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Publicado el 9 Noviembre, 2017 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

CUBA 1897

Adiós para siempre, Weyler

Su plan de operaciones para destruir a la Revolución Cubana fracasó ante la estrategia adoptada por Máximo Gómez
Máximo Gómez esbozó su plan de campaña a partir de un conocimiento pleno de la topografía de la zona de operaciones y de las debilidades del enemigo. (Autor no identificado)

Máximo Gómez esbozó su plan de campaña a partir de un conocimiento pleno de la topografía de la zona de operaciones y de las debilidades del enemigo. (Autor no identificado)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Fotos: Archivo de BOHEMIA

Esta es la historia de cómo fue derrotado el general Valeriano Weyler Nicolau en Cuba. Tras haberle prometido a inicios de 1897 la pacificación de la Isla a Madrid, nueve meses después el panorama no podía ser más desalentador para el militar mallorquín (había nacido en Palma de Mallorca, Islas Baleares, en 1838). Todos sus esfuerzos por aniquilar la tropa de Máximo Gómez, supuestamente cercada en un área de unos 100 kilómetros cuadrados entre la Trocha Júcaro-Morón y los ríos Jatibonico norte y sur, habían resultado inútiles.

Entretanto, en el oriente del país, Calixto García libraba una ofensiva indetenible contra el Ejército ibérico, en la cual sitió y tomó importantes ciudades, plazas y fortificaciones militares. En el occidente, las fuerzas del 5º Cuerpo (Habana-Matanzas) y del 6º (Pinar del Río), al verse aliviadas de la presión a que estaban sometidas (Weyler había extraído efectivos de esos territorios para perseguir a Gómez), se reorganizaron y pudieron dedicarse al hostigamiento continuo del enemigo, tal como les orientara el Generalísimo mambí.

El fracaso del plan de operaciones que llevó a cabo Weyler para destruir a la Revolución Cubana era más que evidente en octubre de 1897.

El porqué de una campaña

A inicios de 1897 la situación de las fuerzas mambisas en el occidente de Cuba era precaria. A la carencia de armamento y parque hubo que sumarle la pérdida en combate de notables jefes militares, Antonio Maceo en primer plano, y la alta concentración de efectivos del colonialismo español en esa región. Para colmo, el gobierno de la República de Cuba en Armas desviaba hacia el oriente a la mayor parte de las expediciones enviadas por el Partido Revolucionario Cubano en el exilio.

Ante esta realidad y con más entusiasmo que objetividad, Weyler anunció la total pacificación del occidente cubano, algo totalmente incierto pues aún mantenían una disposición combativa los destacamentos independentistas en el sur de La Habana y Matanzas. Pero el General en Jefe cubano, Máximo Gómez, sí no había perdido contacto con la realidad y comprendió que la insurrección agonizaba en Pinar del Río y La Habana, e ideó un plan para atraer al centro de la Isla al militar mallorquín.

Como le explicara entonces a su Estado Mayor, el dominicano se “encerraría” en la zona de La Reforma, ubicada en la hoy provincia espirituana. Al provocar a Weyler, quien no dudaría en salir a coparlo, decía Gómez, “como tiene mucha gente en trochas, líneas militares que torpemente sostiene y no se atreve a abandonar, tendrá que sacar soldados de Pinar del Río, La Habana, Matanzas y Sagua para perseguirme, de este modo nuestras fuerzas de esos territorios se reharán y tendrán respiro, habiendo yo ayudado a ello sin buscar golpes de efecto inútiles”.

El Generalísimo mambí esbozó su plan de campaña a partir de un conocimiento pleno de la topografía de la zona de operaciones y de las debilidades del enemigo. El sitio escogido, La Reforma, le era muy conocida desde la guerra del 68, conocía que ella era idónea para organizar emboscadas, desarrollar simultáneamente movimientos con la caballería, cargar contra el enemigo desde y sobre la marcha, protegerse en lugares montañosos abruptos en caso de retirada o de necesitar un refugio para la tropa.

