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Publicado el 6 Noviembre, 2017 por Redacción Digital en Historia
 
 

REVOLUCIÓN DE OCTUBRE 1917

Ecos en la Patria de Martí

Como subrayara Fidel, sin la victoria de Lenin y los bolcheviques en Rusia y la instauración del Estado soviético, habría sido absolutamente imposible, 42 años después, la Revolución Cubana

 

A los actos solidarios con la Revolución rusa se incorporaron estudiantes e intelectuales cubanos, como se evidenció en el Congreso Nacional de Estudiantes de 1923. (Foto: Autor sin identificar)

A los actos solidarios con la Revolución rusa se incorporaron estudiantes e intelectuales cubanos, como se evidenció en el Congreso Nacional de Estudiantes de 1923. (Foto: Autor sin identificar)

Por MARÍA CARIDAD PACHECO

Fotos: Archivo de BOHEMIA

El 25 de octubre de 1917, por el viejo calendario ruso (el 7 de noviembre por el actual), triunfó la Gran Revolución Socialista de Octubre dirigida por Vladímir Ilich Uliánov (Lenin), en la que muchas otras naciones tuvieron un referente mediante el cual orientar su lucha. A 100 años de aquel acontecimiento, que después de la caída del campo socialista muchos han relegado al plano de lo intrascendente, es válido recordar que sin aquel suceso la humanidad hoy sería diferente, pues salvó al género humano de un mundo unipolar y del nazi-fascismo, a un costo elevado de vidas humanas y de grandes recursos materiales.

En consecuencia, la Revolución de Octubre tuvo una gran influencia en todos los continentes, en todos los pueblos, y entre ellos —por supuesto— en el cubano. Los ecos de la gesta bolchevique llegaron a nuestro país en el contexto de las represiones a huelgas y manifestaciones obreras, que eran consideradas acciones hostiles en las condiciones de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), y bajo la amenaza de una intervención norteamericana. Era un terreno propicio para que la clase obrera de disímiles tendencias ideológicas se sensibilizara con los bolcheviques y su Revolución, a pesar de la propaganda burguesa.

Los acontecimientos del 7 de noviembre de 1917 en Rusia inspiraron a la clase obrera de la mayor de las Antillas en su lucha. (Foto: Autor sin identificar)

Los acontecimientos del 7 de noviembre de 1917 en Rusia inspiraron a la clase obrera de la mayor de las Antillas en su lucha. (Foto: Autor sin identificar)

Como ocurrió en época de la Comuna de París, los medios de comunicación reaccionarios se dedicaron a propagar noticias plagadas de calumnias sobre el nuevo sistema social instaurado en Rusia. A Lenin y al partido bolchevique los tildaban de criminales consagrados a destruir la civilización y la cultura, y también de traidores por sus pronunciamientos a favor de la paz. La prensa internacional, de cuyas noticias se nutrían los periódicos cubanos de mayor circulación, calificaba a Lenin de “agente alemán”, porque al pronunciarse por la paz con Alemania propiciaba que la nación germana concentrara sus ataques en el frente occidental, afectando de este modo la coalición de la Entente, de la que formaba parte Estados Unidos.

A ello habría que sumar la lejanía geográfica y cultural en relación con el gigante euroasiático, las limitaciones que imponían las comunicaciones de la época, lo que condujo a errores de la prensa al traducir nombres o lugares vinculados con los acontecimientos y a un absoluto desconocimiento de la doctrina que guiaba el proceso y a sus principales líderes.

La mayoría de los trabajadores cubanos, más por su instinto de clase que por su conciencia, comprendieron que los acontecimientos del 7 de noviembre de 1917 respondían a sus intereses y más profundas aspiraciones, y en un proceso bastante acelerado, dejaron atrás el apoliticismo anarquista, la conciliación reformista, y se dispusieron a superar el gremialismo en favor de la organización sindical.

Miles de mensajes y resoluciones fueron aprobados en asambleas obreras de toda la Isla en apoyo al país de los soviets. No se conoce mucho que ante el llamado de ayuda internacional que hizo Lenin ante la fuerte sequía y hambruna iniciadas en 1920, sectores de la sociedad cubana —una neocolonia del imperialismo norteamericano— le tendieron modestamente la mano solidaria, deseosos de contribuir a consolidar la República soviética. En consecuencia, Carlos Baliño proclamó: “Los obreros de Cuba partirán el pan con los camaradas rusos… por deber y por conciencia”.

A estos actos solidarios se incorporaron estudiantes e intelectuales progresistas, como se evidenció en el Congreso Nacional de Estudiantes en 1923. A la vez se incrementó la combatividad, unidad y organización de los trabajadores, cuya vanguardia en 1925 fundó el primer Partido Comunista de Cuba.

