Publicado el 26 Septiembre, 2017 por Liset García Rodríguez en Historia
 
 

RELATOS Y ANÉCDOTAS

Lecciones para no olvidar

Ideario del Che acerca de la economía cubana en la voz de sus más cercanos colaboradores
Lecciones para no olvidar.

El 31 de julio de 1961 se cumplía la meta en los molinos de harina de trigo “José Antonio Echeverría”, con el llenado del saco 100 000.

Por LISET GARCÍA

Quienes trabajaron junto al Guerrillero Heroico en el Ministerio de Industrias son testigos de su especial manera de dirigir y de cómo él concebía los procesos económicos en un país como Cuba, cuando era apenas una revolución naciente. En varias ocasiones se ha reflexionado acerca de aquellas ideas, y no faltan los apuntes que llaman la atención sobre la vigencia de muchas de ellas.

Su pensamiento en materia económica fue tema de un seminario realizado en el Palacio de Convenciones de La Habana, al cumplirse 60 años de su natalicio. Recuerdos y anécdotas de entonces aparecen aquí como pinceladas que hablan de su tenacidad, ideario profundo, disciplina y exigencia, cualidades que justifican seguir aspirando a ser como él.

Orlando Borrego. Viceministro primero del Ministerio de Industrias*: Cuando abordamos cualquier tema del quehacer económico de nuestro país y del socialismo en general, está presente el profundo pensamiento teórico del Che.

En esa concepción del papel preponderante de la conciencia del hombre, introduce como factor fundamental el balance que debe existir, porque no podemos aspirar a un determinado nivel de las fuerzas productivas y de la base material, sino que, además, tenemos que guardar el balance adecuado, de tal forma que el papel de la conciencia del hombre marche parejamente.

El Che acostumbraba, incluso, a hacer un poco en forma matemática dos curvas, y decía que la curva de crecimiento material, con el contenido social que le daba a la ley económica fundamental, tenía que desarrollarse de tal forma que al final las dos curvas se unieran, pues de hacer énfasis solo en el crecimiento económico y en la satisfacción de las necesidades puramente materiales, podía llegarse a un nivel alto del desarrollo de las fuerzas productivas, pero no se alcanzaría el desarrollo de la conciencia ni el hombre comunista. Por eso es que él afirmaba: “El socialismo económico sin la conciencia comunista no me interesa”.

Incansable estudioso, siempre preparándose.

El Che fue el ejemplo para todos nosotros en consecuencia con todas las ideas que proclamaba, en el ejemplo de austeridad, de voluntad, de estoicismo, de disciplina, de práctica consecuente del centralismo democrático y de todos los valores humanos que lo destacaron como ese hombre que Fidel planteara que es un hombre al cual no se le puede situar ni una mancha en toda su vida y que nos sirve de ejemplo a todos nosotros.

Tirso Sáenz. Director del Instituto Cubano del Petróleo, luego viceministro: Hay un elemento que el Che siempre buscaba como característica que debía tener el cuadro, o sea el desarrollo político, desarrollo ideológico, algo que él le llamaba motor interno, gente que no solamente se sentara y le dieran una directiva, una instrucción, sino que fuera preocupado, con una chispa, con ese motor interno que lo hacía moverse a resolver los problemas y enfrentarse a las tareas con decisión, y rompiendo inclusive cualquier barrera que pudiera interponerse en su trabajo, siempre y cuando romper esa barrera estuviera dentro de las normas establecidas.

Lecciones para no olvidar.

Con Orlando Borrego, su más cercano colaborador en el Ministerio de Industrias.

Otro factor extraordinario era la organización. Un elemento para que un cuadro pueda desarrollarse es trabajar en un medio organizado, donde cada uno sepa cuál es su responsabilidad, cuáles son sus funciones, cuáles son las cosas que él tiene que decidir y cuáles tiene que consultar, y cuando eso se domine, un cuadro puede funcionar mejor; ese era otro elemento que el Che ponía, incluso, para conspirar contra la burocracia.

