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Publicado el 1 Junio, 2018 por Redaccion Cultura e Historia en Historia
 
 

JUSTO GERMÁN

El primer mártir de los Maceo-Grajales

Conspirador y combatiente mambí. Siguió el dictado del deber patriótico que se impuso su familia y ofrendó su vida por la independencia de la patria

Por JOEL MOURLOT MERCADERES *

Así vio un dibujante cubano el fusilamiento de Justo Germán, tras caer prisioneros del Ejército colonialista. (Crédito: Autor no identificado)

Así vio un dibujante cubano el fusilamiento de Justo Germán, tras caer prisioneros del Ejército colonialista. (Crédito: Autor no identificado)

Todos juntos en la guerra. Aunque parezca recurrir a una verdad consabida, resulta pertinente decirlo: cada vez que se examina la vida de los Maceo Grajales, o se visualiza aisladamente la de cada uno de sus miembros, salta a la vista algo verdaderamente impresionante: todos los hijos de Mariana fueron íntegros; todos, patriotas; todos, héroes sin cuento; todos, en fin, hombres de bien. Es decir, ya no se trata solo de los exponentes más relevantes y reconocidos de aquella estirpe gloriosa; dígase: de Antonio, José, Rafael, o Miguel, Julio, José Tomás y Marcos, sino, incluso, los casos de Felipe, el primogénito, y de Fermín –los dos que, hacia 1868, habían sobrevivido de la unión de Mariana con Fructuoso Regüeiferos Hechavarría–; así como, además, los de María Baldomera y Dominga de la Calzada.

Tal valoración comprende, en efecto, a todos ellos; pero también, claro está, a Justo Germán, el conspirador, el combatiente mambí y el primer mártir de esta extraordinaria familia cubana.

Un testimonio muy valioso

Cualquiera que se asome a la vida de aquellos muchachos menestrales, vecinos del cuartón Majaguabo, en San Luis, puede notar que hay, sin duda, una perfecta simetría en cada una de sus respectivas biografías, lo mismo en cuanto a las virtudes en las cuales fueron formados, que en relación con el ejercicio que todos hicieron de ellas; tanto por el camino que, con mucho esfuerzo, sobrado heroísmo y crecida devoción patriótica todos transitaron, como también por la progresión, grado a grado, para alcanzar la oficialidad mambisa y, más aún: hasta lograr la gloria.

Se aprecia entonces que no es nada casual –como tampoco sorprendente– que, en el último trimestre de 1868, cuando Cuba se halló en aquella encrucijada decisiva de su destino, los vástagos de Mariana –o dígase también: los entenados y los hijos de Marcos Maceo– constituyeran, desde el final de la etapa conspirativa y los primeros instantes de la desatada insurrección independentista y abolicionista, la parte esencial de una de las legiones rebeldes más auténticas, más bizarras y más prometedoras de cuantas fueron pioneras de aquel movimiento revolucionario comenzado por Carlos Manuel de Céspedes el 10 de Octubre.

Todos los hijos de Mariana fueron íntegros; patriotas; héroes sin cuento. (Crédito: Autor no identificado)

Todos los hijos de Mariana fueron íntegros; patriotas; héroes sin cuento. (Crédito: Autor no identificado)

Protagonista de tan interesantes episodios de la familia con respecto a los orígenes de esta en la insurrección del 68, María Cabrales, la esposa y compañera de Antonio Maceo, ha dejado el testimonio de aquellos iniciales capítulos revolucionarios de la familia Maceo Grajales, al escribir: “En Septiembre del 68, supo Marcos Maceo, que un movimiento revolucionario se preparaba, para librar la patria del tirano. Él tenía otra finca llamada La Esperanza. Esta finca estaba al resguardo del camino y por consiguiente, a salvo de las miradas de los transeúntes y delatores. En esta vivíamos Antonio y yo, y para hacer ellos sus preparativos revolucionarios, sin ser vistos ni de la misma familia, dispuso él [Antonio] que yo me pasara donde la madre, que estaba en la otra finca llamada Granada y que después se conoce con el nombre de La Delicia; quedó La Esperanza […] expedita, y allí se reunían en horas avanzadas de la noche, y con todo el sigilo necesario, organizábanse, para esperar al primer Jefe [insurrecto] que por allí debía ir.

