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Publicado el 14 Marzo, 2018 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

CUBA 1878

Cuando la capitulación devino tregua

Con su gesto intransigente en los Mangos de Baraguá, Maceo trastocaba de un golpe la historia nacional y a la vez, salvaba el prestigio de los Hombres del 68

 

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

José Martí calificó a la Protesta entre los más glorioso de la historia de Cuba. (Autor no identificado)

José Martí calificó a la Protesta entre los más glorioso de la historia de Cuba. (Autor no identificado)

En cierta ocasión, Antonio Maceo confesaría a un allegado que cuando supo lo del Pacto del Zanjón, tal noticia le provocó estupor y asombro. No podía comprender que miembros del Gobierno mambí y altos jefes del Ejército Libertador abandonaran la lucha en ese preciso momento, cuando los insurrectos reasumían la iniciativa en Oriente y Las Villas. La propia tropa del mayor general santiaguero había librado exitosos combates en los inicios de 1878, como el del 29 de enero, en el camino de Palma Soriano hacia Victoria, donde al apoderarse de un convoy enemigo se había pertrechado de muchas armas, unos 50 000 cartuchos, víveres y otros efectos, además de bueyes y mulas.

Seis días más tarde, en la Llanada de Juan Mulato, 40 kilómetros al nordeste de Palma Soriano, los insurrectos bajo su mando batieron al batallón de Cazadores de Madrid; luego, en San Ulpiano, lugar también conocido como Arroyo Naranjo, a unos 15 kilómetros al noroeste de Mayarí Arriba, diezmaron a una columna élite en un combate que, iniciado el 6 de febrero, culminó en un rotundo triunfo cubano cuatro mañanas después, por irónica coincidencia, el mismo día en que se capitulaba en el Zanjón. Por su parte, el entonces teniente coronel José Maceo arrollaba a una columna integrista en Tibisial (9 de febrero).

Mientras Ramón Leocadio Bonachea campeaba con su destacamento mambí por tierras espirituanas, en Las Villas las fuerzas de Serafín Sánchez y Carlos Roloff habían detenido la ofensiva española. Como consignara este último en un parte al Gobierno mambí, los independentistas del centro del país podían resistir allí 10 años más.

Antonio Maceo enfáticamente manifestó su oposición al Pacto en el encuentro con Gómez y los dos comisionados. (Autor no identificado)

Antonio Maceo enfáticamente manifestó su oposición al Pacto en el encuentro con Gómez y los dos comisionados. (Autor no identificado)

En opinión de Maceo, avalada por esas victorias, con una estrategia de resistencia, ya ensayada con éxito por los mambises contra el colonialismo español desde la creciente de Valmaseda, se podía vencer a Arsenio Martínez Campos, el militar segoviano que intentaba pacificar a Cuba. Tal estrategia consistía en acciones combativas ininterrumpidas: ataques a pequeñas guarniciones y localidades, hostigamiento a columnas peninsulares en movimiento, asaltos a convoyes. Se imposibilitaba así que la metrópoli concentrara sus fuerzas en una zona determinada y la obligaba a mantener dispersos sus efectivos.

El general Antonio había comprobado, en su experiencia guerrillera de una década, que la ofensiva militar del ejército regular ibérico contra los destacamentos mambises tendía a debilitarse mientras más se prolongaba. El clima y las enfermedades tropicales afectaban sobremanera a los peninsulares y ayudaba a ese debilitamiento. En 10 años de guerra se calcularon en cerca de 100 000 las bajas de las tropas hispanas, no todas ellas en combate.

No es de extrañar que el Titán razonara: “Cuando el general Martínez Campos propone o acepta una transacción o un arreglo, ha sido porque con su experiencia de lo que es una guerra, estaba convencido de que nunca nos vencería por las armas”.

