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Publicado el 12 Julio, 2018 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

CUBA SIGLO XIX

Mariana, Marcos y los Maceo Grajales

Mariana se fue a la manigua con su esposo y once hijos, tres de los cuales se ganaron los grados de general mambí. (ARCHIVO BOHEMIA)

Mariana se fue a la manigua con su esposo y once hijos, tres de los cuales se ganaron los grados de general mambí. (ARCHIVO BOHEMIA)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Nació en una época terrible. En la Cuba colonial, los criollos blancos, aunque fueran hijos de españoles, eran considerados ciudadanos de segunda clase. Obviamente, los negros y mulatos libertos, naturales de la Isla o no, ocupaban un sitio aún más bajo. La mujer, sin importar su condición de libre, solo tenía derecho a ser buena hija, esposa o mamá, y se ubicaba en una posición lindante con la esclavitud, dada su dependencia social, jurídica y económica del varón. Algunas aprendían a leer a escondidas de su padre y a riesgo de una paliza, Otras hallaron un marido comprensivo que la instruyó y educó. Mariana Grajales Cuello no tuvo esa suerte.

Hija de campesinos arrendatarios, nació el 12 de julio de 1815, según partida bautismal hallada por el colega Joel Mourlot, y no en 1808, como algunos dedujeron por el testimonio de su hijo Marcos, quien atestiguó en su partida de defunción (1893) que había fallecido a los 85 años. Ella se casó a los 16 años, como era usual en su tiempo, con Fructuoso Regüeiferos, también campesino y probablemente analfabeto como ella. De este matrimonio son sus tres primeros hijos: Felipe (1832), Manuel (1836) y Fermín (1838). Regüeiferos falleció el 5 de julio de 1839. Algunas fuentes señalan que Manuel murió de tuberculosis en 1854.

Viuda a los 23 años y con tres retoños, la vida no debió resultarle fácil. Según su primera biógrafa, Aida Rodríguez Sarabia, Mariana y Marcos Evangelista Maceo se conocieron en 1842. Otras dos especialistas en la vida de esta gran mujer, Nidya Sarabia, en su libro Historia de una familia mambisa, y Olga Portuondo, en varios textos periodísticos, coinciden con esa afirmación.

El patriarca

Caída en combate de Marcos Evangelista Maceo.

Recreación sobre el momento en que Marcos Evangelista Maceo caía mortalmente herido, publicado en BOHEMIA durante los años 40. (ARCHIVO BOHEMIA)

Con Marcos Evangelista Maceo la historiografía tradicional cometió varios dislates. Basándose en testimonios orales nunca verificados, se le atribuyó una ascendencia francesa e incluso, como terruño natal, a la ciudad de Coro, en Venezuela, donde hasta incluso muestran los horcones de lo que “fue su casa”. Gracias a hallazgos de la historiadora Olga Portuondo en archivos cubanos y españoles, sabemos hoy que realmente nació en Santiago de Cuba en 1808. De acuerdo con su expediente militar, localizado en la península ibérica, medía cinco pies seis pulgadas y tenía el pelo, las cejas y los ojos negros, la tez de color parda. Su nariz era grande; la boca regular, y exhibía una pequeña cicatriz en la frente

Comete un error mayúsculo quien pretenda abordar la personalidad de Mariana y su influencia en la familia, sin tomar en cuenta a Marcos. A la vez, en el patriarca de los Maceo Grajales se evidencia la impronta de la madre heroica. Los esposos constituyeron una unidad indisoluble, como lo vieron los hijos y sus coetáneos.

El Maceo mayor educó a su prole y a la de Regüeiferos en el trabajo diario; como experto esgrimista y excelente tirador, les enseñó a usar el machete para la faena agrícola y el combate, y los adiestró en las armas de fuego, en la doma y monta de caballos. A su vez, Mariana ayudaba en la atención de los cultivos, sin descuidar la vivienda, siempre ordenada y limpia. En el aspecto personal, vestía –y vestía a los hijos–, con la mayor pulcritud. Era tierna y bondadosa; aunque inflexible en la disciplina.

