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Publicado el 18 Septiembre, 2018 por Jose Dos Santos en Historia
 
 

En aquella primera recogida de café: hasta el último grano

Un hecho inédito hasta entonces no solo en Cuba, estudiantes dedicando sus vacaciones a labores agrícolas voluntarias, merece ser recordado

 

 

Juventud cubana en los años 60 del pasado si-glo. (Foto: ARCHIVO J.REBELDE)

Juventud cubana en los años 60 del pasado si-glo. (Foto: ARCHIVO J.REBELDE)

Por JOSÉ DOS SANTOS L.

Con el paso del tiempo aquel episodio cada vez se difumina más porque tuvo lugar en un contexto de enorme trascendencia.  BOHEMIA lo rescata para conocimiento de las nuevas generaciones.

El breve período en el que transcurrió la Primera Recogida de Café, en 1962, tenía como factor limitante en su reflejo e impacto público la coincidencia con la Crisis de Octubre. Esto explica que, no obstante haber tenido propulsores como el Comandante en Jefe y haber sido clave para el nacimiento de la primera organización estudiantil creada por la Revolución, la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), aquella acción y las otras similares que le siguieron en los años 60 bajo el mismo concepto de movilización estudiantil masiva no han sido recordadas como se merecen.

La Campaña de Alfabetización había aportado muchos más resultados que los inmediatos y visibles. No solo se había enseñado a leer y escribir a un millón de cubanos y profundizado la participación popular en la solución de los problemas sociales. El sentido de la responsabilidad, la unidad en la acción y el pensamiento y la madurez en la actitud hacia la vida, ganaron en relación directa con el nivel de incorporación que se logró de decenas de miles de jóvenes a las nuevas misiones que les planteaba la naciente Revolución en el poder.

Por eso, cuando los alfabetizadores se reincorporaron a las aulas eran cualitativamente diferentes a cuando las cambiaron por los campos y montañas, por la cartilla y el manual. Ese primer año sin escuelas privadas, en el que se trató de eliminar desniveles docentes y culturales, fue tan decisivo para la formación social y política de los adolescentes de entonces como la propia Campaña.

Mi caso fue como el de aquella inmensa mayoría, los que nos sumamos desde el primer momento a una transformación radical de la sociedad cubana. De aquel crucial momento escribí en una obra dedicada al episodio y que da título a este trabajo: “El entusiasmo que nos brotaba como niños y adolescentes fue creciendo con un conocimiento más cabal de sus razones. Cada vez se hacía más consciente el ser revolucionario. Junto a los impulsos del corazón se consolidaba un sentimiento también nacido de la razón, que nos ha acompañado desde entonces… y para siempre”.

Nuevo capitulo

La AJR y la UES fueron motores organizadores de la movilización hacia los cafetales. (Foto: ARCHIVO J.REBELDE)

La AJR y la UES fueron motores organizadores de la movilización hacia los cafetales. (Foto: ARCHIVO J.REBELDE)

La gigantesca experiencia participativa que constituyó la alfabetización tenía continuidad en la amplia socialización derivada de la eliminación de la enseñanza privada. El sector estudiantil cada vez tenía menos barreras de clase.

La fusión de organizaciones juveniles revolucionarias, encabezadas por la combativa Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR), fue un hito en ese proceso unificador de voluntades y perspectivas de lo que ya se reconocía como el relevo mediato de los combatientes contra la dictadura.

Entonces se concibió la participación estudiantil en una tarea productiva sin parangón por su masividad y alcances, a lo que luego se sumaron inesperadas circunstancias históricas. Fue el primer paso adelante masivo del estudiantado luego de que, el 22 de diciembre de 1961, los brigadistas Conrado Benítez reclamáramos “Fidel, Fidel, dinos qué otra cosa tenemos que hacer”.

Había que ir a salvar las cosechas del cafeto en el oriente del país, cuya recolecta peligraba por falta de fuerza de trabajo. La recién nacida Unión de Estudiantes Secundarios (UES) recibió la tarea de organizar las fuerzas voluntarias.

