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Publicado el 30 Diciembre, 2017 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

HAYDÉE SANTAMARÍA CUADRADO

Pasión de hacer Revolución

Heroína del Moncada, combatiente de la Sierra y el llano, fundó y dirigió la Casa de las Américas, institución emblemática para los intelectuales de todo el orbe

 

Como dijera una colega, un inventario de las acciones revolucionarias de Haydée sería tan emocionante como extenso. (Foto: Autor no identificado)

Como dijera una colega, un inventario de las acciones revolucionarias de Haydée sería tan emocionante como extenso. (Foto: Autor no identificado)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

La periodista Marta Rojas, desde los días del Moncada, fue muy cercana a ella. Más de una vez, en diversas entrevistas y diálogos con distintos públicos, le han preguntado cómo era Haydée Santamaría. A un colega, en cierta ocasión, ante la interrogante ¿alegre o triste?, le confesó: “Para mí, las dos cosas. La conocí severa y profundamente triste durante el juicio del Moncada. Y la conocí muy alegre, como también la veía el Che, esperando un año nuevo. La constante de su personalidad era, para mí, su agudeza e ingenio impresionante y la generosidad sin límites. Amaba a su familia y valoraba la amistad cultivándola con preciosismo siempre que no se contradijera, ni un ápice, con la lealtad a la Revolución y a Fidel”.

Para Melba Hernández, su amiga y compañera de luchas, quien la llamaba cariñosamente por su apodo familiar, “Yeyé era como un ciclón… Llegó un momento en que yo no sabía si era compañera, si era amiga, si era hermana, porque yo no sé lo que es un hijo, pero yo la sentía como tal. Le puse un apodo, Pelusita, porque era rubita, de pelo finito…”

A la también colega Susana Lee, Melba testimoniaría en 2003, a 20 años de la desaparición de Haydée: “Fue una mujer extraordinariamente inteligente. Tenía un amor muy grande por la humanidad, se desbordaba, así siempre la vi yo… No hay día –y me pasa igual con Celia–, en que yo no diga ‘si Yeyé estuviera, es Yeyé la persona con quien yo pudiera analizar esto o aquello, de cualquier cosa’, y mira cuántos años hace que nos falta”.

Haydée Santamaría Cuadrado nació el 30 de diciembre de 1922, en el entonces central Constancia, hoy Abel Santamaría, en Encrucijada, municipio perteneciente a la actual provincia de Villa Clara. Sobre el día en que nació ha existido cierta confusión pues en su partida de nacimiento, confeccionada el 21 de abril de 1923, aparece esa fecha como su natalicio. Para colmo ella celebraba su cumpleaños en vísperas de año nuevo.

Con Melba en los duros días en prisión por el asalto al cuartel Moncada. (Foto: Autor no identificado)

Con Melba en los duros días en prisión por el asalto al cuartel Moncada. (Foto: Autor no identificado)

A Jaime Saruski confesó una vez: “Me enteré de que no había nacido el 31 (de diciembre) cuando me fui a casar y vi la inscripción de nacimiento. Entonces fui adonde estaban mi papá y mi mamá”. Y tuvo una segunda sorpresa, porque doña Joaquina, la progenitora, le enseñó una libretica donde anotaba los pormenores de sus partos, en la que consignaba: “Haydée nació el 30 de diciembre de 1922, a las nueve de la mañana”.

Desde muy joven Yeyé se sensibilizó con los problemas sociales que asolaban a Cuba. Junto con su hermano Abel, ingresó en las filas de la Juventud Ortodoxa. Tras el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, colaboró con él y otros revolucionarios en la edición de los periódicos clandestinos Son los mismos y El Acusador. Después de contactar con Fidel, con quien los dos Santamaría coincidían ideológicamente al considerar que aquel momento de la historia de Cuba era revolucionario y no político, el apartamento de 25 y O, donde residían en La Habana. se convirtió en centro del naciente movimiento revolucionario.