La caballería mambisa se caracterizaba por su agilidad y alta maniobrabilidad. (Autor no identificado)

La caballería mambisa se caracterizaba por su agilidad y alta maniobrabilidad. (Autor no identificado)

Ideó un sistema de exploración mediante patrullas de caballería que mantenían vigilancia en los caminos y encrucijadas, y detectaban el movimiento de tropas enemigas. Como Weyler daba preferencia a la infantería y la artillería, a la vez que arrastraba una excesiva impedimenta, en detrimento de la caballería, la cual contaba con pocos corceles, las columnas peninsulares marchaban lentamente con escasa maniobrabilidad y movilidad. Esto le permitía al jefe cubano, basándose en la agilidad de la caballería insurrecta, desarrollar un hostigamiento continuo al enemigo, al que obligaba a intensas y continuas marchas bajo los efectos del implacable clima de la Isla y los certeros disparos de los francotiradores mambises, amén de las acciones nocturnas sobre posiciones españolas con el fin de interrumpir su descanso y disminuir su disposición combativa.

A los jefes de destacamentos Gómez orientaba: “Procure hacer la guerra de infantería, de emboscada en emboscada. Guarde sus caballos y aproveche la noche (guerra nocturna)…, sin peligro, revienta usted una columna de mil hombres con 20, pues no le deja dormir (el sueño es reparador de fuerzas) y al día siguiente, esos soldados andarán decaídos y los coge usted más flojos”.

Gómez realizó una total restructuración del 4º Cuerpo mambí (Villa Clara, Sancti Spíritus y Cienfuegos) para desarrollar su campaña, tanto en lo civil como en lo militar, creó una sólida base de operaciones como retaguardia en la que les dio relevancia a las prefecturas de producción y a la colaboración de la población civil. Por otra parte, usó estratagemas y engaños operativos para desinformar al enemigo; con ese fin, simuló concentraciones de tropas, hizo correr el rumor de que preparaba otra invasión a occidente y que llegaran a manos de Weyler supuestas órdenes escritas dirigidas a jefes mambises.

Estas estratagemas dieron resultado. Para combatir al Generalísimo mambí y detener su supuesto avance hacia occidente, Weyler extrajo 33 batallones de las tres provincias de esa región, 14 solo de Pinar del Río. De febrero a mayo Gómez burló sistemáticamente la persecución de las columnas peninsulares, sin que por ello las fuerzas cubanas disminuyeran el ritmo e intensidad de sus operaciones. El Capitán General ibérico se vio obligado a adoptar nuevas medidas.

Weyler se desencadena

Valeriano Weyler intentó a sangre y fuego la pacificación de Cuba. (Autor no identificado)

Valeriano Weyler intentó a sangre y fuego la pacificación de Cuba. (Autor no identificado)

En un desesperado intento de neutralizar la Campaña de la Reforma desarrollada por Gómez, Weyler dictó nuevas directivas militares para reorganizar sus tropas en la región central de la Isla. Las tropas colonialistas en esa zona se agruparon en tres brigadas: Norte, Sur y Este. Se crearon nuevos centros fortificados desde Sancti Spíritus a Ciego de Ávila y se incrementaron las operaciones militares contra los insurrectos pese a iniciarse la estación de las lluvias que dificultaba extraordinariamente esa estrategia.

El Generalísimo mambí enfrentó el plan del mallorquín con un continuo movimiento de tropas. Hábiles marchas y contramarchas por todos los puntos cardinales e incluso incursionando más allá de La Reforma pues llegaron hasta las cercanías de Remedios, arrastraron consigo a las columnas españolas en agotadoras y prolongadas persecuciones que solo contribuyeron al desgaste físico, material y moral de los peninsulares, agravado por el intenso calor y los inesperados aguaceros.

Muchas veces, en su torpeza por aniquilar las tropas insurrectas, los generales ibéricos conducían sus fuerzas por lugares pantanosos. Al cogerles la noche, se veían obligados a acampar en tales sitios, escasos de agua potable y plagados de mosquitos, devenidos aliados del guerrillero dominicano. Las enfermedades tropicales ocasionaban así más bajas, incluso mortales, que los afilados machetes y certeros garands mambises.

Ya en julio de 1897, al valorar la marcha de la guerra en el centro de Cuba, Gómez apuntaba: “Creo que hemos dominado la situación, pues se empieza sentir cansancio por parte de los españoles. La falta de salud en sus soldados y de dinero en su caja me hacen ver, en un lejano plazo, en el General Wyler como un general fracasado”.