“Entre los muchos nombres de quienes concurrían a esas citas subversivas –conforme con la lista de los primeros miembros de la legión alzada en armas en Majaguabo, Enramadas y Jutinicú– estaban el de Marcos, los de sus ocho descendientes mayores e hijastros, los de sus dos hijos políticos, los de varios sobrinos de Mariana, de cuñados y concuños de Antonio; otros parientes y amigos cercanos, y por supuesto, él, Justo Germán”.

Y continúa María su recuento: “No sé de qué modo, cómo, ni cuándo, se incorporaron al primero [de los jefes rebeldes] que fue Don Juan B. Rondón, y el 25 de octubre por la noche, se nos aparece[n] Antonio y Miguel, con el Sr. mencionado, y nos dice: ‘¿Conocen Vdes. [a] este Sr?’ Contestamos afirmativamente. (Los españoles intencionadamente hacían correr la propaganda, de que en Bayamo se habían presentado [sic] una gran partida de bandidos y nosotros le temíamos mucho, y de ahí que nos preguntara si conocíamos a Rondón).

“Mientras esto pasaba, el resto de la partida que ya se componía de más de 400 hombres, avanzaba lentamente para darnos la sorpresa y nos dice: estos son el jefe y los salteadores que Vdes. temían tanto. Convencidos de que no había tales salteadores y sí existían muchos hombres decididos a defender la patria, sentimos gran satisfacción y la vieja Mariana, rebosando de alegría, entra en su cuarto, coge un crucifijo que tenía, y dice: de rodillas todos, padres e hijos, delante de Cristo, que fue el primer hombre liberal que vino al mundo, juremos libertar la Patria o morir por ella”.

Después de este juramento –que se me antoja equivalente al de las madres espartanas que despedían a sus hijos para la guerra con aquel estremecedor lema de “Con el escudo o sobre el escudo”–, aquella resuelta familia dejó atrás todo lo que tenía, y se alistó al Ejército Libertador: Antonio, José, Miguel, Rafael, Felipe, Julio y Fermín, quedando el padre, con Tomás de ocho años [11, realmente] y Marcos de 6 [de 8, en verdad] para ocultar la familia en la montaña.

Por supuesto, entre aquellos que partieron a la manigua redentora, también estaba otro de los hijos naturales de Mariana Grajales: Justo Germán –cual lo relaciona María en su importante narración–, quien ha sido, sin duda, uno de los miembros más desconocidos de ese prodigioso linaje. Mas, ¿quién era este Justo Germán Grajales que tantos cubanos desconocen, o del que solo han oído mencionar su nombre? No hay, hasta hoy día, un yacimiento de datos que faciliten la construcción de una biografía de este, el cuarto hijo de Mariana. Sin embargo, la búsqueda va arrojando algunas luces, que hoy hacen posible, al menos, sacarlo de la sombra absoluta, con algunos apuntes iniciales para una futura historia de su vida.

Tres partidas, un error común y varios indicios reveladores

Todos los biógrafos de Mariana Grajales y de los Maceo incluyen a Justo como uno de los hijos tenidos por esta gran mujer en su primer matrimonio con el ya mencionado Regüeiferos; pero de la falsedad de tal aserto da cuenta absoluta su partida bautismal, hallada por este autor, y la cual reza así: “Año del Señor de mil ochocientos cuarenta y tres en veinte de agosto. Yo D. Andrés Ma. González, comisionado por el S. Cura Pbro. José Tomás Chamorro puse óleo y crisma a un niño que nació el veinte y ocho de mayo último a quien puse por nombre Justo Germán, hijo natural de Mariana Grajales. Abuelos maternos José Grajales y Teresa Cuello. Padrinos Ramón Cabrales y Narcisa Arias (Arce debe ser y no Arias: la mujer de Marcelino Grajales Cuello), todos pardos libres […] Andrés Ma. González. (Libro 5. bautismos de Pardos. y Morenos. Parroquia San Nicolás de Morón; Stgo de Cuba).

