2
Publicado el 23 Febrero, 2018 por Rafael Pérez en Historia
 
 

ÁNGEL FERNÁNDEZ VILA

“Yo le manejé a Fangio aquella noche”

Hace ahora 60 años nuestro entrevistado participó en el espectacular secuestro del campeón mundial de Fórmula Uno. En otros momentos instaló casi 20 imprentas clandestinas, se alzó en la Sierra Maestra y cumplió misiones médico-militares en las guerras de Vietnam y Angola
Ángel Fernández Vila mostró entusiasmado sus archivos. (Foto: ANARAY LORENZO COLLAZO)

Ángel Fernández Vila mostró entusiasmado sus archivos. (Foto: ANARAY LORENZO COLLAZO)

Por RAFAEL PÉREZ VALDÉS

Estamos viviendo una noche sensacional. La fecha: domingo 23 de febrero de 1958. La hora: 10:33. Hace un rato, a las 8:55 p.m., un comando del Movimiento 26 de Julio secuestró, de forma muy espectacular, al automovilista argentino Juan Manuel Fangio, cinco veces campeón mundial de Fórmula Uno. Y, quizás, el deportista más famoso del planeta.

El objetivo es impedir que el dictador Fulgencio Batista trate de demostrar, con otra maniobra publicitaria como la competencia Segundo Gran Premio, que en Cuba no pasa nada. Tienen a Fangio en un apartamento del Vedado. Ahora, en medio ya de búsquedas intensas de los órganos represivos, llega la arriesgada hora de trasladarlo para una casa en Nuevo Vedado.

Faustino Pérez (Ariel), máximo dirigente del 26 en La Habana, y de la Operación Fangio, de la cual es el estratega, imparte ya la orden inaplazable. Lo van a llevar Oscar Lucero (Héctor), jefe de la acción; Manuel Uziel (Ramírez), el que lo sacó a punta de pistola del lobby del hotel Lincoln, y atemorizó a la escolta policial; Arnol Rodríguez (Fernando), al frente en todo el país de la Propaganda; y, al timón, Ángel Fernández Vila (Horacio), responsable provincial de Propaganda de esa organización clandestina. En el Chevrolet verde azuloso de 1954, propiedad del conductor, sientan a Fangio atrás, entre Héctor (a la izquierda) y Ramírez (a la derecha); delante van Fernando y al timón, nuestro entrevistado.

Juan Manuel Fangio en el I Gran Premio de La Habana 1957, el cual ganó, un año antes de su secuestro. (Foto: Autor no identificado)

Juan Manuel Fangio en el I Gran Premio de La Habana 1957, el cual ganó, un año antes de su secuestro. (Foto: Autor no identificado)

Un dato curioso: no tenía una cartera dactilar oficial (o Licencia de Conducción), sino una falsa con otro nombre hecha por el 26, y en realidad no se había sometido a los exámenes establecidos.

Recordando

Horacio tiene hoy 85 años de edad (¡se mantiene todavía trabajado como profesor!). Es médico, coronel retirado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, fundador del Partido Comunista de Cuba (“mi mayor orgullo”). Y aceptó con gusto sumergirse en los recuerdos de lo ocurrido hace ahora seis décadas exactas.

“Yo le manejé a Fangio aquella noche. Cuando salimos, enseguida notamos una búsqueda muy intensa. La policía y los tigres de Masferrer daban vueltas desesperados, con sus automóviles con chapas de la Florida, asomados por las ventanillas, llevando armas largas, ametralladoras, fusiles. Me impresioné un poco. Quería llevarlo lo antes posible. Entonces, para mi sorpresa Fangio me tocó por el hombro, y me dijo: ‘Pues ándele despacio y verá que todo sale bien’. Los cinco, pese a la tensión del momento nos reímos”.

Faustino había dicho: “No podemos perder a ningún compañero, pero al que no puede pasarle nada es a Fangio”, advirtió. Y cuando lo vio le ofreció disculpas más de una vez, le explicó las razones del operativo, la situación del país. “Cuba no está para fiestas”, le afirmó.