Recurso desesperado de la monarquía

Ramón Blanco también fracasó al intentar aniquilar a las fuerzas insurrectas en La Reforma. (Autor no identificado)

Ramón Blanco también fracasó al intentar aniquilar a las fuerzas insurrectas en La Reforma. (Autor no identificado)

Pronto se percataron en Madrid que ya escaseaban las pesetas y los hombres para gastar en la guerra de Cuba. Las deudas a otras potencias europeas eran tan apremiantes que para pagarlas, se andaba gestionando la venta a Alemania de un archipiélago del océano Pacífico, posesión colonial española. Los asesores de la monarquía, conocedores de que España ya no podía ganar la guerra por la vía militar, apelaron a un nuevo Zanjón, disfrazado de régimen autonómico, el cual permitiría una participación limitada en el gobierno de la Isla de sus naturales.

Dicen que por aquellos días al presentársele a la Reina Regente el decreto de la autonomía, ella exclamó angustiada a Práxedes Mateo Sagasta, presidente del gobierno: “Pero con esto perdemos a Cuba”, a lo que replicó el político peninsular: “No más de lo que la tenemos ya perdida”.

La suerte de Valeriano Weyler ya estaba echada y su sustitución era inminente. El 9 de octubre de 1897 el general Ramón Blanco tomó posesión en La Habana como Capitán General de Cuba. Comenzó entonces una política de apaciguamiento y concesiones políticas que desembocó en el Decreto Real del 25 de noviembre de 1897 sobre la Autonomía. Cesó a la vez la genocida política de Reconcentración que el general mallorquín había aplicado.

En su Diario de Campaña, con fecha del 15 de noviembre de 1897, Gómez consignaría: “Este General (Blanco), implantador de la autonomía, nos dará más tormento que su antecesor con el sistema de matanza, pues como si dijéramos engañador, habrá que estar salvando a este pueblo sencillo para que no caiga en la trampa”. Luego confesaría al general mambí Francisco Carrillo en carta fechada el 25 de diciembre de ese mismo año: “Todos los informes que obtengo, todo lo que los hechos me demuestran, sobre los propósitos del general Blanco, determinan que este no tiene más que dos objetivos principales. Primero: hacer la zafra, elaborar mucha azúcar, para endulzar a los yanquis. Segundo: hacer desaparecer –sin pararse en los medios- al mayor número de nuestros jefes principales”.

No se equivocó el viejo general dominicano. Blanco, al igual que su predecesor, entendió que la guerra se decidía en el centro de la Isla, cometió sus mismos errores y tuvo similares resultados. En varias acciones Gómez le recetó idéntica táctica que a Weyler y diezmó sus tropas. En El Ocujal (30 de noviembre), con solo 20 hombres, el Generalísimo mambí arrolló la vanguardia peninsular, aprovechando el factor sorpresa, y tomó desprevenida a la infantería enemiga. Los insurrectos salieron ilesos, sin una baja.

Al concentrar sus fuerzas en territorio espirituano, Blanco descuidó el oriente cubano donde Calixto García intensificó sus operaciones militares. El mismo día en que el militar ibérico recibía una soberana paliza en El Ocujal, cientos de kilómetros más al este, en el plaza fortificada de Guisa, cerca de Bayamo, los mambises obtuvieron una resonante victoria al tomar el poblado y obtener un cuantioso botín de guerra que incluía más de 200 fusiles y 20 000 cartuchos.

El año de 1898 encontró al general español Blanco empecinado en continuar su ofensiva nada exitosa contra La Reforma y en instrumentar procedimientos políticos para crear división en las filas independentistas, pero ya los mambises del occidente cubano se habían recuperado y en el oriente, los peninsulares estaban totalmente a la defensiva. Gómez enjuiciaría la situación de la guerra por aquellos días: “España no está en condiciones de enviar al sustituto de Weyler 200 000 hombres más y 100 millones de pesos para prolongar la guerra otros dos años y los cubanos tenemos todo el tiempo por nuestro. A España le toca apagar la hoguera”.

Fuentes consultadas

El Diario de Campaña de Máximo Gómez. Los libros Máximo Gómez. El Generalísimo, de Benigno Souza, Mi diario de la guerra, de Bernabé Boza, y Máximo Gómez Báez, sus campañas militares, de un colectivo de autores.


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García