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Publicado el 2 Julio, 2018 por ACN en Historia
 
 

Mantua, su historia y su gente

ACN FOTO/ Pedro PAREDES HERNÁNDEZ/

Maritza Padilla Valdés

Un antes y un después marcó el 22 de enero de 1896 en la vida de la localidad pinareña de Mantua, al entrar victoriosas las tropas del Lugarteniente General Antonio Maceo, y dar feliz término a la campaña invasora de oriente a occidente, gesta militar más connotada del siglo XIX cubano.

Tras 90 días de la salida de Mangos de Baraguá y llegar a la finca Mangos de Roque en el poniente de la Isla, los mambises pusieron en pie de guerra a todo el país y obligaron a las fuerzas colonialistas a dividirse en distintos frentes de combate, con el consiguiente debilitamiento.

Informes del acta capitular de la gesta dan cuentan de que las fuerzas cubanas, recorrieron 464 leguas, desarrollaron 27 combates y tomaron 22 pueblos principales, sin contar la colecta de fusiles y municiones.

Hoy el viajero llega a esa localidad del occidente cubano, y en la misma entrada del poblado suele detener la marcha para contemplar el Monumento al Soldado Invasor, desde donde la figura de un mambí a caballo en avance incontenible, recuerda esa audaz hazaña militar.

La iniciativa de levantar el obelisco en homenaje a los participantes en aquella hazaña, partió del abogado y periodista doctor León Brunet, espirituano de nacimiento y mantuano de corazón, quien involucró en su empeño a la Asociación de la Prensa de Cuba, institución que con tal fin, mediante una colecta pública nacional, recaudó nueve mil 800 pesos.

Un jurado compuesto por destacadas personalidades eligió entre los 18 aspirantes que participaron en el concurso convocado al efecto, la maqueta presentada por el consagrado escultor Juan Sicre y el arquitecto José María Benz.

En el año 1932 se inició la obra y excepto la piedra de relleno y la arena, todos los materiales se trajeron de La Habana por vía marítima hasta el puerto de Arroyos de Mantua, desde donde fueron trasladados en carreta hacia el lugar.

Inaugurada en agosto de 1935, la estatua ecuestre fundida en bronce, mide casi dos metros de altura y descansa en un pedestal de piedra de Jaimanita.

En su base aparece tallado un croquis de la ruta de la Invasión, desde Mangos de Baraguá hasta Mangos de Roque, y una placa con el facsímil del acta del fin del recorrido, levantada en Mantua el 23 de enero de 1896.

Próxima a cumplir sus 83 años, su monumentalidad y ubicación resulta impactante para el viajero, mientras que para los vecinos de la localidad constituye escenario de numerosas actividades patrióticas, en las que se funden los ideales independentistas de generaciones de cubanos.

Según la tradición oral, existe la hipótesis de que el surgimiento del poblado mantuano está ligado al desembarco en el siglo XVII de un grupo de italianos, quienes se asentaron en el lugar, pero lo cierto es que su edificación en el sitio que hoy ocupa se debió a la presencia del río de su mismo nombre y la existencia de fértiles vegas en ambas márgenes, regadas esporádicamente por sus crecidas.

Pero a pesar de que el río fue el factor determinante para levantar el caserío en sus inmediaciones, los fundadores prefirieron construir sus hogares en una pequeña cota, a distancia prudencial del cauce, a fin de aprovechar los terrenos bajos en calidad de campos sembradíos y evitar, por otro lado, las inundaciones del villorrio, sostienen especialistas.

Pintoresco, con sus calles limpias y su tranquilidad ciudadana, los actuales habitantes de Mantua, viven orgullosos de las hazañas protagonizadas por aquellos dignos hombres, las cuales rememoran cada año, mientras llevan bien guardado ese trozo de historia patria en sus corazones. (ACN)


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