0
Publicado el 1 Octubre, 2017 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

CONGO 1965

La heroicidad de una gesta

Ramón, identidad y apariencia adoptadas por el Che para su incorporación a la guerrilla del Congo

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA/Fotos: Archivo de BOHEMIA

Después de una espera de algunos días, la cual no por ser corta fue menos angustiosa para Ernesto Guevara de la Serna, el martes 20 de abril de 1965 partió de Dar Es Salaam (Tanzania) al frente del primer grupo de 14 cubanos hacia Kigoma, en la frontera congolesa. Iban en dos autos y una camioneta con un toldo. Recorrieron unos 1 700 kilómetros en los que menos de una décima parte estaba asfaltado; el resto, terraplenes en mal estado y con mucho polvo. Che, quien manejó durante un tramo, tiró fotos de los paisajes, al igual que Mbili (José María Martínez Tamayo, Papi en Cuba, Ricardo en Bolivia).

Víctor Dreke, el segundo de la misión, recordaría años después que solo llevaban una flauta de pan, y el Che le dijo: “Oye, mira a ver si tú logras repartirla, que alcance para todo el mundo”. Luego relataría riendo: “Tocamos a un pedacito. A él había que darle el último. Yo estaba alertado, lo había conocido en el Escambray (1958). Le tocó el más chiquito, dejamos el mío y el de él para último.

“Durante el trayecto, siempre que le fue posible, lo vi leyendo, al preguntarle de qué se trataba, me respondió que buscaba datos sobre la zona donde operaríamos”.

El jueves 22 de abril, sobre las ocho de la noche, llegaron a Kigoma. Consignaría Che en el libro que escribiera sobre aquella gesta: “Las lanchas no estaban listas y tuvimos que permanecer allí, esperando al día siguiente para el cruce. Inmediatamente el comisionado de la región, que nos recibió y nos alojó, me dio las quejas de los congoleses. Desgraciadamente, todo parecía indicar que muchas de sus apreciaciones eran justas”.

En Kigoma, como pudo apreciar el Guerrillero Heroico, se hallaban los comandantes jefes de la zona: “Este pueblo era un remanso al cual los más afortunados podían llegar para vivir al margen de los azares de la lucha. La nefasta influencia de sus burdeles, sus licores sobre todo, su refugio cierto, no sería nunca suficientemente valorada por la Jefatura revolucionaria”.

Acerca del cruce por el lago hacia suelo congolés, cuenta Dreke: “La odisea fue grande, el barco hizo agua por el camino. Pasamos apuros porque los congoleses estaban acostumbrados a bailar, a cantar. Estaban en peligro, pero cantaban y bailaban y tocaban […] Estábamos en medio del lago, haciendo una operación de desembarco, y los congoleses decían: ‘Mira las luces’. Nos decían que eran las luces de los barcos de Tshombe (el títere de los imperialistas que desgobernaba entonces), que estaban recorriendo el lago. Nosotros metidos en aquel lago y no podías gritar, no podías hablar. Pero ellos no te hacían caso. Seguían cantando y cantando. Hasta que logramos llegar sin ningún percance a la orilla opuesta.

“Ahí tuvimos el primer contacto con los guerrilleros congoleses”.


África

Fidel le explicaría en cierta ocasión a un periodista italiano: “Realmente él (Che) quería ir para Sudamérica. Esa era una vieja idea porque cuando él se sumó a nosotros en México –no es que pusiera una condición–, planteó una sola cuestión: ‘Yo lo único que quiero cuando triunfe la revolución y quiera irme a luchar a Argentina, es que no se me limite esa posibilidad, que razones de Estado no impidan eso’. Y yo se lo prometí”.

Junto con Dreke (extremo izquierda) y el doctor Zerquera.

“También estaba interesado por los problemas de África”, subrayaba Fidel. Cuando a principios de los años 60 se produjo la intervención de mercenarios en el antiguo Congo Belga y el asesinato allí del patriota Patricio Lumumba, surgieron focos de lucha armada antineocolonial en ese país. Enviado a ese continente por la Revolución Cubana, en su calidad de Ministro de Industrias, para ensanchar las relaciones comerciales con naciones de la región, el Che perseguía un segundo propósito: contactar y estrechar lazos con los movimientos de liberación nacional.

