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Publicado el 8 Noviembre, 2017 por Redacción Digital en Historia
 
 

La noche de las cien bombas

Sergio Gonz{alez El Curita.

Sergio Gonz{alez El Curita.

Por Giraldo Mazola *

La increíble fuga de Sergio González, El Curita, de la prisión de El Príncipe el 22 de octubre de 1957 marcó una nueva etapa en la lucha insurreccional en la capital. Varios detenidos, aprovechando el descuido de los guardianes del Vivac y con la complicidad de los familiares que acudían a la breve visita, pasaron de la zona destinada a los abogados al área de los visitantes, bajaron uno tras otro con ellos y salieron a la calle por el lado del hospital ortopédico.

En aquel momento el Movimiento Revolucionario 26 de Julio (MR-26-7) había sufrido duros golpes. René Rodríguez, expedicionario del Granma, enviado a La Habana después del desembarco para dirigir los grupos de acción del Movimiento, había regresado a la Sierra Maestra. Aldo Vera (traidor), designado para sustituirlo, es capturado días después herido de gravedad junto con Odón Álvarez de la Campa (traidor), al explotarles una bomba eléctrica que preparaban.

La inesperada reincorporación a la guerrilla urbana de El Curita, experimentado combatiente, dotó de un nuevo e idóneo jefe de acción a los revolucionarios de la capital. Junto a su ética religiosa, origen y formación proletaria, Sergio tenía un innato sentido del valor de la unidad revolucionaria, que fortaleció en sus contactos clandestinos, y en la prisión, con revolucionarios de otras organizaciones, incluso de aquellas que aún no apoyaban la lucha armada.

No pretende este trabajo reseñar las múltiples acciones combativas ejecutadas en 1957 a lo largo del país, sino destacar el impacto de algunas llevadas a cabo en la capital, que no lograron su objetivo.

En marzo de 1957 combatientes del Directorio Revolucionario (DR) realizaron el heroico asalto al Palacio Presidencial para ajusticiar al tirano en su madriguera, simultáneamente con la toma de Radio Reloj para anunciar el hecho y convocar al pueblo a sumarse a la acción. Cayó ese día el inolvidable presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y secretario general del DR, José Antonio Echeverría.  Semanas después fueron masacrados por una delación otros líderes de la organización: Fructuoso Rodríguez, Joe Wesbrook, Juan Pedro Carbó Serviá y José Machado Rodríguez.

Gerardo Abreu Fontán, jefe de las brigadas juveniles del Movimiento en La Habana y uno de los capitanes urbanos de mayor prestigio

Gerardo Abreu Fontán, jefe de las brigadas juveniles del
Movimiento en La Habana y uno de los capitanes urbanos de
mayor prestigio

El 30 de julio es asesinado Frank País en Santiago de Cuba. Una huelga espontánea se propagó de oriente a occidente pero no logró consolidarse en la capital, pese a meritorios hechos aislados efectuados por el MR-26-7 y el DR, entre ellos, el paro de varias rutas de guagua de La Habana e interprovinciales, interrupciones parciales de los servicios telefónico y eléctrico, cierre de algunos comercios. A los revolucionarios capitalinos nos quedó el sabor amargo de no haber hecho lo que hubiéramos deseado y preparábamos. Tales acciones sirvieron de pretexto a la dictadura para implantar la suspensión de las garantías constitucionales.

El 5 de septiembre estalló un alzamiento de oficiales de la marina e integrantes del MR-26-7 en Cienfuegos. Originalmente, las acciones principales se iban a desarrollar en La Habana y debían comenzar con el bombardeo del Estado Mayor de la Marina, el Palacio Presidencial y el cuartel de Columbia (hoy Ciudad Escolar Libertad). Los cañonazos de la fragata Baire contra esos objetivos indicarían a las brigadas y comandos de acción del Movimiento el momento de iniciar varias operaciones simultáneas, entre ellas la toma de la Motorizada de la policía, con la complicidad de algunos de sus miembros, y con las armas acopiadas, atacar otras unidades  policíacas.