Enrique Oltuski. Director de organización del Ministerio de Industrias, luego viceministro de desarrollo técnico: El socialismo y las fallas que presenta y que tenemos que superar se deben en buena medida a que los cuadros no han jugado el papel que el Che les asignaba como pieza maestra del motor ideológico. Se ha descansado más en la acción de las llamadas palancas económicas que en el desarrollo de la conciencia de las masas, no haciendo lo que el Che esperaba de ellos en su definición del cuadro: llevar a las masas la línea del Partido, la entrega total a la causa, que el hombre es el centro de cualquier sistema, que el interés social está por encima del individual, que el trabajo debe hacerse como un agradable deber social, que el trabajo voluntario es un deber ideológico, que el cuadro tiene que ser austero, tiene que ser ejemplo. Finalmente que el cuadro, actuando a través del sistema, no se evalúe exclusivamente por el uso óptimo de los recursos a su alcance ni por el monto de los beneficios obtenidos en las empresas, sino, además, por su capacidad para optimizar la gestión económica en función del desarrollo de la educación comunista.

Exigencia, control y ejemplo personal

Tirso Sáenz: Nosotros teníamos que visitar mensualmente las fábricas del Ministerio para inspeccionarlas, y su incumplimiento era sancionado. Al terminar la Crisis de Octubre, el Che regresó de Pinar del Río y fue directamente al consejo de dirección, donde se vieron las fábricas que se habían visitado este mes. En ese momento parecía que no había estado en la fábrica de lápices de Batabanó, que le tocaba. Vino de Pinar y a ninguno de nosotros se nos ocurrió que el Che hubiera hecho su visita del mes. Lo comprendíamos perfectamente; sin embargo, cuando Grabalosa hizo el comentario, el Che sacó de su bolsillo una hoja y dijo que lo tenían que excusar porque no estaba mecanografiada.

Antes de llegar al Ministerio pasó por Batabanó, y cumplió la visita programada. Se presentó en el consejo de dirección con su fábrica visitada, igual que nosotros. Recuerdo que hubo un viceministro que se le olvidó la visita y no cobró. Como había el acuerdo de que se aplicaría un día de descuento de sueldo por cada día de incumplimiento, así se hizo porque no visitó su fábrica.

Además de la exigencia y las sanciones, como parte de la política de desarrollo de cuadros también había un control sobre el trabajo que uno hacía, y cuando uno informaba que había cumplido una determinada tarea casi invariablemente se producía una visita de inspección para verificarla. Existía un control permanente.

Laureano León. Administrador de fábrica, jefe de producción y luego director de la Empresa de Tabaco Torcido: La exigencia del Che era una cuestión que todos los compañeros sentíamos permanentemente. Partía del concepto de que él lo que exigía lo practicaba, y además su sistema de trabajo era desarrollado por todos los cuadros del Ministerio, de arriba hacia abajo.

A los tres meses de haber sido designado director de la empresa, me tocó participar en un examen que el Che hacía de manera sorpresiva a los cuadros del Ministerio. El consejo ampliado a veces lo interrumpía y aquello se convertía en una escuela. Para mí fue sorprendente, ni me acordaba en medio del torbellino del trabajo que esto se podía producir en cualquier momento.

Las preguntas que me hicieron allí fue que dijera cuál había sido mi producción bruta en el último trimestre en comparación con el anterior, y que analizara las variaciones, que analizara los diferentes elementos de los inventarios: en proceso, en materias primas, de producto terminado, y si había variación con relación al año anterior, también las explicara. Los aspectos relacionados con la organización del trabajo, la productividad, la disciplina, analizarlos.

Cuando recibí aquello tuve deseos de entregarlo e irme. Empecé a meditar y no pude poner nada. Entregué el examen en blanco.

Lecciones para no olvidar.

Entrega diplomas a los mejores trabajadores, el estímulo moral que tanto defendió el Che.

Al día siguiente a las nueve y cuarto tuve una llamada del Che. Me dijo sencillamente: “Sabes que en el examen de ayer cogiste cero, y en el Ministerio de Industrias nada más se puede coger cero una vez”. Colgó el teléfono, no me dejó explicar nada. Fui a ver al que podía explicarme, porque realmente estaba muy avergonzado. Me explicaron que tenía que dedicarme a analizar la economía de la empresa, ponerme en contacto con el económico, estudiar los balances, y aprender cómo se manejaban los indicadores. Efectivamente para mí aquello fue la tarea fundamental, hicieron otro examen y seguí en el Ministerio de Industrias.

Otra de las cosas que hizo fue la idea de que dirigentes del Ministerio se pasaran un mes trabajando como dirigentes de una fábrica. Se le dio el nombre de plan de democión. ¿Qué busca el Che, una democión? Creo que le puso ese nombre por ponerle un título, pero el propósito era vincular al dirigente del Ministerio con lo que estaba pasando abajo.

