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Publicado el 20 Julio, 2018 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

CUBA 1958

Sierra Maestra, territorio libre

Como afirmara Fidel, la derrota de la ofensiva batistiana de verano significó el viraje estratégico de la guerra y demostró la inminencia del colapso militar de la tiranía
Fidel mientras redactaba instrucciones militares a un destacamento. (Crédito: OAH)

Fidel mientras redactaba instrucciones militares a un destacamento. (Foto: OAH)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Después de la segunda batalla de Santo Domingo, la tiranía había quedado gravemente lesionada. Aun con estertores seguía siendo altamente peligrosa. Pero Fidel, que ahora disponía de la iniciativa estratégica, no quería darle ni un minuto de respiro al Ejército batistiano y continuó desarrollando la contraofensiva rebelde de forma ininterrumpida. Su objetivo inmediato: la tropa gubernamental acantonada en el pequeño poblado de Las Mercedes, acción con la cual pensaba expulsar definitivamente al enemigo del territorio de la Sierra Maestra.

Por uno de esos azares concurrentes de la historia, el caserío donde el régimen batistiano había iniciado su ofensiva de verano, con la que soñaba aniquilar a la guerrilla, iba a ser el escenario de la batalla final de esa campaña. Situado en una zona no completamente llana, pues lo rodeaban colinas de baja altura desprovistas de vegetación boscosa, el caserío de Las Mercedes presentaba características muy diferentes a los lugares en los que los rebeldes habían combatido hasta el momento.

Por otra parte la vía de acceso al villorrio desde Bartolomé Masó, rumbo que tomaría el probable refuerzo que el alto mando batistiano enviaría al campo de batalla, atravesaba un territorio completamente llano, carente de arbustos y árboles, sin ondulaciones donde refugiarse, lo cual permitiría al enemigo usar tanques y camiones. La única opción de resistencia para los insurrectos eran las minas y las bazucas capturadas en recientes combates, pero para estas no se disponía de un personal entrenado en su uso.

El líder de la Revolución destacaba el papel desempeñado por el Che y Camilo, “quienes cumplieron cabalmente con su papel de ser mis lugartenientes en diferentes momentos”. (Foto: OAH)

El líder de la Revolución destacaba el papel desempeñado por el Che y Camilo, “quienes cumplieron cabalmente con su papel de ser mis lugartenientes en diferentes momentos”. (Foto: OAH)

Fidel planeó la operación de Las Mercedes con el mismo esquema ya probado anteriormente con éxito: un cerco a la tropa principal y una fuerte línea de contención y rechazo a cualquier refuerzo enviado en su rescate. La dirección del cerco se la encomendó al Che, quien cubrió todo el sector desde el alto del Moro hasta el del Jigüe (no confundir con el sitio homónimo en el que se desarrolló una batalla días antes). Para reforzar a la tropa del Guerrillero Heroico, el Comandante en Jefe le envió el pelotón de Guillermo García y los combatientes más experimentados de las fuerzas de Daniel (René Ramos Latour), que al caer este en combate quedaron subordinadas a Pinares (Antonio Sánchez Díaz).

En cuanto al rechazo del refuerzo, el líder de la Revolución movilizó varias escuadras al mando de guerrilleros fogueados como Luis Crespo, El Vaquerito (Roberto Rodríguez) y Eddy Suñol, entre otros, aunque el primero fue trasladado luego al sector del cerco. Lalo Sardiñas y su pelotón quedaron como fuerza de reserva en el alto del Jigue mientras Camilo marchaba rápidamente desde La Llorosa a la zona donde se iba a entablar la batalla.

A las 9:00 de la mañana del 31 de julio, el Batallón 17 del Ejército batistiano intentó romper el cerco. Hasta el anochecer se estuvo combatiendo y la fuerza gubernamental tuvo que retroceder al caserío. Eran aún en ese momento, unos 370 soldados con suficiente armamento, incluidos una tanqueta T-17, dos morteros de 81 mm, dos bazucas y 12 ametralladoras calibre 30. Años después Fidel consignaría en su libro La victoria estratégica que los efectivos batistianos “estaban fuertemente atrincherados en posiciones estratégicas, que de atacarse, tomadas por asalto, el resultado sería un alto costo de vidas. Por ello, ordené a todas las fuerzas rebeldes construir trincheras e iniciar el hostigamiento y la reducción sistemática del campamento enemigo”.

Al rescate de los sitiados

Envió a Luis Crespo a reforzar el sector del cerco. (Foto: OAH)

Envió a Luis Crespo a reforzar el sector del cerco. (Foto: OAH)

El tercer día de la batalla (2 de agosto) los hombres del Batallón 17 intentaron tres veces romper el cerco pero fueron rechazados por el pelotón de Guillermo García y obligados a regresar a sus trincheras. Ante la difícil situación de los sitiados, el general batistiano Eulogio Cantillo solicitó a través de un radiograma urgente al Estado Mayor Central el envío de “tres tanques grandes de estera nuevos dentro de ellos los mejores (operarios)” en las próximas 24 horas. Un segundo cablegrama, en esa misma fecha, revelaba el nerviosismo del alto oficial de la tiranía: “Necesito batallón fresco antes (de) 48 horas, si posible mitad tropa regular idónea, además reitero petición tanques esteras necesarios. Batallón Corzo (17) situación crítica”.

No fue hasta el 4 de agosto (quinto día de la batalla) que el alto mando batistiano pudo enviar el refuerzo pedido. Desde Bartolomé Masó comenzó a avanzar en dirección a Las Mercedes un batallón de asalto provisto de armas automáticas y tres tanques medianos Sherman en la vanguardia; lo seguía el Batallón 12, que llevaba al frente dos tanquetas T-17, y en la retaguardia se movía el Batallón 25. Más al Oeste, desde Cerro Pelado, en dirección a Cuatro Caminos y Arroyón, avanzaba el Batallón 10. En total, el refuerzo enemigo contaba con alrededor de 1 200 hombres.

