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Publicado el 26 Enero, 2018 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

Marcha de las antorchas

Esta masiva concentración devino otra oportunidad para que los jóvenes dirigidos por Fidel dieran una demostración de su organización y adiestramiento, al marchar cogidos de la mano, en bloques uniformes

Marcha de las antorchas, original.A iniciativa de la FEU, el 25 de enero de 1953, las distintas organizaciones e instituciones juveniles deciden coordinar los homenajes que ya tenían preparados en memoria del centenario del Apóstol, “a fin de efectuar uno solo, pero más unido y grandioso”; para ello aceptan “integrar un frente único juvenil que haga más lúcidos los distintos actos” y que a la vez fuera una conmemoración alternativa a las organizadas por la tiranía batistiana.

A propuesta de los estudiantes de segunda enseñanza, se acuerda realizar una Marcha de las antorchas en la noche del 27 de enero y un desfile hasta el Parque Central, el 28, que culminara con la colocación de una ofrenda floral ante la estatua del Héroe Nacional. E

n la noche del 27, la escalinata y la plazoleta de San Lázaro ofrecían un aspecto impresionante, con sus cientos de antorchas encendidas en marcha hacia la fragua martiana.

La procesión de luces y gritos llegó hasta la calle Infanta, siguió por Humboldt hasta la Fragua Martiana. Allí los oradores evocaron el apostolado de Martí y ratificaron su repulsa al régimen de facto.

Años después relataría el moncadista y expedicionario del Granma, Jesús Montané, cómo participaron en esa acción los revolucionarios que, nucleados en torno a Fidel Castro, se preparaban para la insurrección popular armada:

“Nos incorporamos para hacer una demostración de decisión y fuerza. Presentamos varios bloques que fueron organizados por Abel [Santamaría] y José Luis Tasende”.

A la tarde siguiente el estudiantado vuelve a echarse a la calle, en un desfile multitudinario que parte desde la Universidad.

Según iba avanzando por la calle San Lázaro, se incorporan hombres y mujeres de pueblo, en tales cantidades que al arribar al Paseo del Prado se hacía prácticamente imposible hacer un cálculo aproximado de su magnitud.

Y esta masiva concentración devino otra oportunidad para que los jóvenes dirigidos por Fidel dieran una demostración de su organización y adiestramiento, al marchar cogidos de la mano, en bloques uniformes; al verlos pasar, algunos espectadores admirados no cesaban de preguntar: ¿quiénes son esos?, ¿quiénes son?, sin sospechar que apenas seis meses después ese grupo protagonizaría las acciones del 26 de julio en Santiago de Cuba y Bayamo. (PAG)


Pedro Antonio García

 
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