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Publicado el 8 Septiembre, 2017 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

INTI PEREDO

Tras la senda del Che

Militante comunista, alertó a su partido de la impostergable necesidad de la lucha armada y lo refrendó con su ejemplo

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Che calificaría a Inti Peredo como un cuadro político y militar que despuntaba firmemente. (Foto: Autor no identificado)

Che calificaría a Inti Peredo como un cuadro político y militar que despuntaba firmemente. (Foto: Autor no identificado)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Fotos: Archivo de BOHEMIA

El 9 de septiembre de 1969, gracias a una delación, más de 150 esbirros, armados como para enfrentar a un ejército, rodearon la casa de la calle Santa Cruz número 584, en la ciudad de La Paz. Adentro estaba Inti. Las esquirlas de una granada hirieron al revolucionario sitiado y le inutilizaron un brazo y una pierna, además del arma. Solo al quedar inconsciente fue que los sicarios pudieron capturarlo vivo. Lo torturaron salvajemente. Como no pudieron sacarle información, un médico infame lo remató con una inyección.

Cinco días antes, Bolivia se había estremecido con su grito de guerra “¡Volveremos a las montañas!”. Radiado en su propia voz a través de varias emisoras y publicado en los periódicos a la mañana siguiente, afirmaba: “¡La guerrilla boliviana no ha muerto! Acaba apenas de comenzar. La guerrilla boliviana está en plena marcha”.

Los gorilas que desgobernaban el país exhibieron al mundo su cadáver como trofeo de caza, como hicieron con el del Che. Tal vez para exorcizarse del pavor que les infundía este dirigente y fundador del Ejército de Liberación Nacional de Bolivia (ELN), discípulo del Guerrillero Heroico. Todavía en 1971, cuando se publicó una biografía sobre el guerrillero en Cochabamba, los militares fascistas irrumpieron en librerías para secuestrar toda la edición, unos tres mil ejemplares, incinerados unas madrugadas después en las riberas del río Rocha.

Guido Álvaro Peredo Leigue (Cochabamba, 30 de abril de 1937) era el segundo hijo del matrimonio entre Rómulo Arano Peredo, profesor, periodista y exsenador de la república, y Selvira Leigue Llanos, mujer de amplia cultura. Según los recuerdos de la familia, el padre le apodó Inti, cuyo significado en quechua es sol, porque en una novela escrita por aquel, así se llamaba un personaje que tenía el temperamento fuerte y rebelde de Guido. Cuentan que no eran pocas, durante su infancia, las peleas en que aparecía envuelto.

Ya dirigente del ELN (en la foto, extrema izquierda) junto con José María Martínez Tamayo (Ricardo, cubano) y Loyola Guzmán, combatiente clandestina boliviana. (Foto: Autor no identificado)

Ya dirigente del ELN (en la foto, extrema izquierda) junto con José María Martínez Tamayo (Ricardo, cubano) y Loyola Guzmán, combatiente clandestina boliviana. (Foto: Autor no identificado)

Ingresó desde muy joven en la Juventud Comunista y luego, en el Partido, fue miembro del Comité Central y su primer secretario en La Paz. Colaboró con los movimientos guerrilleros de Jorge Ricardo Masseti, en Argentina, y del Perú. Defendió en el seno de su Partido la necesidad impostergable de la lucha armada como única vía en 1966. El 27 de noviembre de ese año se incorporó a la guerrilla del Che, quien lo calificaría en su diario como un cuadro político y militar que despuntaba firmemente.

Tras la catástrofe de Quebrada del Yuro, quedó solo con cinco compañeros, tres cubanos y dos bolivianos. Después que juraron no desertar jamás del proceso revolucionario, planificaron la ruptura del cerco y decidieron buscar al resto de los sobrevivientes. Lamentablemente el grupo integrado por Chapaco, Moro, Eustaquio y Pablito, quienes marcharon al sur, un rumbo contrario al de Inti, probablemente buscando la ciudad, cayeron en combate en la desembocadura del río Mizque .