Orlando Borrego: Se ha hablado mucho sobre la exigencia del Che y las sanciones a algunos cuadros de dirección. Había una comisión disciplinaria administrativa, que ante cualquier indisciplina de algún dirigente se determinaba si había que aplicar alguna sanción. Una de ellas era ir a Guanahacabibes.

Un elemento educativo de este tipo de sanción era que el Che frecuentemente iba los domingos a compartir el trabajo con estos compañeros que estaban sancionados allí. Y había otro principio en esa política de sanciones, y era que si ese compañero demostraba durante el curso de su sanción una actitud de reconocimiento de su error, y esto prácticamente no recuerdo un caso que no fuera así, retornaba a su cargo de dirección nuevamente.

El Che insistía en que una vez cumplida la sanción, no se le podía sacar a ese cuadro constantemente esa falla que había tenido, porque ese era un problema saldado, y cumplir la sanción significaba para él un estímulo para retornar a su trabajo.

Visión de futuro

Alejandro Alexeiev. Embajador de la Unión Soviética en Cuba: El Che hablaba mucho del combinado metalúrgico, y nosotros hacíamos por no aceptar esa idea pues es una cosa muy difícil. Nosotros decíamos, tú no tienes ni carbón, ni muchas cosas. Y él decía que Japón tampoco tiene carbón. Corea del Norte tampoco, y tiene una industria de primera categoría. Entonces empezaron a hablar de níquel, lateritas. A él pertenece la idea de construir la industria de Mariel, y la construyeron rápido; la Planta Mecánica de Santa Clara prácticamente en un año y medio estaba construida. Eso es obra del Che, es el arquitecto prácticamente.

Miguel Alejandro Figueras. Director general del plan perspectivo del Ministerio: El Che desde muy temprano percibía la necesidad de tener una visión a largo plazo, de tener un programa de desarrollo de la industria para saber en cada momento, como él decía, en dónde nos encontramos y qué hemos cumplido de lo que habíamos propuesto, para no actuar operativamente.

Había un punto en el informe de las empresas que era sobre su perspectiva. Puedo decirles que enlazando esto con el problema de los cuadros, uno de los aspectos de cómo se evaluaba un cuadro es cómo en ese informe se proyectaba el director y su equipo en cuanto a la perspectiva de la empresa. El director que solo estuviese en la operatividad diaria y que ni mirase al futuro, ni reflejase una visión clara, era evaluado críticamente en las conclusiones que después hacía el Che sobre esto.

Ángel Gómez Trueba. Director de empresa eléctrica, después viceministro: Recuerdo el concepto del Che que nos transmitía a todos, de la importancia de lograr el desarrollo del país en el plazo más acelerado.

Un día me llama y me dice que había que arrancar la planta eléctrica de Moa, que se estaba poniendo en marcha Moa, y que era necesario que Correa, que era el jefe de producción cuando aquello, uno de los poquitísimos ingenieros que teníamos, se fuera para Moa porque él conocía esa planta. Yo le traté de explicar al Che que el compañero era el jefe de producción nuestro y que sería una gran dificultad, y me dijo: “Tú pones a Correa en el avión para Santiago y que llegue a Moa dentro de dos o tres días, o vas tú”.

Él valoraba extraordinariamente la voluntad que íbamos a demostrar ante todo el mundo, especialmente ante el imperialismo de que nosotros éramos capaces de arrancar Moa, porque los yanquis habían dicho cacareadamente que nosotros éramos incapaces de arrancar una planta de esa magnitud.

Lecciones para no olvidar.

Con obreros y operarios en una visita a la refinería de petróleo “Ñico López”, en La Habana.

Cuando se fue a hacer la siderúrgica, llegaron especialistas soviéticos para hacer el estudio técnicoeconómico. Querían tomar los datos para ese estudio en 45 días. Le planteamos al Che que en 45 días no podía ser y nos dijo que tenía que ser. Todo el mundo sabe que para hacer un estudio técnico-económico sobre una industria piden bastante información, bastante. Hubo que recogérsela en 45 días y llevársela para que pudieran hacer el análisis del trabajo.

La superación: tarea impostergable

Tirso Sáenz: Yo diría que todo el Ministerio se convierte en una gran escuela, donde está estudiando desde el Ministro hasta el último obrero. Para empezar a formar a los administradores se toman varias medidas. Hay dos de trascendencia extraordinaria: una es el llamado casi por resolución ministerial, que dicta el Che, para que todos los administradores alcanzaran el sexto grado.

