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Publicado el 3 Mayo, 2018 por María Victoria Valdés Rodda en Historia
 
 

CASSINGA: 40 AÑOS DE UNA MASACRE

En el firmamento de los héroes

La amistad de Cuba y Namibia se forjó en la lucha por la independencia de África. El valor de los internacionalistas nunca podrá ser olvidado
Una de las fosas comunes de las víctimas de Cassinga./ (Foto: Informante)

Una de las fosas comunes de las víctimas de Cassinga./ (Foto: Informante)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Estremecimiento. Estupor. Indignación. Son los tres estados del alma al mirar una fotografía de la fosa común con los cadáveres de la masacre de Cassinga. Y pensar que antes del vil paso de la aviación sudafricana, los tres mil 68 namibios que habitaban el campamento de refugiados en la provincia de Huila, en el Sur de Angola, se tenían por personas privilegiadas, a salvo del racismo y el odio.

Se cuenta que hasta ese nefasto 4 de mayo de 1978 las niñas y los niños de Cassinga asistían seguros a la escuelita, que las mujeres adecentaban los albergues, que algún que otro anciano se acercaba al almacén en busca de alimento y que en el policlínico un grupo de personas pedía cura para sus males.

Andaban ensimismados en sus faenas habituales cuando un ensordecedor ruido atrajo sus miradas hacia el cielo y ya no hubo tiempo para más nada: bombas de fragmentación, fuego y metralla, les cambió la vida para siempre. Luego, cuando las tropas de internacionalistas cubanos llegaron al lugar recibieron el testimonio de los sobrevivientes quienes relataron cómo las aeronaves les disparaban a mansalva pero, los atacantes no satisfechos con ese festín bárbaro enviaron a 500 paracaidistas con la misión de terminar la tarea; o sea, exterminar a todo ser viviente.

Y uno se sobrecoge ante la fotografía, porque desde la Segunda Guerra mundial no había acontecido nada de tal magnitud. Si bien el ejército sudafricano fue el autor directo de la acción, en segundo plano se escondía el mismo enemigo de los pueblos, el de siempre: el imperialismo. Los asesinos llegados del aire lo hicieron en naves tipo Hércules C-130, de fabricación yanqui.

Entonces, con esa desfachatez característica de los villanos, Estados Unidos intentó, junto con el régimen del apartheid de Sudáfrica, justificar lo que engañosamente llamó “ataque contra una base de guerrilleros de la SWAPO, movimiento de liberación de Namibia”. Para sorpresa de los racistas, una misión del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), había estado en Cassinga días antes del suceso criminal y había comprobado el carácter civil del campamento de refugiados.

Claudia Grace Uushona, fue una de las niñas que corrió aterrorizada hacia una de las márgenes del río y allí esperó un milagro. Imaginó que tal vez vendría algo bueno de ese mismo cielo que minutos antes había teñido la tierra de rojo. No esperó en vano, apenas unas horas más tarde llegaron hombres y mujeres que hablaban un idioma desconocido pero que por los gestos y la acitud solidaria, los apreció como amigos y salvadores: eran los cubanos.

Reproducción de una escena de la masacre de Cassinga. (Jorge Oller, GRANMA)

Reproducción de una escena de la masacre de Cassinga. (Jorge Oller, GRANMA)

Las fuerzas cubanas, establecidas en Chamutete, a 15 kilómetros al sur de Cassinga, fueron alertadas sobre la brutalidad de esas horas y se aprestaron a dar ayuda no sin antes sortear los intensos golpes aéreos de la aviación sudafricana y las minas situadas en el trayecto, todo lo cual se cobró la vida de 16 combatientes internacionalistas, mientras otros 76 resultaron heridos.

Quien años después se convertiría en embajadora de Namibia en Cuba no olvida esa experiencia traumática pero que paradójicamente significó un salto de calidad pues tuvo el privilegio de contarse entre los 600 supervivientes que el Gobierno cubano becó y que estudiaron en la Isla de la Juventud. En 2010 cuando se le confirió la Orden de la Solidaridad, otorgada por el Consejo de Estado, Claudia afirmó ser “un fruto de la Revolución Cubana. A ella debo mi vida. Fui rescatada por los combatientes internacionalistas cubanos cuando Cassinga fue bombardeado por las tropas racistas del apartheid”.

