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Publicado el 20 Mayo, 2018 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

CUBA 1958

Héroes del llano

Oscar Lucero, Gregorio Arlés Mañalich y Gustavo Ameijeiras lucharon y murieron heroicamente en la capital por la libertad de la patria
Edificio de la calle 13 casi esquina a Paseo, donde fuera apresado Oscar Lucero. (Foto: LEYVA BENÍTEZ)

Edificio de la calle 13 casi esquina a Paseo, donde fuera apresado Oscar Lucero. (Foto: LEYVA BENÍTEZ)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Soñaba con ser abogado. Para no ser una carga en su familia, trabajaba de noche en el central Miranda, hoy Julio Antonio Mella, donde había nacido en 1928, y con pocas horas de sueño, viajaba a la mañana siguiente a Santiago de Cuba, pues había matriculado Derecho en la Universidad de Oriente. Oscar Lucero Moya soñaba también con fundar una familia, pero sus sueños se vieron interrumpidos con la usurpación del poder por Fulgencio Batista y su camarilla, quienes implantaron una feroz tiranía en el país.

Comprendió que solo mediante la lucha armada podría derrocarse la dictadura e ingresó en el Movimiento 26 de Julio, en el cual asumió importantes responsabilidades. Su antiguo condiscípulo Frank País lo designó jefe de la organización en Miranda y junto con René Ramos Latour, Daniel, y otros compañeros, le encomendó a inicios de 1957 la creación de un frente guerrillero en el noreste oriental, operación que no fructificó entonces. Tuvo que pasar a la clandestinidad y adoptar diversos seudónimos.

Lo enviaron a Holguín a reorganizar en esa urbe el Movimiento y a preparar el ajusticiamiento de Fermín Cowley, el jefe militar de esa región que ordenó y dirigió personalmente los asesinatos ocurridos durante las Pascuas Sangrientas y la masacre de los expedicionarios del Corynthia. Renán Ricardo, su amigo de la adolescencia y posteriormente, su principal biógrafo, lo encontró en una reunión del Movimiento, donde se lo presentaron bajo otro nombre como el nuevo coordinador. Lucero le llamó aparte y tras saludarlo con alegría, le advirtió: ‘Nadie debe saber quién soy, ni tus familiares más allegados, olvídate de Oscar, ahora soy Omar Sánchez”.

Oscar Lucero, en 22 días de torturas, no pronunció palabra alguna que comprometiera al Movimiento. (AUTOR NO IDENTIFICADO)

Oscar Lucero, en 22 días de torturas, no pronunció palabra alguna que comprometiera al Movimiento. (AUTOR NO IDENTIFICADO)

En La Habana estuvo entre los organizadores del secuestro a Fangio e integró el Estado Mayor de la huelga del 9 de abril. Entretanto, la Policía batistiana ya sabía de la identidad usada en Holguín y de su otro nombre de guerra, Narciso Montejo, pero desconocía que como Noel González y Héctor García realizaba su actividad revolucionaria en la capital.

El 27 de abril de 1958, los sicarios de la tiranía irrumpieron en un apartamento de los bajos del edificio de la calle 13, casi esquina a Paseo. Un joven alto, de unos seis pies de estatura, pelo castaño, ojos claros, de complexión delgada, se les identificó como Noel González. También se hallaba allí Emma Montenegro, una de las participantes del secuestro a Fangio. Los esbirros iban a abandonar el lugar sin detener a nadie, pero un traidor del Movimiento, que estaba entre los uniformados, insistió en que aquel joven era Oscar Lucero.

Tiempo después, Emma Montenegro escribiría para BOHEMIA: “Íbamos los dos para el Buró de Investigaciones –él, sin duda lo sabía, hacia la muerte–, y me daba palmaditas para animarme, tan cálido y dulce, con sus hermosos ojos llenos de tristeza, como el que conoce su destino y lo acepta orgullosamente”.