Tan difícil fue que a pesar de lo exigente que era el Che y de su rigor en el cumplimiento de las tareas, hubo que hacer una moratoria de un año más. Fue trascendente porque había que ver el esfuerzo de un administrador en aquellos momentos donde no había piezas de repuesto, la materia prima todavía no se había regularizado, y además, era tremenda la falta de técnicos y de personal calificado. Un administrador vivía, dormía, dedicaba casi toda su vida a la producción, y al mismo tiempo tenía que estudiar.

Se pensó en una etapa superior, que era pasarlos a una escuela. Así se crea la escuela de administradores, de las más grandes iniciativas del Che, para que un grupo selecto de compañeros se fueran capacitando en un curso que demoraba un año, con algunos elementos de dirección. Esto parte de otro criterio importantísimo del Che que está presente no solamente en la política de cuadros, está presente en todas sus concepciones, en toda su acción, que es la selección de la gente que se distinguiera entre la clase obrera.

O sea, buscar dentro de la masa trabajadora de la fábrica aquellos compañeros que se distinguieran, por ejemplo, en los comités de piezas de repuestos, en el Movimiento de construye tu propia maquinaria, en el Movimiento de inventores y racionalizadores, en los obreros que participaban en los consejos técnicos asesores de la fábrica, o sea que entre todos aquellos obreros directamente vinculados a la producción hubo obreros que habían sido promovidos por su fidelidad, por su confiabilidad a cargos de dirección; y tuvieron la posibilidad de recibir la capacitación suficiente.

La otra medida que como experimento llevó a cabo fue la escuela Lenin, para compañeros que tuvieran esas características de ser inteligentes, de ser dedicados, compañeros –como el Che les llama en una reunión bimestral– los superdotados. Sin darle ninguna connotación de seres excepcionales, sino simplemente gente que pudiera quemar etapas y estudiar en dos años la secundaria y el pre, y luego pasar a la universidad.

Salvador Vilaseca. Administrador del Banco Nacional de Cuba y profesor del Che: No hay un solo discurso del Che en que no haya hablado del problema de la capacitación y del estudio. Habla también de los técnicos, no como tales, sino que considera al dirigente, director o administrador tan técnico como los técnicos que están en la fábrica. Además, la superación tecnológica e ideológica del obrero, del técnico, del administrador, del director, en fin del dirigente, fue su caballo de batalla siempre.

El Che era un dirigente de alta categoría, con todas las características del dirigente. Es decir, que daba el ejemplo también en eso, porque estudiaba.

Creo que todo el mundo sabe que yo lo ayudé a estudiar Matemática. Fueron cinco años de clases, no fue un mes ni seis meses. Desde septiembre de 1959 hasta marzo de 1965, cuando partió.

Y eran clases dos veces a la semana, con mucha exactitud, mucho rigor, puntualidad. Él mismo empezó por recordar lo que había estudiado en el bachillerato de Álgebra y Trigonometría. Estudió después Geometría Analítica, Álgebra Superior, Análisis Matemático, Cálculo Diferencial Integral y Ecuaciones Diferenciales. Yo les puedo asegurar a ustedes que el Che hizo en esa pizarra al lado de su oficina todos los problemas de los textos que yo utilicé.

En un momento dado le tuve que decir: Comandante, ya yo no sé más nada de Matemática, así que usted me dirá qué hago. Y me dice: “Dame clases de Programación Lineal”. Digo: “No, yo he leído de Programación Lineal pero no sé nada, no he dado nunca clases”. Y entonces me dice: “¿Por qué no la estudiamos juntos?”. “Bien, vamos a estudiarla juntos”, le respondí. Me trajo un librito de un autor mexicano, muy sencillo. Lo vimos entero, después me trajo un libro norteamericano muy duro, demasiado duro. Ustedes sabrán que yo estudiaba con él, pero yo tenía que estudiarlo antes.

Y llegamos a la mitad del libro cuando salió a cumplir el destino de su vida. Meses después, la compañera Aleida me llama y me dice que el Che quiere que le consiga cinco libros, y uno de los libros era ese de programación lineal norteamericano que había quedado en mis manos. Así que en algún lugar que yo no sabía cuál era, estaba el Che repasando, estudiando también.

*Los testimoniantes aparecen identificados con las responsabilidades que tenían entonces. Síntesis de lo publicado en la revista El Militante Comunista, junio de 1988.


Liset García Rodríguez

 
Liset García Rodríguez