A la mañana siguiente, la poderosa agrupación que venía en auxilio del Batallón 17 continuó su avance por el camino de Sao Grande en dirección a Las Mercedes. La aviación batistiana bombardeó y ametralló con particular violencia las posiciones que suponían ocupadas por los rebeldes. Alrededor del mediodía, los pelotones de Félix Duque y Eddy Suñol, emboscados en Sao Grande entablaron combate contra la vanguardia enemiga que avanzó con los tanques. Pero ante la superioridad enemiga en hombres y poder de fuego estos pelotones, así como las escuadras de El Vaquerito y Rubén Fonseca, se vieron obligadas a replegarse en dirección a la loma de La Herradura.

Para Fidel, la batalla de Las Mercedes constituye “uno de los más hermosos triunfos de las fuerzas rebeldes. Fue un enfrentamiento desigual contra tanques y contra la aviación, (…) Todos los recursos bélicos de la tiranía fueron puestos en juego, pero no lograron que los combatientes rebeldes cedieran en su tenaz empeño”

A pesar de la heroica resistencia de los revolucionarios, el potente refuerzo continuó avanzando y al caer la tarde del 6 de agosto, tras casi cinco horas de combate, el batallón de asalto y los tanques, finalmente, entraron en Las Mercedes, no sin antes sufrir numerosas bajas. El resto de las fuerzas enemigas tomaron posiciones a lo largo del camino desde Las Mercedes hasta Cerro Pelado, para cubrir la retirada y evitar que el refuerzo fuese también cercado.

Después de una intensa lluvia que duró unas dos horas, los últimos soldados del Batallón 17 y del refuerzo recién llegado abandonaban las trincheras de Las Mercedes, apoyados por el fuego de los otros dos batallones apostados a lo largo del camino y de la aviación. No obstante, las fuerzas rebeldes los persiguieron y hostilizaron en todo su trayecto.

Para Fidel, la batalla de Las Mercedes constituye “uno de los más hermosos triunfos de las fuerzas rebeldes. Fue un enfrentamiento desigual contra tanques y contra la aviación, (…) Todos los recursos bélicos de la tiranía fueron puestos en juego, pero no lograron que los combatientes rebeldes cedieran en su tenaz empeño”. El resultado estratégico más significativo, en su opinión, es “que el último pedazo de territorio en la Sierra Maestra ocupado por el enemigo quedaba definitivamente liberado”. Como les diría, por aquellos días, al Che y Camilo en diversos mensajes, “nuestra contraofensiva para derrotar de manera aplastante la gran ofensiva enemiga había concluido”.

Balance final de una victoria

Mientras impartía instrucciones a los campesinos de la zona. (Foto: OAH)

Mientras impartía instrucciones a los campesinos de la zona. (Foto: OAH)

En el curso de 74 días de intensos enfrentamientos, se libraron más de 30 combates y seis batallas de envergadura. El Ejército batistiano sufrió más de 1 000 bajas, de ellas más de 300 mortales, y 443 efectivos suyos cayeron prisioneros. No menos de cinco grandes unidades completas de sus fuerzas resultaron aniquiladas, capturadas o desarticuladas. En poder de las fuerzas rebeldes quedaron un total de 507 armas, incluyendo dos tanques, 10 morteros, varias bazucas, 12 ametralladoras calibre 30, dos fusiles ametralladoras, 142 fusiles Garand, cerca de 200 ametralladoras San Cristóbal y el resto Carabinas M-1 y fusiles Springfield, más de cien mil balas y cientos de obuses.

Para el líder de la Revolución, contribuyeron en particular a este desenlace victorioso un grupo de aguerridos y eficientes jefes “que actuaron en la primera línea de combate, con inteligencia y coraje al frente de sus hombres”. Destacaba, en primer lugar, “al Che y Camilo…

Las fuerzas rebeldes tuvieron medio centenar de heridos y 31 muertos, entre ellos tres comandantes: René Ramos Latour Daniel; Ramón Paz y Andrés Cuevas, los dos últimos ascendidos póstumamente, así como dos capitanes (Angelito Verdecia y Geonel Rodríguez).

En opinión de Fidel, fueron factores fundamentales de triunfo “el valor, la tenacidad, el heroísmo y la capacidad de los combatientes rebeldes en la férrea y organizada defensa de las posiciones y la aplicación contundente de todas las formas tácticas de acción de la guerrilla”.

Para el líder de la Revolución, contribuyeron en particular a este desenlace victorioso un grupo de aguerridos y eficientes jefes “que actuaron en la primera línea de combate, con inteligencia y coraje al frente de sus hombres”. Destacaba, en primer lugar, “al Che y Camilo, quienes cumplieron cabalmente con su papel de ser mis lugartenientes en diferentes momentos”, así como a Andrés Cuevas, Ramón Paz, Daniel, Angelito Verdecia, Ramiro Valdés, Guillermo García, Lalo Sardiñas y Pinares, entre otros.

“[…] La derrota de la ofensiva enemiga significó el viraje estratégico de la guerra. A partir de ese momento, la suerte de la tiranía quedó definitivamente echada, en la medida en que se hacía evidente la inminencia de su colapso militar”.

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Fuentes consultadas

Los libros La victoria estratégica, de Fidel Castro, y La guerra de liberación nacional de Cuba 1956-1958, de Mayra Aladro, Servando Valdés y Luis Rosado. Documentos y fotos localizados en la OAH (Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado).


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García