco Peredo, una garantía en todo sentido, arrojado en el combate y de una alta moral. (autor no idientificado)

Coco Peredo, una garantía en todo sentido, arrojado en el combate y de una alta moral. (autor no idientificado)

Solo ante su libreta de notas, el 27 de septiembre de 1967, un día después de la sorpresa de la Quebrada de Batán, Che consignaría su valoración sobre Coco: “Junto con Inti los mejores prospectos bolivianos. Era una garantía en todo sentido, arrojado en el combate y de una alta moral”. Natural de Cochabamba (Bolivia, 23 de mayo de 1939), Roberto Coco Peredo Leigue era el cuarto hijo de un periodista cuyas ideas de izquierda mucho influyeron en sus retoños. A la edad de 13 años Coco ingresó en el Partido Comunista, al igual que su hermano Inti.

De mediana estatura, dicen que de joven era tan delgado que muchos pensaron que su físico no resistiría cuando trabajaba en las minas de oro de Tipuaní o acarreando ganado y cazando caimanes en las corrientes fluviales del país. Luego se desempeñó como dependiente de una librería y chofer de alquiler. Muy popular entre las muchachas, Mireya Echazú, su compañera en la vida y en la lucha, solía contar: “era muy cariñoso, lo admiraba por su dulzura y nobleza… Traía compañeros a comer y les daba la poca ropa que tenía”.

Como consideraba que el camino de la plena liberación transitaba por la lucha armada, colaboró activamente en la creación del movimiento guerrillero peruano y en la organización del Ejército Revolucionario del Pueblo, encabezado por Jorge Ricardo Masetti, hasta que finalmente fue uno de los encargados del trabajo preparatorio que se realizó en Ñancahuazú, para dar inicio de esa forma al nuevo grupo guerrillero en Bolivia.

Durante una de sus estancias en Cuba, la periodista Elsa Blaquier tuvo la oportunidad de conocerlo en casa de su cuñado, José María Martínez Tamayo (Ricardo, Papi, Mbili), luego también integrante de la guerrilla del Che en Bolivia. Relata la colega: “Recuerdo su gran impresión al contemplar documentales que ofrecían por la televisión, donde se reflejaba el ardor de los jóvenes cubanos mientras se disponían a defender la patria durante el ataque a Playa Girón. De esas impresiones de júbilo Coco me comentó: ‘Es increíble con qué alegría marchan al combate donde pueden encontrar la muerte. Van cantando sin importarles el peligro’”.

Ya plenamente incorporado a la guerrilla, se destacó por sus múltiples funciones como comisario político e integrante del pelotón de vanguardia. Cuando cayó en combate Che expresó sobre él en su diario: “La pérdida más grave luego de la de Rolando”.

El onceno mes

El primer día de septiembre Che y sus compañeros llegaron a la chacra de Honorato Rojas, un campesino al que habían conocido meses atrás. Desconocían que apenas un día antes, este sujeto había entregado el grupo de Joaquín a la soldadesca de Barrientos, propiciando así la matanza de Puerto Mauricio. Che encontró extraños cambios en el paisaje, el Ejército boliviano había ampliado la choza para albergar tropas. La encontraron vacía. En un improvisado almacén hallaron harina, manteca y sal. Varios chivos pastaban cerca y dos de ellos terminaron su existencia en un chilindrón.

Al amanecer del siguiente día se retiraron y Che dejó postas emboscadas por si regresaban los guardias. Solo capturaron cuatro arrieros, Un soldado venía atrás con un quinto campesino pero un guerrillero disparó antes de tiempo y pudo huir el uniformado. Esa noche la radio trajo otra intranquilizadora noticia: el aniquilamiento de un grupo dirigido por un cubano llamado Joaquín.

Río Grande arriba, en las cercanías de la casa de un latifundista (3 de septiembre), una avanzada de seis guerrilleros encabezada por Inti y Coco, toparon con unos 40 soldados, a quienes les hicieron una baja mortal. Un avión bombardeó la zona por el río Ñancahuazú, muy lejos de donde se hallaba la guerrilla.

Los revolucionarios avanzaban a pesar de la inhóspita naturaleza. Che puso emboscadas de ocho hombres, a cargo de Pombo y Olo Pantoja, pero el Ejército carecía de acometividad. Llegaron a un arroyo con un caudal multiplicado por las crecidas. Allí pudieron bañarse y lavar pertenecías. La radio y volantes arrojados desde aviones por la región anunciaban que el Gobierno ofrecía 4 200 dólares por datos que permitieran capturar al Che vivo o muerto.

En Alto Seco (22 de septiembre) se aprovisionó la guerrilla, tras comer y reponer fuerzas. Era entonces una aldea de unas 50 casas de adobe y tejas y callecitas de tierra blanca y resbaladiza. Che e Inti se reunieron en la escuelita del lugar con los alumnos. El joven comunista boliviano argumentó ante sus compatriotas por qué luchaban y el alcance de la revolución.