Papel de la prensa obrera

Carlos Baliño, en la prensa obrera, se dedicó a divulgar aspectos relacionados con la Unión Soviética, la vida y obra de sus principales dirigentes, y dio a conocer los iniciales logros de ese país. (Ilustración: Romay)

Carlos Baliño, en la prensa obrera, se dedicó a divulgar aspectos relacionados con la Unión Soviética, la vida y obra de sus principales dirigentes, y dio a conocer los iniciales logros de ese país. (Ilustración: Romay)

Los periódicos obreros, como el Boletín del Torcedor, el Boletín del Cigarrero, Justicia, entre otros, insertaban artículos y noticias para dar a conocer, de la manera más fidedigna posible, lo que ocurría en Rusia, aunque su alcance no podía ser significativo debido a lo limitado de su tirada. En 1922, y en homenaje al quinto aniversario del triunfo de la Revolución de Octubre, Carlos Baliño comenzó a publicar la revista Espartaco, que no solo se dedicó a divulgar aspectos relacionados con la Unión Soviética, la vida y obra de sus principales dirigentes, y reflexiones acerca del pensamiento social y político más avanzado de la época, sino que también dio a conocer los iniciales logros de ese país en los campos de la economía, la educación y la cultura.

La difusión que tuvieron en Cuba desde entonces las ideas de Lenin y el conocimiento, aunque limitado, de los avances del sistema socialista, hicieron que varios de los líderes más destacados de orientación anarquista, en contradicción con sus principales ideas directrices, apoyaran al Estado soviético, y en 1920 se autoproclamaran Sección Comunista de la III Internacional. De igual modo organizaron un congreso de los soviets, en el que aprobaron un programa y bases de la república comunista de los soviets en Cuba que, entre otros aspectos, daba a conocer la necesidad de que el proletariado se apoderara del Estado, creara un Ejército Rojo (o Ejército del pueblo) y se preparara para la toma del poder político. Esta actitud ante el marxismo corroboraba que el anarquismo en esta parte del mundo se manifestaba de modo muy diferente al europeo.

A partir de 1917 el movimiento obrero cubano dio muestras fehacientes de su espíritu solidario, y uno de sus principales líderes de filiación anarquista, Alfredo López, sería hasta su muerte un fiel defensor del Estado soviético y un amigo y colaborador fraternal de los comunistas cubanos, particularmente de Julio Antonio Mella, quien lo consideró su maestro.

Uno de los principales líderes del movimiento obrero en la década de 1920, Alfredo López, sería hasta su muerte un fiel defensor del Estado soviético. (Foto: Autor sin identificar)

Uno de los principales líderes del movimiento obrero en la década de 1920, Alfredo López, sería hasta su muerte un fiel defensor del Estado soviético. (Foto: Autor sin identificar)

Solidaridad con la patria soviética

Dos de los testimonios más demostrativos de los profundos sentimientos solidarios hacia la Revolución de Octubre son posiblemente, en primer lugar, los actos masivos de fraternidad con el pueblo soviético organizados por la Agrupación Comunista de la Habana, en ocasión de la primera visita de un barco soviético a Cuba, en 1925, el V. Vorovski, de la cual actuó como emisario el joven Julio Antonio Mella, quien desafiando los órganos represivos del Gobierno de Gerardo Machado, en un acto que ha dado lugar a la leyenda, logró atravesar la bahía de Cárdenas y llevar un saludo caluroso en nombre de los trabajadores de  Cuba.

Igualmente, esos sentimientos solidarios se evidenciaron con la reacción ante la muerte de Lenin. Cuando llegó a Cuba la noticia, miles de personas, de diversas ideologías, hicieron patente su consternación por la sensible pérdida. El primer homenaje oficial fuera de Rusia al dirigente del partido bolchevique después de su fallecimiento ocurrió en este archipiélago, cuando Antonio Bosch Martínez, alcalde de Regla, emitió una resolución que convoca al pueblo a concurrir en el mismo día y hora en que se realizarían las honras fúnebres, el 24 de enero de 1924, a la loma reglana conocida como El Fortín, para plantar un olivo como postrer tributo al que calificó como “Ciudadano del Mundo”.

Más de mil personas, encabezadas por el alcalde y el ayuntamiento en pleno, respondieron a la convocatoria; y en medio de un torrencial aguacero ascendieron a la elevación para plantar el árbol, como expresión perdurable de admiración y respeto. Con este acto en la desde ese día nombrada Colina Lenin, Antonio Bosch, sin proponérselo, erigía el primer monumento a Lenin fuera de la URSS. En varias ocasiones el olivo fue derribado por las dictaduras existentes en Cuba, pero los trabajadores reglanos siempre volvían a sembrarlo.

En 1961 se construyó en el lugar el círculo infantil que lleva su nombre y en 1984 la colina fue declarada Monumento Nacional, al cumplirse seis décadas de la muerte del insigne dirigente ruso. Todos los años se recuerda allí, con un acto popular esas históricas fechas. Las concentraciones de pioneros, estudiantes, trabajadores y amas de casa, el 22 de abril, por el natalicio del líder del proletariado mundial, son el preludio de las marchas y desfiles programados por el Primero de Mayo.

Articulación ideológica

No es solo en ese inventario de actos solidarios en que debemos apreciar la más trascendente influencia de la Revolución de Octubre en el pueblo cubano, sino en el modo en que sus ideas directrices se articularon con lo más avanzado de la tradición patriótica nacional.

La Revolución Cubana que, liderada por Fidel, triunfó en 1959, es una validación práctica del marxismo de tipo leninista. (Foto: Autor sin identificar)

La Revolución Cubana que, liderada por Fidel, triunfó en 1959, es una validación práctica del marxismo de tipo leninista. (Foto: Autor sin identificar)

Después de concluida la guerra contra España en 1898, Cuba se convierte en neocolonia de Estados Unidos con una Enmienda Platt que le otorgaba el derecho al país norteño de intervenir en nuestro territorio e instalar bases militares. En esas condiciones –como señaló uno de los fundadores del Partido Comunista de Cuba, Fabio Grobart-, no se podía ser marxista y leninista sin luchar por hacer realidad el proyecto revolucionario de José Martí, incumplido y traicionado por la oligarquía burgués-latifundista que había asumido el poder en Cuba. Ello explica por qué en la fundación del primer partido marxista-leninista en nuestro país, junto a Carlos Baliño, fundador del Partido Revolucionario Cubano en 1892, también se encuentra el joven luchador antimperialista Julio Antonio Mella, quien estuvo entre los primeros intelectuales de principios de siglo que se dedicaron a rescatar el pensamiento revolucionario del Héroe Nacional.

Desde que surgió a la vida como partido independiente de la clase obrera, el primer Partido Comunista nunca separó sus objetivos de lucha por el socialismo y la labor sistemática por movilizar a las masas populares en torno a la defensa de la soberanía nacional y liberar a Cuba del yugo extranjero que se había apoderado de las principales riquezas del país. Las ideas del marxismo y del leninismo unidas a lo mejor y más avanzado de nuestras tradiciones patrióticas del siglo XIX, actuaron como fuerza poderosa en las grandes batallas de los trabajadores por mejorar  sus condiciones de vida y de trabajo, en las luchas campesinas por su derecho a la tierra, en las acciones revolucionarias de diversos sectores de la sociedad contra el imperialismo y el poder corrupto de la oligarquía y los regímenes tiránicos de Machado y Batista; y en el continuado batallar de los cubanos por el logro de la unidad de la clase obrera y de todo el pueblo para obtener el triunfo definitivo.

Como señaló uno de los fundadores del Partido Comunista de Cuba, Fabio Grobart, no se podía ser marxista y leninista sin luchar por hacer realidad el proyecto revolucionario de José Martí. (Foto: Autor sin identificar).

Como señaló uno de los fundadores del Partido Comunista de Cuba, Fabio Grobart, no se podía ser marxista y leninista sin luchar por hacer realidad el proyecto revolucionario de José Martí. (Foto: Autor sin identificar).

La Revolución Cubana que, liderada por Fidel Castro triunfó en 1959, es una validación práctica del marxismo de tipo leninista en tanto se propuso desplazar del poder político a los capitalistas, materializar metas de contenido social y económico en beneficio de las amplias masas populares, la socialización de los medios de producción y propender a la solidaridad humana. Pero, y es necesario reflexionar sobre ello, la Revolución Cubana es ante todo profundamente martiana y esto se pone de manifiesto en el juicio del Moncada. La historia me absolverá es una exposición detallada de la sociedad cubana de la década del 50 en la que se revelan con nitidez nuestras tradiciones revolucionarias, entre ellas las de los marxistas cubanos, aun cuando el modo en que se proyecta Fidel no guarda relación con las expresiones conceptuales al uso entre los Partidos Comunistas de la época. Ese alegato alcanza su significación histórica fundamentalmente por el rescate de la tradición martiana que Fidel acomete, tanto en su sentido práctico como teórico.

Por ello es que en el proceso de la Revolución Cubana puede articularse el leninismo, o las esencias de esta doctrina sobre todo en lo que se relaciona con la transformación socialista de la sociedad, dentro de un esquema de pensamiento que es fundamentalmente martiano y no como una simple superación de lo que le antecede.

En una entrevista concedida a la televisión soviética en ocasión del aniversario 60 de la Revolución de Octubre, Fidel resumió de modo magistral la influencia y el significado de este hecho en el proceso revolucionario cubano, al subrayar que “sin la Revolución de Octubre habría sido absolutamente imposible, 42 años después, la Revolución Cubana”.

Y reiteraría que el proceso iniciado “con la Revolución de Octubre, que continúa con la construcción del primer Estado socialista en el mundo, la lucha mil veces heroica del pueblo soviético contra las agresiones imperialistas y contra la agresión fascista, crearon precisamente las condiciones que hicieron posible el triunfo de la Revolución Cubana en 1959”.

  • Doctora en Ciencias Históricas. Subdirectora del Centro de Estudios Martianos.

Redacción Digital

 
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