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Publicado el 26 Diciembre, 2017 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

CUBA 1958

El último año de la tiranía

Tras derrotar la ofensiva de verano del régimen batistiano, las tropas rebeldes extendieron la guerra a todo el país y propiciaron el derrocamiento de la dictadura
Fidel en la Comandancia de La Plata (1958), mientras elaboraba planes para la defensa del firme de la Maestra. (Foto: Autor no identificado)

Fidel en la Comandancia de La Plata (1958), mientras elaboraba planes para la defensa del firme de la Maestra. (Foto: Autor no identificado)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Como dijimos en el trabajo anterior, El segundo diciembre guerrillero, en los últimos días de 1957 los rebeldes habían quedado dueños del territorio entre el pico Caracas y Pino del Agua, de oeste a este en la Sierra Maestra. Al hacer un recuento del primer año de lucha guerrillera, Che subrayaba en un artículo para la revista Verde Olivo, ya con la Revolución en el poder, cuán decisiva había sido la solidaridad campesina y espontánea sin esperar nada a cambio, desde los días iniciales de la lucha, en diciembre de 1956, tras la dispersión de Alegría de Pío.

La tiranía, apuntaba el Guerrillero Heroico, reaccionó entonces con toda su brutalidad y perpetró asesinatos en masa, tanto de revolucionarios como de serranos que nada tenían que ver con los rebeldes. Puestos en la disyuntiva, proseguía el Che, todos los campesinos eligieron el camino de la Revolución con la inquebrantable decisión de luchar hasta vencer o morir. Los más fuertes y decididos, casi todos jóvenes, prefirieron la guerrilla y la pequeña tropa de extracción ciudadana empezó a colorearse de sombreros de yarey.

Entretanto, a los hechos de armas en la Sierra se adjuntaron las acciones de las milicias del llano, las cuales cobraron fuerza en todas las principales ciudades del país. Entonces, en febrero de 1958, Fidel decide unir las fuerzas de las dos columnas rebeldes (la suya y la del Che) para propinarle un nuevo golpe a la tiranía.

La primera victoria del año

El lugar escogido para la acción fue Pino del Agua, un pequeño caserío erigido alrededor de un aserrío, en el mismo firme de la Sierra Maestra, y en el cual la columna del Che, en septiembre de 1957, había emboscado exitosamente a una tropa enemiga. Luego de aquel combate el régimen envió una compañía para custodiar el lugar y constituir un punto avanzado contra el territorio rebelde.

De acuerdo con el plan de Fidel, Camilo avanzaría con efectivos de la columna 4 por el camino del Uvero. Guillermo García, con veinticinco hombres, cortaría toda posibilidad de retirada, mientras Vilo Acuña con su pelotón rechazaría cualquier refuerzo procedente del Uvero y Raúl Castro Ruz se ubicaría al norte de Oro de Guisa para contener, junto con las escuadras de Ciro Frías y Efigenio Ameijeiras, las tropas del cuartel de Guisa cuando vinieran al rescate de los sitiados.

El 16 de febrero Camilo y su tropa, al avanzar, arrasaron con toda resistencia de las postas de Pino del Agua. Una tropa enemiga que venía de Oro de Guisa fue aniquilada por el pelotón de Paco Cabrera. Al ser herido Camilo, el Che tomó el mando de la vanguardia y le propuso a Fidel un ataque a fondo contra el cuartelito de Pino del Agua. El Comandante en Jefe se opuso y en medio de ataques de la aviación batistiana, ordenó retirada. Los rebeldes se hicieron con cinco subametralladoras, 33 fusiles y abundante parque. Ese armamento complementaría el que se tenía asignado para llevar a cabo la estrategia de extender la guerra.

Nuevos frentes guerrilleros

Desde finales de 1957 Fidel ya tenía en mente, una vez consolidado el frente de la Sierra Maestra, la creación de nuevas columnas y enviar una a la zona de la Sierra Cristal y otras al este de la Sierra Maestra, en las proximidades de Santiago de Cuba, a la región central del país y a Pinar del Río.

El 27 de febrero de 1958 se formaron las columnas 3 y 6, al mando de los recién ascendidos comandantes Raúl Castro Ruz y Juan Almeida Bosque. Raúl marchó hacia Pinares de Mayarí y allí fundó el Segundo Frente Oriental Frank País, y Almeida partió hacia las cercanías de la capital oriental para constituir el Tercer Frente Mario Muñoz.