Participó en las acciones del 26 de julio de 1953 y a las órdenes de Abel ocupó junto con otros combatientes el Hospital Civil Saturnino Lora, con el objetivo de apoyar la acción principal, el asalto al Cuartel Moncada. Hecha prisionera junto con Melba por el Ejército batistiano, ambas vieron en los calabozos de la fortaleza toda la crueldad del régimen tiránico. Sometida a juicio, denunciaron los crímenes cometidos por la soldadesca. Yeyé emplazó a los que pretendían ser jueces: “Salí del Hospital Civil con 25 compañeros y aquí hay solo dos, faltan 23. Ustedes que son la justicia, digan dónde están”.

La tiranía confinó a las dos heroínas en la cárcel de mujeres de Guanajay. Liberadas el 20 de febrero de 1954, al cumplir la sanción judicial, familiares y compañeros de lucha se reunieron ante la puerta de la prisión. “¿Y ahora, qué?”, les preguntó una reportera de BOHEMIA. “Empezar de nuevo, tenemos una deuda con nuestros hermanos muertos”, respondió Yeyé.

Centavo a centavo, peso a peso, junto con un valiosísimo grupo de patriotas lograron imprimir más de 10 000 ejemplares de La historia me absolverá, los cuales fueron repartidos por toda Cuba en un auto alquilado.

Participó en el alzamiento del 30 de noviembre de 1956, organizado y dirigido por Frank País. Miembro de la Dirección Nacional del M-26-7, por orientaciones de Fidel partió al exilio, como delegada de la organización en el exterior, con el fin de aglutinar las fuerzas de la emigración y organizar expediciones para abastecer de armas al Ejército Rebelde.

Casa de las Américas, su obra mayor en la etapa de la Revolución en el poder. (Foto: Autor no identificado)

Casa de las Américas, su obra mayor en la etapa de la Revolución en el poder. (Foto: Autor no identificado)

Ya con la Revolución en el poder, Fidel le confió la misión de fundar en 1959 una institución cultural que sería emblema entre los intelectuales de todo el orbe: la Casa de las Américas. Según Marta Rojas, “habría que hablar, en primer lugar, de voluntad, destreza, sabiduría y profunda convicción latinoamericanista y universal que desplegó en ese centro que acogería y atraería a los intelectuales y artistas más importantes del continente y a los que surgían ‘de la nada’, decía ella, y a cubanos del más alto nivel intelectual, como Alejo Carpentier, quien dijo que Haydée no solo lo había conmovido con la palabra, sino que su inteligencia e ideas eran prodigiosas”.

Como dijera Fina García Marruz en 1980, Haydée emprendió ese año su viaje hacia lo eterno. La poeta y ensayista escribiría entonces: “Los que la amaron, se han quedado huérfanos /Cúbranla con la ternura de las lágrimas. /Vuélvanse rocío que refresque su duelo. /Y si la piedad de las flores no bastase /Díganle al oído que todo ha sido un sueño. /Ríndanle honores como a una valiente /Que perdió solo su última batalla. /No se quede en su hora inconsolable /Sus hechos, no vayan al olvido de la hierba. /Que sean recogidos uno a uno, /Allí donde la luz no olvida a sus guerreros”.

Como he afirmado en otras ocasiones, a mí también me gusta recordarla en pleno combate, en su salida de la cárcel en 1954, cuando a pesar de la vivencia dramática y dolorosa del Moncada, no perdió su condición de apasionada en hacer Revolución. Se le ve en la foto desafiante, decidida, como la propia Yeyé expresara años después al rememorar aquel momento: “Y seguimos luchando hasta que salieron nuestros compañeros de Isla de Pinos y salió Fidel… Y fue vivir otra vez, fue luchar otra vez, fue la acción otra vez, fue otra vez la vida”.

Fuentes consultadas

El libro La pasión que me llevó al Moncada, de Yolanda Portuondo. Testimonios de la Heroína recogidos en Haydée habla del Moncada. Los textos periodísticos Relato de Haydée (BOHEMIA, 20 de julio de 1962), La Haydée que yo conocí, de Marta Rojas (La Jiribilla, julio-agosto 2010) y Melba, heroína eterna, de Susana Lee (Granma, 26 de julio de 2003).


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García