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Publicado el 18 Julio, 2018 por María Victoria Valdés Rodda en Historia
 
 

CENTENARIO DE NELSON MANDELA

Siempre con el puño en alto

La libertad se conquista con la lucha. Memorias de un revolucionario que combatió hasta el final

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Tras 27 años de prisión Mandela salió fortalecido y dispuesto a la victoria: resultó elegido presidente en 1994. (google.com/imgres)

Tras 27 años de prisión Mandela salió fortalecido y dispuesto a la victoria: resultó elegido presidente en 1994. (google.com/imgres)

Hay seres humanos que delinean el camino de los otros. Y en dependencia de su compromiso hacia los demás será la profundidad de los principios enarbolados por quienes buscan los ejemplos decisivos para luchar y vencer. La sentencia de “seré un ciudadano del mundo comprometido, mientras tenga fuerzas, con la tarea de conseguir una vida mejor para las personas en todas partes” confirmaba que Nelson Mandela se curtió en la prisión con la mira puesta en un objetivo mayor, aunque sin descuidar la causa del pueblo sudafricano. Sabía que se había convertido en un ícono de resistencia; sin embargo, se apropiaba de esa imagen con la sencillez habitual de los héroes verdaderos.

Con motivo del centenario de su nacimiento, el 18 de julio,  circulan por la Internet semblanzas suyas, las cuales son tan diversas como lo son las ideologías que las sustentan. Algunas de ellas provocan indignación, por cuanto tienen la marcada intención de desdibujar y demeritar a un combatiente que no solo fue inclaudicable en los 27 años de cárcel, sino que una vez en libertad estudió las nuevas condiciones para la batalla de su vida: acabar con el racismo dondequiera que fuera.

El verdadero revolucionario debe distinguirse por la predisposición hacia un adecuado análisis objetivo que transforme la realidad. Fidel lo comprendía cabalmente, y ahí está la lección contenida en su genial concepto: “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos […]”. No por gusto entre Mandela y el Comandante en Jefe había un entendimiento completo.

El también conocido como Madiba, una vez cumplida su larga condena, el 11 de febrero de 1990, escogió un único símbolo para representarse: ¡el puño en alto! Vendrían entonces horas de incansable labor junto al Congreso Nacional Africano (ANC), partido líder en la contienda de los sudafricanos por el fin del apartheid. Mandela, al igual que Hugo Chávez en Venezuela, comprendió el lenguaje político de los nuevos tiempos, moviéndose en las mismas aguas que sus opresores, ganando la carta de la democracia.

Con 63 por ciento de los votos, y encarnando al ACN, se convirtió, en mayo de 1994, en el primer presidente negro de la historia de su país, mientras que el racista Frederick De Klerk, del Partido Nacional, obtuvo nada más que el 20 por ciento.

Una izquierda extremista y una derecha oportunista han tratado en vano de desprestigiarlo con epítetos de flojo u olvidadizo. Ni lo uno ni lo otro. Convencido de que es imprescindible incidir en las cambiantes circunstancias, ejerció sus nuevas tareas con el mismo entusiasmo militante de cuando blandió las armas en la década del sesenta del siglo XX. Por años renunció a la tercera parte de su salario como presidente, y lo donó al Fondo Nelson Mandela para la Infancia. Corrigió la situación nacional con planes de desarrollo de la vivienda, la educación y la economía, con el propósito de mejorar la calidad de vida de la mayoría de la población. Lideró una reforma agraria, por desgracia aún incompleta.

Mucho se podría decir de su consecuencia, que incluso estando en la cima del poder le hizo renunciar a tan alto puesto en 1999, el considerar que otros más jóvenes debían hacer avanzar una Sudáfrica superior.

Sin desmemoria

Hay, no obstante, una faceta poco divulgada, y es precisamente su sentido del deber para con el planeta entero en sus sueños de emancipación. La infancia de Mandela transcurrió en un medio rural, donde en ocasiones se lograban provisiones suficientes y en otras se pasaba extrema necesidad. Con ese conocimiento sobre la injusta distribución de la riqueza creció este hombre de talla universal. Ya octogenario –87 años–, y con su sagacidad característica, lanzó en la londinense Plaza de Trafalgar una advertencia colosal: “El mundo está hambriento de acciones”, corta frase pero incendiaria de una multitud de 10 000 personas que lo vitoreaban sin cansancio.

“Les digo a todos los líderes del mundo entero: no miréis para otra parte. No dudéis. Reconoced que el mundo está hambriento de acciones y no de palabras. Actuad con valentía y también con visión de futuro”. Era 2005 y el premio Nobel de la Paz se encontraba en Londres para la reunión de los ministros de Economía del G-7 (grupo de los siete países más industrializados). “Al igual que la esclavitud, la pobreza no es natural, así que vencerla no es un gesto de caridad, sino un acto de justicia”, dijo en la cara a los mandamases del orbe.