Alex, un guerrillero urbano

Gregorio Arlés Mañalich, junto con René O. Reiné y Héctor Ravelo, estuvo entre quienes organizaron el Movimiento 26 de Julio en el territorio que actualmente ocupa la provincia de Mayabeque. Oriundo de Melena del Sur, supo en carne propia lo que era la miseria del campesinado. Desde pequeño trabajó en la siembra, limpia y el corte de caña. Según testimonio de la madre, nunca le pagaron con dinero, sino que le daban un vale. “Muchas veces sus hermanos comieron de lo que podíamos conseguir en la bodega con ese vale”.

Gregorio Arlés Mañalich, el Alex de la clandestinidad. (: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Gregorio Arlés Mañalich, el Alex de la clandestinidad. (AUTOR NO IDENTIFICADO)

Por sus actividades antibatistianas fue apresado en más de una ocasión. Sufrió prisión en el Castillo del Príncipe y de allí escapó en una fuga de leyenda, organizada por Sergio González el Curita. Al pasar a la total clandestinidad, nacía Alex, el guerrillero urbano.

Se incorporó a la brigada juvenil de Lawton, fundada por Gerardo Abreu Fontán, quien había designado a Alberto Rodríguez Sarría el Morito, para comandarla. Como integrante de ella, participó en varias acciones, como la del paradero de la ruta 79. Sus compañeros solían recordar a Arlés en la Huelga del 9 de Abril, “alto y corpulento, recorriendo la calle Muralla para exigir de los propietarios el cierre de los establecimientos”.

En los días posteriores a la huelga, Alex y el Morito hallaron refugio en un cuartico de la calle Virtudes, que supuestamente solo ellos conocían. Cierto testimonio asegura haber visto a Rodríguez Sarría por Lawton el 19 de mayo de 1958. Otra versión asevera que a ambos jóvenes los apresaron juntos ese día en la habitación que habían alquilado. Arlés estaba de celebración, cumplía entonces 24. Alberto había festejado sus 22 cuatro días antes.

A Alex lo arrojaron, ya cadáver, en un parque de Marianao. Una escueta nota en los diarios sobre unos restos aparecidos, daba su descripción con tanta exactitud que alarmó a familiares y compañeros. En un principio la Policía alegaba no haberlo identificado. Luego sus padres tuvieron que rendirse ante la terrible evidencia.

Un héroe del pueblo

Todos aquellos a quienes el redactor de este trabajo entrevistó acerca de Gustavo Ameijeiras, coincidieron en afirmar que él era un hombre de armas tomar. Estando todavía Fidel preso en Isla de Pinos, había problemas con la distribución de La historia me absolverá por toda la isla, una vez que Haydée Santamaría, Melba Hernández y un grupo de entusiastas revolucionarios habían logrado imprimir miles de ejemplares.

Gustavo, el mayor de los Ameijeiras, mientras era fichado por la Policía batistiana. (AUTOR NO IDENTIFICADO)

Gustavo, el mayor de los Ameijeiras, mientras era fichado por la Policía batistiana. (AUTOR NO IDENTIFICADO)

Gustavo solo pidió cinco pesos para echar gasolina a un auto que pidió prestado. Acompañado de Santiago Terry, llegó a Santa Clara, entonces solo existía la Carretera Central, y allí contactó con algunos ortodoxos amigos que contribuyeron a pagar el combustible hasta Camagüey. De ciudad en ciudad, tocando de puerta en puerta, anduvieron por toda la geografía nacional y ejemplares de La historia me absolverá llegaron hasta los rincones más apartados.

Nacido en Chaparra, Puerto Padre, el 8 de octubre de 1920, era el mayor de los Ameijeiras. Juan Manuel Mel, el menor, había sido asesinado tras el asalto al Moncada; Machaco y Nene se destacaron como combatientes clandestinos en la capital; Efigenio integró la expedición del Granma, estuvo entre los fundadores del Ejército Rebelde en el encuentro de Cinco Palmas y luego se desempeñó como comandante en el II Frente Frank País.

Militante de la Juventud Ortodoxa junto con Fidel y Abel, Gustavo se enfrentó al batistato desde sus inicios. Cuando supo que su hermano Mel estaba entre los atacantes al cuartel Moncada, marchó a Santiago a indagar sobre su suerte. Esto por poco le cuesta la vida, pues los batistianos le confundieron con uno de los asaltantes. Absuelto en el juicio por no haber pruebas de su participación en los hechos, regresó a La Habana entusiasmado con la estrategia revolucionaria de Fidel.

