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Publicado el 18 Marzo, 2018 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

18 de marzo de 1923

Protesta de los 13

Rubén, a quien el Heraldo de Cuba lo describiría al día siguiente como “un muchacho rubio, delgado, escueto, de ojos claros y agudos”, habla en nombre del grupo y acusa a Erasmo Regüeiferos de encubrir “un negocio repelente y torpe”

Rubén Martínez Villena.La sede de la antigua Academia de Ciencias se halla atestada de público.

El Club Femenino de Cuba ha preparado un homenaje a la hoy olvidada escritora uruguaya Paulina Luissi.

Los organizadores del agasajo aseguran la asistencia del secretario de Justicia del corrupto gobierno de Alfredo Zayas, Erasmo Regüeiferos, quien blasonaba de la autoría de una pieza teatral, El sacrificio.

El ministro figura como orador principal del acto.

Cuando la maestra de ceremonias, la escritora cubana Hortensia Lamar, anuncia su turno, Regueiferos marcha lentamente hacia la tribuna.

Quince jóvenes, encabezados por Rubén Martínez Villena (foto) y entre los que se encontraban Juan Marinello, Jorge Mañach y Luis Gómez Wangüemert, se ponen igualmente de pie y avanzan hacia el centro del salón.

El politiquero venal, dicen, exhibe una sonrisa de beatitud, tal vez pensando que los jóvenes van a aclamarlo.

Rubén, a quien el Heraldo de Cuba lo describiría al día siguiente como “un muchacho rubio, delgado, escueto, de ojos claros y agudos”, habla en nombre del grupo y acusa a Erasmo Regüeiferos de encubrir “un negocio repelente y torpe”.

“La concurrencia se estremeció”, escribe el colega que reporta para el Heraldo de Cuba.

Regüeiferos deja caer sus brazos, como un boxeador incapaz de resistir el tren de pelea.

El embajador uruguayo, muy diplomático, simula interesarse en la lectura del programa.

Hortensia Lamar, desconsolada, está a punto de echarse a llorar.

Los quince jóvenes abandonan el salón y se dirigen a la redacción de un periódico en donde entregan un manifiesto, que luego la historia denominaría “Protesta de los Trece”, pues dos de ellos se niegan a suscribirlo.

El gobierno no se cruza de brazos. Se encausa a “los jóvenes protestantes” por el “delito de injurias”.

La movilización popular ataja la represalia.

Desde esta fecha, los intelectuales cubanos, hasta entonces refugiados en la torre de marfil del arte y la literatura, irrumpen en la vida política nacional y comienzan a hacer sentir su impronta. (P.A.G.)


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García