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Publicado el 5 Noviembre, 2017 por ACN en Historia
 
 

REVOLUCIÓN DE OCTUBRE 1917

Retrospectiva de un sueño interrumpido

Revolución de octubre, Lenin.

(Foto: cpcml.ca)

Por David Noda García

Servicio Especial de la ACN

Aquel 25 de octubre de 1917 (7 de noviembre según el Calendario gregoriano), el alba de Moscú tenía un olor enrarecido, se juntaban la pólvora de una guerra de rapiña en los uniformes rasgados, con el sudor de miles de obreros. El olor era de reivindicación y de gloria.

En el campo los campesinos se hartaban de la situación que les imponían los terratenientes y en la ciudad los intelectuales libraban complejas batallas teóricas.

Fue entonces que Vladimir Ilich Ulianov Lenin, el bolchevique mayor, se alzó sobre todos, su retórica aunó intereses, mostró la maqueta de una sociedad sin precedentes en la historia de la humanidad que convenció a la mayoría.

El debate se intensificó, el marxismo tenía en esa época interpretadores geniales. Otras mentes certeras polemizaron con él, pero ello solo nutrió sus concepciones y templó su clarividencia.

Entonces lo siguieron por el camino de un nuevo proyecto de mundo que a 100 años de historia ha tributado a la humanidad grandes victorias y también desencantos.

La nueva propuesta de sociedad mostró una alternativa renovadora, en la que una clase económicamente inferior tomaría el poder político y establecería su dictadura: el proletariado, en la que se hablaría por primera vez de suprimir la explotación del hombre por el hombre y trataría de llevarse a la práctica, en la que las mejoras sociales irían a la par del desarrollo económico y el reparto de las riquezas se llevaría a cabo de una forma más justa; en fin, en la que cada ser humano se sentiría un eslabón importante del proyecto revolucionario.

Esa incursión de Rusia y posteriormente de la URSS en la política internacional supuso desde el comienzo una seria amenaza a los intereses del ya consolidado imperialismo al sembrar la polémica, al ofrecer una visión diferente en las relaciones económicas y sociales a las del capitalismo brutal.

Es por ello que las grandes potencias mantuvieron una actitud hostil en todo momento, que se materializó en todos los campos (económico, político, militar, psicológico y propagandístico, entre otros).

El afianzamiento del socialismo soviético permitió la rápida difusión de sus postulados en la esfera internacional y sirvió de ejemplo e influencia en varios procesos revolucionarios que se llevaron a cabo posteriormente en todo el orbe, principalmente en Europa del Este, Asia y Latinoamérica.

Esta extensión alcanzó tal dimensión que el campo socialista logró equiparar sus fuerzas con las del capitalismo, (economía sólida, poderío militar, zonas de influencia).

Lamentablemente el hombre no estuvo a la altura del proyecto. Los errores continuos en la dirección, la pérdida de los valores que inicialmente impulsaban a todos, la corrupción, el desviamiento de la política leninista, el estancamiento económico, la falta de unidad en el Partido, y causas externas de menor envergadura, provocaron el desplome repentino de los sueños.

Sería necio desconocer cuánto de negativo supuso esta derrota, pero sería injusto no valorar un legado que hasta hoy perdura en la conciencia de la clase obrera mundial y sus luchas, y sigue inspirando a países como China,

Vietnam, Laos y Cuba, entre otros, que se niegan a perder lo logrado y persisten en sobreponer la dignidad humana a todas las cosas.

La derrota del fascismo alemán, los incontables procesos revolucionarios progresistas que se han sucedido, el primer viaje al cosmos, grandes avances en el campo de la ciencia (con una cantidad considerable de premios Nobel de países de la extinta comunidad socialista), una admirable producción artística y literaria, y un sinfín de fenómenos y aspectos de la época contemporánea están vinculados directa o indirectamente a este trascendental suceso.

Lo cierto es que desde aquel 7 de noviembre el Mundo no ha vuelto a ser el mismo. El hombre que forjó el gran bolchevique ya se enjugó los ojos, ya puede ver el papel que le fue asignado, ya puede sentirse inconforme, ya puede, quizás, rearmar sus sueños.


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