Llegó a Argelia el 18 de diciembre de 1964 con el fin de concretar una alianza entre ese país y la Isla para apoyar la lucha de los pueblos africanos contra el colonialismo aún existente en el continente.

En el segundo punto de su gira, Mali, declaró a la prensa acerca de la realidad latinoamericana: “La lucha revolucionaria contra la intervención de Estados Unidos toma más y más carácter en el hemisferio. En América Latina el poder revolucionario pasa actualmente por la etapa de la acción armada”.

Ya en 1965 (2 de enero), en el Congo Brazzaville, se entrevistó con el presidente Alphonse Massemba Debat, quien le solicitó ayuda militar a Cuba mediante el envío de instructores para sus fuerzas armadas e incluso, la presencia de tropas con vistas a repeler cualquier agresión desde el Congo Leopoldville (hoy Congo democrático) del gobierno títere de Tshombe.

En Brazzaville Che contactó con dirigentes de los movimientos de liberación nacional de las entonces colonias portuguesas, como el angolano Agostinho Neto y el mozambicano Samora Machel. A los militantes del Movimiento para la Liberación de Angola (MPLA) expresó: “Para mí es un gran placer estar aquí con ustedes y ver en la práctica cómo se están estructurando, desarrollando vuestra lucha armada contra el colonialismo portugués y simplemente voy a decirles algo que he repetido suficientes veces: Cuba está con ustedes, con todo el pueblo angolano, como lo está también con el pueblo de Mozambique y con el de la Guinea portuguesa”.

En el mes de febrero llegó a Tanzania. Allí se reunió con varios dirigentes congoleses, entre ellos, Laurent Desiré Kabila y Godefrei Tchamlesso, este último más conocido por su apodo cubano de Tremendo Punto. Según Che, todos sus interlocutores “solicitaron, en general, entrenamiento militar en Cuba y ayuda monetaria”.

Guinea Conakry y Ghana fueron otras naciones visitadas. En esta última declaraba a la prensa: “Hemos ratificado en varias oportunidades nuestra identificación con los países africanos progresistas, pero nuestro conocimiento de África es poco. Ahora conoceremos más, para darle al Partido cubano una idea clara de los deseos y posibilidades de los países africanos de una marcha común a través de los vínculos económicos entre nosotros”.

Luego, en otro encuentro con periodistas convocaba a “unirnos más e intercambiar experiencias, para poder luchar contra el enemigo común”.

De nuevo en Argelia, el diario Alger Ce-soir le recogió declaraciones: “el mayor peligro del neocolonialismo no es su aspecto más visible, es por el contrario la falsa apariencia de un desarrollo que pretende ser brillante y rápido”.


Preparativos

Según testimonio de Jorge Serguera, entonces embajador cubano en Argelia, Che informó de inmediato a la dirección de la Revolución Cubana sobre la ayuda solicitada por los movimientos de liberación africanos y de la necesidad de ir seleccionando a los compañeros idóneos para asumir como instructores en ese continente. De acuerdo con la recomendación de un dirigente congolés, Gaston Soumaliot, se decidió que todos los asesores militares cubanos fueran negros.

Recuerda Víctor Dreke que, a comienzos de 1965, lo citaron con urgencia: “Yo estaba haciendo precisamente una operación contra uno de los últimos bandidos. Me comunican que me debo presentar al Estado Mayor del Ejército Central, a ver al jefe de ese ejército, Calixto García”. Este le preguntó si estaba en disposición de cumplir una misión internacionalista. “¿Cuándo salgo?”, respondió Dreke. “No, todavía no”.

El comandante García le instruyó seleccionar a un grupo de compañeros de Lucha contra bandidos, con una gran experiencia de combate. De ser posible, veteranos del Ejército Rebelde y de Girón. “Estos compañeros deben ser negros, bien negros”, le recalcaron.

Prosigue Dreke: “Así se forma una compañía, que era como se llamaba inicialmente a ese grupo. Aunque a veces le decíamos columna. Todos vinieron para La Habana en grupos apartes… Fuimos para el estadio Pedro Marrero, donde nos reunimos con el comandante Manuel Piñeiro, con el capitán Luis Pérez, jefe de la unidad 1546 – donde se entrenaban los compañeros que estaban en Pinar del Río-, el primer teniente Luis Matos, jefe de los servicios médicos, y con Ulises Estrada, del Ministerio del Interior.

