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Publicado el 30 Septiembre, 2017 por Redacción Digital en Historia
 
 

Soldado de la palabra

Desde su oficina en el Ministerio de Industrias, Guevara redactó varios de los trabajos destinados a Verde Olivo.

Por DALIA REYES PERERA

Aún sus botas guerrilleras andan por la Sierra Maestra o el Escambray, allí se le ve, ante una pequeña estación radial que después llevaría el nombre de Radio Rebelde, o fundando el periódico El Cubano Libre. Todavía camina por los pasillos de Verde Olivo, y ahora mismo vuelven, actuales y necesarias, aquellas visitas nocturnas a Prensa Latina. Renace el economista, revisando o haciendo artículos para la revista Nuestra Industria. Reaparecen hoy sus artículos visionarios en otros medios nacionales e internacionales, como Cuba socialista, Humanismo, y O Cruzeiro. O aquel Mensaje a los pueblos del mundo, publicado en la revista Tricontinental, donde expone sus ideas sobre la lucha por un mundo nuevo. Allí está el Che Guevara, venciendo su asma, escribiendo en sus Diarios de Campaña, esas anotaciones que nos permitieron conocer después el desandar de las guerrillas en Cuba, el Congo y en Bolivia. “Escribía con la virtuosidad de un clásico de la lengua…”, dijo Fidel en la velada solemne en su memoria el 18 de octubre de 1967.

Pasión por contar la vida

Mientras estudiaba Medicina, Ernesto Guevara, junto a otros estudiantes, funda una pequeña revista llamada Tacle, en la cual, con el apodo de Chang cho, realiza sus colaboraciones. Durante su segundo viaje por América, publica un artículo el 12 de diciembre de 1953, en la revista Siete, bajo el título “Machu Picchu, enigma de piedra en América”, sobre esas ruinas indias peruana.

Cuando viaja a Guatemala escribe el artículo “Yo vi la caída de Jacobo Árbenz”, y en Argentina fue corresponsal de la Agencia Latina, durante los II Juegos Panamericanos, en 1955. Sin embargo, es en Cuba donde perfecciona ese hábito de contar la vida.

En La Mesa, zona próxima a El Hombrito, en la Comandancia de la Columna número 4, el Che funda el periódico El Cubano Libre. Allí comienza a publicar sus conocidos artículos de la serie “Sin bala en el directo” bajo el seudónimo de Francotirador.

El 24 de febrero de 1958, bajo su iniciativa, y con el apoyo de entusiastas colaboradores, comienzan las transmisiones de una pequeña planta radial, con el nombre de Radio Rebelde, emisora que se convertiría en la voz de la Revolución.

Che me dio clases de fotografía

El fotorreportero Perfecto Romero, Premio Nacional de Periodismo José Martí, se incorporó muy joven al Ejército Rebelde en la región central del país, y recuerda que “en mi primer encuentro con el Che, cuando le digo que ‘sabía’ tirar fotos, él me asignó la responsabilidad de fotógrafo de la Columna, pues buscaba corresponsales de guerra; yo le dije que quería ser combatiente, pero él insistió en la importancia de conservar las instantáneas de esos momentos cruciales de la guerra. El Che me dio clases de esta profesión y me explicó la trascendencia de una fotografía como documento histórico”.

Fundador de la revista Verde Olivo, órgano de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, publicación que vio la luz el 10 de abril de 1959, confiesa emocionado que “el Che visitaba nuestra redacción semanalmente, se dedicaba a una revisión minuciosa de sus trabajos, y se preocupó porque la revista llegara a los combatientes y al pueblo”.

Recuerda, entre tantas anécdotas, que el Che pidió para una portada, hacer una foto en colores de un policía dirigiendo el tránsito con el semáforo. La imagen la tomó Gilberto Ante. “Revelamos la foto. Me gustó la luz roja encendida, era muy vistosa, y cuando el Che la miró, dijo que tenía que ser la luz verde, llevaba un mensaje implícito, no podíamos decir al mundo entonces, ante una feroz campaña internacional para desacreditar a la Revolución, que apostábamos por el comunismo, cuyo símbolo era el color rojo. También el verde daba la idea del uniforme de nuestro Ejército Rebelde, por otra parte, en los códigos internacionales ese color tiene el significado de continuar la marcha”.

