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Publicado el 24 Diciembre, 2017 por ACN en Historia
 
 

Pascuas Sangrientas,

Días de horror en el oriente cubano

La tiranía batistiana intentó con este tristemente conocido regalo de navidad, enaltecer su poderío militar en aquellas sangrientas pascuas de 1956, pero tres años después, en enero de 1959, los patriotas cubanos disfrutaron de su verdadero obsequio navideño: La triunfante Revolución Cubana del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz
Mártires de las Pascuas Sangrientas.(Foto: EcuRed)

Mártires de las Pascuas Sangrientas.(Foto: EcuRed)

Por Lianne Fonseca Diéguez

Las navidades de 1956 en Cuba se tiñeron con la sangre de 23 revolucionarios de la parte norte de la entonces provincia de Oriente, quienes fueron asesinados por acciones inicuas de las hordas batistianas.

El hecho, reconocido como Las Pascuas Sangrientas, fue ordenado por el execrable coronel Fermín Cowley Gallegos, jefe del Regimiento Militar de Holguín, quien satisfizo con esos actos terroristas los deseos del dictador Fulgencio Batista de socavar las fuerzas del Movimiento 26 de Julio y el Partido Socialista Popular que operaban en la zona.

Con el golpe, la tiranía pretendía evitar la ocurrencia de un alzamiento similar al producido en Santiago de Cuba el 30 de noviembre de ese mismo año para apoyar a los expedicionarios del Yate Granma.

El abominable crimen bajo el mando del sanguinario Cowley, se ejecutó a través del terrorífico plan llamado Regalo de Navidad, que consistió en atrapar y aniquilar a los revolucionarios pasadas las 12 de la noche del 24 de diciembre, cuando estos se encontraban en sus hogares festejando la fecha junto a sus familiares.

La primera víctima de aquel espeluznante episodio fue el joven Rafael Orejón, jefe de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio en la localidad holguinera de Nicaro, quien fue asesinado en la noche del 23 en la garita de la compañía niquelífera enclavada en ese territorio.

A ese crimen le siguieron el de Pedro Díaz Coello, máximo dirigente en Holguín de ese movimiento revolucionario, y el de otros valerosos jóvenes como Luis Peña, William Aguilera y Loynaz Echevarría, líder azucarero del poblado de Cueto.

Las acciones más crueles contra los valerosos luchadores ocurrieron del 23 y al 26, cuando fueron ultimados 13 holguineros y 10 tuneros, los cuales sufrieron bárbaras torturas, y quienes una vez muertos, sus cadáveres fueron dejados en carreteras, zanjas y colgando de árboles, como unos de los asesinatos de mayor connotación y dolor en el pueblo cubano.

El objetivo era propagar el terror entre los revolucionarios del norte oriental e impedir que secundaran a los guerrilleros que ya dejaban sentir sus fuerzas en la Sierra Maestra, pero, tras la oleada de consternación, el movimiento clandestino se reorganizó y muchos de sus miembros integraron las filas del Ejército Rebelde.

Cerca de un año después, el 23 de noviembre de 1957, miembros del Movimiento 26 de Julio ajusticiaron al coronel Cowley en el centro de la ciudad de Holguín, haciéndole pagar por la masacre que segó la vida de tantos hombres valerosos.

La tiranía batistiana intentó con este tristemente conocido regalo de navidad, enaltecer su poderío militar en aquellas sangrientas pascuas de 1956, pero tres años después, en enero de 1959, los patriotas cubanos disfrutaron de su verdadero obsequio navideño: La triunfante Revolución Cubana del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. ( ACN)


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