Correspondencia activa

José Maceo arrollaba una columna española en Tibisial

José Maceo arrollaba una columna española en Tibisial

En el encuentro que sostuvo el 18 de febrero con Máximo Gómez y los comisionados Enrique Collazo y Rafael Rodríguez (ver Cuando dejamos caer la espada, BOHEMIA, 2 de febrero de 2018), enviados del llamado Comité del Centro, que había capitulado ante España en el Zanjón, Maceo planteó su inconformidad con el Pacto. Y así se lo hicieron saber estos dos últimos al general Luis de Prendergast, jefe del Estado Mayor del ejército colonialista. En carta enviada por este al comandante general de Bayamo, fechada el 24 de febrero, le comunicaba que el Titán había solicitado una reunión con Martínez Campos, el envío de una constitución española y las supuestas reformas implantadas en Puerto Rico, pues deseaba examinarlas.

Entretanto, Maceo comenzó a trabajar intensamente en la unión de todas las fuerzas independentistas todavía en pie de guerra y opuestas a capitular. El 21 de febrero suscribió y dio curso a tres cartas, una dirigida a Vicente García donde le informaba: “Hoy debo dirigirme al general (Martínez) Campos pidiendo un armisticio o suspensión de hostilidades por cuatro meses, con propósito de investigar la opinión de todo Oriente, avistarme con usted y con otros jefes”. Y le reiteraba al tunero, en caso de que Camagüey y Las Villas “persistieran con lo pactado, nosotros seguiríamos en la convicción (de) que si la paz no es provechosa al país y a los intereses de todos, será indispensable la continuación de la lucha”.

Ramón Leocadio Bonachea, opuesto a toda capitulación, campeaba por tierras espirituanas.

Ramón Leocadio Bonachea, opuesto a toda capitulación, campeaba por tierras espirituanas.

Al brigadier español Bargés, tras agradecerle por la demostración de gratitud y ofrecimientos que había hecho, le escribiría: “Cuanto al último punto de su carta, debo manifestarle que comprendo que sus fuerzas, en el caso que usted cita, serán aglomeradas sobre este departamento, y que por eso las armas no nos favorecerán como otras veces, pero le advierto que a los hombres de mi temple no les arredra ninguna situación por difícil que sea, dejemos pues la cosa al tiempo: el futuro como el pasado será mejor testigo”.

Su último destinatario sería Arsenio Martínez Campos: “Desearía una conferencia con Vuestra Excelencia, la cual no será para acordar nada y sí para saber qué beneficios reportaría a los intereses de nuestra patria hacer la paz sin independencia. La actitud de Las Villas la ignoramos, pero si fuese igual que la del Camagüey, contamos entonces con nuestra rectitud de principios. Conste, pues, que como hombre honrado trataré de llenar mi cometido sin faltar a los compromisos que contraiga con Vuestra Excelencia y los cubanos de la Revolución”.

Martínez Campos le respondió al mambí el 24 de febrero siguiente. Cuatro días después le escribiría al capitán general Joaquín Jovellar: “Maceo pide entrevistarse conmigo y como del 6 al 8 estaré en (Santiago de) Cuba y le veré, como mulato, es de una vanidad extrema, y desea hablarme directamente”.

La entrevista se pactaba para el 15 de marzo.

Baraguá

Baraguá hoy. Las generaciones actuales han sabido preservar este lugar. (Autor JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA).

Baraguá hoy. Las generaciones actuales han sabido preservar este lugar. (Autor JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA).

Si algunos de los lectores quisieran visitar el lugar, deberán dirigirse primero al antiguo poblado de Miranda, donde actualmente muele cañas el complejo agroindustrial Julio Antonio Mella y se halla la capital del municipio de ese mismo nombre. Encontrarán una amplia llanura, en la que en 1878, casi despoblada, frondosos bosques disputaban su territorio a los hatos ganaderos.