A raíz de la Huelga del 9 de abril, el líder de la Revolución intercambió criterios con el Che sobre la segunda parte de la estrategia. Al respecto, el Guerrillero Heroico escribiría a Camilo, el 23 de mayo de 1958: “Te aviso que tenemos, con el mandamás, un proyecto bonito mediante el cual plantarás la maceica [sic] bandera en Pinar y yo laburaré [sic] de Máximo [Gómez], como corresponde”.

Descalabro de la tiranía

Esta estrategia se vio temporalmente interrumpida en el verano de 1958. El sátrapa Batista, envalentonado con el revés de la huelga llevó tropas a la Sierra Maestra hasta llegar a 10 000 hombres, iniciando la operación llamada Plan FF o Fin de Fidel. El 25 de mayo, con el ataque a la posición rebelde más avanzada en el pueblo de Las Mercedes, se inició la ofensiva gubernamental. En ese combate, escribiría el Che, los jóvenes guerrilleros se batieron valientemente allí durante dos días, en una proporción de 1 contra 10 o 15, luchando además contra morteros, tanques y aviación.

Para hacerle frente a la ofensiva enemiga, Fidel ordena el regreso paulatino de varias columnas, entre ellas la 3, aunque destacamentos del III Frente continuaron combatiendo al este de la Sierra Maestra. Alternando emboscadas escalonadas con la guerra de posiciones, los rebeldes resistieron los ataques de las fuerzas batistianas y las diezmaron. El Comandante en Jefe, que le ordenó al Che la defensa de la Sierra desde Purgatorio hasta Mompié, incluyendo Minas del Frío, afirmaría años más tarde que durante toda la ofensiva batistiana, el Guerrillero Heroico había fungido, de hecho, como segundo jefe del primer frente.

Uno a uno comenzaron a caer en manos de los combatientes del Segundo Frente Oriental los cuarteles del triángulo Guantánamo-San Luis-Mayarí. (Foto: Autor no identificado)

Uno a uno comenzaron a caer en manos de los combatientes del Segundo Frente Oriental los cuarteles del triángulo Guantánamo-San Luis-Mayarí. (Foto: Autor no identificado)

Entretanto, el 28 de mayo se había iniciado el avance del Ejército batistiano para aniquilar el Segundo Frente Oriental Frank País. El régimen movió tropas desde Guantánamo y Mayarí, con el fin de orientar la dirección principal del golpe hacia El Aguacate, asiento de la comandancia de la agrupación insurrecta. Los combatientes de esa fuerza rebelde, bajo la consigna de ¡No pasarán!, defendieron con firmeza las posiciones y hostigaron constantemente al enemigo.

Así vencieron a una fuerza de unos dos mil efectivos con todo tipo de apoyo, que emprendió la retirada general a partir del 30 de junio.

Tras su victoria, el Segundo Frente Oriental comenzó una etapa de reorganización total, con la creación de nuevas columnas, sin detener las operaciones militares. Mientras, en el Primer Frente, después de dos meses y medio de duro batallar, el ejército de la tiranía perdió más de mil hombres entre muertos, heridos, prisioneros y desertores. Las fuerzas revolucionarias se apropiaron, según consignaría el Che, más de 600 armas, incluyendo morteros, ametralladoras, subametralladoras y fusiles, además de una enorme cantidad de parque y equipos de todas clases.

Al hacer un balance final sobre la ofensiva batistiana, Fidel subrayaba que era obligado destacar, en primer lugar, al Guerrillero Heroico y a Camilo, “quienes cumplieron cabalmente con su papel de ser mis principales lugartenientes en diferentes momentos”.

La contraofensiva rebelde

El ejército batistiano salió con su espina dorsal rota de esta postrera operación militar contra los rebeldes, pero aún no estaba vencido. La lucha debía continuar. Fidel estableció entonces la estrategia final. Almeida regresó a las cercanías de Santiago de Cuba para someter a esta urbe a un cerco elástico con un Tercer Frente reforzado con dos nuevas columnas. Aumentadas las tropas rebeldes en efectivos y armas, el Comandante en Jefe decidió la marcha del Che hacia Las Villas, quien además de cortar las comunicaciones entre los extremos de la Isla, debía concretar la unidad de las fuerzas revolucionarias en la región central del país. A Camilo, por su parte, se le ordenaba continuar hasta Pinar del Río,

El 21 de agosto el Señor de la Vanguardia, al mando de la columna 2 Antonio Maceo, partió de un lugar conocido como El Salto, para cumplir la orden de Fidel. Diez días después, tras dar las ocho de la noche, en medio de una pertinaz lluvia, el Che y la columna invasora Nº 8 Ciro Redondo partieron de El Jíbaro, Sierra Maestra.

