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Publicado el 9 Abril, 2018 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

CUBA, 9 DE ABRIL DE 1958

Audacia previa al golpe final

El pueblo cubano en varias partes del país se lanzó a la Huelga General Revolucionaria, con la decisión de acabar con la tiranía
Armería de la calle Mercaderes, museo hoy. Al no fructificar el asalto a este establecimiento, todo el plan concebido para La Habana Vieja se vino abajo por falta de armas. (Foto:Autor no identificado)

Armería de la calle Mercaderes, museo hoy. Al no fructificar el asalto a este establecimiento, todo el plan concebido para La Habana Vieja se vino abajo por falta de armas. (Foto:Autor no identificado)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Cuenta la tradición oral que en una emisora de radio, el locutor en cabina nada sabía de lo que iba a ocurrir. Acababa de decir por el micrófono: “Verifique su hora, quince minutos para las once de la mañana”, cuando otros trabajadores de la planta lo conminaron a abandonar el lugar. “Vete, que vamos a tomar la emisora, a partir de ahora estamos en huelga”. El locutor abandonó el local y se dirigió hacia el parqueo aledaño en busca de su auto, pero no llegó a él, regresó a la cabina. “Caballeros, yo no soy del Movimiento, pero estoy con ustedes. Me quedo”.

Ajeno a lo que ocurría también, muchos radioyentes se extrañaron cuando, en aquel miércoles, se produjo un extraño silencio en varias emisoras radiales y de pronto, como si se hubieran puesto en cadena, sin previo anuncio, comenzaron a trasmitir una canción de moda: “Ricordati Marcelino, solo pane y solo vino…”. Tras un nuevo silencio, muy breve, las notas iniciales del Himno Invasor preludiaron la arenga: “¡Atención, cubanos! ¡Atención! Es el 26 de Julio llamando a la Huelga General Revolucionaria. Adelante cubanos. Desde este momento comienza en toda Cuba la lucha final que solo terminará con el derrocamiento de la dictadura…”.

Había comenzado la Huelga General Revolucionaria del 9 de Abril de 1958.

Antecedentes

Basándose en la estrategia revolucionaria diseñada años antes por Julio Antonio Mella y Antonio Guiteras, de profunda inspiración martiana, Fidel precisó a la salida de presidio (mayo de 1955) la necesidad de vertebrar un movimiento ajeno a la politiquería para desarrollar la insurrección popular armada, como forma más alta de la lucha de masas.

La primera parte de la estrategia la cumplimentó al constituir el Movimiento 26 de Julio en todo el país. Para desarrollar la insurrección, organizó la expedición del Granma y tras desembarcar en el oriente cubano, fundó el Ejército Rebelde en la Sierra Maestra, el cual ya en marzo de 1958 contaba aparte del Primer Frente, donde radicaba la Comandancia General, con otros dos: el Segundo, en la Sierra Cristal, comandado por Raúl, y el Tercero, en los alrededores de Santiago, comandado por Almeida.

En la tradición revolucionaria cubana, el golpe decisivo a una tiranía se propinaba mediante una Huelga General Revolucionaria. Así se derrocó a la tiranía de Gerardo Machado en 1933. No es de extrañar que en los primeros días de marzo se debatiera sobre este método de lucha en la reunión de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio, celebrada en plena sierra y presidida por Fidel. Allí se aprobó el manifiesto “Al pueblo de Cuba”, el cual consideraba que por el resquebrajamiento visible del régimen y la maduración de la conciencia nacional, la lucha contra la tiranía batistiana había entrado en su fase final.

Consideraba el documento que la acción revolucionaria debía intensificarse progresivamente “hasta desembocar en la huelga que será ordenada en el momento culminante. […] A partir de este instante el país debe considerarse en guerra total contra la tiranía […] La nación entera está dispuesta a ser libre o perecer”.

