0
Publicado el 5 Septiembre, 2018 por Redacción Digital en Historia
 
 

Fidel: Primer Jefe de Gobierno que recorre zonas liberadas de Viet Nam del Sur

 

Por FULVIO FUENTES, con fotos de  ARAMIS FERRERA
(enviados especiales de BOHEMIA)

Con fidel, el Ministro de Defensa del GRP de la República de Viet Nam del Sur, Tran Nam Trouong (derecha) y otro alto oficial de la FAPL.

EL GOLPE MILITAR Y FACISTA CONTRA EL GOBIERNO DE LA UNIDAD POPULAR HA SIDO, EN PRIMER LUGAR, OBRA DEL IMPERIALISMO YANQUI
FIDEL en Hanoi

 

EL PUEBLO VIETNAMITA COMPARTE LA INDIGNACIÓN MUNDIAL ANTE EL CRIMEN PERPETRADO EN CHILE
LE DUAN, primer secretario del Partido de los Trabajadores de Viet Nam en la despedida de Fidel de Hanoi

.

DIARIO DE LA VISITA DE FIDEL A VIET NAM

Septiembre 12 (miércoles)

Son las 11:50 de la mañana cuando la delegación cubana que preside Fidel arriba a Hanoi. La dimensión del acontecimiento se mide en términos de conmoción popular, bajo un intenso sol y una temperatura de 31 grados centígrados. La heroica capital nor­vietnamita trasmite a los visitantes su más cálida expresión de sentimiento fraternal. Al descender de la escalerilla del “Ilushin” Fidel se abraza a los dirigentes del Partido y del Gobierno de la RDV que lo esperan en la pista: Le Duan, primer secretario del Partido de dos Trabajadores de Viet Nam; Pham Van Dong, primer ministro; Truong Chin, presidente de la Asamblea Nacional; Ngu­yen Duy Trinh, ministro de Relaciones Exteriores y el general Vo Nguyen Giap, ministro de Defensa.

Agotado el trámite-ceremonial del recibimiento -los pioneros que acuden con ramos de flores, la revista militar, los himnos naciona­les y las salvas de artillería- se produce el contacto directo con el pueblo que enarbola banderas de Cuba y Viet Nam, coreando jubilosas consignas: “Viva Cuba, viva Fidel”. A lo largo de un cartel, se proclama a Cuba como “abanderada del movimiento de liberación nacional de América Latina”.

Fidel abandona el aeropuerto de Gia Lam a los vibrantes acordes de la marcha del 26 de Julio. El auto descubierto en que viaja a la capital, junto a Le Duan, Troung Chinh y Varn Dong, se emplea por primera vez en el recibimiento de un jefe de Estado o de Gobierno. Los 10 kilómetros de recorrido hasta la Casa de Protocolo, situada en la calle Nguyen No. 12, donde habrá de residir la delegación cubana, están colmados de muchedumbres, que se agolpan delirantes en las aceras y hasta en los techos de los edificios, cuando la comitiva alcanza la ciudad. En torno al “Lago de la Espada Restituida” un mar de banderas se alza por sobre millares y millares de cabezas, cuyos rostros reflejan intenso regocijo.

En La Casa de Protocolo recibe a Fidel el presidente de la República Democrática de Viet Nam, Ton Duc Thang, quien expresa sus deseos de que la visita culmine con “brillantes éxitos y que todos disfruten de buena salud”. Fidel responde emocionado: “Nun­ca habíamos llegado a ninguna parte con mayores sentimientos de afecto y cariño… Aún estamos bajo los efectos de la emoción tan grande que hemos recibido esta mañana al encontrarnos con el pueblo vietnamita… Guardaremos en lo más profundo de nuestros corazones los recuerdos de este recibimiento… Viet Nam es el más extraordinario ejemplo del espíritu revolucionario de un pueblo. Por eso hemos viajado desde Cuba, tan distante geográficamente, pero tan cerca en las ideas y los sentimientos…”. El brindis termina con las más efusivas demostraciones de amistad revolucionaria.

Oscurece ya cuando a las 6:30 de la tarde los visitantes se encuentran en el cementerio de Mai Dich donde reposan los restos de los combatientes muertos en las dos últimas guerras de resistencia del pueblo vietnamita contra el colonialismo francés y el imperialismo yanqui. Las flores del homenaje cubano a la memoria de los héroes queda al pie del obelisco en cuya placa principal se lee: “La patria siempre reconocerá sus méritos”.