Guido escribiría luego en uno de sus textos capitales: “Sólo quedábamos nosotros. Estábamos en malas condiciones físicas. Habíamos comido poco y realizado un gran esfuerzo en los días anteriores, al margen de que las grandes tensiones también habían hecho efecto sobre nuestro organismo. Volvimos a aligerar la carga. Ñato, que llevaba todo el instrumental médico, lo enterró […] y convirtió en olla la caja metálica que antes servía para esterilizar. La sopa de harina que cocinamos después de tantos días de privaciones sólo sirvió para ‘engañar las tripas’, pero no reparó nuestras fuerzas”.

En la guerrilla (segundo de izquierda a derecha). También aparecen en la foto Che, Tuma, Tavo Machín, Urbano, San Luis, Arturo y Moro. (Foto: Autor no identificado)

En la guerrilla (segundo de izquierda a derecha). También aparecen en la foto Che, Tuma, Tavo Machín, Urbano, San Luis, Arturo y Moro. (Foto: Autor no identificado)

A tiros, tras dos encuentros con los soldados de Barrientos (el tirano que desgobernaba Bolivia entonces), rompieron el cerco. Inti afirmaría: “Algún día, porque ahora no es el momento ya que perjudicaríamos a los campesinos que nos ayudaron, relataremos los detalles de esta acción que de verdad tiene aspectos increíbles y fascinantes. Bástenos sólo afirmar que, sin esa solidaridad, nuestra supervivencia habría sido sumamente difícil”.

Durante un mes caminaron en busca de la carretera Cochabamba-Santa Cruz. El 13 de noviembre de 1967 Ñato (Julio Méndez Korne, boliviano) y Urbano (Leonardo Tamayo, cubano) llegaron hasta Mataral a comprar ropas. En la tienda del lugar ambos recogieron la información de que los soldados habían detectado su presencia. Al día siguiente toparon con la soldadesca. Ñato cayó en combate.

Con la ayuda de varias familias campesinas y de honestos revolucionarios de las ciudades, Inti y su grupo lograron salir del monte. Los cubanos retornaron a su patria, vía Chile, con la ayuda solidaria de Salvador Allende. Guido Peredo y Darío (David Adriazola, boliviano) se dedicaron a restructurar el ELN.

Inti durante una estancia en la Unión Soviética. (Foto: Autor no identificado)

Inti durante una estancia en la Unión Soviética. (Foto: Autor no identificado)

Al periodista chileno Augusto Olivares (caído en combate, años después, en el Palacio de la Moneda, al enfrentarse al golpe militar fascista de Augusto Pinochet), a quien concedió una entrevista periodística en julio de 1969, le aclaró que no iba a formar una nueva organización. “Somos los soldados que tomamos ejemplo y seguimos las experiencias que legó uno de los más grandes estrategas de la lucha armada en el mundo […].

“Tuvimos la mala fortuna de perder a uno de los mejores hombres que ha producido nuestra América, pero la lucha a la que él dedicó su vida no ha terminado. Por el contrario está en pie y la memoria suya se ha fortalecido. Me entero que en todos los lugares del mundo se toma el nombre del Comandante para encabezar movimientos de rebeldía. Hemos perdido una batalla pero la guerra continúa, porque los que luchamos junto al Che no aceptamos la rendición”.

“Durante la conversación conmigo, Inti jamás habló como el jefe máximo del ELN pero sí se mostró como un líder político”, escribió Augusto Olivares en la ya célebre entrevista publicada por la revista Punto Final. Fue la única vez que el revolucionario boliviano accedió a responder un cuestionario periodístico en los días que precedieron a su muerte.

Tal vez pensando en esa posibilidad, había subrayado en su último manifiesto al pueblo boliviano, dado a conocer cinco días antes de su caída: “El camino es largo y lleno de sacrificios. Estamos dispuestos a entregar nuestra modesta cuota, lo único que tenemos, la vida, para lograr la libertad de Bolivia y América Latina y la felicidad de nuestro pueblo. Tenemos fe en el triunfo final, porque detrás nuestro avanza pujante un pueblo”.

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Fuentes consultadas:

Los libros Seguidores de un sueño, de Elsa Blaquier; Guerrillero Inti Peredo, de Jesús Lara; y Pombo, un hombre en la guerrilla del Che, de Harry Villegas. La entrevista que concedió Inti Peredo al periodista Augusto Olivares (revista Punto Final, Chile, 30 de septiembre de 1969). El suplemento Tras las huellas del Che en Bolivia (periódico La Razón, La Paz, 9 de octubre de 1966).


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García