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Publicado el 31 Octubre, 2017 por ACN en Historia
 
 

Manolito Aguiar

Héroe adolescente, patrimonio de todos

Manolito Aguiar. (Foto: Granma)

Manolito Aguiar. (Foto: Granma)

Por Martha Gómez Ferrals

 

Sólo tenía 18 años el estudiante y combatiente revolucionario Manuel Aguiar García (Manolito) cuando fue ultimado cobardemente por sicarios de la tiranía batistiana el primero de noviembre de 1958, en un establecimiento de Marianao donde disfrutaba de un refresco sentado a una de las mesas.

Para los capitalinos, incluso antes del crimen de espanto, esa jornada transcurría bajo el manto de una gran tensión ciudadana. Se estaba en los días previos de una farsa electoral convocada para dos jornadas después por Fulgencio Batista, a fin de favorecer a un compinche de sus triquiñuelas. Era un secreto a voces que el sujeto
iba a ser el “ganador”.

También se esperaba que los revolucionarios desplegaran acciones para impedir la ejecutoria del fementido veredicto.

El crimen que segó tan temprano la vida del casi adolescente Manolito fue realizado directamente por Ramón Calviño, Riverito y Ariel Lima, tres desertores del Movimiento 26 de Julio, ya convertidos en connotados torturadores y asesinos a las órdenes de la dictadura. Por suerte, las manos de la justicia pudieron llegar hasta ellos en momentos distintos.

Dicen que tal vez avisado de alguna manera por la aparatosa llegada del auto con los asesinos, a quienes reconoció cuando estaban próximos, Manolito atinó a desfundar su arma, pero no pudo hacer más.

Lo derribó un certero disparo de Calviño que lo impactó en el cuello y ya tendido en el suelo fue rematado con un tiro en la sien, ante la conmocionada clientela y empleados allí presentes.

¿Quién era aquel joven ejemplar que casi un niño era considerado una amenaza para el poder de la tiranía? Hace mucho tiempo la sociedad cubana vivía bajo el terror, bajo la ola de crímenes y represión del tirano, eran cada vez mayores en número y cada vez más pavorosos, ante el avance de la ofensiva rebelde en expansión desde la Sierra Maestra.

Los días de la dictadura ya estaban contados. Y a los ojos de aquel gobierno apoyado por criminales sin control, la historia de Manolito era suficiente motivo para aquel castigo.

El combativo muchacho había sido expulsado de su centro estudiantil desde la huelga de febrero-marzo de 1958. Por su activa participación en la Huelga de Abril de ese año, lo ascendieron a capitán de milicias del Movimiento 26 de Julio en Marianao, el municipio capitalino donde nació, vivía y había cursado estudios de bachillerato en su instituto.

Manolito Aguiar. (Foto; Somos Jóvenes)

A pesar de su extrema juventud dirigía un comando cuyas acciones ya se habían hecho notorias en la zona. El día de su asesinato esperaba en el Bar Encanto a un contacto que le llevaría un mensaje de la Dirección del M-26-7 en la capital.

Manolito Aguiar vino al mundo el 25 de enero de 1940. Vivía con su familia en un hogar humilde. El padre era chofer de guaguas y la madre tenía una suerte de quincalla.

Hicieron grandes sacrificios para que su hijo estudiara en una escuela privada y lo consiguieron.

Pronto Manolito no se sintió bien en aquel plantel, rodeado de gente finolis y vacua en su mayoría, por lo cual se trasladó a una escuela pública, que sentía le correspondía mejor.

Comenzó a incorporarse a acciones del movimiento estudiantil revolucionario alrededor del curso de 1954-55, cuando estaba en tercer año. Entró sin mucho esfuerzo, parecía que su interés por la política y lucha le fluía de manera casi natural.

Manolito, refieren sus contemporáneos, tenía un semblante hermoso y unos ojos de mirada muy seductora, pero parecía no darse cuenta de ello y no era pagado de sí mismo, ni uno de esos chicos llamados postalitas que ya proliferaban por entonces bajo el influjo de ciertos filmes de Hollywood.

Su gestión movilizadora fue determinante en la contundente contribución dada por el Instituto de Marianao a la manifestación que José Antonio Echeverría y la FEU organizaron contra el director del Instituto de El Vedado, ejecutor de un sistema disciplinario fascista en ese plantel.

Un año crucial para Manolito fue 1957, pues por su prestigio, de hombre cabal y disciplinado, generosidad y solidaridad con sus compañeros, las excelentes relaciones y su radical enfrentamiento a los desmanes del tirano, fue elegido Presidente de la Asociación de Estudiantes. A pesar de su breve existencia, reunía las más puras virtudes de un joven patriota cubano.

En homenaje al héroe adolescente que sin dudas siempre conoció la magnitud de los peligros a que se enfrentaba y entregó con el alma su propia vida, el Instituto de segunda enseñanza de Marianao hoy lleva su nombre, también recordado en otros puntos de la Isla. Los patriotas cubanos nacen del pueblo y su recuerdo es patrimonio de todos. (ACN)


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