“Piñeiro me informó que yo había sido designado jefe de la misión y que tenía que preparar a aquellos hombres. Luego llegó el resto de los compañeros [procedentes de otros ejércitos] y el 2 de febrero se formó esta compañía, una compañía que iba a cumplir una misión pero que nadie sabía dónde ni cómo era.

“Por supuesto, había tantos negros allí que todo el mundo pensó que era África. No sabían si en el Congo o qué lugar era. Pero la gente empezaba el murmullo. Ya antes se había hablado de que no se podía hablar de la misión, ni entre ellos mismos, así que estaban cuidándose. Pero casi todo el mundo se hacía una idea al respecto.

“Se creó la compañía de fusileros, se agregaron dos o tres compañeros para la artillería… Seguimos nuestra preparación combativa. Fidel fue varias veces, impartió instrucciones, les dio pases a los compañeros en momentos determinados para que fueran a sus casas, porque los habíamos recogido directamente de los campamentos donde estaban y los habíamos llevado para allá. Salíamos diciendo a nuestras familias que íbamos para la Unión Soviética. Mira tú, ¡tantos negros en la Unión Soviética!”.


Che

Con Mbili (a su lado) y Oliva.

Ninguno de los movilizados sabía que el Che iba al frente de esa misión, ni siquiera Dreke, quien aclara: “Él nunca fue por el campamento, incluso estaba por el exterior en un recorrido, según oíamos por radio […] Quiero aclarar una cosa importantísima y es que ese secreto no se divulgó ni a la familia. Porque calculen ustedes que los imperialistas se hubiesen enterado de eso. No hubiéramos llegado, nos lo hubieran impedido… Pero no se enteraron de nada. Mucho menos de que iba el Che. En ese momento ellos estaban en el aire”.

El 30 de marzo de 1965 se apareció en el campamento Osmany Cienfuegos y llamó aparte a Dreke para decirle de que ya no sería quien encabezaría la misión. “Acepto, pero reclamo mi derecho a participar aunque no sea el jefe de la columna”. Osmany lo tranquilizó: “Vas a ir. Al compañero que va al frente lo conoces y él te conoce muy bien. No vas a tener problemas”. “Yo, problemas, con nadie”. Osmany le enseñó fotos: “Este compañero es Ramón, quien ha sido designado jefe de la columna. Es comandante”. Dreke contempló la instantánea: “No lo conozco”. “Que sí, ¿cómo no lo vas a conocer, compadre?, tú lo conoces bien, yo sé que tú lo conoces”. “No, no sé quién es”.

Al día siguiente Osmany llevó a Dreke para una casa. Allí le presentó a Martínez Tamayo, Papi. Un hombre que estaba de espaldas escribiendo sobre una mesa, se levantó y vino hacia ellos. “Este es el compañero que va a ser jefe de la columna, al que tú te vas a subordinar”, le dijeron a Dreke, quien aún continuaba sin adivinar su presencia, “ni siquiera de frente, cerquita. El Che interviene y me dice quién es… Yo seguía sin reconocerlo”.


La partida

Che, José Ramón Machado Ventura, Emilio Aragonés y Oscar Fernández Mel en el campamento de Kiliwe

En la mañana del 1o de abril de 1965 Che, Papi y Dreke partieron de La Habana. Portaban pasaportes diplomáticos “y nuestras pistolas ‘diplomáticas’, además”, añade el último. Fidel los despidió en el aeropuerto. El enmascaramiento del Guerrillero Heroico era tan bueno, que el periodista Luis Gómez Wanguemert, quien infinidad de veces lo había entrevistado, no pudo identificarlo. Tampoco, cuando llegaron a Dar Es Salaam, Pablo Rivalta, embajador cubano en Tanzania, quien había peleado bajo las órdenes del Che en la etapa insurreccional.

En esa ciudad del este africano tuvieron el primer contacto con los dirigentes del movimiento de liberación congolés. No con Kabila, sino con Tchamlesso y otros más. Se les explicó que iban a ser unos 100 compañeros. Che fue presentado como médico y traductor; Papi, como ayudante del médico y experto guerrillero. Los congoleses aceptaron la cantidad de internacionalistas propuestos.

Cuenta Dreke: “Planeábamos salir rápidamente para el Congo, ¿pero qué sucede? Que no estaban las condiciones preparadas, había algunas armas, era lo que más había, pero faltaban botas, frazadas y otras cosas. Los compañeros encargados de haber asegurado todo esto solo empezaron a prepararlo a esa hora”.