La casa se encuentra en Norte No. 42, entonces un barrio de clase media, con una calle en forma de herradura. Las propietarias, Silvina Morán (ya fallecida), y sus hijas Aymée (de 21 años de edad) y Agnes (de 17) se encargaron de convencer a la madre sobre la necesidad de llevarlo ahí.

“En todo momento disfruté de las comodidades que puede ofrecer un hotel”, escribió horas después Fangio. Silvina manifestó una vez: “Esconderlo equivalía a una sentencia de muerte”. Y Agnes, en la casa que permutaron buscando más espacio, en la Víbora, consultada para este trabajo apuntó: “Vivíamos rodeados de batistianos. Logramos convencer a nuestra madre. Si nos descubrían nos mataban a todos”.

Hace pocos días Fernández Vila volvió a la casa de Norte No. 42. (Foto: ANARAY LORENZO COLLAZO)

Hace pocos días Fernández Vila volvió a la casa de Norte No. 42. (Foto: ANARAY LORENZO COLLAZO)

Fernández Vila recordó otros pormenores: “El jefe de la custodia, en aquella casa, fue Marcelo Salado. No porque nos preocupara Fangio, que nunca intento escapar, era un hombre muy pacífico, con gran sentido del humor, y un deportista muy bueno. Más bien era para que no entrara nadie. Si llegaba la Policía aquello iba a ser un carnaval, con consecuencias fatales para todos, aunque siempre pensamos, y tomamos las medidas pertinentes con la seguridad, de que no iban a descubrir el lugar”.

Emocionado

Vienen enseguida otros recuerdos sobre las tareas de Propaganda durante su vida clandestina:

“Lo primero que estudiaba, antes de montar una imprenta, era cómo defendernos o por donde escapar. Nos cogían una y montábamos otra. Las instalábamos en casas alquiladas por compañeros del 26, o en algunos lugares que nos prestaban, como casas de médicos. En la imprenta más grande que tuvimos pusimos en los bajos una carpintería, con compañeros que vinieron de Guantánamo. Uno de ellos era carpintero, el cual se unió a otros dos que teníamos. Estaba ubicada en Tulipán 203, esquina a la Calzada del Cerro. Tenía aire acondicionado, era a prueba de ruidos. Y con una ventana atrás, por el piso alto, que daba a los tejados. Había un registro de la zanja real por el que se salía a una cuadra de allí”.

Así quedó reflejado el secuestro en BOHEMIA.

Así quedó reflejado el secuestro en BOHEMIA.

Y siguió hablando emocionado: “Esa imprenta fue la más segura que tuvimos. Funcionó nueve meses. Teníamos un sistema de aviso eléctrico: un timbrazo si había algún posible peligro, dos si entraba la Policía. Si podíamos, escapábamos, y si no, combatíamos. Contábamos allí con una ametralladora y pistolas. Ese lugar cayó por una colilla tirada por un muchacho impresor del Movimiento que vivía en el local. Por el incendio llegó la Policía y descubrió la imprenta. Era el 8 de septiembre de 1958, día de la Caridad del Cobre. De no ser por la colilla habría estado funcionando cuando triunfó la Revolución”.

Vida dura

Los siete hermanos de Ángel Fernández eran del 26. “Sí, claro, sabíamos del peligro que corríamos al estar dentro de la lucha. Pero nos sentíamos oprimidos, sin futuro, sin dignidad. Los cubanos estábamos abochornados. No se puede olvidar que nuestras escuelas eran muy martianas, nos enseñaban de José Martí, Antonio Maceo, Máximo Gómez y otros patriotas que lucharon por la independencia. Vimos en la lucha una salida. Mi padre, cortador de vidrios, empleado cuando le aparecía el trabajo, le era muy difícil, como único sostén, mantener a aquella numerosa familia. Se vio obligado, en muchos momentos, a entregar nuestras cédulas para ser utilizadas en beneficio de un candidato electoral. Esto era necesario para acceder a algunos servicios municipales: ingreso en un hospital, becas, obtención de una plaza para trabajar, y otros servicios que no estaban al alcance de la gente pobre y honrada”.

