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Publicado el 23 Septiembre, 2017 por Redacción Digital en Historia
 
 

PENSAMIENTO

La teoría marxista del Che Guevara

En plena correspondencia con Fidel, captó la necesidad de articular en su teoría revolucionaria la conexión dialéctica entre la lucha de liberación nacional de los pueblos y el socialismo

Por JACINTO VALDÉS-DAPENA VIVANCO*

Fotos: Archivo de BOHEMIA

Lo primero a destacar en la teoría marxista que presentan los textos del Che es su total y plena adhesión, en la teoría y en la práctica, al pensamiento político de Fidel Castro.

Lo primero a destacar en la teoría marxista que presentan los textos del Che es su total y plena adhesión, en la teoría y en la práctica, al pensamiento político de Fidel Castro.

El pensamiento político del Che formula interesantes reflexiones acerca del desarrollo, organización y consolidación del socialismo cubano. A partir de la teoría y práctica revolucionarias, forjadas al calor de la Revolución Cubana, expone una creadora, coherente y profunda interpretación de los principales factores de carácter político, económico, social, ideológico, cultural y militar, que caracterizan el desarrollo de los procesos revolucionarios de la época en Asia, África y en especial América Latina.

La visión totalizadora de estos fenómenos es el resultado de un riguroso examen crítico de la estrategia imperialista, dirigida por los Estados Unidos de América, hacia los movimientos de liberación y los países socialistas.

En la segunda década del siglo XXI resulta necesario destacar la necesidad científica y política de sus enfoques en relación con la diplomacia y política exterior de Estados Unidos hacia nuestra América, lo que nos permite conocer que este modus operandi se sustenta en premisas y concepciones que expresan un pragmatismo inherente a la cultura de seguridad nacional norteamericana surgida desde las Trece colonias con independencia de las administraciones que estén en el poder, sean demócratas o republicanas.

Con el derrumbe del socialismo en Europa del este y la URSS en los años 90, la Revolución Cubana sobrevivió y, aún más, se fortaleció desde el punto de vista de la ideología, la política y la cultura, aunque la economía experimentó un retroceso extraordinario que condujo al período especial, auténtico ejercicio de su-pervivencia para un pueblo sujeto a una guerra económica total, desencadenada desde 1962, apuntada a destruir los fundamentos teóricos e ideológicos de la nación cubana.

El liderazgo excepcional de Fidel Castro y la vanguardia política de la Revolución, el decisivo respaldo del pueblo al socialismo cubano, legítimo, autóctono y autónomo, permitió enfrentar y vencer los objetivos tácticos y estratégicos de los Estados Unidos de fomentar una oposición al interior de la sociedad civil cubana.

Resultado de una práctica revolucionaria

En este contexto acudir a una nueva lectura de los escritos del Che Guevara en torno a los fenómenos de la transición al socialismo, y sus otros textos que revelan la esencia de su marxismo, es de vital importancia en el enfrentamiento a la labor de penetración cultural que desempeñan los centros de guerra mediática estadounidenses contra la Isla, bajo el manto de la diplomacia pública.

La sociedad se convierte para él en una gran escuela y el educador, para ser ejemplo, necesita ser educado.

La sociedad se convierte para él en una gran escuela y el educador, para ser ejemplo, necesita ser educado.

Lo primero a destacar en la teoría marxista que presentan los textos del Che es su total y plena adhesión, en la teoría y en la práctica, al pensamiento político de Fidel Castro, desde su estancia en México hasta su caída en combate y posterior asesinato en Bolivia.

Los escritos del Che, su obra en conjunto, surgieron como resultado de su práctica revolucionaria en Cuba en primera instancia, y posteriormente en otros escenarios, (África y Bolivia), se insertan como un importante componente de la historia del pensamiento marxista cubano cuyas bases teórica, filosóficas y políticas, se originan en la lucha por el socialismo cubano a cuyo frente, primero en la vanguardia, se encuentra Fidel Castro, quien pensó la revolución que se llevaba a cabo en el país y desarrolló la revolución que pensó.

Todos los análisis políticos, económicos y sociológicos, elaborados por el Che que interpretan la problemática de la revolución en América, como por ejemplo, Cuba, excepción histórica o vanguardia de la lucha anticolonialista, La influencia de la Revolución Cubana en América Latina, Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental, entre otros, ponen en evidencia las condiciones socioeconómicas y políticas del continente latinoamericano que operan como factores que condicionan el desencadenamiento de procesos revolucionarios surgidos de las propias e insalvables contradicciones que operan en el marco de estas sociedades, con sus disparejos grados de desarrollo económico, sus disímiles tradiciones políticas, sus particulares estructuras socioeconómicas y diferentes formas de dependencia del imperialismo norteamericano.

En síntesis, sociedades en que las burguesías nacionales no son capaces de asumir las tareas de una revolución nacional liberadora, por carecer de un pensamiento y una ideología política capaces de permitirles actuar con independencia frente a la doctrina de seguridad hemisférica de Estados Unidos, y por no disponer de una independencia económica que le sirva de vía para revolucionar las estructuras de una democracia burguesa impuesta por el capital estadounidense.

En el marxismo del Che, subdesarrollo equivale a colonialismo económico que significa condiciones para hacer la revolución. Falta entonces el convencimiento de la necesidad de la revolución y la percepción creadora de que es factible.