En una invasión productiva a la inversa geográficamente a la militar hecha por Maceo y Camilo y Che, 43 000 estudiantes del país, la mayoría del occidente, desbordamos las montañas orientales para que no se perdiera el precioso grano.

La epopeya laboral de los estudiantes ya había tenido muchos antecedentes, desde disímiles trabajos agrícolas voluntarios a las faenas comunes al hombre del campo, realizadas mientras se alfabetizaba. Sin embargo no había existido una movilización tan masiva, distante y técnicamente inexperta como la que se llevó a cabo en el período siguiente al curso escolar que concluía en 1962.

Portada del libro Hasta el último grano.

Portada del libro Hasta el último grano.

Marchamos por 45 días y muchos permanecimos casi tres meses entre lomas e improvisados albergues. Desde nuestros puestos de trabajo –en mi caso en Los Llanos de Gran Tierra, Baracoa, muy cerca de punta de Maisí– sentimos la amenaza que significó el bloqueo imperial a nuestro país en la luego llamada Crisis de Octubre.

Nos perdimos las movilizaciones militares, el acuartelamiento y la preparación combativa; muchos no conocimos en su momento de la histórica comparecencia televisiva del Comandante en Jefe ni de la alarma mundial ante el eventual desencadenamiento de un conflicto nuclear porque estábamos en lugares a veces tan inaccesibles que no llegaba ni la luz eléctrica.

Sin embargo, supimos de la gravedad de la situación y participamos de la firme determinación de no claudicar ante el chantaje ni las amenazas. Incluso algunos jugábamos pelota los domingos cerca de la costa suroriental viendo los barcos de guerra yanquis patrullando casi a tiro de lanzapiedras.

Aquellas fueron jornadas heroicas para el pueblo del que formábamos parte, de las cuales vale la pena rememorar nuestro pedacito, por lo que encierran de enseñanza y antecedente de lo que son capaces de hacer los revolucionarios, no importa su edad, tanto los de ayer como los de hoy y del futuro.

 

“Cerca de cien mil estudiantes participarán en las labores de la recogida de café en las lomas de la provincia de Oriente durante septiembre”, se informó en el primer Congreso Nacional de la Unión de Estudiantes Secundarios que comenzó sus sesiones de trabajo el 8 de agosto de 1962 en el hotel Habana Libre.
Los jóvenes expresaron su entusiasmo por incorporarse a la recogida de cosechas y al trabajo productivo en general. Estas actividades constituyeron uno de los 8 puntos de la agenda del congreso estudiantil. La consigna fue “¡que no quede un grano en la loma!”.

(Radio Rebelde)

“Fidel convocó a los becados que estaban en La Habana y a todos los estudiantes cubanos a una recogida de café en Oriente. El café se estaba perdiendo, no había mano de obra. Yo estudiaba en una secundaria básica en Aguada de Pasajeros… aquello era una aventura… tenía 12 (años)”.

(Doctor en Ciencias Técnicas Ángel Rubio González, Universidad Central Marta Abreu de las Villas).

Desafío actual

Recoger y proyectar experiencias como las vividas entonces no puede constituir ni un reflejo añorante de la intensa juventud que vivimos entonces ni un simple ejercicio de reconstrucción de la memoria histórica de nuestra nación.

Cada época tiene las suyas y nadie puede aspirar a que aquellas vivencias vuelvan a reeditarse en los nuevos tiempos. Pero ello no significa que no nos nutramos de ellas para que, en este caso nuestros jóvenes y estudiantes, creativamente, las asuman en nuevas metas ante los retos actuales.

La médula esencial que une el organismo vivo de la sociedad cubana, el amor a la patria, a su independencia y soberanía y las ansias de justicia social enraizadas en el corazón de nuestra nación, son razones suficientes para vencer hoy, como sus precursores lo hicieron antes.

 


Jose Dos Santos

 
Jose Dos Santos