Hay que recorrer cerca de 15 kilómetros desde Miranda hasta el poblado de Sabana de Bío y luego torcer a la izquierda por una carretera de unos 10 metros de ancho, que ha sustituido al trillo de centuria y media atrás, entonces roturado por las ruedas de madera de pesadas carretas de bueyes y asediado por una espesa manigua, donde hoy crecen cañaverales.

En un parte al Gobierno mambí, Carlos Roloff le aseguraba que los cubanos podían resistir en la manigua diez años más. (Autor no identificado)

En un parte al Gobierno mambí, Carlos Roloff le aseguraba que los cubanos podían resistir en la manigua diez años más. (Autor no identificado)

Tres kilómetros más tarde aparecerá una arboleda de mangos llamados “de corazón”. Allí, en el sitio que los lugareños identifican como Baraguá y en nuestros días se alza un obelisco, custodiado por una bandera cubana, había levantado campamento el mayor general Antonio Maceo.

La entrevista

El 15 de marzo de 1878 amaneció con una densa neblina que no dejaba divisar el horizonte más allá de diez pasos. Un vigía, encaramado en el árbol más alto para eludirla, gritó: “¡Ya vienen!”. Eran Arsenio Martínez Campos y la comitiva española que lo acompañaba. “¿Cuál de ustedes es el señor Maceo?”, dijo el militar ibérico, con la señalada intención de evidenciar que no les reconocía la beligerancia ni los grados militares a los mambises. “Yo soy el general Maceo”, le rectificó el jefe insurrecto. Ya desde su inicio, aquel encuentro presagiaba el enfrentamiento de dos fuerzas antagónicas: la del Estado español, representada por el rico entorchado del general segoviano; la de la nación cubana, por la humilde chamarreta del mulato cubano.

A Martínez Campos le perseguía la fama de militar capaz y una gran habilidad en la diplomacia y la retórica: en España había puesto fin a una guerra civil de varias generaciones al desarmar, primero en el combate, luego con su verbosidad, a carlistas y facciosos, cualidades que le sirvieron para lograr en la península la paz y el regreso de los Borbones; y en Cuba, el Pacto del Zanjón. Pero esta vez andaba muy mal informado, le habían asegurado que encontraría a un “mulato que era arriero y hoy se cree general”, aunque su fino olfato de político avezado le aconsejaba desconfiar de ese criterio.

En un parte al Gobierno mambí, Carlos Roloff le aseguraba que los cubanos podían resistir en la manigua diez años más. (Autor no identificado)

En un parte al Gobierno mambí, Carlos Roloff le aseguraba que los cubanos podían resistir en la manigua diez años más. (Autor no identificado)

El general español creyó, no obstante, que la única razón de la entrevista en Baraguá era la vanidad del cubano y se dispuso a halagarla. El jefe mambí le atajó a tiempo e igualmente, en voz baja y con un gesto conminatorio, impidió la lectura de las bases del Pacto del Zanjón. En Cuba, le advirtió a su interlocutor, nunca podría haber paz sin independencia ni abolición de la esclavitud, los dos objetivos supremos por los que el pueblo cubano se había lanzado a la lucha armada en 1868.

Fue entonces cuando Martínez Campos comprendió su errónea apreciación. Su verbosidad se estrellaba contra la intransigencia revolucionaria del cubano. Con su gesto, Maceo trastornaba de un golpe la Historia de Cuba y a la vez, salvaba el prestigio de los Hombres del 68. El Zanjón no había puesto fin a la guerra, sino a tan solo una de sus etapas. La capitulación devenía simple tregua. “¿No nos entendemos?”, indagó el español. “No nos entendemos”, replicó el santiaguero. La noticia se propagó por el campamento cubano y un combatiente mambí comenzó a gritar: “El 23 se rompe el corojo”.

Algunas consideraciones

¿Creía realmente Maceo que después del Zanjón era aún posible la continuación de la guerra? Conocedores del optimismo que siempre caracterizó al Titán, no nos atrevemos a dar una respuesta negativa. Pero la Protesta de Baraguá iba mucho más allá de un intento por reavivar en 1878 la contienda independentista.