Por sus actividades sufrió detenciones y cárcel más de una vez. A la salida de la prisión, el Curita lo convenció de que era necesaria su presencia en La Habana para la Huelga del 9 de abril. Al fracasar esta, reinició sus gestiones para incorporarse al Ejército Rebelde. Según ciertos testimonios, con ese fin partió hacia Santiago de Cuba, acompañado de otro combatiente, Julio César González. Nunca pudieron llegar a la Sierra. Detenidos en Santiago, los remitieron al Servicio de Inteligencia Militar (SIM) en La Habana.

La combatiente Ana Cruz coincidió con Gustavo en los calabozos del SIM. Lo vio por última vez en un cubículo, maltratado por los golpes. Ella fue enviada a los tribunales el 14 de mayo. Nada más supo de él.

 

Retrospectiva desde el tercer milenio

Nunca aparecieron los restos de el Morito. Ni los de Gustavo y Julio César. Como solía decir en casos similares la combatiente y profesora universitaria Dolores Nieves Loly, se perdieron en la noche y en la niebla. Nadie supo cómo fueron sus últimos instantes, pero el hecho de que ningún compañero fuera detenido después, habla de la entereza con que enfrentaron a sus verdugos.

En ciertos medios de comunicación apareció una información el 19 de mayo de 1958 sobre la muerte de Oscar Lucero en un enfrentamiento con la Policía. Esta se negó a entregarle el cadáver a sus familiares. Al triunfo de la Revolución circularon dos versiones. En una de ellas, se afirmaba que después de 20 días de torturas en el Buró de Investigaciones (BI), Lucero había sido trasladado a la sede del SIM, de donde lo desaparecieron. La otra versión mencionaba el hallazgo de una grabación de los interrogatorios a Lucero la cual demostraba que no había pronunciado palabra alguna que comprometiera al Movimiento.

Rosa Lucero, hermana de Oscar, en una entrevista que le hiciera Renán Ricardo para su libro El Héroe del silencio, declara que ella y su cuñada Blanquita vieron en el calabozo número 6 de la sede del SIM un letrero escrito “con algo duro, romo y sanguinolento” que rezaba: “Aún vivo. 18 de mayo. Oscar”. Sin embargo, en un taller testimonial celebrado en el anfiteatro Sanguily de la Universidad de La Habana, varios combatientes manifestaron que donde ellos vieron esa inscripción fue en las mazmorras del BI.

Un acucioso investigador del movimiento clandestino en la capital, el también combatiente Julio Dámaso Abreu, declaró a BOHEMIA que no existe evidencia documental ni testimonio alguno que atestigüe el traslado de Lucero a la sede del SIM. “No es lógico, debido a las grandes contradicciones entre ambas instituciones, que una de ellas le hubiera cedido a la otra alguien tan importante cuya confesión hubiera significado grandes méritos ante los ojos del dictador”.

Han pasado 60 años. Traidores y sicarios permanecen olvidados. Estos héroes del llano, entretanto, son recordados en comités de defensa que llevan su nombre, escuelas, centros económicos, incluso una universidad y un central azucarero. La sede del SIM es ahora un policlínico. En donde estaba el Buró de Investigaciones hay un parque, el hueco de la escalera de entrada a los calabozos ha sido tapiada con una gran puerta de metal, oculta por tres pies de arena; encima, en columpios y otros aparatos, juegan despreocupadamente los niños. Y donde antes estaba la oficina de un alto oficial batistiano que ordenaba torturas y asesinatos, hoy crece un framboyán.

 

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Fuentes consultadas

La compilación Semillas de fuego. Compilación sobre la lucha clandestina en la capital, de la Sección de Historia del Partido en la ciudad de La Habana. Los libros El Héroe del silencio, de Renán Ricardo, y Sangre derramada en la capital, de Julio Dámaso Abreu, Amaury Ledea y José Alfredo García. El texto periodístico Mayo de crímenes y desapariciones (BOHEMIA, 2013)


Pedro Antonio García

 
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