A los ojos de los hijos, Mariana siempre fue la compañera del padre, nunca la esclava. Con ella analizaba todos los problemas y ambos tomaban las decisiones de mutuo acuerdo. Siempre los recordarían “consultándose las dificultades, felices en la expansión hogareña, juntos sobre el dolor y la felicidad”.

Los Maceo Grajales

Antonio y José alcanzaron los grados de mayor general en el Ejército Libertador. (Ilustración Antonio: ESTEBAN VALDERRAMA/ Ilustración José: AURELIO)

Antonio y José alcanzaron los grados de mayor general en el Ejército Libertador. (Ilustración Antonio: ESTEBAN VALDERRAMA/ Ilustración José: AURELIO)

El 28 de mayo de 1843 nació Justo Germán, quien jurídicamente aparece como “hijo natural de Mariana Grajales”. Igualmente sucede con Antonio, el futuro Titán (1845), María Baldomera (1847), José Marcelino (1849) y Rafael, a quien llamaban Cholón (1850), en cuyas partidas bautismales no se consigna el nombre del padre. Después de que en 1851 Marcos y la madre heroica legalizaron su unión, a Miguel ya se le reconoce como hijo de ambos. Luego nacieron Julio (1854), Dominga (1857), Tomás (1858), Marquitos (1860) y María Dolores, que solo vivió del 22 de julio al 3 de diciembre de 1860.

A fuerza de sudor y machete, Marcos y Mariana ampliaron la pequeña estancia, de unas cuatro hectáreas –según la tradición oral, invirtiendo también las ganancias obtenidas con sus arrias de mulos, de cuya existencia no se ha hallado documentación alguna–, hasta expandirse con tierras aledañas, unas cuatro caballerías, adquiridas entre febrero y agosto de 1852.

Cuenta la tradición que, al atardecer, después de las comidas, una hija leía en voz alta los libros que Marcos encargaba en Santiago: novelas de Alejandro Dumas, biografías de héroes como Bolívar y Louvertoure, la Historia de los girondinos, de Lamartine, que los impregnaba de ideales de libertad, igualdad, fraternidad. Tal parece que el Maceo mayor tampoco sabía leer ni escribir, pero sus retoños no fueron analfabetos. De acuerdo con cierta versión, propagada por sus descendientes, en el ocaso de su vida, Mariana aprendió en Jamaica a escribir su nombre.

La guerra

Julio Maceo. Creyón realizado para su publicación en BOHEMIA (años 70), basado en una plumilla del siglo XIX facilitada por la historiadora Nydia Sarabia. (Ilustración: AURELIO)

Julio Maceo. Creyón realizado para su publicación en BOHEMIA (años 70), basado en una plumilla del siglo XIX facilitada por la historiadora Nydia Sarabia. (Ilustración: AURELIO)

Probablemente a través de sus conocidos y socios comerciales, muchos de ellos masones, Marcos se involucró en conspiraciones independentistas. Mariana lo respaldó totalmente y no es de extrañar que algunos hijos hayan sido impuestos al respecto. Días después del grito de independencia pronunciado por Céspedes en el ingenio Demajagua, cuando comenzaron a producirse alzamientos diarios en el sur del oriente cubano, se acercó a la hacienda de los Maceo Grajales una partida insurrecta, encabezada por Juan Bautista Rondón. En carta a Francisco de Paula Coronado (fechada el 6 de mayo de 1897), relataría María Cabrales, la esposa de Antonio, que al percibir entre los visitantes hombres decididos a luchar hasta las últimas consecuencias, “la vieja Mariana, rebosando de alegría, entra en su cuarto, coge un crucifijo que tenía, y dice: de rodillas todos, padres e hijos, delante de Cristo, que fue el primer hombre liberal que vino al mundo, juremos libertar la Patria o morir por ella”.

Esa misma noche marcharon Justo, Antonio, José y todos los hijos adultos hacia la manigua. Luego le seguirían los progenitores, los demás hermanos, sin excluir las mujeres, algunas de ellas con niños pequeños como Baldomera.