Casi no hace pausas y sigue a la carga:

“Sabíamos de la posibilidad de caer presos. Vivíamos con la tensión de ser capturados, que muriéramos resistiendo las torturas a que nos someterían. Si nos sorprendían lo mejor era tirar, para no ser capturados vivos. Cuando yo iba a buscar papeles para la imprenta llevaba debajo de estos la pistola. Si me interceptaban los soltaría y tendría el arma lista para no dejarme apresar”.

Fernández Vila joven. (Foto: Cortesía del entrevistado)

Fernández Vila después del triunfo de la Revolución. (Foto: Cortesía del entrevistado)

Y hablando de papeles: él tenía un nexo muy importante con BOHEMIA. “Un compañero, llamado Delfín, que trabajaba en la revista, nos suministraba los picos de los rollos que dejaba la rotativa, los que mandábamos a cortar y garantizábamos, sin otros riesgos, el papel para nuestra prensa clandestina”.

¿Cómo vivían los clandestinos, se alimentaban, hacían el amor? Eran jóvenes: ¿Cómo se divertían?

“La vida era bastante dura. Casi todos estábamos ya clandestinos. No vivíamos en nuestras casas. Lo fundamental no era tener una compañera, ni una actividad intelectual. Estábamos muy metidos en la lucha. A veces, por poner ejemplos, almorzábamos una papa rellena y de comida un pan con queso crema. En ocasiones, para llamar menos la atención, nos acompañaban muchachas, y de ese roce podía surgir alguna relación amorosa”.

Méritos

Una trayectoria tan larga, y de tanta consagración, es casi imposible de resumir. Aquí van solo algunos puntos…

Fidel redactando la orden para el compañero Fernández Vila (a la derecha) para concentrar a los mercenarios derrotados y dispersos en Playa Girón. (Foto: Cortesía del ENTREVISTADO)

Fidel redactando la orden para el compañero Fernández Vila (a la derecha) para concentrar a los mercenarios derrotados y dispersos en Playa Girón. (Foto: Cortesía del ENTREVISTADO)

Vila fue retenido por los cuerpos represivos de la tiranía en el aeropuerto de Santiago de Cuba. La valiente y decidida conducta de sacerdotes impidió que fuese torturado y asesinado… Tuvo un peso decisivo en la elaboración y creación de periódicos clandestinos… Estuvo con Fidel en Radio Rebelde, en Palma Soriano, cuando el Comandante en Jefe convocó al pueblo a la huelga general revolucionaria… Recuerda una inolvidable conversación con el líder de la Revolución, en septiembre de 1959, en la que este le anuncia la necesidad de desactivar al 26 de Julio, para posibilitar la amplia participación de todas las organizaciones revolucionarias y todo el pueblo en la obra revolucionaria… Cumplió misiones médico-miliares en las guerras de Vietnam y Angola.

Quizás por su consagración a la Revolución Ángel Fernández se demoró en formar una familia. Se casó en 1970, con 39 años de edad. “Yo inicié, según afirma mi esposa, eso que se calificó de titimanía. Ella, Dinorah Álvarez Molina, tenía entonces 23”. Ahora llevan 48 años de matrimonio, tienen un hijo, Ernesto Fernández Álvarez, nombre puesto en honor al Che, y un nieto, llamado Alejandro, por el seudónimo utilizado por Fidel.

A la esposa, matancera de origen campesino, quien fuera especialista del secreto militar en la retaguardia de las FAR, le comentamos la visible educación en el trato de Fernández Vila, el buen carácter, la tranquilidad que emana de él, que era difícil imaginar detrás a alguien con una pistola montando imprentas. Y ella nos aclaró que “estos momentos de calma, tranquilidad, paciencia, son excepciones en él. Viene de una familia muy fuerte y esa característica es hereditaria”. Aceptó darnos una fórmula para lograr un matrimonio tan largo y no habitual en la actualidad: “Llenarse de amor, comprensión y, sobre todo, mucha paciencia”.