Regreso a la Casa de Protocolo. Poco después, recepción en el Palacio Presidencial, profusamente alumbrado con guirnaldas. Cu­banos y vietnamitas y miembros del Cuerpo Diplomático celebran el fraternal encuentro. La noticia del derrocamiento de Allende, por la vía de un golpe militar fascista, suscita entre los asistentes unánime repudio. Al ofrecer el homenaje de su pueblo a la delegación cubana, Le Duan exalta la amistad vietnamita-cubana, “diáfana como la luz matutina” y califica a los visitantes como “camaradas íntimos resueltos a seguir siempre el camino victorioso trazado por Lenin… La espléndida victoria de la Revolución en enero de 1959, que condujo a Cuba a liberarse del colonialismo, avanzando hacia el camino del socialismo, fue la cristalización de la tradición indomable formada durante más de cuatro siglos de lucha contra el colonialismo español y el imperialismo norteamericano, desde el caudillo indio Hatuey hasta el gran José Martí, desde los mambises hasta los héroes del Moncada”.

Tras condenar severamente el golpe militar organizado por el imperialismo norteamericano contra el gobierno de Salvador Allende, Le Duan expresa su convicción de que “la lucha del pueblo de Chile continuará hasta conquistar la victoria final”.

A su turno Fidel exhibe un rostro grave. Todos en el salon están conscientes hasta qué grado tiene que preocuparle, en el orden afec­tivo y politico, las noticias que llegan desde Chile. Rinde tributo a Viet Nam. Alude a la estrategia lúcida de Ho Chi Minh que “de una manera genial, combinó la lucha por la independencia con la lucha por los derechos de las masas oprimidas por los explotadores”. Entra seguidamente en el trágico acontecer chileno. Refiere los hechos, según los informes que le llegan, y subraya que aunque el derrocamiento de la Unidad Popular constituya un revés “el impe­rialismo no podrá detener el movimiento revolucionario en America Latina”. Precisa el alcance de la bestial agresión contra el regimen chileno: “Esta accion del gobierno imperialista de los Estados Uni­dos no se dirige solo contra el pueblo de Chile, se dirige también contra el gobierno revolucionario del Peru y contra el gobierno popular de Argentina, a fin de aislarlos, hostigarlos y agredirlos. Pero de ninguna forma el imperialismo yanqui podrá impedir el cre­ciente movimiento de rebeldia de los pueblos de America Latina”. Concluye brindando por “la eterna e indestructible amistad de los pueblos de Viet Nam y Cuba”.

Al paso de los visitantes cubanos se agolpan las muchedumbres en la calles de Hanoi

Septiembre 13 (jueves)

En el segundo día de su presencia en el país,  Fidel visita la casa que habitaba Ho Chi Minh, junto al Palacio Presidencial. Son las 8:30 de una mañana nublada. Al fondo de la residencia del Ejecutivo —vieja mansión del colonialismo francés en la que Ho Chi Minh se negaba a vivir— se encuentra la modesta construcción de madera, donde prefería residir el gran dirigente vietnamita. Pham Van Dong le muestra a Fidel la mesa donde solía reunirse el Buró Político del Partido. En un estante repleto de libros se halla “Guerra de Guerrillas, del comandante Ernesto Che Guevara. En los altos, el dormitorio sencillo: la cama y una mesa sobre la que descansaban un despertador y un ventilador, y los últimos ejemplares del diario Nhan Dan.

Van Dong explica: “Frente a la posibilidad de un ataque aéreo se le impuso la necesidad de trasladarlo a una casa de mampostería. Ahí pasó sus últimos días…”. Nguyen Giap actúa ahora como guía. Visiblemente emocionado relata: “Su primer deseo, su primer sueño, era ir al Sur. Nos lo dijo cuando ya estaba muy débil.

«Hagan lo posible para que pueda ir al Sur. Se le explicó que dado su estado de salud era muy difícil, y respondió: «Quiero ir ahora a ver a nuestros compañeros sureños en el campo de batalla…››”.

Fidel abraza afectuoso a Vu Ky, uno de los ocho asistentes que tenia Ho Chi Minh. Se lo presenta Pham Van Dong. Juntos prosiguen el recorrido por el interior del humilde aposento. Hacia afuera, las aguas tranquilas de un pequeño lago, llama la atención de los visitantes. Allí acudía Ho Chi Minh para aliviar las tensiones de diario quehacer, en medio de la lucha. “Ahí solía meditar —le dice Vu Ky a Fidel—. Llamaba a los peces removiendo el agua con una mano o el pie. Ellos acudían en tropel, como si aguardaran su presencia, a una hora determinada…”.