Fidel suscribió además, desde la Sierra Maestra, con fecha del 14 de marzo de 1958, un llamamiento a los trabajadores cubanos en el que subrayaba que el Frente Obrero Nacional (FON) no era un organismo sectario y todos los compatriotas, independientemente de su militancia política o revolucionaria, tenían el derecho a integrar los Comités de Huelga de los centros laborales. Convocaba el líder de la Revolución: “a cerrar filas tras la consigna de huelga general, lanzarse a la lucha por encima de banderas políticas o rivalidades personales que no deben empañar con actitudes egoístas esta hora hermosa de Cuba”.

El sector radial cumplió

Años después, el locutor que convocó a la lucha, Wilfredo Rodríguez (ya fallecido), entonces responsable del Movimiento 26 de Julio en el sector radial, señalaría: “Previamente existía una organización amplia y sólida entre la gente de radio. Desde mediados de 1955 se inicia la organización dentro del sector y se establecen contactos en CMQ, Circuito Nacional Cubano, Radio Mambí, CMCX Onda Hispano-cubana 1060”.

“Una semana antes –afirma otro participante de la gesta, Paquito Vilalta–, nos reunimos en un apartamento en N y San Lázaro; el día 8, nuevamente… Wilfredo definió que la Huelga era el 9 a las once y que se pasaría un disco, que me fue entregado en Radio Cadena Habana. Se me asignó pasarlo por el Circuito Nacional Cubano (hoy Radio Rebelde) donde trabajaba como operador”. Según el también combatiente Gabriel Palau, “las misiones fueron cumplidas. La grabación salió al aire por CMQ y CMBF… El operador del máster, Manolo Fernández (ya fallecido), que no era del Movimiento, nos ayudó en todo”. Según testimonio de Vilalta, “Abelardo Noa puso el disco en la 1060”.

El pueblo en huelga

A partir de ese momento, se luchó y murió en toda Cuba. En la capital, un grupo de jóvenes asaltó la Armería de la calle Mercaderes. Al fracasar esta acción, todo el plan concebido para La Habana Vieja se vino abajo por falta de armas. En el Cotorro y Guanabacoa los jóvenes derrocharon coraje. En Madruga, mantuvieron el dominio de las calles hasta el día 10.

Sagua la Grande siempre tiene flores para sus héores caídos el 9 de abril. (Foto: Autor no identificado)

Sagua la Grande siempre tiene flores para sus héores caídos el 9 de abril. (Foto: Autor no identificado)

La huelga se extendió a otras provincias. Sagua la Grande fue tomada prácticamente por los revolucionarios. Enrique Hart, a las 11 de la mañana del día 9, asaltó una emisora radial. Hubo acciones de envergadura en Camagüey y Santa Clara. Se logró en Oriente una acertada combinación de las fuerzas guerrilleras y de la clandestinidad, que incluyó el ataque al cuartel de Boniato por las milicias bajo el mando de René Ramos Latour, Daniel. Hubo acciones de apoyo por parte de la Columna I, comandada por Fidel, y en el Segundo Frente, el mismo 9 de abril, Ciro Frías, al frente de su tropa atacó el cuartel de Imías, acción en la que perdió la vida.

A pesar de tanto heroísmo, ya en la tarde del día 9 la huelga fue decreciendo. No se había logrado una correcta coordinación entre las fuerzas revolucionarias, como había orientado Fidel, y sobre todo en La Habana, hubo grandes fallas en la organización, pues nunca aparecieron las armas para todos los combatientes que se movilizaron. Incluso, el paro en el sector del transporte urbano no fue total y varias terminales no secundaron la huelga.

