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Publicado el 17 Marzo, 2018 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

BERNABÉ BOZA

Mambí de machete y pluma

Además de batir el cobre a las órdenes de Ignacio Agramonte y Máximo Gómez, consignaba en su diario los acontecimientos trascendentales en los cuales era participante activo
En la guerra del 95 pasó de teniente a general de brigada. (Ilustración: Aurelio)

En la guerra del 95 pasó de teniente a general de brigada. (Ilustración: Aurelio)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Desde la cuna su familia le inculcó ideales independentistas. Primo de Ignacio Agramonte, sus tíos Gerónimo, Manuel y Gregorio participaron en el alzamiento de Las Clavellinas ciando el 4 de noviembre de 1868 los camagüeyanos se lanzaron a la manigua. Del último poco sabemos, incluso tampoco conocemos mucho de Gerónimo, de quien la historiografía nacional no tiene consenso sobre el grado militar que alcanzó en el Ejército Libertador y las circunstancias de su muerte, aunque algunos autores aseguran que acaeció en 1871.

En cuanto a Manuel, tuvo su bautismo de fuego en la acción de Bonilla (28 de noviembre de 1868), fue jefe de la primera brigada de la División Camagüey, en la que luego su primo Ignacio le nombró su segundo al mando. Un decreto del presidente Carlos Manuel de Céspedes (4 de abril de 1870) le otorgó las estrellas de mayor general. Según la tradición, cayó en combate el 18 de mayo de 1871.

Tenía Bernabé Boza poco más de 10 años (había nacido en la ciudad de Camagüey el 11 de abril de 1858), cuando estalló la Guerra del 68. Con parientes muy cercanos en la insurrección y señalado su padre Juan Nepomuceno como desafecto a España, la familia decidió enviarlo a Barcelona a casa de una tía. Luego continuó estudios en los Estados Unidos. Allí conoció la muerte de sus tíos y el fusilamiento de su progenitor, expedicionario del buque Virginius, el 8 de noviembre de 1873.

Regresó a Cuba y con apenas 15 años se incorporó a las fuerzas mambisas en Camagüey. Años después consignaría en un escrito: “Se me destinó al primer escuadrón de caballería Agramonte y al pelotón del cabo Demetrio Mola, un negro de alma pura y hermosa y de vergüenza presente a todas horas”. Con esa tropa participó en varios combates, entre ellos los de Unión de Llanes, Cascorro (1874), La Gertrudis, El Piñalito e Izaguirre; y en Las Villas, en los de Manajanabo, Loma del Jíbaro (Cafetal de González), La Caoba (Manacas), Los Abreu, Santo Domingo y en el ataque a Santa Clara. Terminó la guerra con grado de sargento de primera.

Durante la Tregua Fecunda residió con su familia en la ciudad de Camagüey y alternó su trabajo de secretario de juzgado con la atención a la finca El Consuelo, que había pertenecido a su padre. No más hizo Máximo Gómez llegar a suelo agramontino en junio de 1895 y Boza se incorporó a su tropa, como parte de la cual batió el cobre en Ciego Molina, donde por primera vez los mambises tuvieron que enfrentar el nuevo fusil Máuser de repetición de los españoles. Por el valor desplegado en el combate, el dominicano lo asciende a teniente y lo nombra jefe de su escolta, de la cual le encomendó su reorganización, pues andaba en los preparativos de la invasión a Occidente y deseaba ser acompañado únicamente por hombres resueltos y decididos.

Boza junto con la escolta de Máximo Gómez. (Foto: Autor no identificado)

Boza junto con la escolta de Máximo Gómez. (Foto: Autor no identificado)

Cuentan que días más tarde, Boza se presentó ante su jefe y le dijo: “General, estos hombres nos han de seguir a todas partes, ya había previsto el caso y tengo mi gente preparada para la hora que usted decida marchar”. Y así fue como se evidenció en los combates de Pelayo, Iguará, Mal Tiempo, Calimete, Coliseo, tras los cuales el camagüeyano fue ascendido primeramente a comandante (febrero de 1896) y teniente coronel (mayo siguiente).

Acompañó al Generalísimo en la Campaña de La Reforma (enero de 1897 a enero de 1898) y junto con él cargó al machete en Arroyo Blanco, Juan Criollo, Trilladerita, Santa Teresa (abril de 1897), Marroquí, El Laurel, Las Delicias, Cienaguita, Majagua y Los Hoyos. Desde el 4 de mayo de 1897 había sido nombrado jefe del estado mayor del general en jefe. Asumiendo ese cargo, le impusieron el 6 de agosto de ese año las estrellas de coronel; meses después (26 de junio de 1898), las de general de brigada.

