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Publicado el 27 Junio, 2018 por Redacción Digital en Historia
 
 

Encuentran los restos del Che

Búsqueda restos Che y sus compañeros, en Bolivia/ Granma

(Foto: Granma)

Los restos del comandante Ernesto Che Guevara y de otros seis miembros de la guerrilla internacionalista en Bolivia son encontrados, el 28 de junio de 1997.

El conmocionante hallazgo ocurre en la parte vieja de la pista de aviación de Vallegrande, poblado a 240 kilómetros de Santa Cruz, capital departamental, después de minuciosas investigaciones históricas y de trabajos geológicos de científicos cubanos apoyados por especialistas de otros países. (ACN)

(Fragmento del trabajo: Nada podía impedir que se encontraran. Los primeros pasos de Cuba por encontrar y repatriar los restos del Guerrillero Heroico comenzaron desde que se supo la noticia de su muerte. Publicado en Granma el 11 de julio de 2017, bajo la firma de 

«…no porque te quemen, / porque te disimulen bajo tierra, / porque te escondan / en cementerios, bosques, páramos, / van a impedir que te encontremos, / Che Comandante, / amigo. / Estás en todas partes, / vivo, como no te querían».                                                                                                              Nicolás Guillén

–¿Qué pasó el 28 de junio de 1997?

(Responden los doctores Jorge González Pérez y María del Carmen Ariet García, protagonistas excepcionales de la labor de búsqueda, hallazgo e identificación de los guerrilleros que combatieron junto al Che en Bolivia.)

–Ese día era sábado, y como antecedentes teníamos la versión del tractorista que había cavado la fosa donde fue enterrado el Che. Tal como habíamos decidido, continuamos las labores pero esta vez empleando una máquina excavadora perteneciente a una empresa que construía el alcantarillado de Vallegrande, lo cual nos permitiría bajar al menos metro y medio con el equipo, de los dos que debíamos cavar, y a partir de ahí seguir trabajando a mano, recuerda Ariet García.

«En esos trajines estábamos cuando a eso de las 9:00 a.m. de la mañana, al labrar en la fosa, la pezuña de la máquina enganchó el cinto del Che, que había sido enterrado con su uniforme, y así salieron sus osamentas».

Hallazgo de los restos del Che y sus compañeros en Bolivia/ Granma

(Foto: Granma)

–¿Se quedarían petrificados?

–Imagínate cómo me sentiría, cuenta el doctor González Pérez–. Solo atiné a gritar al operador de la retroexcavadora ¡para, para!, e inmediatamente le dije a Héctor Soto que bajara al fondo de la fosa donde yo estaba. Mira Soto, allí, allí, e indiqué para el lugar donde había sido visto un hueso. Yo le decía es un radio, un radio, mientras el antropólogo discrepaba y expresaba es un cúbito, un cúbito, porque estaba mirando a otro punto de la fosa común. Luego supimos que aquellos primeros huesos pertenecían al boliviano Aniceto Reinaga.

–¿En qué momento sospechan que han encontrado al Che?

–Al final, pues en ese momento inicial no se sabía nada –continúa el doctor–. En total eran siete las osamentas encontradas allí, lo que coincidía con la historia. Las del Che fueron las segundas en ser halladas. Sospechábamos desde el principio que era él porque sus restos eran los únicos que estaban cubiertos con una chaqueta verde olivo y luego comprobamos que no tenía manos.

«Recuerda que nosotros sabíamos que el único cuerpo sepultado sin manos era el del Che. También aportó mucho Héctor Soto, quien, ante la información de que posiblemente la fosa estuviera dinamitada pidió un bisturí y cortó la tela para precisar si debajo había hueso, verificando que era un cráneo.

«Luego, al avanzar más en la excavación, introdujo su mano por debajo de la chaqueta y comprobó la prominencia de los arcos superciliares, que coincidía con esa característica en la frente del Che y la ausencia de un molar superior izquierdo, que también correspondía con su ficha dental. Se observó, además, una bolsita con la picadura de la cachimba en el bolsillo y residuos del yeso de la mascarilla mortuoria realizada al Che, pegados a la chaqueta.

«Esas evidencias apoyaban que se trataba del jefe de la guerrilla. Allí continuamos laborando en el desenterramiento de los siete restos, periodo en el que contamos con la colaboración de los antropólogos argentinos, que a solicitud de Cuba pedimos que regresaran.

«Fueron días muy intensos, de mucha tensión, en los que no nos separamos un instante de aquel lugar ni del hospital japonés a donde fueron llevadas las osamentas luego de su exhumación el 5 de julio para su identificación. Te puedo decir que nadie dormía velando los restos, de modo que no pasara nada. Para descansar nos turnábamos cada dos o tres horas y volvíamos al lugar donde estaban las osamentas del Che y sus compañeros».

–¿Qué sintió en aquel preciso instante del hallazgo?

–Un alivio muy grande –rememora Jorge González–. Me quedé anonadado. Imagínate era el momento cumbre de tanto esfuerzo. Saber que desde el punto de vista científico teníamos ya un resultado y el sentimiento de que has podido contribuir a restituir un pedazo de la historia de tu Patria y del mundo fue algo muy grande, indescriptible. Conocer, además, que fuimos hombres y mujeres formados por la Revolución los que realizamos este hallazgo, también nos reconfortó mucho.

–¿Qué pueden decir de los restos que aún faltan por encontrar?

–Se han encontrado 31 de los 36 guerrilleros desaparecidos –explica María del Carmen Ariet–. Faltan los de Jesús Suárez Gayol, el primero en caer. Se han realizado varios intentos de búsqueda, sin lograr hasta ahora encontrarlos. Restan por localizar los de Jorge Vázquez Viaña, Loro, cuyo cadáver fue lanzado a la selva desde un avión; Raúl Quispaya Choque, Raúl en la guerrilla; muy difícil de hallar porque donde está enterrado construyeron una comunidad; Benjamín Coronado Córdova y Lorgio Vaca Marchetti, quienes murieron ahogados, lo que hace muy compleja la investigación. De todos modos, nunca vamos a dar por concluido el proceso, esa es nuestra posición.

«Hay otros tres combatientes bolivianos: Inti Peredo, Antonio Jiménez Tardío y David Adriazola, que por voluntad de sus familiares permanecen en el país andino», añade el doctor González Pérez.

–El 12 de julio de 1997, Jorge González Pérez venía junto a los restos del Che y sus compañeros. ¿Cómo percibió usted el encuentro de Fidel con su hermano de lucha?

–Aunque no pude hablar con Fidel ese día por la solemnidad del momento, si sentí el dolor por el reencuentro y el recuerdo de la pérdida. Era como si él volviera a vivir los pasajes vividos junto al Che.


Redacción Digital

 
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