Tanto en Oriente como en Las Villas los mambises detuvieron la ofensiva española y tomaron la iniciativa. (Autor NO IDENTIFICADO)

Tanto en Oriente como en Las Villas los mambises detuvieron la ofensiva española y tomaron la iniciativa. (Autor NO IDENTIFICADO)

Las indisciplinas y el regionalismo imperantes en el campo mambí llevaron a una parte de los independentistas cubanos al callejón sin salida que fue el Zanjón. Como bien reiteraría José Martí en sus discursos, no nos quitaron la espada en la batalla, simplemente la dejamos caer. Para que en el siglo XIX las nuevas generaciones de cubanos tuvieran fe de nuevo en la lucha armada contra la España colonialista, se requería una conmoción político-ideológica después de aquel febrero capitulador. Esa conmoción la propició Maceo con su gesto intransigente en los históricos Mangos. No por gusto Martí diría de la Protesta de Baraguá que se hallaba entre lo más glorioso de la historia de Cuba.

El general Antonio intentó proseguir la lucha y, por acuerdo de quienes entonces eran sus compañeros en la manigua, marchó para el extranjero en busca de recursos para seguir combatiendo. Ya en tierra extraña conoció que los mambises que permanecían en pie de guerra habían suscrito también la rendición y la contienda había terminado.

Hoy se alza en Baraguá un obelisco, custodiado por una bandera cubana, (Autor: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

Hoy se alza en Baraguá un obelisco, custodiado por una bandera cubana, (Autor: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

En la historiografía actual hay un fuerte debate al respecto. ¿Los compañeros de Maceo lo enviaron al extranjero para poder firmar la paz con España o simplemente para preservar su vida con vistas a una insurrección futura mejor organizada? El autor de este trabajo reconoce que aún no tiene una respuesta bien fundamentada para esas interrogantes.

Después de Baraguá la estatura de Maceo alcanzó alturas míticas de un Héroe Nacional. En 1890, al pernoctar en La Habana, los pepillos de la Acera del Louvre, en su mayoría hijos de la aristocracia criolla, no ocultaron su admiración por el Héroe: montaron guardia en la puerta de su habitación y le custodiaron voluntariamente, pues se rumoraba un posible atentado. Tal actitud inundó de pavor a las autoridades colonialistas que comenzaron a buscar pretextos para expulsar de la Isla al Titán.

Y en 1895, tras su llegada a suelo cubano, esta vez en son de guerra, miles de cubanos se incorporaron al Ejército Libertador que de unos 5 000 antes del desembarco por Duaba, sobrepasaron los 25 000 al propagarse la noticia de su arribo. Para muchos cubanos la presencia de Antonio Maceo en la manigua evidenciaba que la guerra necesaria esta vez se libraría hasta sus últimas consecuencias.

Ese es, de entonces acá, y será siempre el espíritu de Baraguá: no dejar caer la espada ni guardarla mientras que en Cuba peligre la independencia absoluta y la conquistada justicia social para todos, banderas enarboladas por nuestra nacionalidad desde que Carlos Manuel de Céspedes, el 10 de octubre de 1868, convocó con ellas a todo un pueblo a forjar su destino.

Fuentes consultadas

Los libros Antonio Maceo. Apuntes para una historia de su vida, de José Luciano Franco; La Revolución de Yara, de Fernando Figueredo; y La forja de una nación. Despunte y epopeya, de Rolando Rodríguez. Las compilaciones Antonio Maceo. Ideología y Política; El pensamiento vivo de Maceo, de José A. Portuondo; y Vicente García. Leyenda y realidad, de Victor Manuel Marrero. Los textos periodísticos Baraguá, la estrategia de la resistencia (Granma, 1998) y Antonio Maceo. Soldado de la libertad nacional (BOHEMIA, 2013), de Pedro Antonio García.


Pedro Antonio García

 
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