Una vez reunidos los cubanos, Che les explicó los planes concebidos por él. A cada uno le puso un nombre en suahili: Dreke era Moja (Uno); Papi, Mbili (Dos); para él reservó Tatu (Tres). Después bautizaría a los demás mientras iban llegando los siguientes grupos, inicialmente con números, luego con otros apelativos: Pombo (Harry Villegas). Tumaini (Carlos Coello), Morogoro (Octavio de la Concepción y de la Pedraja), Siki (Oscar Fernández Mel)…


En suelo congolés

Mbili y Ulises Estrada en Lulimba.

Tras atravesar el lago, ya en el Congo, Che ordenó una exploración del área para saber dónde exactamente estaban. Se decidió acampar en un lugar idóneo con vistas a establecer luego una base en la loma más alta que hay por esa zona. Moja (Dreke) encabezó un pequeño grupo que recorrió la elevación para preparar allí condiciones y que los demás pudieran escalarla.

El propio Moja relataría años después: “Llegó un día en que el Che decidió decirle a Tremendo Punto quién era él y mandarle un mensaje a Kabila. Porque Kabila tampoco sabía…, solo que había entrado un tal Moja, un oficial del ejército de Cuba, con un grupo de cubanos”.

Grupo de internacionalistas cubanos en Lulimba.

Cuando Che se identificó con Tremendo Punto, este empezó a gritar: “¡Escándalo internacional! ¡Escándalo internacional!”. Con las manos en la cabeza echó a correr como si alguien lo estuviera persiguiendo. Decía que se iba a producir una conmoción mundial al saberse que el Che estaba alzado, como parte de la guerrilla. Tatu mandó con él un mensaje a Kabila informándole que se hallaba en el Congo y que le estaba subordinado totalmente.

En el primer mes de su estancia en el país africano, Che enfermó de paludismo que se le complicó con el asma. Tuvo fiebres muy altas. Se discutió entre los cubanos y el médico (Rafael Zerquera, Kumi) sugirió su regreso temporal a Cuba para curarse. El Che por poco lo mata: “De aquí no me voy”.

Cuenta Dreke: “Pero de verdad que lo vimos muy mal. Además nos asustamos todos. Nosotros habíamos oído hablar de paludismo pero no sabíamos lo que era. Empezó aquel hombre a ponerse mal, con dolor en las articulaciones, vómitos, 40 de fiebre. Estaba delirando, hablando cosas. Además estábamos en medio de aquella montaña con un frío que tiritaba todo el mundo. Después el paludismo ya no nos asustaba, pero aquel día sí”.

 


La realidad 

Cuando los cubanos llegaron al Congo, apunta Dreke, “creíamos que allí todo estaba listo, que había tropa en el terreno, que lo único que ellos necesitaban era un poco de preparación militar. Pero no teníamos toda la información correcta. Gran parte de ella la habíamos obtenido por distintas vías, en las capitales de diversos países. Y dolorosamente en muchos movimientos de liberación –no solamente del Congo, de otros lugares también–, los compañeros están acostumbrados a exagerar, si cogen un fusil, dicen que cogieron 10; si matan un soldado, dicen que mataron 20.

“No es la característica de la Revolución Cubana, al relatar los hechos nunca pusimos una bala, un muerto, un preso de más. Y en aquel momento pensábamos que los congoleses eran iguales que nosotros, creíamos que pensaban igual, imaginábamos que el líder congolés que nos esperaba era como Fidel, Raúl, Almeida…

“Pero era distinto. Una cosa que nos chocó fue que los principales dirigentes del movimiento de liberación del Congo no estaban en el frente… Estábamos acostumbrados a que Fidel estaba día y noche con nosotros, y aquí o al lado, y Almeida que estaba de jefe en [la lucha contra bandidos] en el Escambray. Estaban ahí, en el frente de lucha. Pero en África no era así.

Che durante su estancia en Tanzania, con algunos internacionalistas cubanos.

“Hay cosas que Che no podía resolver, porque 128 hombres no pueden cambiar la característica de un país en África como es el Congo. Hizo todo su esfuerzo y si no es por él, en vez de durar siete meses la guerra después de que llegamos, dura dos meses y se acaba. Porque cuando llegamos al Congo, la guerra prácticamente no existía”.

