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Publicado el 1 Diciembre, 2017 por ACN en Historia
 
 

El Pedrero: unidad y contribución a la victoria

El Che brilló allí no solo como jefe militar, acosado por cierto por la metralla enemiga, sino también como fino estratega, y disciplinado soldado empeñado en cumplir orientaciones de su Jefe. Así trazó la urdimbre del acuerdo.
Faure y Che en el Escambrqy, 1958,

Faure y Che en el Escambrqy, 1958,

Por Martha Gómez Ferrals

“Unir es la palabra de orden: juntos estamos dispuestos a vencer o morir”, expresa de manera definitoria el texto del Pacto de El Pedrero, firmado el primero de diciembre de 1958 por el Movimiento 26 de Julio y El Directorio Revolucionario en el remoto pueblito que da nombre al documento, en el macizo montañoso del Escambray, centro del país.

El acontecer que desembocó en este suceso clave vino a demostrar que la citada unidad no era una palabra de bella retórica, sino una necesidad histórica que concretaba, además, la orden dada por el jefe de la Revolución, Fidel Castro, a las columnas del Ejército Rebelde que llevaban a cabo la invasión, con la extensión de la guerra liberadora
desde el oriente al occidente.

Hoy, historiadores y personas con sentido común convergen en considerar que ese Pacto estratégico, de connotación político militar, no solo ayudó a la coordinación, organización y combinación de esfuerzos que garantizaron la victoria final del Ejército Rebelde, forjado en la Sierra Maestra, sino que se enfrentó a la traición y el divisionismo que se había manifestado en la región, dentro del movimiento revolucionario.

Tales eran los hechos: La Columna no. 8 Ciro Redondo, dirigida por el Comandante Ernesto Che Guevara, una vez llegada a la antigua provincia de Las Villas, tenía su asentamiento en la zona sur, dominada por la Cordillera de Guamuhaya, donde radicaba El Escambray y dentro de esta cadena, el intrincado caserío de El Pedrero.

La Columna dirigida por el Comandante Camilo Cienfuegos, la no 2 Antonio Maceo, operaba en el llamado Frente Norte de esa región. Ambos conformaban la llamada ofensiva de verano de las fuerzas rebeldes nacidas el dos de diciembre de 1956, tras el arribo de la expedición del Granma. El empuje indetenible del combate en La Maestra los había llevado hasta allí.

Pero en Las Villas operaba el llamado II Frente del Escambray, formado inicialmente por el Directorio Revolucionario 13 de marzo, el cual fue traicionado por su jefe, Eloy Gutiérrez Menoyo, quien con una parte de sus fuerzas abandonó la causa y se comportaba como un auténtico vándalo en la zona, sembrando el terror entre los
campesinos, como los propios sicarios de la tiranía.

Gutiérrez Menoyo había usurpado el nombre de II Frente del Escambray dado por la dirección del Directorio, al frente del cual estaba Faure Chomón Mediavilla, opuesto a las acciones y fechorías del traidor, del que se sabía estaba en contubernio con politiqueros del ex presidente Carlos Prío Socarrás, quienes operaban desde Miami para la CIA.

Pero a esas alturas, Gutiérrez estaba fuera de control y a la llegada de las fuerzas comandadas por el Che a Las Villas, se dedicó a hostigarlas, a oponerse a sus acciones e incluso a enviarles amenazas.

No combatía contra los casquitos batistianos, sus hombres más bien saqueaban y cometían abusos con los naturales.

Faure Chomón y el Ché Guevara en el Escambray en 1958.

(Foto: CristodeCuba – WordPress.comray en 1958. (Foto:

Después de varios encuentros, Ernesto Guevara y Ramiro Valdés, por el Movimiento 26 de julio, y Faure Chomón, Rolando Cubela y Humberto Castelló, por el DR, firmaron el documento de la unidad, a toda costa, pues tenían sobre sus hombres, múltiples ocupaciones y tareas, además del diario combate.

El Che brilló allí no solo como jefe militar, acosado por cierto por la metralla enemiga, sino también como fino estratega, y disciplinado soldado empeñado en cumplir orientaciones de su Jefe. Así trazó la urdimbre del acuerdo.

Con la única oposición del II Frente del Escambray, bajo la influencia de Menoyo, el Pacto se rubricó en la fecha citada y fue hecho público. A los pocos días se sumaron las fuerzas del Partido Socialista Popular que combatían apoyando a las fuerzas de Camilo y luego muchos efectivos de los comunistas.

El Pacto definió certeramente el estado de descomposición del régimen dictatorial, que había fracasado con un alto abstencionismo en n intento electoral hecho el tres de noviembre de ese año y aspiraba a traspasar el poder el 24 de febrero del 59.

Estipulaba cuestiones cardinales, entre estas, conseguir una perfecta coordinación en las acciones militares, aspirar a combinar operaciones, incluso con sus fuerzas luchando al mismo tiempo, y utilizar conjuntamente, para beneficio de la Revolución, las vías de comunicación y abastecimiento que estén bajo el control de una u otra
organización, según establecía su texto original.

Ya el 25 de octubre, antes de la firma del trascendente acuerdo, el Che y el comandante Faure Chomón habían coordinado con eficacia el ataque al cuartel de Güinía de Miranda, acción que aconteció al día siguiente.

Para el 30 de noviembre en un intento que hoy se valora casi agónico, la dictadura lanzó una ofensiva precedida de un bombardeo, en dirección a El Pedrero. De modo que también se aprecia el entorno difícil en que se materializó el encuentro entre las huestes revolucionarias dispuestas a unirse o morir en el intento. L

Las fuerzas de Camilo apoyaron la victoria que se produjo el cuatro de diciembre, con la retirada del ejército.

Más de mil hombres habían desplegado los batistianos, quienes avanzaron desde tres direcciones y contaban con artillería, blindados y el apoyo táctico de la aviación.

Los esfuerzos por la unidad, según dijera el Che Guevara, crearon un frente aproximadamente común, y se logró el objetivo de aislar militarmente, desde el centro de Cuba, los refuerzos que la dictadura ya no pudo trasladar más a la mitad oriental del territorio nacional.

Y sobre todo, influyó en la batalla de Yaguajay, por parte del Señor de la Vanguardia y -según estudiosos- más decisoria fue su influencia en el éxito de la gloriosa Batalla de Santa Clara, dirigida por el Guerrillero Heroico. Un grano de arena más, para facilitar la llegada del Primero de Enero, porque la unidad siempre redobla las
fuerzas. (ACN).


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