El Che donó su cámara personal a Verde Olivo. “Aquella cámara, que hoy se expone en el Museo de la Revolución, fue un símbolo del valor que él daba a nuestra misión”

Primero, revolucionario

José Francisco Bodes Gómez, fundador de Prensa Latina compartió con el Che el nacimiento de la agencia, “la cual comenzó a concebirse desde la lucha armada por Fidel y el Che”. En esos planes estuvo el periodista argentino Jorge Ricardo Masetti, quien había subido a la Sierra Maestra como enviado de la radioemisora El Mundo, de Argentina, para reportar la lucha.

“Al triunfar la Revolución, el Che llamó a Masetti, trataron sobre la fundación de Prensa Latina, nombre que fue propuesto por el propio Guevara”, evoca Bodes, quien rememora el nacimiento de la agencia el 16 de junio de 1959. “Se aparecía en horas de la noche, compartía con nosotros. Reconocíamos en él a un protagonista de la historia, intercambiaba mucho con Masetti, su primer director, y con el periodista argentino Rodolfo Walsh”.

En cierta ocasión, Bodes realizó una entrevista al Che como Presidente del Banco Nacional de Cuba para el periódico Combate, órgano del Directorio Revolucionario. “Le pregunté: Comandante ¿Cuál es la situación actual de las divisas monetarias de Cuba? Me hizo otra pregunta: ¿qué tú eres primero, periodista o revolucionario? Le dije, primero revolucionario. Entonces me dijo: como periodista te informo que la situación de las divisas está muy mala, ‘jodida’, pero como revolucionario te pido que no debes publicar esa información, en beneficio de nuestro país”.

Bodes recuerda también las visitas del Comandante Guevara a la Sala de Comunicaciones y las plantas de transmisiones radiales de onda corta que tuvo Prensa Latina, “en fin, el Che no perdió ni pie ni pisada de nuestro quehacer”.

El periodismo en la primera trinchera de combate

Eduardo Yasells ostenta el Premio Nacional de Periodismo José Martí. Agudo y experimentado profesional, hoy piensa que si el Che viviera en estos momentos cruciales “estuviera lidiando con nosotros, exigiendo que la prensa ocupara el lugar de vanguardia”. El connotado profesional, también fundador de Verde Olivo, asevera que “el Che se convirtió en un colaborador entusiasta de este órgano. Se reunía con el personal, revisaba editoriales, diseñaba y ofrecía ideas, ya fuera en contenido o forma. Su presencia era de gran valor”.

El Che publicó más de 80 trabajos en este medio. En octubre de 1959, al regresar del recorrido por Asia, publica en esa revista su primer artículo: “La República Árabe Unida, un ejemplo”, el cual da inicio a una serie de trabajos bajo el título “Viaje del Comandante Guevara por los países del Pacto de Bandung”, acerca de las características de los pueblos visitados. En 1960 revive la sección “Sin bala en el directo”, firmada por Francotirador, en la que refleja con fino humor, temas muy candentes.

“En Verde Olivo se publican sus ‘Pasajes de la guerra revolucionaria’, aunque no tuvo tiempo de escribirlos todos”, dice Yasells, quien recorrió con Ernesto Guevara importantes obras y centros laborales del país. “Siempre nos decía: precisen los datos, sean responsables con lo que escriben. Nos pedía que no hiciéramos las ‘crónicas de viaje o sociales de nuevo tipo’, que solo hablaban de las visitas del dirigente, quería que enfatizáramos en lo que hacían los trabajadores”, afirma.

La última colaboración del Che en Verde Olivo fue “El socialismo y el hombre en Cuba”, artículo publicado por primera vez en el semanario uruguayo Marcha.

Como Ministro de Industrias, fundó la revista Nuestra Industria para el tratamiento de temas económicos. “Promovía la polémica. Era abierto a que se expusieran ideas incluso diferentes a los criterios de él, y era opuesto a la censura. Nuestra Industria es un espejo del periodismo que él defendía”, admite Yasells, quien añade que “el Che era, además, un poeta, eso se aprecia en sus crónicas, género que convirtió en su altar como escritor y periodista. Recuerdo ahora mismo las que hizo a Camilo, a Lidia y Clodomira, al luchador guatemalteco El Patojo, y otras de alta sensibilidad, como ‘El cachorro asesinado’ o ‘La Piedra’, escrita en El Congo, cuando sabe de la muerte de su madre”.

Alguien mencionaba las noches iluminadas del Che, esas en las que también se dedicó al periodismo. “Nos enseñó que esta profesión es un sacerdocio. Hoy, si viviera, estuviera combatiendo con nosotros desde las páginas de los periódicos para que la información llegara fiel y responsable a nuestro pueblo”.


Redacción Digital

 
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