Una dulce sensación de paz deja la visita a la casa del Tio Ho. A poco de efectuarse, se inician, a las 9:15 de la mañana, las conversaciones, que prosiguen durante toda la tarde. Participan, del lado cubano, Fidel, Carlos Rafael Rodríguez, Osmany Cienfuegos, Héctor Rodríguez Llompart, Raúl Valdés Vivó y Melba Hernández. Por la parte vietnamita: Le Duan, Pham Van Dong, Vo Nguyen Giap, Nguyen Duy Trinh, Hoang Tung, miembro suplente del Comité Central y presidente de la Asociación de Amistad Viet Nam -Cuba, y Nguyen Than Ha, director de la América Latina del Minis­terio de Relaciones Exteriores.

Por la noche, durante más de una hora, la delegación cubana  se encuentra en el museo del Ejército Popular de Viet Nam, ubicado en la avenida de Dien Bien Phu, barrio de Ba Dinh. El edificio es una antigua casona colonial, distribuido en dos locales instalados frente a un parque. Tan pronto se conoce la llegada de Fidel se congrega en él una gran cantidad de personas, que aclaman su presencia. El anfitrión es el general Vo Nguyen Giap que arriba al lugar junto al primer ministro cubano. Los esperan en el museo un grupo de oficiales vietnamitas, encabezados por el coronel Nguyen Van Tu, director de operaciones del Estado Mayor General.

A propósito de la proximidad de la conmemoración del XX aniversario de la batalla de Dien Bien Phu, el general Nguyen Giap, héroe de ella, le explica, señalando sobre un mapa, y  después ante una maqueta las características del bélico encuentro en la primavera de 1953. Fidel sigue con extrema atención el relato de Gia. Formula preguntas sobre el curso de la batalla. Giap contesta satisfactoriamente y subraya lo difícil que resultó aprovisionar al ejército vietnamita pese a la aplastante derrota de los colonialistas franceses, que apoyaban tropas norteamericanas. “Hubo casos de combatientes —dice- que salieron de su base con 20 kilos de alimentos y llegaron al escenario del combate con sólo un kilogramo”.

Una proyección —finalmente ovacionada— permite a los visitantes conocer el heroísmo de los vietnamitas frente al poderoso enemigo: las 20,000 bicicletas utilizadas; To Vinh Dien, que murió destrozado bajo las ruedas de un carro para impedir que un cañón rodara hacia el abismo, y el sacrificio heroico de Phan Dinh Giot, que cargado de dinamita inutilizó una ametralladora enemiga, instalada en un sitio importante de las operaciones. Al terminar la visita el general Vo Nguyen Giap impuso a Fidel y a sus acompañantes el sello de “Combatiente de Dien Bien Phu”. El distintivo, donde predominan el rojo y el amarillo, tiene a un combatiente desplegando la bandera de la RDV con una consigna de Ho Chi Minh: “Decididos a luchar y vencer”.

Septiembre 14 (viernes)
y Septiembre 15 (sábado)

Ahora Fidel se dirige hacia zonas liberadas de Viet Nam del Sur. Sale del aeropuerto de Gia Larn (Hanoi) a las 10 de la mañana del viernes en un AN24, con miembros de la delegación cubana. Es el primer jefe de Gobierno que recorre el territorio en poder de los Patriotas. Una hora después arriba al aeropuerto de Dong Hoi, capital de la provincia de Quang Binh. Allí se encuentra, para reci­birlo, Kim Thanh, secretario interino del Partido de los Trabajadores en la provincia. Relatan los cronistas del viaje el espectáculo que se extiende ante la mirada acuciosa de los delegados cubanos. A un kilómetro de la costa está el aeropuerto. La pista es un terraplén que otrora alcanzaron los bestiales bombardeos de la aviación yanqui. La torre de control aparece destruida.

Los viajeros se enrumban hacia el sector especial de Vinh Linh, la parte más meridional de la RDV. Transitan por la carretera número 1, estrecha vía de asfalto en sólo unos tramos. En el camino Fidel dialoga con combatientes, interrogándolos sobre sus hazañas. Cae la noche y pernoctan en Vinh Linh.

Al día siguiente —sábado-, muy temprano parten hacia Viet Nam del Sur. La delegación cubana se ha despedido de Pham Van Dong. Ahora, un panorama inolvidable: se cruza el paralelo 17, la linea divisoria impuesta por los imperialistas, pero Viet Nam es uno solo.

