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Publicado el 4 Septiembre, 2017 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

CIENFUEGOS 1957

Todo un pueblo se levanta

El 5 de septiembre de 1957, hombres y mujeres de la llamada Perla del Sur protagonizaron uno de los hechos más heroicos de la historia del movimiento revolucionario cubano
Foto del levantamiento en Cienfuegos publicada por BOHEMIA en la época. Por motivos obvios, se enmascaró entonces a los revolucionarios. (Autor no identificado)

Foto del levantamiento en Cienfuegos publicada por BOHEMIA en la época. Por motivos obvios, se enmascaró entonces a los revolucionarios. (Autor no identificado)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Fotos: Archivo de BOHEMIA

La idea de producir un levantamiento en Cienfuegos con el apoyo de marinos revolucionarios, para organizar después un frente en las montañas del Escambray, siempre estuvo en las mentes de los militantes del Movimiento 26 de Julio. Con las armas que se capturarían en la base naval de Cayo Loco (Cienfuegos), se pensaba avanzar hacia el Escambray y constituir un foco guerrillero en las lomas villareñas, con lo que se extendería la insurrección y la tiranía tendría que luchar en más de un frente.

Todos conocían que era una total falsedad la mal llamada unidad monolítica en las Fuerzas Armadas bajo el liderato del tirano Fulgencio Batista, mito propalado por este y sus compinches desde el mismo golpe de Estado del 10 de marzo de 1952. Las continuas purgas en la policía y otras armas, y la llamada “Conspiración de los puros” (un grupo de altos oficiales que proyectaban derrocar al régimen), descubierta en abril de 1956, evidenciaban lo contrario.

Desde ese mismo año, un grupo de marinos, soldados y cabos de la Base de Cienfuegos había hecho contactos con el Movimiento 26 de Julio para una acción conjunta. Incluso el 30 de noviembre de 1956, cuando se aproximaba el desembarco del Granma, hubo propuestas de un alzamiento de Cienfuegos. Pero no había condiciones en esa ocasión y fue aplazado el levantamiento.

En un segundo plan, la sublevación se produciría el 28 de mayo de 1957. Cuando todo estaba listo para las seis de la tarde de ese día, se pospuso para la mañana siguiente. El aplazamiento fue fatal. La policía batistiana detectó la casa donde estaba acuartelado un numeroso grupo de revolucionarios y detuvo a 35 de ellos.

Como Fidel aclaró en 1977, a pesar de que fueron torturados y maltratados por las fuerzas represivas, ninguno de ellos dijo una sola palabra. Y así pudo preservarse el secreto del grupo de marinos revolucionarios que conspiraban con el Movimiento 26 de Julio.

Los contactos continuaron. A finales de junio de 1957, Frank País se entrevistó con Orlando Fernández García Saborit, quien obraba en nombre de los oficiales jóvenes opuestos a la tiranía.

El Colegio San Lorenzo, según una foto de la época. Escenario del heroísmo de revolucionarios, marinos y gente de pueblo. (Autor no identificado)

El Colegio San Lorenzo, según una foto de la época. Escenario del heroísmo de revolucionarios, marinos y gente de pueblo. (Autor no identificado)

Frank determinó enviar a la antigua provincia de Las Villas a un relevante combatiente guantanamero, Julio Camacho Aguilera, participante del alzamiento del 30 de noviembre en su provincia, para que se hiciera cargo de la Jefatura de Acción en el centro del país, y a Octavio Louit Cabrerita, para que reorganizara allí el Frente Obrero.

Como puntualizara Fidel durante una intervención en 1977, “por otro lado, el Movimiento 26 de Julio había entrado en contacto con un grupo de aviadores de la Fuerza Aérea, algunos oficiales del Ejército y sobre todo, sargentos y soldados del Ejército, entre ellos un núcleo de la base de San Antonio”.

Por distintas vías, explicaría Fidel, habían contactado con el Movimiento 26 de Julio tres grupos diferentes: el de Cienfuegos, otro compuesto por jóvenes oficiales antibatistianos y el de La Habana. El 30 de agosto se reúne la Dirección del Movimiento con los representantes de estos factores y acordaron como fecha para el levantamiento el 5 de septiembre.

Fidel subrayaría en una ocasión: “A última hora, se sumó un grupo de oficiales de mayor graduación de la Marina. Ese grupo de oficiales se reúne el 4 de septiembre… y surgen las vacilaciones… Y en esa reunión, de manera unilateral, deciden posponer el levantamiento”.

