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Publicado el 22 Enero, 2018 por Redacción Digital en Historia
 
 

JESÚS MENÉNDEZ LARRONDO

Líder obrero unitario y antimperialista

Entregado honda y valerosamente a la defensa de sus hermanos de clase, con su acción se les arrancaron medidas de amplio alcance popular a los gobiernos de la época

 

Menéndez hizo de la tribuna y de la radio un arma formidable en la defensa de los intereses de la clase obrera. (Foto: Autor no identificado)

Menéndez hizo de la tribuna y de la radio un arma formidable en la defensa de los intereses de la clase obrera. (Foto: Autor no identificado)

Por ANGELINA ROJAS BLAQUIER

En opinión de Juan Marinello, el himno del primer Partido Comunista de Cuba debía tener una nueva estrofa, tras la muerte del líder obrero en enero de 1949, “en que se concentra todo lo que puede hacer por sus hermanos de clase un hombre entregado honda y valerosamente a la defensa de sus hermanos, Jesús Menéndez.

“Es el caso pasmoso que no pueden entender nuestros enemigos, que no entenderán nunca los que desconocen por razón de clase y de perjuicio la calidad creadora del proletariado. Jesús Menéndez fue el caso, en muchos aspectos similar al de Antonio Maceo, del hombre nacido de los más bajos estratos, de la injusticia de su patria, para superar, acumulando capacidad, sagacidad, conocimiento, perspicacia, energía y fuerza para saber desbaratar las miserables combinaciones de los imperialistas y de los magnates nacionales que son sus cómplices, y llevar a sus hermanos en una lucha inmortal en la historia del movimiento obrero en Cuba, a las más altas conquistas, a los triunfos más hermosos y trascendentes”.

De cuna esclava, independentista y obrera, Jesús Menéndez Larrondo devino de niño negro a obrero agrícola a los 11 años. De sensibilidad e inteligencia singulares, impresionado por las condiciones de vida y de trabajo para los desposeídos, definió desde temprano su derrotero.

Tras una adolescencia trasnochada en escogidas de tabaco y cortes de caña en su natal Encrucijada, al cumplir los 20 años ingresó al primer Partido Comunista y rápidamente emergió como líder, asumiendo las complejas misiones del movimiento comunista para organizar a la clase obrera y luchar contra Machado y las acciones imperialistas, simultáneamente, desde los sectores mayoritarios de los trabajadores.

En su enorme actividad organizativa y política se destacó, ante todo, su profunda convicción unitaria y antimperialista. Convencido de que los gremios eran insuficientes y que las luchas serían victoriosas en la medida que estos se agruparan sectorialmente, emprendió la organización y unificación de los azucareros.

Tras fundar el sindicato en el central Constancia, Menéndez emprendió un incansable recorrido por el territorio villareño, contribuyendo al proceso que culminó con la fundación del Sindicato Nacional de Obreros de la Industria Azucarera (SNOIA), en diciembre de 1932. Simultáneamente participó en el grupo que organizó las marchas de hambre de los desocupados, realizadas en todo el país durante ese propio mes, que le valió su primera prisión en el Castillo del Príncipe. Liberado en febrero de 1933, regresó a Encrucijada. Allí encabezó las grandes luchas de los azucareros de la región, y poco después dirigió la huelga general contra Machado en Camajuaní. Su nombre y virtudes recorrieron la provincia y en enero de 1934, resultó delegado al IV Congreso de Unidad Sindical. Ya era miembro del Comité Distrital [Provincial] del Partido en Las Villas, responsabilizado con la organización de los trabajadores azucareros.

Líder obrero nacional

Tras el aplastamiento brutal de la huelga de marzo de 1935, el recrudecimiento de la represión destruyó las organizaciones existentes y agudizó las difíciles condiciones de vida y de trabajo para los comunistas en todo el país.