Sorteando alturas de 1 800 metros, agotados por la caminata y acompañados por nubes, llegaron al alba del 26 de septiembre al Abra de Picacho, a más de 2 200 metros sobre el nivel del mar., donde fueron muy bien acogidos por los pobladores.

Relato del Che (septiembre 26, 1967)

“Cuando salí hacia la cima de la loma, 13:30 aproximadamente, los disparos desde todo el firme anunciaron que los nuestros habían caído en una emboscada. Organicé la defensa en el pobladito para esperar a los sobrevivientes y di como salida un camino que sale al río Grande […].

“Rápidamente avanzó la retaguardia y yo la seguí, llevando las dos mulas, los de atrás recibieron el fuego muy de cerca y se retrasaron e Inti perdió contacto. Luego de esperarlo media hora en una emboscadita y de haber recibido más fuego desde la loma, decidimos dejarlo pero al poco rato nos alcanzó… Para despistar soltamos las mulas cañón abajo y nosotros seguimos por un cañoncito que luego tenía agua amarga, durmiendo a las 12, pues era imposible avanzar”.

Julio, el médico que entrenó en Cuba

Mario Gutiérrez Ardaya (Julio) resaltaba por su calor humano y su entusiasmo contagioso. (autor no identificado)

Mario Gutiérrez Ardaya (Julio) resaltaba por su calor humano y su entusiasmo contagioso. (autor no identificado)

Había venido a Cuba en julio de 1962 a estudiar Medicina. Cursaba el primer año de la carrera cuando se desencadenó la Crisis de Octubre y no dudó en incorporarse a una unidad de artillería antiaérea donde fungió como comisario político e instructor revolucionario. Escribía entonces a sus padres: “Aquí todos están en pie de lucha, en pie de defensa, todo el mundo está preparado para recibir a los invasores”.

Mario Gutiérrez Ardaya, Julio en la guerrilla del Che, nació el 22 de mayo de 1939, en el pueblo de Sachojere, cerca de Trinidad (departamento de El Beni, Bolivia), en el seno de una familia pobre, a pesar de lo cual terminó sus estudios secundarios y entró en la Universidad en 1957. Militante de la Juventud Comunista Boliviana, desde un principio ocupó cargos de responsabilidad en la Confederación Universitaria Boliviana en su región y después en la Universidad Mayor de San Andrés en la capital. Tuvo que abandonar sus estudios en 1960 para ayudar a la familia y retornar a su ciudad natal, donde asumió inmediatamente como dirigente sindical.

En Cuba se graduó de médico y recibe además entrenamiento militar. Se unió a la guerrilla en marzo de 1967 y formó parte de la vanguardia. Desde un inicio Che reconoció sus cualidades de combatiente y en la última de las evaluaciones, escritas el mismo día de su muerte, precisó: “Brilló como combatiente ejemplar, sobre todo por su calor humano y su entusiasmo contagioso. Otra gran pérdida de un futuro gran cuadro revolucionario”.

Días tensos

A media tarde del 27 de septiembre Che y sus compañeros reiniciaron la marcha. Casi al anochecer hallaron un modo de subir la loma y tras una breve caminata, se toparon con un bosquecito ralo, idóneo para esconderse de los aviones de reconocimiento, pero quedaban indefensos en caso de un ataque desde las alturas aledañas y con remotas posibilidades de escapar si los descubrían.

Caserío de Alto Seco, en donde el 22 de septiembre de 1967 se aprovisionó la guerrilla, tras comer y reponer fuerzas. (autor no identificado)

Caserío de Alto Seco, en donde el 22 de septiembre de 1967 se aprovisionó la guerrilla, tras comer y reponer fuerzas. (autor no identificado)

Pasaron tres días muy tensos, hasta que al fin Inti y Willi (Simeón Cuba, boliviano), trajeron la buena noticia de que el río Grande estaba muy cerca, a unos dos kilómetros, solo había tres casas por el cañón hacia arriba, donde había sitios en los que se podía acampar sin ser vistos de ningún lado. Tras abastecerse de agua, reiniciaron la marcha, demorada por el Chino (Juan Pablo Chang, peruano) que apenas veía en la oscuridad, y el Médico (Octavio de la Concepción, cubano), quien no acaba de recuperarse

Al resumir septiembre por aquellos días, Che señalaría que debió haber sido un mes de recuperación y estuvo a punto de serlo, pero la emboscada donde cayeron los tres valiosos compañeros lo malogró todo. Eludir la persecución del Ejército y buscar zonas más propicias eran para él las tareas esenciales. Luego, restablecer los contactos “a pesar que todo el aparato está desquiciado en La Paz, donde también nos dieron duros golpes”. Y no perdía el optimismo: “la moral del resto de la gente se ha mantenido bastante bien”.

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Fuentes consultadas

Los libros Seguidores de un sueño, de Elsa Blaquier, y Pombo. Un hombre de la guerrilla del Che, de Harry Villegas. Los diarios de campaña del Che, Morogoro (Octavio de la Concepción de la Pedraja) y Pacho (Alberto Fernández Montes de Oca).


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García