Ni Camacho ni San Román, el jefe de los oficiales revolucionarios de la Marina cienfueguera, fueron avisados del aplazamiento. El primero parte para Santa Clara; el segundo, para Cienfuegos. Y en esta ciudad, ambos volvieron a reunirse en la madrugada, minutos antes del alzamiento.

Cienfuegos en armas

Las armas capturadas se distribuyeron entre la población y se organizaron grupos de instrucción para enseñar su manejo. (Autor no identificado)

Las armas capturadas se distribuyeron entre la población y se organizaron grupos de instrucción para enseñar su manejo. (Autor no identificado)

Al amanecer del 5 de septiembre de 1957, los oficiales revolucionarios de la Marina de Guerra y los comandos del Movimiento 26 de Julio asaltaron el Distrito Naval de Cienfuegos, detuvieron al jefe de la base y a otros partidarios de la tiranía batistiana y ocuparon la instalación militar.

El jefe de los oficiales revolucionarios, teniente José Dionisio San Román, arengó a los marineros y les habló de la necesidad de incorporarse al movimiento revolucionario liderado por Fidel Castro para derrocar a la sangrienta dictadura que asolaba el país. La inmensa mayoría de la guarnición del Distrito se sumó al levantamiento.

Poco después, comenzaron a armarse los militantes del Movimiento 26 de Julio que concurrieron a la base y se formaron pelotones mixtos de marineros y civiles. Rápidamente se procedió al ataque de los principales bastiones de la tiranía en la ciudad.

Un grupo de sublevados se dirigió hacia la Policía Marítima. Los conspiradores allí ya habían ocupado las postas y la instalación cayó en poder de los revolucionarios sin disparar un tiro. Otro destacamento tenía la misión de tomar la estación de Policía. El jefe batistiano, para ganar tiempo, pidió una tregua para consultar la rendición con sus subordinados. Al terminar esta, se generalizó el tiroteo y los sitiados se rindieron. Las armas capturadas se distribuyeron entre la población y se organizaron grupos de instrucción para enseñar su manejo.

En las primeras horas de la mañana, los revolucionarios y la ciudadanía que los apoyaba eran casi dueños de toda la ciudad. Años después exclamaría Fidel al rememorar estos hechos: “Desde muy temprano el pueblo de Cienfuegos se sumó a la sublevación. Primero fueron unos 60 o 70 combatientes del Movimiento 26 de Julio. Después fue todo un pueblo”.

El resto del país no se alzó

Julio Camacho Aguilera, designado por el Movimiento 26 de Julio como jefe de la acción. (Autor no identificado)

Julio Camacho Aguilera, designado por el Movimiento 26 de Julio como jefe de la acción. (Autor no identificado)

Entretanto, según testimonio del combatiente Faustino Pérez, un oficial de la Marina “consideró el 4 de septiembre por la noche que el levantamiento no podía ser el día 5 sino el 6 y sembró al confusión, enviando la contraorden […] Por eso nadie actuó aquí (en La Habana) […] A la una de la tarde tuvimos la primera noticia de lo de Cienfuegos. Ordené movilizar de nuevo a los hombres […] En La Habana se produjeron varios choques con la policía con el saldo de tres compañeros muertos y dos máquinas y algún equipo perdido. De la otra parte, un cabo muerto y un soldado herido”.

En Santa Clara, los grupos del Movimiento se lanzaron a la calle y hubo enfrentamientos y tiroteos. Tres revolucionarios capturados por la policía fueron cruelmente torturados y luego asesinados. En Santiago, la detención de Saborit dejó acéfalos a los conspiradores y no hubo levantamiento alguno entre los marinos.

En Cienfuegos, ya cerca de las 10 de la mañana, Camacho y San Román tenían pocas esperanzas de que se hubiese producido una sublevación nacional. El primero propuso recoger todas las armas disponibles y dirigirse hacia el Escambray, pero el marino se opuso, alegando que serían blanco fácil de la aviación batistiana.

En los momentos en que Camacho era asistido en la enfermería, San Román abandonó el Distrito en un guardacostas. En alta mar, elementos batistianos se apoderaron de la nave y sometieron al revolucionario. Luego lo entregaron a los aparatos represivos de la tiranía. Su cadáver fue arrojado al mar, en una fecha no precisada, meses después.

“Es incuestionable que Dionisio San Román cometió un error y cometió una falta”, puntualizaría Fidel en 1977, a lo que añadió: “Él no debió de tomar una decisión sin consultar con el compañero Camacho… Pero es lo cierto –por lo que se sabe–, que Dionisio San Román no denunció a uno solo de los compañeros del 26 de Julio con los que había tenido contactos. El mejor ejemplo es el caso del compañero Camacho. Algunos meses después, en noviembre de ese mismo año 1957, lo arrestan… Si San Román hubiera mencionado el nombre de Camacho y su papel en el levantamiento, Camacho hubiera sido irremediablemente asesinado”.

