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Publicado el 30 Septiembre, 2017 por Delia Reyes Garcia en Historia
 
 

Un obrero más

Educar con el ejemplo, fue su máxima.

Por DELIA REYES GARCÍA

Sin pensarlo dos veces, el Che se quitó la camisa empapada de sudor. Allí, después de varias vueltas con la carretilla repleta de sacos, junto al resto de los estibadores, era uno más, preocupado por el pronto despacho, agilizando las operaciones de descarga en el muelle.

Con toda su autoridad moral que florecía en la práctica cotidiana, no fueron casuales sus palabras en aquella asamblea general de trabajadores portuarios, el 6 de enero de 1962, cuando insistió: “De todas las tareas revolucionarias, la primera, la fundamental, es cumplir cada uno con su deber; el mejor adoctrinamiento revolucionario que puede existir es mostrar, por las vías del ejemplo, el camino del cumplimiento del deber”.

Para alcanzar tales propósitos exhortó a mantener un diálogo continuo y franco con la clase obrera, e incrementar la participación y responsabilidad de esta en los procesos productivos.

Unos meses más tarde, en la entrega de premios a obreros destacados del Ministerio de Industrias, recordó cómo, de manera cotidiana, los trabajadores son los verdaderos protagonistas de la historia. “Con esta reunión hemos pretendido, compañeros, nada más y nada menos que la dignificación plena del trabajo y la colocación del trabajo productivo en bien de la sociedad como tarea fundamental, digna del más alto elogio y al lado mismo de las otras dos grandes tareas revolucionarias de este momento –que se aúnan y complementan–: la defensa del poder conquistado y el estudio preparándose para nuevas tareas en el porvenir”.

En su discurso de clausura del Consejo Nacional de la CTC Revolucionaria, el 15 de abril de 1962, después de exhortar a luchar contra la vieja mentalidad heredada del capitalismo, el Guerrillero Heroico afirmó: “La clase obrera es el motor de la Revolución, es su razón de ser, y al establecerse como decisión fundamental de nuestro pueblo la construcción del socialismo, se establece también paralelamente la dictadura del proletariado, es decir, la dictadura democrática de la clase obrera a todos los niveles en los países que entran en la construcción del socialismo”.

De manera crítica, como fue característica en su prédica, el Che enjuició entonces los frenos a la participación de la clase obrera en la dirección de las fábricas y empresas. De manera visionaria alertó: “Esto no quiere decir que se vaya a establecer una pugna entre clase obrera y administración, lo que tiene que existir es una coordinación absoluta, una coordinación basada en intereses comunes, en ideales comunes, en ideas organizativas comunes y en una misma voluntad de vencer frente a todas las dificultades”.

Pero no solo a través de visitas a diversos centros de producción, donde solía intercambiar con obreros, expuso la importancia que le concedía al trabajo. Con su ejemplo y la fuerza con que defendió todo en lo que creía, estaba dando lecciones continuamente.

Señaló que la construcción de la sociedad socialista, y su desarrollo, estaba basada en el trabajo de las masas, y en relación con ello aseguró que “nuestra tarea tiene dos caras, la de la heroicidad pura y la del sacrificio en el trabajo de cada día”.

En 1961, al hablar en la inauguración de la planta de sulfometales en Santa Lucía, provincia de Pinar del Río, hizo un llamado a sus trabajadores a mantener una actitud de vanguardia y acerca de ello, resaltó: “Nosotros, revolucionarios, debemos dar en cada momento de nuestra vida todo lo que sea posible en beneficio del trabajo fecundo, en beneficio de la revolución que avanza, en beneficio del pueblo, que es todo uno que está al lado nuestro, que está luchando con nosotros hacia el porvenir.”

Conciencia y ética

Desde su sólida filiación marxista, y luego de estudiar las experiencias de otros países socialistas, el Che comprendió el peso cada vez mayor que debía jugar la conciencia y la ética en la creación del nuevo proyecto económico y social cubano.

En tanto el proceso revolucionario heredaba condiciones objetivas, donde los estímulos materiales eran el principal factor de compulsión social; en la construcción socialista, alertaba el Che, estos debían ir complementándose de manera ascendente con los morales.

Con profundo realismo comprendió que la estimulación material era necesaria en el período de tránsito al socialismo, cuando, al decir de Carlos Marx, en la Crítica al Programa de Gotha, todavía no se rebasan los estrechos marcos del derecho burgués. Pero a la par confería un valor extraordinario al desarrollo de la conciencia y al factor moral como elementos distintivos en la construcción de la nueva sociedad que debía dejar atrás, y cada vez más, las secuelas lacerantes del trabajo enajenado.

“El estímulo moral, la creación de una nueva conciencia socialista, es el punto en que debemos apoyarnos y hacia donde debemos ir, y hacer énfasis en él”, afirmó ante los obreros de la textilera Ariguanabo.

Allí donde todavía pesan en la subjetividad humana el egoísmo, el individualismo, el consumismo; se hace cada vez más necesario fomentar los valores de una conciencia diferente, socialista, tal era su pensamiento.

El Che fue un maestro y forjador de hombres, consecuente con sus actos, nunca dejó de hacer lo que predicaba, ni de exigirse a sí mismo más de lo que le exigía a los demás. De esa vital simbiosis entre palabra y acción nace uno de los más preciados legados del Guerrillero Heroico para los trabajadores.

Subir el nivel

Para el Comandante Guevara, tan importante como la participación consciente de los trabajadores en la obra colectiva, era la capacitación y superación de las fuerzas productivas, a las cuales estimuló permanentemente. Luego de ser nombrado titular de Industrias insistió en la necesidad de incrementar la productividad, ahorrando los recursos y con la debida calidad.

“La lucha por la calidad del producto –enfatizó– es una lucha revolucionaria y de vanguardia, y nunca se equivoquen en pensar que por el hecho de ser revolucionario se puede dar al pueblo un producto de mala calidad, eso sería atentar contra la Revolución”.

Gracias a su iniciativa tomó fuerzas el movimiento de innovadores y racionalizadores en las fábricas, encargado de buscar soluciones productivas ante la carencia de piezas de repuesto. La eficacia de los aniristas trascendió aquellos primeros años, cuando se impulsó la industrialización del país, y mantiene una permanente vigencia, todavía hoy, en las condiciones de país subdesarrollado, y bloqueado, además, por los Estados Unidos.

Quienes tuvieron el privilegio de conocer al Che todavía lo recuerdan machete en mano cortando caña o encima de una combinada en las primeras zafras del pueblo; con la cuchara poniendo mezcla, como el albañil más diestro; hilvanando carretes de hilo en la textilera de Gibara… Bañado en sudor, bajo el sol ardiente de la Isla, para desbordar la historia con su ejemplo imperecedero ante el trabajo.

Educar con el ejemplo, fue su máxima.


Delia Reyes Garcia

 
Delia Reyes Garcia