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Publicado el 21 Mayo, 2018 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

Paulina Pedroso

Fallece el 21 de mayo de 1913. Cumpliendo sus deseos expresos, le colocan sobre su pecho una bandera cubana y aquel retrato de Martí que él le había regalado en 1892 con una conmovedora dedicatoria

Paulina Pedroso.José Martí solía decir que no podía dejar de recordarla “sin que sienta como una sonrisa el corazón”.

Ella, por su parte, escribe tras la muerte del Apóstol: “Martí! Te quise como madre, te reverencio como cubana, te idolatro como precursor de nuestra libertad, te lloro como mártir de la Patria”.

Su verdadero nombre es Paulina Hernández y nace en la zona de Piloto, Consolación del Sur, el 10 de mayo de 1855, según el registro bautismal de esa localidad.

De ascendencia carabalí, sus padres son esclavos, aunque su biógrafa principal, Josefina Toledo, asegura que su madre le compra la libertad al nacer.

Sobre sus años en Cuba, incluso sobre su vida en Norteamérica, se dispone de muy pocos datos.

Emigra a Estados Unidos en la década de 1880 junto con su esposo, Ruperto Pedroso, de quien toma el apellido.

Al establecerse en Tampa, trabaja como despalilladora ocasional, lectora de tabaquería, cocinera y costurera.

Dicen que componía lindas canciones, pero no han llegado hasta nosotros. Martí, a quien conoce desde 1891, alienta mucho esa última inclinación suya enviándole textos de apreciación musical.

A finales del año siguiente, cuando atentan contra la vida del Héroe Nacional por envenenamiento, Paulina lo lleva para su casa. Durante la convalecencia se convierte en su enfermera y, junto con Ruperto, devienen sus custodios.

cuando atentan contra la vida del Héroe Nacional por envenenamiento, Paulina lo lleva para su casa. Durante la convalecencia se convierte en su enfermera y, junto con Ruperto, devienen sus custodios

Ella y su esposo hipotecan sus bienes con el fin de comprar armas para la guerra necesaria.

En una reunión de emigrados revolucionarios, cuando Paulina aprecia tibieza en algunos a la hora de recoger dinero para la Revolución, exclama: “Si alguno no tiene calzones y los necesita, les puedo prestar los míos, porque yo sí tengo”.

Regresa a Cuba ya instaurada la república neocolonial y alquila una modesta casa en La Habana.

Ciega, sumida en la miseria, los desgobiernos de turno le niegan una pensión.

Fallece el 21 de mayo de 1913. Cumpliendo sus deseos expresos, le colocan sobre su pecho una bandera cubana y aquel retrato de Martí que él le había regalado en 1892 con una conmovedora dedicatoria. (P.A.G.)


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García