Resistencia popular

Dionisio San Román. Las torturas durante meses no le arrancaron una palabra. (Autor no identificado)

Dionisio San Román. Las torturas durante meses no le arrancaron una palabra. (Autor no identificado)

Contra Cienfuegos rebelde, el tirano Batista envió efectivos del regimiento de Santa Clara y de la Guardia Rural de Camagüey; una compañía de fusileros de Matanzas, una columna mixta de tanques y una compañía de artillería de La Habana, además de un número aún no precisado de efectivos de la Marina, encabezados por un célebre asesino, el capitán Alejandro García Olayón.

En el centro de la ciudad, la avanzada batistiana encontró inesperada resistencia. Revolucionarios y gente de pueblo abrieron una cerrada descarga y durante dos horas impidieron el avance enemigo. Un segundo ataque de las tropas de la tiranía, que culminó en el costado del colegio San Lorenzo, fue también neutralizado. Se calcula que las fuerzas gubernamentales sufrieron unas 90 bajas, entre muertos y heridos.

Al atardecer, al ver que la tropa batistiana retrasaba el próximo ataque hasta la llegada de refuerzos, los revolucionarios apostados en el colegio aprovecharon para escapar y, de azotea en azotea, descendieron a una casa de huéspedes aledaña cuyos moradores los ayudaron a salir de uno en uno. En San Lorenzo quedó un grupo de marinos y militares, para resguardar la retirada.

Mientras se combatía en el centro del pueblo, la aviación de la tiranía atacaba sin misericordia al Distrito Naval. Bajo el bombardeo, un camión lleno de armas y parque salió de la instalación rumbo a San Lorenzo para pertrechar a los revolucionarios que allí combatían. Junto con el camión, Camacho y la mayor parte de los sublevados abandonaron el lugar. Solo allí quedó un reducido grupo, dispuesto a defender esa posición hasta el final.

Tras abastecer a los combatientes del centro del pueblo, a los apostados en la Policía Nacional y en la Policía Marítima, Camacho y su grupo intentaron regresar pero ya el enemigo había tomado las calles. Tuvieron que retroceder hacia el litoral.

La situación de los defensores del colegio San Lorenzo se hizo insostenible. Los blindados y las armas pesadas hicieron fuego contra el centro. Amparados en la noche, logró escapar un grupo de militares y marinos revolucionarios. Los restantes, encabezados por el teniente Dimas Martínez, confiados en la palabra empeñada por un comandante batistiano de que sus vidas serían respetadas, permanecieron en el edificio y se rindieron cerca de las 11 p.m. Alineados contra la pared, en un patio interior de la escuela, fueron ametrallados a mansalva.

Igual suerte corrieron los sublevados apostados en el Ayuntamiento. En cambio, los militantes del Movimiento 26 de Julio que habían combatido desde la azotea del café El Sol lograron esconderse. Desde su refugio, oyeron los fusilamientos perpetrados por la tropa batistiana. Al anochecer del día siguiente, con la ayuda de la ciudadanía, escaparon sin ser detectados. Camacho, el cabo Ríos y otros combatientes también lograron eludir el cerco enemigo.

El levantamiento del 5 de septiembre no culminó en el derrocamiento del régimen. Pero el apoyo decidido del pueblo a los combatientes de esta gesta, tanto en los preparativos y en el curso de las acciones, como una vez concluidas estas, demostraron que en Cuba ya existía una situación revolucionaria y que la única opción para derrocar la tiranía era la del 68 y el 95, como muchas veces había reiterado Fidel.

El desafío a la tiranía del “entusiasta, revolucionario, valiente y heroico” pueblo cienfueguero, constituyó “un aliento moral extraordinario para los combatientes de la Sierra Maestra”, al decir del Comandante en Jefe, un estímulo para los que luchaban en el llano contra la tiranía y un llamado a los que aún no se habían incorporado a esa lucha.

Fuentes consultadas

Discurso pronunciado por Fidel en el acto Central por el XX Aniversario del Levantamiento Revolucionario del 5 de Septiembre (1977). Libro Cienfuegos. Sublevación de todo un pueblo, de Luis Rosado y Pilar Quesada. Testimonios ofrecidos por Faustino Pérez al autor del trabajo.

 


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García