María Cabrales, como esposa y compañera del mayor general Antonio, fue testigo y participante de la incorporación de la familia Maceo-Grajales a la insurrección del 68. (Crédito: Autor no identificado)

María Cabrales, como esposa y compañera del mayor general Antonio, fue testigo y participante de la incorporación de la familia Maceo-Grajales a la insurrección del 68. (Crédito: Autor no identificado)

Ahora bien, por encima de su condición de hijo natural –en definitiva, lo fueron igualmente Antonio, José y Rafael, porque Marcos no los reconoció nunca como hijos legítimos–, la cercanía del nacimiento de Justo con la concepción por Mariana de Antonio de la Caridad, parece indicar que Justo Germán es el primero de los habidos en su unión con Marcos Maceo; a lo cual apuntan, asimismo, algunos otros hechos –no demostrativos, ciertamente, pero sí indiciosos en tal sentido–, y que alimentan, pues, la presunción de la paternidad de este con respecto a Justo Germán. Por ejemplo: son varias las fuentes que aseveran que el veterano granadero del batallón de pardos –devenido entonces propietario de algunas parcelas, primero en Morón de Palencia; más tarde en Majaguabo–, posesionó a Justo en uno de esos terrenos suyos para que lo cultivara; una deferencia que –no es ocioso advertir– no tuvo con ninguno de los Regüeiferos Grajales. Es más –según José Luciano Franco, en 1862–, Marcos encargó a Antonio, con 17 años de edad, la administración de las ventas de las cosechas en el comercio de Santiago de Cuba, y a su hermano Justo, dos años mayor que este, “inteligente y bien dispuesto, y mejor compañero”, para que compartiera con Antonio las peripecias y responsabilidades de los negocios y traslados de los frutos.

Tiene sentido esto dicho por Franco, pues, siendo como era Justo un muchacho iletrado, y Antonio, por el contrario, un mozalbete con cierto grado de instrucción, parece lógico pensar que Marcos quiso buscar la complementación de ambos, formando una dupla para tales casos; como también para operar el arria de mulos que el propio Marcos poseía.

Otro hecho que apunta hacia una posible paternidad de Marcos en relación con Justo es su asistencia al matrimonio de este en calidad de testigo, tal y como lo hizo en el de su hija Maria Baldomera –el mismo día y en la misma parroquia–; es decir, testigo de ambas bodas, conjuntamente con las respectivas madres de los otros dos contrayentes; rol que –conforme con lo habitual en la zona y en la época– solían compartir, sobre todo, los progenitores de los prometidos.

La partida de aquella boda, inscripta en el archivo de la citada parroquia de San Nicolás de Morón, dice lo siguiente: “Año del Señor de Mil Ochocientos Sesenta y cuatro en veinte seis de Octubre Yo el Pbro D José Tomás Chamorro Cura Rect por S.M. de la Stma. Iglesia Parroquial d San Nicolás de Morón previas información extrajudicial de estilo de [la] que no resultó impedimento alguno canónigo licencia de sus mayores presentadas las partidas baptismales (sic) corridas las tres proclamas que dispone el Sto. Concilio de Triento en tres días festivos […] confesados y comulgados constándome el mutuo consentimiento por palabra de presente, casé y velé en facie Ecce a Justo Grajales, hijo natural de Mariana, con Tomasa de la O, hija natural de María Dolores de la O. Testigos presentes Marcos Maceo y Dolores de León [de la O], y para que conste lo firmo […]”. A renglón seguido, aparece el registro de boda de Baldomera y Magín [Rizo] Nicolarde, “hijo natural de Antonia […] Testigos Marcos Maceo y Antonia Nicolarde […]”. (Libro 2 de matrimonio de pardos y morenos, folio 195, partida n. 15).