En un momento de la entrevista. (Foto: Anaray Lorenzo)

En un momento de la entrevista. (Foto: Anaray Lorenzo)

¿Y qué hace en el tiempo libre?, le preguntamos a nuestro entrevistado. “Me gusta mucho escribir. Y la música clásica, a la cual es un error llamarle culta: las óperas, sinfonías, el ballet. Siempre tengo puesta la emisora CMBF”.

En la actualidad funge, repetimos que con 85 años de edad, como profesor de Medicina del Desastre y Preparación para la Defensa, en la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana.

Regresemos al secuestro

Hasta donde se conoce quedan solo otros tres sobrevivientes de la Operación Fangio: las ya mencionadas hermanas Aymée y Agnes Afont, y Manuel Núñez, único aún vivo de los que estuvieron en el lobby del hotel.

¿Volvió Ángel Fernández Vila a ver a Fangio luego de aquella noche sensacional? Sí, 23 años después, cuando en 1981 el famoso ex campeón visitó La Habana. Y, con su habitual sentido del humor, dijo: “A mí me manejó un jovencito delgado, con peladito alemán, de bigote, por cierto, muy mal chofer”, nos cuenta ahora Horacio también con una sonrisa. “Creo que tenía razón. Yo era un mal chofer”. Pero lo importante, con la policía enloquecida buscándolos, es que lo trasladó con seguridad al lugar orientado.

Momentos significativos en la vida de Ángel Fernández

Fidel, frente a los micrófonos de Radio Rebelde, en Palma Soriano, convocando al pueblo a la huelga general revolucionaria. Fernández Vila es el que aparece a la izquierda de la foto. (Foto: Cortesía del ENTREVISTADO)

Fidel, frente a los micrófonos de Radio Rebelde, en Palma Soriano, convocando al pueblo a la huelga general revolucionaria. Fernández Vila es el que aparece a la izquierda de la foto. (Foto: Cortesía del ENTREVISTADO)

 

-Encuentro con el Comandante Raúl Castro en la comandancia de Mayarí Arriba, en octubre de 1958.

-Participación en el secuestro de Juan Manuel Fangio.

-Conocer a Fidel, en los alrededores de Palma Soriano, cuando el Comandante en Jefe dirigía el minado de los caminos para impedir la llegada de refuerzos de la tiranía.

-La presencia en el momento en que Fidel, subido a un tanque de guerra, en el Helechal, pronuncia una patriótica y valiente alocución a las tropas, que, encabezadas por él, se disponían al asalto de Playa Girón.

-La entrega por el Consejo de Estado, a propuesta del entonces ministro de las FAR, Raúl Castro, de la 2da. Orden por el servicio a la Patria en las FAR, firmada por Fidel.

 

 

 

 “¡Tenemos hombres armados..!
Manuel Núñez (Manolo), quien no pertenecía a la Sección de Propaganda, sino a la de Acción y Sabotaje, es reconocido como el único sobreviviente de los que estuvo aquella noche en el lobby del Lincoln. Tiene 89 años de edad. Vive en Viñales. Y, gracias a la magia del teléfono, nos contó:

“Todos estábamos armados. Mi tarea fue detener al que intentara oponerse, incluida la escolta de Fangio. Gritar… ¡Qué nadie se mueva! ¡Qué nadie salga en cinco minutos! Tenemos hombres armados fuera. ¿Por qué corría peligros así, que me podían costar la vida? Por la terrible situación en Cuba. Un ejemplo personal: la mía fue una de las 13 familias desalojadas en la Finca El Rosario, en Viñales. Había asesinatos, atropellos, falta de libertad”.

 


Rafael Pérez

 
Rafael Pérez