La unilateral y cobarde posposición del levantamiento por uno de los altos oficiales de la Marina, incorporados en el último momento a la conspiración, dejó aislados a los combatientes que tomaron la base de Cayo Loco, en Cienfuegos, y otros puntos de esa ciudad, reprimidos con saña, al igual que a los revolucionarios capitalinos.

Como consecuencia el comando de Otto Díaz fue acorralado en la calzada de Ayestarán y cayeron allí tres de sus integrantes: Félix La Guardia, Raúl Marcuello y Armando Gamboa. Otto, herido, logró escapar a tiro limpio. También Ramón Funes, quien fuera asesinado esa misma noche.

El comando al que pertenecía Arsenio Franco, el Gallego, igualmente fue disuelto en desigual combate en la Habana Vieja; al día siguiente él logra escapar herido de un cerco policiaco en Guanabo donde capturan a Armando Cubría (traidor), entonces segundo jefe de los grupos de Acción, y a Jorge Rodríguez Sierra, Malagamba (traidor).

Ese mismo mes, el día 27, el propio el Gallego a la salida de la farmacia de la Dra. Isabel Rico Arango, en L y 23, quien actuaba como centro de contacto entre combatientes del MR-26-7 y dirigentes de los grupos de Acción, se enfrenta a varios esbirros y aunque resulta herido de cuatro balazos sobrevivió y no lo remataron.

El día 29, miembros del Directorio Revolucionario comandados por Guillermo Jiménez, en coordinación con combatientes del MR-26-7, intentan ajusticiar a Luis Manuel Martínez, que queda mal herido. Este dirigente de la llamada juventud batistiana, se dedicaba en un programa radial a calumniar al movimiento revolucionario.

Con este atentado se cumplía un acuerdo entre el DR y el MR-26-7, que se percataban de la necesidad de pasar a la ofensiva en La Habana uniendo las fuerzas para mantener la moral de combate tras los sucesos del día 5 y el desmembramiento de la dirección de los grupos de Acción del MR-26-7.

El Curita, un gran organizador

Participaron activamente en esta operación, entre otros, Rogelio Montenegro (izquierda), Marcelo Salado (centro) y Rogelio Iglesias Patiño (derecha)   

Participaron activamente en esta operación, entre otros, Rogelio Montenegro (izquierda), Marcelo Salado (centro) y Rogelio Iglesias Patiño (derecha)

En la Sierra Maestra el núcleo guerrillero se iba fortaleciendo y  preparando su ulterior expansión con la apertura de los frentes que dirigirían Raúl y Almeida y después con la invasión a occidente de Camilo y el Che, todas al año siguiente. El Directorio apenas iniciaba entonces la preparación de un foco guerrillero en el Escambray.Los revolucionarios capitalinos, apenas con unas pocas armas, poco podían hacer en una ciudad donde se concentraban los aparatos represivos de la tiranía. Además, la rigurosa censura de prensa ocultaba los innumerables hechos heroicos que se sucedían en el país. Los asesinatos perpetrados por los aparatos represivos eran presentados como victorias y los medios de comunicación masiva mostraban un inexistente ambiente de paz, de sometimiento al orden de las bayonetas, con el propósito de desestimular la protesta popular.

Pero aún la influencia de su desarrollo, que posibilitaría bascular a nuestro favor la iniciativa y alcanzar victorias estratégicas y la derrota final de la tiranía, no se había alcanzado.

El Curita apreció con certero olfato político que, aunque el espíritu revolucionario de los habaneros no había decaído, era necesario demostrar que pese a los golpes recibidos los combatientes capitalinos se mantenían en pie de lucha, lo que resultaría una importante motivación para intensificar el acopio de armas destinadas al frente principal en la montaña y los aportes financieros de la población al movimiento revolucionario. En la prisión de donde acababa de escapar fue madurando esta idea.