El 7 de octubre siguiente, Camilo y su columna acamparon en suelo espirituano. En la travesía hacia allí, recorrieron despobladas llanuras, bajas y cenagosas, con muy pocos árboles y abundantes tembladeras y lagunas. Soportaron hambre, sed, nubes de mosquitos y jejenes, cansancio. Lidiaron con el desconocimiento del terreno y la poca información sobre los movimientos de tropas enemigas.

El estado físico de la tropa era lamentable: pies llagados, afecciones bronquiales, trastornos digestivos y otras dolencias luego de agotadoras jornadas por caminos intransitables, escasa alimentación y poco descanso. Aun así, la gran preocupación de Camilo en ese momento era recibir noticias sobre el Che y sus compañeros, pues solo se sabía que también afrontaban condiciones difíciles. De ahí que en los contactos con el M-26-7 y el Partido Socialista Popular (PSP) de la entonces provincia de Las Villas, el Señor de la Vanguardia priorizó el auxilio a la Columna Ocho, con el propósito de hallar una ruta segura para ella y ayudarla a sortear los peligros que la acechaban.

Pocos días después el Che y su tropa arribaron a tierras espirituanas. Hallaron una complicada situación, pues operaban distintas agrupaciones guerrilleras, desde las genuinamente revolucionarias, pertenecientes al Directorio (DR), el M-26-7 y el PSP, hasta el llamado Segundo Frente Escambray (SFE), donde coexistían elementos honestos con una dirección francamente contrarrevolucionaria. El Guerrillero Heroico emprendió un proceso de unidad que culminó el 1º de diciembre de 1958, con la firma del Pacto del Pedrero entre el M-26-7 y el DR, al cual se sumó días después el PSP, con el cual se propinaba un fuerte golpe a los elementos divisionistas y sectarios.

Simultáneamente, el comandante Juan Almeida, quien había regresado al territorio del Tercer Frente el 16 de agosto, comenzó a operar con sus columnas (dos de ellas de reciente creación) para llevar a cabo el fundamento estratégico orientado por Fidel: estrechar el cerco alrededor de Santiago de Cuba hasta paralizar los movimientos de las tropas de la tiranía.

A partir de septiembre salieron de la Sierra Maestra las columnas 11 Cándido González y 13 Ignacio Agramonte, para abrir un frente guerrillero en Camagüey. En octubre, con las columnas 12 Juan Manuel Márquez, la 14 Simón Bolivar y la 32 José Antonio Echeverría, se formó el IV Frente Simón Bolivar, bajo la jefatura del comandante Delio Gómez Ochoa, para operar en territorios de Holguín, Las Tunas, Bayamo, Gibara y Puerto Padre.

La ofensiva final

Ya el 8 de octubre de 1958, en carta a Almeida, Fidel resumía su concepción sobre el desarrollo de las futuras acciones: “El plan de tomar primero Santiago de Cuba lo estoy sustituyendo por el plan de tomar la provincia. La toma de Santiago y otras ciudades resultaría así mucho más fácil y sobre todo podrán ser sostenidas. Primero nos apoderamos del campo; dentro de 12 días aproximadamente todos los municipios estarán invadidos, después nos apoderaremos y si es posible destruiremos todas las vías de comunicación por tierra, carretera y ferrocarril. Si paralelamente progresan las operaciones en Las Villas y Camagüey, la tiranía puede sufrir en la provincia un desastre completo como el que sufrió en la Sierra Maestra”.

Cuartel de Guisa antes de la batalla, tomado luego por los rebeldes comandados por Fidel. (Foto: Autor no identificado)

Cuartel de Guisa antes de la batalla, tomado luego por los rebeldes comandados por Fidel. (Foto: Autor no identificado)

Como parte de esta estrategia, a Raúl y a los combatientes del Segundo Frente, el Comandante en Jefe les había ordenado tomar los cuarteles del triángulo Guantánamo-San Luis-Mayarí, los cuales uno a uno comenzaron a caer. Por su parte, desde mediados de noviembre, Fidel emprendía un movimiento desde La Plata en dirección al llano para empezar, en las cercanías de Bayamo, la Campaña de Oriente. En la noche del 19 de noviembre llegó a las proximidades del cuartel de Guisa y al día siguiente se iniciaba la batalla cuyo desenlace a favor de las armas rebeldes el 30 de noviembre, marcaría el comienzo de la ofensiva final que culminaría con el derrocamiento de la tiranía.