En su criterio, corresponde a las fuerzas políticas de las vanguardias en América Latina, organizar la estrategia revolucionaria para la toma del poder político sin descartar la utilización de las vías legales.

Que semejante visión no se correspondiera con lo acontecido, se explica, entre otras causas, por las políticas de contrainsurgencia diseñadas desde la Operación Mangosta durante la administración Kennedy en los años 60 hasta la Operación Cóndor en los años 70, durante las administraciones republicanas de Richard Nixon y Gerald Ford.

La creación de estados de seguridad nacional en América Latina en el período se fundamentó en las estrategias de los conflictos de baja intensidad desarrollados por los especialistas de los servicios especiales de la inteligencia de los Estados Unidos.

Estas políticas asfixiaron al valeroso y heroico movimiento revolucionario en Bolivia, Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay, y planificó el derrocamiento del gobierno democrático de Salvador Allende en Chile en 1973, supervisado directamente por Henry Kissinger, el más cercano colaborador del presidente Richard Nixon en asuntos de seguridad nacional y política exterior, y la eminencia gris de la diplomacia norteamericana del período, como puede, incluso, constatarse en su autobiografía denominada  Diplomacia.

Aportes

Antes de la proclamación del carácter socialista de la Revolución, en abril de 1961, y de los procesos de nacionalización del capital nacional y extranjero en 1960 (julio–octubre), el Che elaboró un interesante y objetivo análisis de cómo organizar las bases de la economía cubana en su conferencia Soberanía política e independencia económica, el 20 de marzo de 1960.

El ensayo El socialismo y el hombre en Cuba, constituye un documento teórico de elevada significación para poder valorar los principales aspectos políticos, éticos, estéticos y culturales en el período de transición al socialismo, que cobra trascendental importancia cuando la nación cubana enfrenta los retos y desafíos de la labor de penetración cultural diseñada por los poderes fácticos de las recientes administraciones de Barack Obama (2008-2012; 2012–2016) y en el presente la administración de Donald Trump, iniciada en 2017.

Con una de las prosas más finas de la literatura marxista contemporánea el Che resume en la obra señalada, con una síntesis teórica excepcional, no igualada nunca antes en otros textos marxistas, sus principales experiencias en la práctica revolucionaria de hacer marxista la Revolución Cubana.

Sus tesis acerca de la formación del hombre nuevo se reencuentran con las más puras tradiciones de la obra de Marx y Engels: La sagrada familia y La ideología alemana; así como Los manuscritos económicos y filosóficos de 1844, solo de la autoría de Marx, textos que durante años ocultó en sus archivos la socialdemocracia alemana y al cual no tuvieron acceso los bolcheviques ni Antonio Gramsci.

En este ensayo el Che insiste y reitera que la educación en el socialismo, su propósito ideológico, el desarrollo de la cultura política, operan como medios para transformar al hombre de manera tal que en el socialismo piense en el comunismo.

Recuerda a las jóvenes generaciones que en la revolución socialista habrá de surgir un arte y literatura nuevas, de las más variadas formas, despojadas de todo indicio de enajenación, y una intelectualidad militante de las ideas del comunismo, despojado de todo pensamiento dogmático y apologético.

La sociedad se convierte para él en una gran escuela y el educador, para ser ejemplo, necesita ser educado.

La hegemonía política e ideológica en la transición la ejerce el proletariado, bajo la dirección del Partido sobre la sociedad en su conjunto, y sobre sí mismo, como actor principal de la sociedad civil; la moral es consustancial a la filosofía de la revolución, y constituye una forma de evitar que las relaciones monetario-mercantiles se conviertan en un objetivo final del socialismo en lugar de ser uno de sus instrumentos para desarrollarlo.

El internacionalismo revolucionario, señala Che, es un imperativo político para el socialismo cubano que hereda las tradiciones internacionalistas en nuestras guerras por la independencia.

El internacionalismo revolucionario, señala Che, es un imperativo político para el socialismo cubano que hereda las tradiciones internacionalistas en nuestras guerras por la independencia.

El internacionalismo revolucionario, señala en este mismo texto, es un imperativo político para el socialismo cubano que hereda las tradiciones internacionalistas de los combatientes extranjeros en nuestras guerras por la independencia y en la Revolución del 30, procedentes de Asia, África, Europa, América Latina y el Caribe y América del Norte.

Para citar solo algunos ejemplos que lo resumen todo, recordemos, tan solo al dominicano general en jefe del Ejército Libertador, Máximo Gómez, al norteamericano brigadier Henry Reeve (el inglesito), cuyo nombre ostenta nuestro ejército de la batas blancas, el venezolano Carlos Aponte, el polaco general Carlo Roloff, combatientes de la Comuna de París, los chinos que se integraron al Ejército Libertador, así como aquellos esclavos africanos que al llamado del 10 de Octubre derramaron su sangre por la libertad.

Como otro discípulo de Lenin, Ho Chi Minh, y en plena correspondencia con el pensamiento político de Fidel Castro, el Che Guevara captó la necesidad de articular en su teoría revolucionaria, la conexión dialéctica entre la lucha de liberación nacional de los pueblos y el socialismo.

*Investigador del Centro de Estudios Históricos de la Seguridad del Estado.


Redacción Digital

 
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