Reconocido por sicarios del tenebroso Esteban Ventura, quienes viajaban en dos autos, Marcelo Salado fue literalmente acribillado a balazos. (Crédito: Autor no identificado)

Reconocido por sicarios del tenebroso Esteban Ventura, quienes viajaban en dos autos, Marcelo Salado fue literalmente acribillado a balazos. (Crédito: Autor no identificado)

Marcelo Salado abandonó el apartamento del edificio Chibás (G y 25, en el Vedado), donde radicaba el Estado Mayor, y fue a ver a los compañeros del Frente Obrero Nacional (FON), acuartelados cerca de allí, a solo dos cuadras, para que le explicaran qué había sucedido en el sector del transporte. Reconocido por sicarios del tenebroso Esteban Ventura, quienes iban en dos automóviles por la calle 25, el joven revolucionario fue literalmente acribillado a balazos. Dicen que, después de arrojarlo en el maletero de uno de los autos, le dieron el tiro de gracia.

El revés

Al atardecer, era evidente que en la capital había fracasado el paro y se cursó la orden de cesar las acciones. Aislada, cuando la huelga agonizaba en casi toda Cuba, la heroica Sagua la Grande fue víctima de la peor de las represiones. En Santiago y Guantánamo siguió desarrollándose la huelga hasta el 13 de abril. En la madrugada del 11 de abril, en una acción de apoyo, tropas del Tercer Frente atacaron el poblado de El Cobre, al que llegaron a tomar. Ocuparon explosivos y municiones, y destruyeron el polvorín provincial.

En el Segundo Frente, a pesar de tener una situación precaria en cuanto a municiones, se produjo el ataque al cuartel de Jamaica en la noche del 12 de abril. Al día siguiente, tropas de esa agrupación guerrillera junto con milicianos urbanos de la zona, asaltan y toman el puesto de la Marina de Guerra y el cuartel de la guardia rural de Caimanera.

La victoria

Apenas 15 días después de los sucesos del 9 de abril, Fidel le escribía a Faustino: “Tengo la más firme esperanza de que en menos de lo que muchos son capaces de imaginar, habremos convertido la derrota en victoria […]. Duros sacrificios tenemos por delante. Nuevos y sensibles claros se harán en las filas de los mejores compañeros, golpes duros nos esperan en cada valor y en cada afecto que se lleve a la muerte. Ciro Frías y Enrique Hart fueron los últimos en la heroica y larga lista. Pero así serán más grandes también los frutos que la patria reciba de una revolución abonada con tanta sangre generosa y más grande la gloria de los que se han sacrificado.

En una acción de apoyo a la huelga en el oriente cubano, cayó en combate Ciro Frías, capitán del Segundo Frente Frank País. (Foto: Autor no identificado)

En una acción de apoyo a la huelga en el oriente cubano, cayó en combate Ciro Frías, capitán del Segundo Frente Frank País. (Foto: Autor no identificado)

“Aquí nos preparamos para afrontar en próximas semanas la ofensiva de la dictadura. Derrotarla es cuestión de vida o muerte. El Movimiento debe estar muy consciente de esta realidad y concentrar su esfuerzo en defender esta trinchera. La moral de nuestra tropa está altísima, estamos seguros de que resistiremos”.

No se equivocaba el líder de la Revolución. A partir del revés de la Huelga del 9 de Abril, la tiranía se envalentonó y con el pretendido plan FF (Fin de Fidel) envió 10 000 soldados a la Sierra para liquidar al movimiento guerrillero. Con solo 300 efectivos el Comandante en Jefe del Ejército Rebelde derrotó la ofensiva batistiana y ya en agosto dos columnas, al mando de Che y Camilo, partían hacia el centro de la Isla.

Cuatro meses más tarde, la tiranía caía descabezada a los pies del pueblo, que con la Huelga General Revolucionaria de enero de 1959 neutralizaba los planes para escamotearle el triunfo.

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Fuentes consultadas

La compilación Semillas de fuego. Los libros 9 de abril. Huelga general revolucionaria, de Manuel Graña, y Sangre derramada en la capital, de Julio Dámaso Abreu, Amaury Ledea y José Alfredo García.


Pedro Antonio García

 
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