El primer Maceo en caer por la libertad de Cuba fue Justo Germán en noviembre de 1868. De acuerdo con algunas fuentes ya ostentaba los grados de capitán (para mayor información, ver “El primer mártir de los Maceo Grajales”, BOHEMIA, 25 de mayo de 2018). Luego cayeron en combate o perecieron a consecuencias de heridas en el campo de batalla, Marcos, el padre, con los galones de sargento, el subteniente Julio y el teniente coronel Miguel. Sufrieron graves lesiones, aunque sobrevivieron a ellas, Felipe, a quien la tradición le otorga el grado de teniente coronel, al igual que Tomás. Sobre Fermín se ignora la fecha exacta de su deceso, para unos en 1875, mientras otras fuentes lo ubican como combatiente en la Guerra Chiquita.

Cuando en Baraguá el general Antonio proclamó que en Cuba nunca habría paz sin independencia y sin justicia social, la cual en 1878 tenía que partir necesariamente de la abolición de la esclavitud, todos los integrantes de esta familia lo apoyaron. Algunos permanecieron en Cuba después del cese total de las hostilidades, como el mayor general José, el general de brigada Rafael Cholón y el teniente coronel Felipe, quienes pelearon en la Guerra Chiquita. Antonio, en su exilio jamaicano, penaba por un buque que lo trasladara a Cuba, pero el prejuicio racista de la junta de Nueva York le negó auxilios.

Dibujo que representa a Tomás Maceo, según sus descendientes, delineado a partir de una foto facilitada por Panchita Ulloa a la revista en los años 70. (Ilustración: AURELIO)

Dibujo que representa a Tomás Maceo, según sus descendientes, delineado a partir de una foto facilitada por Panchita Ulloa a la revista en los años 70. (Ilustración: AURELIO)

José, Rafael y Felipe, tras deponer las armas al fracasar esa segunda gesta independentista, fueron detenidos ilegalmente en alta mar por los tripulantes de un buque de guerra español y enviados a cárceles africanas. Cholón murió en prisión sin recibir la ayuda médica requerida (1882); José logró al fin fugarse, tras varios intentos, y se reunió con la familia. Felipe fue indultado en 1886 y regresó a Cuba para habitar la casa familiar (en Los Maceo 16). María Baldomera falleció en Santo Domingo (1893).

Mariana, entretanto, en Jamaica, mantenía vivo el espíritu independentista. Cuando su deceso, el 27 de noviembre de 1893, Martí escribiría sobre cómo le rindió homenaje “su pueblo entero, de ricos y de pobres, de arrogantes y de humildes, de hijos de amo y de hijos de siervo”.

José y Antonio cayeron heroicamente en la Guerra del 95. Marcos hijo y Felipe pudieron ver el cese de la dominación española. Tomás alcanzó a ver la bandera cubana ondeando solitaria en el Morro habanero y los titubeos iniciales de una república nacida bajo el estigma de una enmienda injerencista que le coartaba su libertad. Dominga, la última de la familia heroica, no se dejó corromper por los males de la neocolonia. Ella participó activamente en la repatriación de los restos de Mariana en 1923. Murió en 1940.

Los Maceo Grajales –también los Regüeiferos-, marcaron una impronta en la historia patria. Ninguna otra familia aportó tantos héroes a la lucha por la independencia. Ninguna otra puede exhibir, como ella, un expediente de heroísmo, coraje y entrega. Razón tenía Martí al argumentar las cualidades de Antonio –y es extensible esa afirmación para todos los Maceo Grajales-, porque era hijo de león y de leona.

Fuentes consultadas

Documentos y testimonios facilitados por Olga Portuondo, Joel Mourlot y los investigadores del Centro de Estudios Antonio Maceo, de Santiago de Cuba, al autor de este trabajo. El libro Historia de una familia mambisa, de Nydia Sarabia. La compilación Papeles de Maceo


Pedro Antonio García

 
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