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Publicado el 30 Noviembre, 2017 por Irene Izquierdo en Historia
 
 

30 DE NOVIEMBRE

Separa habitación hotel

Uno de los participantes, junto a Frank País García, en la organización de las acciones del 30 de noviembre de 1956, ofreció su testimonio acerca de cómo también La Habana realizó acciones para apoyar el desembarco de los expedicionarios del yate Granma al frente del cual venía el joven abogado Fidel Castro Ruz
Separa habitación hotel.

Léster, primero de izquierda a derecha, en la segunda fila, junto a Frank País, en el juicio por los sucesos del 30 de noviembre.

Por IRENE IZQUIERDO

Fotos: Archivo de BOHEMIA

La ciudad amaneció bajo un tiroteo general. Armas de todos los calibres vomitaban fuego y metralla. Alarmas y sirenazos de los bomberos, del cuartel Moncada, de la marina. Ruido de los aviones volando a baja altura. Incendios por toda la ciudad. El ejército revolucionario dominando las calles y el ejército de Batista pretendiendo arrebatarle ese dominio. Los gritos de nuestros compañeros, secundados por el pueblo, y mil indescriptibles sucesos y emociones distintos”.

Así describió de los hechos del 30 de noviembre de 1956 en Santiago de Cuba, Frank País García, organizador de las acciones desarrolladas en aquella oriental para apoyar el desembarco de los expedicionarios del yate Granma. Fue un día de rebeldía y la demostración de que la llama de la Revolución estaba viva.

En plena etapa del período, cuando era particularmente significativo recordar nuestra historia, Léster Rodríguez*, un activo participante en las acciones de hace 61 años en la indómitas provincia, reiteraba su convicción de la acción no había sido solo de aquella provincia sino de todo el país. Y afirmaba:

“Es como llamar Grito de Baire a la gesta de 1895 y negar que aquel 24 de Febrero los cubanos se sublevaron en Bayate, La Conjunta o Matanzas. El 30 de noviembre fue también parte de un plan nacional, en el que todas las provincias cumplieron, dentro de sus posibilidades, con las misiones encomendadas.  A La Habana, es oportuno y razonable que se le reconozcan sus acciones para apoyar el desembarco del Granma”.

-¿Qué hizo Frank en La Habana antes del alzamiento?

-Aquí es preciso hacer un poquito de historia. Él visitó a La Habana varias veces: como delegado de la Escuela Normal de Santiago de Cuba, antes de marzo de 1952; en el Congreso Martiano por los Derechos de la Juventud. Más tarde, con el Indio Gerónimo para la confección de algunas granadas de mano. Y a propósito del desembarco estuvo para una reunión de la Dirección Nacional del M-26-7, en el Cotorro. Allí establecieron la estrategia de apoyo al desembarco.

“Ya Frank se había entrevistado dos veces con Fidel, la primera como jefe de Acción del Movimiento en Oriente y la segunda vez, Fidel no nombró je fe de Acción Nacional 26 de Julio para la insurrección del 30 de noviembre en apoyo a la llegada del Granma. En esta ocasión se habla del lugar del desembarco, de los uniformes, los telegramas y se coordina hasta el detalle”.

-¿Cuál era la misión de las provincias?

-Todas las tenían su misión. La Habana era la encargada de romper las comunicaciones para que no se pudiera recibir noticias de lo que estaba pasando en Oriente, y evitar así que el Ejército enviara refuerzos. La de Santiago era atraer las fuerzas principales del enemigo hacia la ciudad y evitar que se descubriera la zona del desembarco. Los santiagueros –con un peso decisivo en las acciones- tenían la tarea bloquear el Moncada, bombardearlo con un mortero calibre 81, atacar la Policía Marítima, la ferretería Dolores y la Estación Central de la Policía; en esta última no funcionó el factor sorpresa; sin embrago, se incendió y neutralizó. En la acción perdieron la vida tres valiosos hombres: Pepito Tey, Otto Parellada y Tony Alomá. A Guantánamo le correspondía tomar el cuartel y levantar toda la línea ferroviaria para que no pudieran llegar los refuerzos a Santiago; aquí las misiones fueron exitosas.

Separa habitación hotel.

Arde la Estación Central de la Policía, en Santiago de Cuba.

“En todas partes se coordinó meticulosamente, no hubo nada arbitrario ni fortuito. Hasta en el detalle del uniforme verde olivo se fue cuidadoso; era exactamente igual a los que traían los compañeros del Granma. En ello se evidenciaba que hubo coordinación hasta el más pequeño detalle entre Frank y Fidel para el desembarco”.

-¿Cuántos escollos debieron enfrentar las comunicaciones entre los expedicionarios y los combatientes que debían apoyarlos en la Isla?

-El 25 de noviembre salió el Granma de Tuxpan. Fidel orientó a Melba Hernández y otros compañeros en México a que enviaran telegramas diciendo que luego de 72 horas se produjera el levantamiento. Se enviaron cinco. El de Santiago llegó a casa de Arturo Duque de Estrada; le decía a Frank Obra pedida agotada. En La Habana, llegó al hotel Royal Palm, en el que el gerente era miembro del 26 y decía: Separa habitación hotel.

“Este telegrama quien lo recogió fue Aldo Santamaría que, lamentablemente, cuando salió lo detuvieron. Para no comprometer al Movimiento, se comió el mensaje antes de que se lo ocuparan. De esta manera, el telegrama nunca llegó a la jefatura de la organización.

“Hay otro para La Habana, con los compañeros del Directorio Revolucionario como destinatarios, pero ellos no tenían armas, ni condiciones para emprender un combate.  José Antonio Echeverría, con mucho valor, serenidad y patriotismo, asumió la enorme responsabilidad histórica de no hacer nada ese día, porque sería un suicidio.

“Por esos motivos hubo confusión en La Habana, más cuando era desde ella que se debía avisar a Pinar del Río y Matanzas, pues para estas tres provincias existía la misma jefatura. No obstante, y aunque apenas se conoce, los pinareños tuvieron su levantamiento.

“Condiciones desfavorables impidieron que el Granma llegara como estaba previsto. Falló la coincidencia. Si se hubiera podido cubrir el desembarco con el alzamiento, la historia fuera bien diferente”.

 

*Por su participación en el Levantamiento del 30 de noviembre de 1956, fue arrestado y condenado a 6 meses de prisión en la cárcel de Boniato.


Irene Izquierdo

 
Irene Izquierdo