Hermano de sus hermanos

Los palestinos portan su retrato como un escudo moral. (palestinalibre.org)

Murió a los 95 años de edad, con una estela de reconocimientos internacionales. Y no es para menos: su devoción hacia la justicia fue tal que desafió por ese ideal a los más feroces contrincantes. Entre ellos se cuentan las autoridades sionistas del Estado de Israel cuando en 1999 visitó los territorios ocupados de Palestina.

Al igual que ocurrió en Sudáfrica, Israel ha institucionalizado un sistema diseñado para oprimir a una población completa, basada en su etnicidad. Defensor de esa causa árabe, Mandela equiparó la persistencia palestina a la historia sudafricana del apartheid. En carta enviada al diario estadounidense The New York Times, Mandela recalcó la legitimidad de esa batalla, que se ha trazado la meta de un Estado, pero va más allá: “los palestinos luchan por la libertad y la igualdad”.

Todavía resuenan sus palabras de apoyo dichas en Pretoria en 1997 con motivo del Día Internacional en Solidaridad con el Pueblo Palestino: “Sabemos que nuestra libertad no será completa hasta la libertad de los palestinos”. De ahí que esa nación y ese Gobierno lloraran con sinceridad el deceso de Mandela, el 5 de diciembre de 2013. A pesar de su partida física, él sirve de estandarte y guía en las actuales marchas de resistencia. Los palestinos portaron su retrato como un escudo moral en mayo último para reclamar el fin de la ocupación israelí, que va para 60 años.

Madiba consideraba que el pueblo saharaui tenía derecho a la soberanía. (noticiacero.com)

Madiba consideraba que el pueblo saharaui tenía derecho a la soberanía. (noticiacero.com)

Otra de las causas a la que Madiba le dedicó buena parte de sus energías está muy vinculada con el Sahara Occidental, caso pendiente de descolonización. En 1996, durante la Cumbre de la OUA (hoy Unión Africana), sobresalió por ser un compañero leal: “Una vez más, reafirmamos nuestra solidaridad con el pueblo de la República Árabe Saharaui Democrática en sus esfuerzos para alcanzar la libertad y la autodeterminación que les pertenecen por derecho”. En 2004, en visita por esas tierras les transmitió su optimismo.

De todas las relaciones que Mandela cultivó desde la prisión y las que luego enalteció ya libre de los barrotes, sobresale una en particular. Se trata, sin ninguna duda, a la mantenida con Fidel, a quien calificó, en 1998, como uno de sus “grandes amigos”. Madiba siempre agradeció el apoyo de Cuba a la causa contra el apartheid y su ayuda desinteresada al Tercer Mundo a partir de las misiones médicas. “El pueblo cubano ocupa un lugar especial en el corazón de los pueblos de África. Los internacionalistas cubanos hicieron una contribución a la independencia, la libertad y la justicia en África que no tiene paralelo por los principios y el desinterés que la caracterizan”, expresó en Matanzas, durante su visita a Cuba en julio de 1991.

Uno de sus primeros viajes al extranjero fue a Cuba. En la foto, junto a Fidel en el acto por el 26 de Julio en Matanzas (1991). (afribuku.com)

Uno de sus primeros viajes al extranjero fue a Cuba. En la foto, junto a Fidel en el acto por el 26 de Julio en Matanzas (1991). (afribuku.com)

También manifestó su convicción personal del éxito de Cuba –sumida en el período especial– al constatar: “Yo sé que el país atraviesa actualmente muchas dificultades, pero tenemos confianza en que el indoblegable pueblo cubano las vencerá en la misma forma en que ha ayudado a otros pueblos a vencer las que afrontaban”. Y no se equivocó, el Gobierno y el pueblo cubanos supimos salir adelante. Con Fidel al frente no nos rendimos también en respuesta a la confianza depositada en nosotros por hombres como Mandela.

Muy emotivo fue ese acto por el Aniversario 38 del Moncada. Caracterizado por el entusiasmo de tener tan cerca al símbolo de la lucha antiapartheid, primó el respeto y el cariño mutuos. El Comandante en Jefe aprovechó la ocasión para ensalzar al indiscutido protagonista por la soberanía de África: “No he apreciado solo las palabras que se relacionan con nosotros y el hermoso homenaje rendido a nuestros combatientes internacionalistas, demostrándonos que la sangre derramada, los sacrificios, el esfuerzo y el sudor de tantos y tantos cubanos no fueron en vano. He apreciado mucho sus palabras sabias, inteligentes, precisas, reveladoras de una táctica y una estrategia verdaderamente revolucionarias”. En esa oportunidad el líder histórico de la Revolución valoró altamente las cualidades del dirigente africano cuyo discurso consideró como “[…] algo que no podrá olvidarse jamás y que nos da la dimensión humana, moral y revolucionaria de Nelson Mandela”.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda