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Publicado el 21 Febrero, 2018 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

FÉLIX VARELA

Aquel patriota entero

Como acertadamente puntualizó el pedagogo marxista Gaspar Jorge García Galló, es para nosotros padre no solo porque ejerció el sacerdocio, sino por ser uno de los fundadores de la Patria
Félix Varela en su época de profesor del Seminario de San Carlos y San Ambrosio. (Crédito: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Félix Varela en su época de profesor del Seminario de San Carlos y San Ambrosio. (Crédito: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Sabía que el destino de Cuba, inevitablemente, era convertirse en una nación independiente, “quiera o no quiera (el monarca español) Fernando, sea cual fuere la opinión de sus vasallos”. Pero comprendió que en su época no estaban dadas las condiciones para ello y se impuso como misión educar en el patriotismo a las nuevas generaciones de criollos, incluso entre los hijos de la sacarocracia, esa clase social que pensaba con el estómago y anteponía sus monedas, su hacienda y sus esclavos al “amor que tiene todo hombre al país en que ha nacido y el interés que toma en su prosperidad”.

Desterrado de su patria por la España colonial, el presbítero Félix Varela ejerció en Norteamérica y allí fundó escuelas, erigió iglesias, predicó entre los más pobres. Nunca su catolicismo se contrapuso a su patriotismo, lejos de ello, su convicción cristiana le imponía un compromiso a la lucha por el bienestar del ser humano, la sociedad y la patria.

Hacia 1847, ya frisaba los 60 años, su salud estaba muy deteriorada, más que por la edad, por las privaciones a que sometió su cuerpo, pues despreocupado de sí mismo, se había consagrado a sus feligreses. El asma, inseparable compañera, debilitaba aún más su organismo. Al final, debió abandonar Nueva York y marchar hacia San Agustín de la Florida, en busca de un clima más apropiado.

Seguía atentamente la realidad cubana y cuando el movimiento anexionista le propuso la jefatura, rechazó rotundamente esa tendencia ideológica como fórmula política. Igualmente lo haría con los reformistas, que abogaban por convertir a Cuba de colonia a provincia española. El sacerdote los desanimó, para él en 1850 un régimen autonómico ya no era la solución para los problemas que aquejaban a la Isla.

Un joven abogado, al visitarlo en 1852, le relató cómo se había encarecido arbitrariamente la enseñanza universitaria en la mayor de las Antillas. Como ejemplo le puso el de un condiscípulo, el mejor de la clase, quien por falta de recursos tuvo que abandonar la carrera y convertirse en zapatero. Al presbítero el semblante se le tornó triste, revelador de una profunda pena que le embargaba: “Es, señor, que en Cuba hay dinero para todo, menos para lo que debiera haberlo. Va allí una bailarina, da algunas funciones de pirueta y al retirarse, registra en su caja de ahorros 20 000 pesos y para socorrer una desgracia como la de ese joven, nadie abre la bolsa”.

De profesor a diputado

periodico el habaneroFélix Francisco José María de la Concepción Varela y Morales nació en La Habana el 20 de noviembre de 1788. Su padre, teniente español, era natural de Castilla la Vieja; la madre, criolla. Su primer hogar, según algunos biógrafos, se ubicaba en la calle Obispo entre Aguacate y Villegas, en el hoy municipio de La Habana Vieja.

Con apenas dos años se trasladó con su familia a San Agustín de la Florida. Allí transcurrió su niñez. Sacerdotes irlandeses le inculcaron una visión iluminista del mundo, en la que se entremezclaban catolicismo y patriotismo. Se convirtió en un apasionado de la música. A la vez fue descubriendo su vocación religiosa y por el magisterio.

Ya presbítero y titular de una cátedra en el Real y Conciliar Colegio de san Carlos y san Ambrosio, los habaneros lo eligieron diputado a las Cortes españolas. Allá (1823) abogó por la abolición de la esclavitud y la independencia americana. Ello le costó el exilio forzado. Algunos alumnos suyos renegaron de él más de tres veces.

Aportes a la pedagogía

El pedagogo marxista Gaspar Jorge García Galló definió a Varela como “el primer combatiente por la escuela y por la patria”. Se enfrentó a la Escolástica y por consiguiente, al dogmatismo y al formalismo. Su concepción de que a partir de la experiencia y la razón se puede llegar al conocimiento lo llevó a inaugurar en Cuba la enseñanza mediante experimentos de laboratorio de Física y Química; contribuyó así a la formación de quienes serían, a su vez, los educadores de los revolucionarios del 68.

Impactante actualidad tiene aún su Discurso sobre la influencia de la ideología. Al sentar pautas sobre una nueva pedagogía, Varela propuso la creación de un sistema de enseñanza basado en un método analítico, en el cual “la memoria tenga muy poca parte y el convencimiento lo haga todo”. Afirmaba además: “El verdadero maestro del hombre es la naturaleza”. A partir de esta, de la realidad inmediata, al alumno se le “enseña en pensar”.

Propugnaba, como parte de la enseñanza elemental para las primeras edades, textos que se caracterizaran por su brevedad y claridad sin tecnicismos absurdos que oscurecieran su comprensión. “Hablemos en el lenguaje de los niños y ellos nos entenderán”. Consideraba un error garrafal el creer a los pequeños “incapaces de concebir ideas y que debe enseñársele tan mecánicamente como se enseñaría a un irracional […] Si conducimos a un niño por los pasos que la naturaleza indica, veremos que sus primeras ideas no son numerosas, pero sí tan exactas como las del filósofo más profundo”.

En sus años de exilio en Norteamérica. (Crédito: AUTOR NO IDENTIFICADO)

En sus años de exilio en Norteamérica. (Crédito: AUTOR NO IDENTIFICADO)

En cuanto a la impartición de la Filosofía, auguraba pobres resultados a quien trate de explicar desde abstracciones los problemas sociales, si no lo ejemplifica en la vida diaria.

Una rectificación necesaria

“El primero que nos enseñó en pensar”, dijo realmente José de la Luz y Caballero sobre su maestro, y no “a pensar”, como aparece tergiversada por la tradición y que lamentablemente se reitera sistemáticamente en manuales escolares, buscadores de internet y textos periodísticos. Abogó por educar en la reflexión y la práctica, a la vez que condenaba la enseñanza memorística basada en la repetición de los conceptos sin que mediara una asimilación consciente.

Basándose en esa errata tan común en los escritos sobre el presbítero, el historiador Eduardo Torres Cuevas enhebró un magnífico juego de palabras: “También fue el que nos enseñó a pensar primero en la Patria […] Es el primero en toda la historia de Cuba que introduce una lección dedicada al patriotismo o a los deberes del hombre con la Patria”. Tal aporte al pensamiento lo hace el padre fundador en sus Lecciones de Filosofía (1818-1819), donde al abordar el patriotismo traza principios para la práctica política: hacer solo lo que es posible hacer, preferir el bien común al individual, no hacer nada que pueda ir contra la unidad social.

Forjador de conciencia

Durante sus años de exilio, libre de la censura colonialista, editó El Habanero, publicación en la que fundamentó los principios básicos de su ideario independentista, latentes en su obra anterior.

“Los [latino] americanos nacen con el amor a la independencia”, afirmó. “La revolución, o mejor dicho, el cambio político de la Isla de Cuba, es inevitable. La diferencia estará solo en el tiempo y en el modo”. A quienes veían con horror el fantasma de la insurrección, les alertó: “La Isla de Cuba sigue la ley de la necesidad y así como por ella se conserva dependiente, por ella misma puede verse precisada a tomar otro partido”. Y agregaba: “Si usted llama revolucionario a todo el que trabaja por alterar el orden de cosas contrario al bien de un pueblo, yo me glorio de contarme entre esos revolucionarios”.

Ante el anexionismo, se mostró contrario “a los que de buena fe quieren esperar de los extranjeros lo que solo deben de esperar de sí mismos […] Estoy en contra de la unión de la Isla a ningún gobierno y desearía verla tan isla en lo político como lo es en lo natural”.

Los restos del presbítero fueron traídos a Cuba en 1911 y reposan actualmente en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. (Crédito: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Los restos del presbítero fueron traídos a Cuba en 1911 y reposan actualmente en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. (Crédito: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Sabía que sus deseos no podían cumplirse en su época. Aunque comprendió muy bien el papel que le tocaba desempeñar. Y en carta a un discípulo, fechada el 22 de octubre de 1840, le confesaba: “En el campo que yo chapeé (vaya este terminito cubano) han dejado crecer mucha manigua (vaya otro); y como no tengo machete (he aquí otro) y además el hábito de manipularlo, desearía que los que tienen ambos emprendieran de nuevo el trabajo”. Palabras que no cayeron al vacío, pues fueron retomadas por los Hombres del 68.

Vigencia

Aún hay discrepancias con la fecha de su muerte. Según el acta de defunción, ocurrió el 25 de febrero de 1853, pero el padre Sheridan, testigo de su deceso, afirmó en una carta al arzobispo Hughes que el fallecimiento tuvo lugar el 18 de febrero.

Desde entonces se han sucedido los estudios sobre su quehacer y su obra. Mientras que José Ignacio Rodríguez trataba de ubicarlo “lejos de la Revolución”, según Emilio Roig de Leuchsenring “fue el primero de nuestros intelectuales revolucionarios” y para José Martí le calificó “aquel patriota entero que cuando vio incompatible el gobierno de España con el carácter y las necesidades criollas, dijo sin miedo lo que vio y vino a morir cerca de Cuba como pudo”.

Uno de sus biógrafos, Antonio Hernández Travieso, lo llamó “forjador de conciencias” y Gaspar Jorge García Galló acertadamente puntualizaba: “El padre Varela es para nosotros padre no solo porque ejerció esa profesión sacerdotal que limita su paternidad a los creyentes, sino porque es uno de los fundadores de la Patria”.

Fuentes consultadas

Los libros Félix Varela, los orígenes de la ciencia y la conciencia cubanas, de Eduardo Torres Cuevas; Félix Varela, biografía del forjador de la conciencia cubana, de Antonio Hernández Travieso; y el Bosquejo histórico de la Educación en Cuba, de Gaspar Jorge García Galló- Las compilaciones Obras de Félix Varela (edición de 1997) y El Habanero (Universidad de La Habana, 1945)


Pedro Antonio García

 
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