A pesar de la utilización de 2 000 efectivos, apoyados por artillería, tanques y aviación, el avance de las fuerzas batistianas se vio detenido en Guisa por los insurrectos y quedó imposibilitado de mantener ese punto avanzado. En esta acción participaron junto con tropas del Primer Frente varios contingentes del tercero. No sería la única vez que en el desarrollo final de la guerra existieran operaciones conjuntas de ambas agrupaciones guerrilleras, lo que permitió librar exitosos combates y cerrar el cerco a Santiago de Cuba. Igualmente, estos dos frentes establecieron una necesaria cooperación con el Segundo, lo cual demostró la alta capacidad combativa del ejército revolucionario.

Tras el exitoso ataque a Maffo, no quedó una sola plaza enemiga entre Bayamo y Santiago de Cuba. (Foto: Autor no identificado)

Tras el exitoso ataque a Maffo, no quedó una sola plaza enemiga entre Bayamo y Santiago de Cuba. (Foto: Autor no identificado)

El 10 de diciembre, como continuación de su estrategia, Fidel cercaba el cuartel de Maffo, situado a dos kilómetros de Contramaestre, en la vertiente norte de la Sierra Maestra. Para la toma de esa plaza fortificada, el Comandante en Jefe destinó fuerzas del Primer y Tercer Frentes.

Entretanto, ya Jiguaní estaba en manos rebeldes desde el 19 de diciembre y, desde el 23 de ese mes, fuerzas del Primer, Segundo y Tercer frentes guerrilleros, todos a las órdenes del comandante Juan Almeida, emprendieron la toma de la estación de policía, el cuartel de la Guardia Rural y otras fortificaciones en Palma Soriano. Las unidades batistianas acantonadas en esa localidad, aisladas y sin posibilidad alguna de recibir refuerzos, resistieron hasta el día 27. Maffo, el único reducto que quedaba en manos del régimen tiránico, entre las fuertes agrupaciones dislocadas en Bayamo y Santiago de Cuba, también, finalmente, se rindió el 30 de diciembre.

La maniobra envolvente en torno a la gran urbe oriental fue completada con el cerco a Guantánamo. Más al norte, en la hoy provincia de Holguín, las columnas del Cuarto Frente Simón Bolívar cortaban el paso a refuerzos ene­migos y controlaban todas las vías de comunicación. El acceso hacia Santiago desde Holguín era casi imposible, ante la presión y el acoso de las fuerzas de ese Frente. De esta manera, los principales enclaves orientales quedaron aislados entre sí.

Hasta ese momento, ya habían sido liberados, en el este del país, los poblados de La Maya, San Luis, Baire, Bartolomé Masó, El Cobre, Jiguaní, Caimanera, Moa, Sagua de Tánamo y Puerto Padre; en la región central, Fomento, Guayos, Cabaiguán, Placetas, Caibarién y Remedios. El día 28 comandos del DR tomaron la ciudad de Trinidad. Poco después también capitulaba el cuartel de Yaguajay ante el cerco de Camilo y su tropa.

Después de la rendición de Maffo, solo faltaba la batalla final por Santiago de Cuba, la toma de la ciudad de Santa Clara por las fuerzas comandadas por el Che. La huida de Fulgencio Batista en la madrugada del 1º de enero de 1959, precipitó el desenlace de la guerra. Una huelga general revolucionaria, convocada por Fidel, frustraba la maniobra reaccionaria para impedir el triunfo revolucionario. Esta vez los nuevos mambises sí entrarían victoriosos a Santiago.

La toma de la ciudad de Santa Clara por las fuerzas comandadas por el Che, constituyó uno de los factores que precipitaron el desenlace de la guerra. (Foto: Autor no identificado)

La toma de la ciudad de Santa Clara por las fuerzas comandadas por el Che, constituyó uno de los factores que precipitaron el desenlace de la guerra. (Foto: Autor no identificado)

Fuentes consultadas

Los libros Pasajes de la guerra revolucionaria, de Ernesto Che Guevara, y La Guerra de Liberación Nacional en Cuba 1956-1958, de Mayra Aladro, Servando Valdés y Luis Rosado. Textos periodísticos incluidos en la edición extraordinaria de BOHEMIA por el aniversario 60 del Granma y de las FAR


Pedro Antonio García

 
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