A la vez que organizaba laboriosamente otras acciones, preparaba con absoluta dedicación y control todos los detalles de lo que después se ha denominado la noche de las cien bombas. Concibió esta acción con un amplio criterio unitario y en ella participaron revolucionarios de todas las organizaciones que consideraban la vía armada como método principal de lucha contra la tiranía.

Sergio, el gran organizador, indicó y exigió a todos que no podía haber ni un solo herido inocente.

El viernes 8 de noviembre de 1957, apenas dos semanas después de su fuga, alrededor de cien explosiones sincronizadas se escucharon en La Habana, al filo de las nueve de la noche, coincidiendo con la hora del cañonazo. Quedaba probada así la capacidad de actuación de unos 200 hombres y mujeres, entre los ejecutantes directos, los que proveyeron y trasladaron la dinamita, los que prepararon las bombas y petardos o apoyaron de diverso modo.

El objetivo fundamental de esta acción era dar un golpe que estremeciera la ciudad y al régimen le fuera imposible ocultarlo a la población, que a la vez evidenciara la capacidad organizativa del MR-26-7 y la ineptitud de los esbirros para contenerlos. Sergio, el gran organizador, indicó y exigió a todos que no podía haber ni un solo herido inocente.

Se acopió la dinamita necesaria y en diversos sitios se confeccionaron las bombas, a partir de indicaciones expresas de Sergio, para evitar un accidente que frustrara el objetivo político deseado. Dos cartuchos se unían con papel engomado y se les ponía una mecha, pero sin niples metálicos con tornillos o tuercas. María Trasanco, activa y modesta combatiente, fue junto con Ricardo Gómez, una de las eficaces colaboradoras de El Curita. 

Los habaneros, como el pueblo todo de Cuba, recordarán por siempre esta gesta y a su entusiasta organizador, Sergio “el Curita” González, así como a los muchos jóvenes que participaron en esta operación y cayeron en combate o asesinados poco después**

Sergio estaba convencido, y así lo trasmitía a todos con entusiasmo, que la población apoyaría esa muestra de valor y se burlaría de la incapacidad de los aparatos represivos. Sus pronósticos se cumplieron. Esa noche los patrulleros desconcertados circulaban con sus sirenas aumentando el estruendo; la población a través de “radio bemba” comentaba la audacia de la juventud rebelde. De ese enjambre de noticias debe haber surgido el calificativo de noche de las cien bombas.

En el Vivac de La Habana centenares de compañeros sujetos a prisión preventiva, escucharon con satisfacción el estruendoso repicar de las bombas. Al no poder capturar a nadie directamente vinculado a esos hechos, los asustados esbirros amenazaban a los detenidos en el Buró de Investigaciones y en las estaciones de policía, con hacerles pagar por semejante acción.

Los habaneros, como el pueblo todo de Cuba, recordarán por siempre esta gesta y a su entusiasta organizador, Sergio “el Curita” González, así como a los muchos jóvenes que participaron en esta operación y cayeron en combate o asesinados poco después**.

**Me limito a mencionar unos pocos de los que participaron muy activamente en la operación y cayeron en combate o asesinados poco después, como su entusiasta organizador, Sergio González, Gerardo Abreu Fontán, Ifraín Alfonso Cheché, Elcires Pérez González, Fernando Alfonso Torices –el negro Morúa- y Marcelo Salado. Otros fallecieron después del triunfo, entre ellos, Rogelio Iglesias Patiño Pao (mártir de la Seguridad del Estado); Ramón (el Cojo) Vázquez Montenegro, Luis Manuel Calzadilla, René de los Santos, Wilfredo Rodríguez y Rogelio Montenegro.

*Diplomático y combatiente de la lucha clandestina participante de esta acción

 

 


Redacción Digital

 
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