Su sepelio demostró que el futuro no sería del enemigo. (Foto: Autor no identificado). (Foto: Autor no identificado)

Su sepelio demostró que el futuro no sería del enemigo. (Foto: Autor no identificado). (Foto: Autor no identificado)

En las nuevas circunstancias, Jesús Menéndez se entregó a la tarea de reconstruir y hacer avanzar los sindicatos, continuó su labor como vicepresidente del gremio de escogedores de Encrucijada y cumplió sus responsabilidades como militante comunista. Y lo más importante: comprendió que las luchas obreras no podían limitarse a movilizaciones por demandas salariales y otras mejoras económicas, insistiendo en la denuncia de los métodos de explotación de los propietarios azucareros y la participación del imperio. Golpeado en 1936 por los sicarios a sueldo de los dueños del central Constanza colocaron en el pórtico el siguiente letrero: Prohibida la entrada a cualquier comunista.

Junto a su labor reorganizativa desde la clandestinidad entre los azucareros y tabacaleros, fue responsabilizado con la organización sindical de los trabajadores de las diversas ramas. Ese proceso culminó en 1938 con la creación de la Federación de Trabajadores de la provincia de Las Villas y su elección como Secretario General.  Con ello contribuyó a la realización del congreso constituyente de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC), en enero de 1939, e integró su primera dirección nacional.

El político

Jesús también se destacó en la esfera política nacional. En 1939 el primer Partido Comunista pudo desempeñarse en la legalidad. Su táctica consistió en ganar nuevas conquistas para los trabajadores desde el aparato estatal, cuando la impronta de la Segunda Guerra Mundial no facilitaba otra táctica de lucha. Consecuentemente, en 1940 fue elegido representante a la Cámara, sin abandonar el resto de sus tareas en el Partido y la recién fundada Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC).

Así, en 1941 asumió la Secretaría General de la Federación Nacional de Obreros Azucareros (FNOA), hasta que, desde su seno, en 1945, surgió la Federación Nacional de Trabajadores Azucareros (FNTA), que agrupó a todos los trabajadores del ramo, de singular significado para sus luchas posteriores.

La lucha por el diferencial

Entre los episodios cruciales en su vida de gran organizador, estratega y táctico ejemplar, se destacaron sus luchas por la inserción de una representación obrera en las negociaciones oficiales para la venta de las zafras a EE.UU.; en la inclusión de la Cláusula de Garantía; la captación y correcta utilización del diferencial azucarero y en la constante ampliación de las conquistas ganadas por los trabajadores.

Luego de infructuosas negociaciones entre la comisión cubana y los funcionarios norteamericanos, Grau decidió incluir a la representación obrera en la comi-sión para la discusión de los términos de la zafra de 1946, pero con un estatus oficioso.

Luego de infructuosas negociaciones entre la comisión cubana y los funcionarios norteamericanos, Grau decidió incluir a la representación obrera en la comi-sión para la discusión de los términos de la zafra de 1946, pero con un estatus oficioso.

Si bien hay quienes han tratado de adjudicar a Ramón Grau San Martín tales méritos, debe subrayarse que dichas conquistas obreras fueron alcanzadas particularmente por Menéndez y el movimiento obrero azucarero durante su gobierno, y por las cuales se venían movilizando desde antes. Baste decir que la solicitud de la inclusión de una representación obrera en la comisión oficial negociadora de la zafra fue resultado del IV Congreso de la FNOA, en septiembre de 1943, a propuesta de Menéndez, y presentada a Batista con vista a la venta de la zafra de 1944. El líder azucarero fundamentó su propuesta en que esa gestión tenía mucho que ver con el nivel de vida del pueblo cubano y, por esa razón, no debía ser negociada solamente por los propietarios azucareros. Al asumir Grau la presidencia de la República, la referida demanda mantenía su vigencia.

Las sólidas y argumentadas propuestas presentadas a Grau por Menéndez y Jacinto Torras, facilitaron que el mandatario decretara aumentos salariales para la zafra de 1945, no cumplidos por muchos propietarios, provocando nuevas movilizaciones obreras hasta alcanzar sus objetivos. Pero la cuestión de la participación de la FNTA en la comisión negociadora continuaba pendiente.

Luego de infructuosas negociaciones entre la comisión cubana y los funcionarios norteamericanos, Grau decidió incluir a la representación obrera en la comisión para la discusión de los términos de la zafra de 1946 con una notable diferencia: no formaba parte de la delegación oficial, sino tuvo estatus oficioso. Sin embargo, la presencia de Menéndez y de Jacinto tuvo mucho que ver con el acuerdo que contempló, entre otros puntos, la adopción de precios equivalentes entre el azúcar y los abastecimientos, y la protección del azúcar cubano contra los futuros prejuicios de un nuevo proyecto de ley que el Gobierno norteamericano estudiaba en ese momento.

La acción de Menéndez y la dirección del Partido durante buena parte del Gobierno de Grau influyó decisivamente en medidas de amplio alcance popular, entre ellas, el Decreto 117, los aumentos salariales, la Cláusula de Garantías, y el empleo del dinero procedente del diferencial en las obras de beneficio social acordadas y en los salarios de los trabajadores; la participación de los colonos y los obreros en los beneficios de las mieles finales y la creación de mecanismos compensatorios para el intercambio comercial con los Estados Unidos.

La misión Menéndez

Otro momento trascendente de su bregar fue en julio de 1947, cuando la nueva ley azucarera estadounidense anulaba los logros del sector, y aumentaba la dependencia de Cuba al reducir la participación de su azúcar en el mercado norteamericano a 28.6 por ciento, cuando la Isla aportaba aproximadamente el 60 por ciento.

El enfrentamiento a la nueva ley fue la gran batalla antimperialista que, con el nombre de Misión Menéndez, libró Jesús en el propio Estados Unidos, a donde llegó para desenmascarar su significado, y presentar una contrapropuesta cubana menos lesiva a los intereses del pueblo.

Allí publicó artículos, concedió conferencias de prensa, se reunió con sindicatos, protagonizó lobby en el Capitolio, solicitó a varios congresistas que presentaran su propuesta. Cuando regresó, Grau había destituido por la fuerza a Lázaro Peña y oficializado la división de la CTC.

Ante las nuevas circunstancias el llamado por el pueblo General de las Cañas señaló: “Continuaremos luchando, pelearemos contra los enemigos de fuera y de adentro inspirados en el ejemplo de Maceo y Martí. Lucharemos con todas nuestras fuerzas contra los anexionistas y capituladores hasta lograr borrar la mancha contra la nación que significa la Enmienda Platt de la ley norteamericana”.

Menéndez, para organizar el nuevo enfrentamiento, convocó al VI Congreso de la FNTA para el 28 de noviembre de 1947. Asaltado por el Gobierno, los agentes mujalistas y las fuerzas armadas, como antes con la CTC, Jesús fue destituido y la FNTA dividida por la fuerza, pero los asistentes, asumieron como acuerdo principal el llamado de Jesús a no iniciar la zafra si no ponen el diferencial en la punta de la mocha.

Menéndez no renunció a la lucha. Al iniciarse la zafra, los azucareros seguían exigiendo el pago del diferencial.

Su última batalla

Como parte de esa batalla, cuando transitaba por las diferentes fábricas de azúcar del país, en Manzanillo fue acribillado a balazos por el capitán Casillas Lumpuy. Realizaba la misma actividad con la cual se había iniciado como dirigente obrero y partidista. Entonces andaba por los campos azucareros para vencer el retraso organizativo y político de los trabajadores, ahora lo hacía como dirigente nacional del Partido, de la ilegalizada FNTA y como representante a la Cámara, para preservar las conquistas alcanzadas por los azucareros, desafiando no solo las acciones de un gobernante corrupto y criminal, sino de la maquinaria brutal y genocida del anticomunismo, entronizada al amparo de la guerra fría, que no ha cesado de aplicarse contra nuestro país hasta la actualidad.

Cuerpo inerte, ideas en ristre, su sepelio demostró que el futuro no sería del enemigo.

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*Historiadora especializada en temas del movimiento obrero y comunista

 


Redacción Digital

 
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