La simultaneidad de esos sucesos –y es algo que no puede desconocerse en relación con Justo Germán–, en todo caso, señala una marcada proximidad de este no solo con Marcos, como su presunto padre, sino igual con sus hermanos Maceo Grajales; en esta ocasión, con Baldomera; pero que se verá otra vez con respecto a Antonio, casi cinco meses y medio después de las señaladas nupcias de Justo y Tomasa.

Casi medio año después, a esta pareja le nació un hijo varón, cuyas generales han quedado registradas en esta otra anotación eclesiástica: “En dieciséis de Febrero de Mil Ochocientos Sesenta y Seis Yo el Pbro Andrés Ramírez Cobo Tte cura de la parroquia de la Stma. Trinidad de la ciudad de Santiago de Cuba, bauticé solemnemente a un párvulo que nació el día 6 de abril del año pasado. Le puse por nombre José Dolores, hijo legítimo de Justo Grajales y de Ma Tomasa Cuello. Abuelos paternos Mariana Grajales, maternos Francisco Cuello y Dolores de La O, pardos libres de esta ciudad. Fueron sus padrinos José Dolores Corrales y Águeda Núñez […]. (Libro 12 de bautismos de P. y M.; folio 187 n. 40; parroquia de la Santísima Trinidad de Santiago de Cuba)”.

Es oportuno señalar que lo que tiene de interesante este tan común suceso es que ocurrió exactamente en la misma fecha y en el mismo templo donde se efectuó el matrimonio de Antonio de la Caridad Grajales con María Magdalena Cabrales; no en San Nicolás de Morón, por cierto, sino en la Santísima Trinidad de Santiago de Cuba; esto es: coincidencia en el traslado a esta urbe y en el acto canónigo, lo cual –además de una curiosidad histórica– parece confirmar la existencia de estrechos lazos entre Justo y sus hermanos Maceo Grajales, especialmente con Antonio; lo que no ocurre, o no se advierte, con Felipe y Fermín, quienes –tal vez por diferencia de edades– se aprecian más distantes de estos.

De manera que esa mayor proximidad que apuntamos, bien podría ser sinónimo de mayor afectividad entre Justo y los demás Maceo Grajales y –de paso– ser otro indicio –por más que no resulte concluyente– de la presunta paternidad de Marcos Maceo con respecto a aquel; puesto que son sentimientos que no se manifiestan de la misma manera con los hermanos Regüeiferos Grajales.

Todos, sin embargo, juntos en la guerra

De todas formas, hijo o entenado de Marcos, Justo Germán siguió el dictado del deber patriótico que se impuso la familia toda, y juntos en la guerra comenzaron a escribir las páginas que, en 28 años de luchas incesantes, dieron a la luz, sin exageración alguna, el libro con las hojas de servicios familiares más brillantes de nuestros anales patrios.

Después del juramento que les impuso Mariana, aquella resuelta familia dejó atrás todo lo que tenía y se alistó al Ejército Libertador. (Crédito: Autor no identificado)

Después del juramento que les impuso Mariana, aquella resuelta familia dejó atrás todo lo que tenía y se alistó al Ejército Libertador. (Crédito: Autor no identificado)

En efecto, partiendo de aquel 25 de octubre, los insurrectos de Rondón –comprendidos los de la familia Maceo-Grajales– hicieron una jornada hasta el entonces gran poblado de Ti Arriba, al cual atacaron y –se asegura– tomaron, con destaque para Antonio, a quien –al decir del comandante boricua Modesto Tirado, en su biografía de Juan Bautista Rondón– este hizo teniente como premio a su desempeño como uno de los jefes de la acción, y también para Justo, a quien la tradición adjudica el puesto de abanderado de la fuerza, posición reservada solo para hombres demostradamente muy bragados.