La diplomática namibia le ha solicitado al mundo no olvidar ese 4 de mayo, no solo por sus muertos sino también por los héroes llegados a Angola desde esta Isla caribeña. “Junto a otros niños y niñas, fui trasladada a Cuba, donde me curé, crecí y me eduqué. Y todo se lo debo a la generosidad de él: al Comandante Fidel Castro”, ha repetido más de una vez. “En Cuba aprendí el internacionalismo, la libertad, la solidaridad, y el respeto por los seres humanos; conocí la grandeza de un pueblo humilde y revolucionario, y el altruismo infinito de Fidel, a quien consideramos como un profeta de la justicia y la paz”, expresó.

Internacionalismo

El enemigo se ensañó contra un pueblo que creía abandonado a su suerte. Las cubanas y cubanos, educados en la solidaridad, y con total desinterés y entrega acudieron al socorro de quienes en África intentaban emanciparse. En los años setenta del Siglo XX se libró una guerra dirigida a descuartizar a la República Popular de Angola, se pretendió acabar con una naciente sociedad justa y por derivación con toda aquella ideología libertaria.

La agresión contra Cassinga, al igual que toda la epopeya de Angola, significó una derrota política para Sudáfrica porque impulsó la adopción en la ONU de la Resolución 435, que exigió la independencia de Namibia. No por gusto la gran prensa occidental silencia efemérides como la de Cassinga y cuando se decide a repasar ese acontecimiento lo hace desde el insulto y la tergiversación. De ahí que hayan sido tan significativas las palabras de Hage Gottfried Geingob, presidente de la República de Namibia en honor a Fidel, en el acto de reafirmación, acontecido en la Plaza de la Revolución José Martí el 30 de noviembre de 2016.

Hage Gottfried Geingob, presidente de la República de Namibia, el 30 de noviembre de 2016, y ante el pueblo cubano en la Plaza de la Revolución, muestra su gratitud a Fidel.

Hage Gottfried Geingob, presidente de la República de Namibia, el 30 de noviembre de 2016, y ante el pueblo cubano en la Plaza de la Revolución, muestra su gratitud a Fidel.

Geingob le hizo a la multitud congregada una pregunta esencial: “¿Cuál es el precio de la libertad? ¿Cuál es el costo de liberar una nación? ¿Cuánto pagar cuando alguien ha luchado por ustedes, cuando otros entonces eran aliados de su enemigo? La lucha de Fidel nunca fue para buscar un beneficio económico, sino para ayudar a los países oprimidos. Y es por ello que estamos aquí. Estamos aquí para saludar y despedir a un compañero que siempre estuvo al lado de nosotros, y cuya pérdida jamás podrá ser reparada”.

El estadista africano destacó el sentido del momento histórico al evocar los acontecimientos: “Cuba ayudó a Angola y a Namibia en la lucha en contra del apartheid de Sudáfrica. Las fuerzas de SWAPO también entraron en Namibia y estuvieron en Angola, y fue allí donde las fuerzas racistas de Sudáfrica lanzaron un ataque contra una población indefensa. Y fueron las fuerzas cubanas las que vinieron a rescatar a aquellas personas. Fue en esa lucha en que los cubanos ofrendaron sus vidas y también perdieron extremidades. Después de esa matanza, Cuba fue el primer país que abrió sus escuelas en la Isla de la Juventud para educar allí a tres mil estudiantes que fueron sobrevivientes de la matanza de Cassinga”.

Su mensaje estuvo cargado de emociones la que se extendió al auditorio dolido ante la partida física de su líder aunque reconfortado por la gratitud del presidente namibio: “Fidel envió miles de tropas a Angola y a Namibia para liberar a estos países de la opresión de Sudáfrica. Cuito Cuanavale fue un hito en la historia del África Austral. Y especialmente, esta batalla también propició la puesta en práctica de la Resolución 435 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y ello condujo entonces a la independencia de Namibia en 1990”.

Falló el intento del régimen de Sudáfrica por mantener su dominio colonial en Namibia y continuar saqueando sus recursos naturales, se impuso el internacionalismo. Desde entonces Cassinga es una brújula si se quiere hablar de compañerismo: es una estrella de luz en el firmamento de los héroes.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda