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Publicado el 30 Octubre, 2017 por ACN en Historia
 
 

Constitución de La Yaya: ideal truncado

Casa de la Yaya, donde se reunieron los delegados  mambises  para aprobar la Constitución. (Foto: EcuRed)

Casa de la Yaya, donde se reunieron los representantes mambises para aprobar la Constitución de 1897. (Foto: EcuRed)

Por Lucilo Tejera Díaz

 

La tradición constitucionalista del independentismo cubano en el siglo XIX, decidido y enfrascado en una guerra contra el colonialismo español, se mantuvo en todo momento desde el 10 de abril de 1869, cuando en Guáimaro, Camagüey, se proclamó la primera Ley Suprema de Cuba Libre.

Le seguirían la enarbolada en los campos gloriosos de Baraguá, en el oriente cubano, el 23 de marzo de 1878 tras la viril protesta del general Antonio Maceo al Pacto del Zanjón, y después, en el reinicio de la lucha, la de Jimaguayú (23 de marzo de 1895) y la de La Yaya (30 de octubre de 1897), ambas también en territorio camagïeyano.

La línea principal de cada una es la misma que había trazado Carlos Manuel de Céspedes cuando se lanzó a la manigua redentora el 10 de octubre de 1868: “¡Independencia o muerte!”, que demostraba a los cubanos y al mundo la entereza por conseguir la libertad.

A 120 años de la proclamación de la Constitución de La Yaya, esta Ley Fundamental del mambisado representa, tanto en su articulado como en su proyección nacional e internacional, un pensamiento genuinamente independentista y que avizoró, advertido antes por José Martí, el peligro que acechaba a Cuba una vez libre de España: Estados Unidos.

Esta constitución es considerada técnicamente superior a las que la precedieron.

Tarja con el nombre de los representantes a la Asamblea Constituyente de La Yaya, en el Museo de los Capitanes Generales de La Habana

Tarja con el nombre de los representantes a la Asamblea Constituyente de La Yaya, en el Museo de los Capitanes Generales de La Habana. (Foto: EcuRed)

El profesor de la Universidad Ignacio Agramonte, de Camagüey, Carlos Manuel Villabella Armengol escribió en su libro “Historia constitucional y poder político en Cuba”: “…este texto constituyó el producto más acabado de la fuente desde el punto de vista político y técnico, siendo exponente del grado de madurez que había alcanzado el constitucionalismo mambí”.

Sin embargo, en su concepción vuelve a imponerse el criterio civilista en medio de la guerra, y la historia demostró que no tuvo vida propia, porque en el plano militar las acciones bélicas siguieron bajo la dirección del general Máximo Gómez, como era lo recomendado en aquella situación.

En aquel momento, tras la exitosa invasión al occidente de la isla, los independentistas tenían en la práctica ganada la guerra a los peninsulares, quienes solo se sostenían en las ciudades importantes, mientras el resto del territorio era controlado por los mambises.

Pero en los primeros meses de 1898 la intervención estadounidense en la contienda ignoró totalmente la autoridad de los cubanos, quienes durante 30 años habían batallado con inmensos sacrificios por la independencia.

El revolucionario cubano Ricardo Alarcón de Quesada señaló que “el ordenamiento jurídico y las autoridades e instituciones establecidas por La Yaya fueron aplastados sin contemplaciones por la intervención militar de 1898”.

En carta que Martí escribió a su amigo Gonzalo de Quesada el 14 de diciembre de 1889, cuando estaba enfrascado de lleno en la preparación de la guerra, advertía del peligro yanqui:

“Sobre nuestra tierra, Gonzalo, hay otro plan más tenebroso que lo que hasta ahora conocemos y es el inicuo de forzar a la Isla, de precipitarla, a la guerra, para tener pretexto de intervenir en ella, y con el crédito de mediador y de garantizador, quedarse con ella. Cosa más cobarde no hay en los anales de los pueblos libres: Ni maldad más fría ¿Morir, para dar pie en qué levantarse a estas gentes que nos empujan a la muerte para su beneficio?”.

Pero aun así, el manifiesto de La Yaya de que “Sólo con la victoria o con la muerte saldremos de los campos de Cuba Libre” siguió vigente hasta 1959, cuando el pueblo logró el poder en una revolución victoriosa y emprendió a plenitud el camino soberano y digno por el que se había luchado desde la clarinada en La Demajagua. (Por Lucilo Tejera Díaz, ACN)


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