Según Oscar Fernández Mel, Siki, “aquello no había quien lo arreglara, [los congoleses] hacían lo que les daba la gana y andaban regados sin un jefe al que seguir. Los combates que se hicieron fueron protagonizados, sobre todo, por los cubanos. Inclusive, en el de Front de Force fueron los cubanos los únicos que pelearon. En las emboscadas era igual, no se podía, cuando se formaba el tiroteo, nos quedábamos solos”.

Atravesando el lago.

El combatiente congolés, por aquellos días, no tenía conciencia alguna de lucha, carecía de una cultura combativa, por lo que muchas veces hasta ignoraba por qué y contra quién realmente peleaban. Estaban generalizadas algunas creencias fetichistas como la dawa, rito religioso de ser inmune a las balas.

Era tanta la fe en esta “protección”, que cuando fallaba, como era obvio suponer, la culpa no la tenía el rito sino el muerto, porque “había tenido miedo, lo que inutilizaba la dawa”. Lógicamente, esta superstición era fatal para el combatiente que descuidaba su preparación combativa, pues “no le hacía falta”.

Si a esto sumamos la ausencia de cuadros y los profundos prejuicios interétnicos que subsistían entre las propias subetnias bantúes (a duras penas el Che logró incorporar a los ruandeses, pues los congoleses se negaban a pelear con ellos) y se extendían incluso a los pocos internacionalistas cubanos blancos que eran a veces rechazados, se comprenderá el resultado final de aquella gesta.

 


Final

Ante la petición de los propios congoleses –ya Tanzania, presionada internacionalmente, había comunicado que cesaría toda ayuda por parte de ella–, la columna del Che abandonó el Congo. Afirma Dreke: “Salimos armados, fusil en mano atravesamos el lago, instalamos un cañón de 75 mm en uno de los botes. Era el suicidio porque tirar con ese cañón en medio del lago es virarse el bote. Pero era la concepción con que salimos del Congo. Sabíamos que no ganábamos la guerra, pero no salimos entregando las armas, rendidos, con las manos en la cabeza, ni pidiendo perdón…”.

En su encuentro con el periodista italiano Gianni Miná, Fidel aclaró que el Che siguió la línea de enseñar a combatir a los congoleses, “pero la idea, desde luego, no era hacer la guerra en lugar de los africanos, sino ayudarlos, enseñarles a combatir. Pero el movimiento aquel era muy incipiente todavía, no tenía suficiente fuerza, unidad, y al fin los propios jefes revolucionarios de la excolonia belga decidieron suspender la lucha y el personal fue retirado. Realmente se comprobó que aquella decisión fue correcta, se comprobó que no había condiciones para el desarrollo de aquella lucha en ese momento”.

¿Fue realmente un fracaso la gesta internacionalista cubana en el Congo como muchos aseveran ahora, a partir de una afirmación del Che? Dreke muestra su desacuerdo: “Aquella acción de los compañeros que cayeron en el Congo no fue en vano. Como dijo Raúl, la acción del Congo se multiplicó en otras acciones en África. La experiencia que allí acumulamos nos sirvió para hacer lo que hicimos al ayudar a las luchas de liberación en Guinea-Bissau, Angola y otros países”.

Che planteó que aunque el objetivo de la misión no pudo cumplirse, “esto no quita nada a lo heroico de la gesta, la heroicidad está dada por la actitud general de nuestro Gobierno y el pueblo de Cuba. Nuestro país, solitario bastión socialista a las puertas del imperialismo yanqui, manda sus soldados a pelear y a morir en tierra extranjera, en un continente lejano, y asume la plena y pública responsabilidad de sus actos; en este desafío, en esta clara toma de posición frente al gran problema de nuestra época, que es la lucha sin cuartel contra el imperialismo yanqui, está la significación heroica de nuestra participación en la lucha del Congo”.

__________________

Fuentes consultadas

Los libros Pasajes de la guerra revolucionaria. Congo, de Ernesto Che Guevara; De la sierra del Escambray al Congo, de Víctor Dreke; Un encuentro con Fidel, de Gianni Miná; El sueño africano del Che, de William Gálvez. Los textos El Che, un amigo hasta las últimas, de Oscar Fernández Mel, y El Congo, una gesta heroica, de María del Carmen Ariet, ambos aparecidos en Paradigma, diciembre de 2015.

 


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García