De inmediato, se movió la tropa hasta Sabana Abajo, en los límites de las jurisdicciones de Santiago de Cuba y Guantánamo; vastísima propiedad de Eduardo del Mármol Ballagas, jefe superior de los grupos rebeldes de sus primos Raimundo, Justo, Leonardo y Francisco Javier del Mármol Tamayo (los hermanos de Donato) y del de Juan Bautista Rondón, en cuya partida, como ha quedado dicho, militaban los integrantes de la ya llamada Legión de Majaguabo, que lideraba Antonio Maceo.

Tras la toma del referido poblado, todo aquel contingente se lanzó hacia el este, en cuyo trayecto tomaron el poblado de Tiguabos y el caserío de Palma de San Juan, y posteriormente, mientras una parte de los rebeldes atacaba el poblado cabecera de Guantánamo (acción fracasada), la otra, en la que iban Antonio, Justo y el resto de los Maceo –de acuerdo con la Hoja de Servicios del primero– atacó la zona llamada de La Playa y Caimanera (13).
Reagrupados los insurrectos, salieron, unos hacia la Palma de San Juan, donde los rebeldes fueron derrotados nuevamente, y otros, con Rondón y los Maceo, nuevamente hacia Tiguabos, Jobito, San Andrés, Belleza, Monte Rus, presionados también por los españoles y las escuadras de voluntarios del Guaso, contra las cuales tuvieron que batirse en varias oportunidades, hasta llegar al campamento de Sabanilla, a mediados de diciembre de ese propio año de 1868, donde el ya general Donato del Mármol, jefe de superior de las jurisdicciones de Jiguaní, Santiago de Cuba, Guantánamo y Baracoa, estableció su Cuartel General, desde finales de noviembre hasta la última semana de diciembre.

Allí recibió este jefe el encargo directo del general en jefe, Carlos Manuel de Céspedes, de ir con toda su tropa a defender Bayamo, la capital de la Revolución, amenazada por un contingente de miles de hombres de las tres armas, que avanzaba desde Camagüey, con el conde de Valmaseda al frente. A esas fechas –y no antes– debe corresponder el episodio en el que algunos autores aseguran que el valiente Justo Germán [Maceo] Grajales, fue hecho “prisionero mientras visitaba a su esposa, en el sitio conocido como Capitán España”, cerca del poblado de San Luis, donde –se asegura, sin confirmación documental alguna– fue fusilado, cuando –según aseveran esos autores, también– ya había ascendido a capitán del Ejército revolucionario.

No se descarte –porque igual es probable– que la muerte de Justo Germán haya tenido otra causa y modo distinto de ocurrencia; o sea que haya caído en desequilibrado choque contra el enemigo, cuando marchaba al encuentro de su mujer y de su hijo, en los días previos a la marcha de las fuerzas del general Mármol hacia la defensa de Bayamo. Mas, en cualquiera de los dos casos, puede afirmarse –como lo apuntó José Luciano Franco al respecto– que: “Fue el primero de los hijos de Mariana Grajales caído en la lucha por la independencia de Cuba”; el primero –pudiera agregarse– de los siete mártires separatistas y abolicionistas salidos del fructuoso vientre de esa mujer ejemplar; uno, en fin, de los 11 héroes que ella dio a la lucha por la libertad, la igualdad y la fraternidad de todos los cubanos.

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Fuentes documentales y bibliográficas:

Los libros Antonio Maceo: Apuntes para una historia de su vida, de José Luciano Franco; y Los ecos de la Demajagua en el Oriente cubano, de José Sánchez Guerra y Wilfredo Campos Cremé. Las compilaciones Papeles de Maceo, t. II, y Antonio Maceo. Documentos para su vida. El ensayo “Contexto socioeconómico de vida de los Maceo Grajales (1825-1868)”, de Juan Manuel Reyes Cardero (Revista Del Caribe). Documentos localizados en la Biblioteca Nacional José Martí (CM Guerra n. 10. Copias de cartas y doc.) y en el Archivo Nacional de Cuba (Fondo Comisión Militar; Publicaciones n. VI. Homenaje del ANC al Lugarteniente general del Ejército Libertador en el centenario de su nacimiento.


Redaccion Cultura e Historia