En plena guerra hispano-cubano-norteamericana, Máximo Gómez le envió a los Estados Unidos con el fin de conseguir con la emigración revolucionaria elementos de guerra y víveres que necesitaba para las fuerzas bajo su mando. En la noche del 21 de junio, desde las cercanías de Punta Alegre, puerto ubicado en la costa norte de Camagüey, enrumbó hacia Cayo Hueso, Florida, en un escuálido bote, piloteado por el capitán Daniel Broche.

Llegaron a cayo del Chivo al siguiente día. Pescadores que allí se hallaban les aconsejaron no continuar navegando en tan frágil embarcación, “pues va a haber mucha mar y mucho viento, corriendo mucho peligro”. Boza partió esa misma tarde y dos días después, a la altura de Cárdenas, deshechos por un temporal y a punto de hundirse, los recogió el cañonero estadounidense Incas, que los remolcó hasta Cayo Hueso.

Los emigrados revolucionarios los recibieron con entusiasmo. Pronto organizaron una asamblea, la cual acordó reunir los fondos necesarios. Boza recorrió fábricas de tabaco de la localidad, cuyos trabajadores dieron como aporte un día de salario. Sumado a contribuciones de mayor envergadura hechas por cubanos con mejor situación económica, se recolectó lo suficiente para fletar dos goletas y adquirir un buen surtido de armas y pertrechos.

Con otros 26 patriotas que iban a incorporarse a la manigua, Boza partió al frente de la expedición en la mañana del 6 de agosto. Llevaba para su jefe 27 fusiles, 14 000 tiros, 35 machetes, zapatos, frazadas, monturas y víveres, incluyendo 50 000 libras de tasajo.  Llegaron cinco días más tarde a punta San Juan, en la costa norte de Camagüey.

Al cesar la dominación española, asumió la alcaldía de Santa María del Rosario, cargo que desempeñó con reconocido celo, al decir de sus biógrafos. En las elecciones de 1901, el pueblo de La Habana lo llevó a la Cámara de Representantes. Luego resultó reelecto en 1904 con la segunda mayor votación en la provincia.

Para muchos historiadores, una de las mejores producciones de la llamada literatura de campaña sobre las luchas independentistas cubanas (1868-1878).

Para muchos historiadores, una de las mejores producciones de la llamada literatura de campaña sobre las luchas independentistas cubanas (1868-1878).

Animado por sus antiguos compañeros de lucha, el camagüeyano había comenzado a ordenar por aquellos días sus anotaciones y memorias sobre la Guerra del 95. En 1905 las publicó bajo el título de Mi diario de la guerra y abarcaba lo acaecido hasta 1896. En 1924, su hijo recopiló escritos y documentos inéditos correspondientes al periodo que va desde 1897 hasta la intervención yanqui y le adicionó la correspondencia sostenida con Máximo Gómez. Ricardo Veloso tuvo a su cargo la reedición, en dos tomos. La obra no volvió a publicarse hasta 1974.

Para muchos historiadores, Mi diario de la guerra es una de las mejores producciones de la llamada literatura de campaña sobre las luchas independentistas cubanas (1868-1878). Escrita en un lenguaje sencillo y ameno; sin rebuscamientos, es agradable de leer. Por la información que aporta sobre los hechos de los cuales fue participante activo, acerca de Gómez y otras personalidades relevantes de la época, ha devenido un texto imprescindible dentro de la historiografía nacional.

El 16 de marzo de 1908 falleció el general Bernabé Boza Sánchez. Veinte días antes había escrito: “Esta bandera, digan lo que digan los que nos calumnian y los que nos injurian osadamente, dejará de ondear en Cuba el día en que en ella no queden cubanos, o el día en que les falte a los que tengan la desdicha de sobrevivir a la ignominia, lo único con que el gran Ignacio Agramonte contaba para hacer triunfar la tiranía, y contra la capacidad del fuerte, la causa del derecho y la justicia: la vergüenza”.

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Fuentes consultadas

Los libros Mi diario de la guerra, de Bernabé Boza, y Generales Camagüeyanos, de Gustavo Sed Nieves. El Diccionario enciclopédico de Historia Militar de Cuba. Los textos periodísticos sobre Bernabé Boza de Ricardo Muñoz y Lázaro David Najarro, publicados en las páginas digitales de la Oficina del Historiador de Camagüey y Radio Cadena Agramonte, respectivamente.

 


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García