A la otra orilla del río Ben Hai ondea la bandera roja y azul, con la estrella amarilla al centro, del Gobierno Revolucionario Provisional de Viet Nam del Sur. Son las 5 de la madrugada del sábado cuando la delegación atraviesa el puente de pontones. ¡Ya están en zona liberada! Un abrazo funde a visitantes y anfitriones, Tran Nam Trung, ministro de Defensa del GRP, y Hoang Bich Son, el amigo que ostentó la representación del FLN en La Habana.

A poco de avanzar aparecen los despojos de la famosa linea “Mac­Namara”. En algunas partes renace la vida: crece el arroz para la cosecha de octubre. La ayuda soviética en tractores normaliza la producción. El recorrido se hace profundo: Quang Tri, Dong Ha, el cruce por los pontones sobre el río y el tránsito por la carretera 9, hasta la base “Tan Lam”. Fidel se interesa por el desarrollo de los combates de 1972. La explicación la dan los comandantes de las tropas de Quang Tri y Thua Thien y de la unidad de Khe Sanh.

En un escenario que exhibe las huellas profundas de la guerra —cráteres de bombas, tanques semidestruidos, uniformes despedazados, alambradas— se improvisa un mitin en el que hablan Nam Trung y Fidel. Estaba allí la base yanqui Carroll. Los combatientes entregan a Fidel varios trofeos de guerra que el jefe de la Revolución cubana agradece conmovido.                                                                     

Al reanudarse el recorrido se detiene la comitiva en Camb Lo, donde tiene lugar un emotivo encuentro con tropas del Frente Nacional de Liberación. Descienden a la ciudad de Dong Ha. Diálogo animado con los combatientes y con los trabajadores que reconstruyen la villa. Los soldados colaboran con la población civil. Doc Mieu es el, próximo pueblo. Situado en una colina era uno de los emplazamientos claves de la linea MacNamara. Fidel recibe la Bandera de la Victoria que le entrega el jefe de un batallón de las FAPL, héroe de la provincia de Quang Tri.

Durante el viaje de regreso crece la expectación. A orillas de la carretera los visitantes se encuentran con varios soldados que aca­ban de ser heridos por la explosión de una mina sembrada por el enemigo. Los médicos cubanos que viajan con Fidel les prestan los primeros auxilios. Conmovedora despedida en el paralelo 17. Por la noche en Dong Hoi. Hay que pernoctar allí a instancias del secretario del Partido de la ciudad. El domingo por la mañana más de 3,000 personas se concentran en torno a Fidel: “Era imposible —dijo el primer ministro cubano— realizar una visita a Viet Nam si ésta no incluía una gira por el Sur, y por esta provincia de Quang Binh, vanguardia del Norte y retaguardia del Sur”. Más adelante expresa que pronto trabajarán en la reconstrucción de la región y en la planificación de una nueva capital de la provincia los ingenieros y arquitectos cubanos. “Deseamos comenzar lo antes posible estos trabajos”. Y añadió: “Para nosotros cooperar con Viet Nam es un alto honor. No son ustedes los que tienen que agradecer esto; somos nosotros los que tenemos que estar agradecidos al pueblo de Viet Nam”.

Conmovidos por las palabras de Fidel, los anfitriones subrayan, que para su pueblo tales expresiones del Jefe de la Revolución Cu­bana constituía una inyección de nuevas energías. “Como la luz del sol es la amistad entre Cuba y Viet Nam”, concluyen diciendo.

En la recepción del Palacio Presidencial, la noche de su llegada a Hanoi.

Septiembre 16 (domingo)

Terminado el acto en Quang Binh se emprende el regreso a Hanoi. El avión aterriza en la pista del aeropuerto Gia Lam a las 11.25 de la mañana. Por la noche, la delegación cubana se despide del pueblo vietnamita y de sus dirigentes en una recepción que se celebra en el Palacio de Gobierno. Polariza la atención de los asistentes la salvajada fascista contra el régimen de Allende. Fidel relata emocionado el encuentro con los combatientes de Viet Nam del Sur y se detiene largamente en la temática chilena: “Deseamos desde aquí -expresó-, desde el heroico pueblo de Viet Nam, desde la heroica tierra vietnamita, ofrecer nuestro profundo respeto al presidente  Allende por la lealtad que mantuvo a la causa de su pueblo, por el valor con que supo cumplir su palabra de que moriría antes que ceder a los fascistas”.

Por su parte Le Duan expresó compartir la indignación de su pueblo ante el crimen perpetrado en Chile… “Estamos seguros que el imperialismo norteamericano y sus agentes serán derrotados…”. Y, finalmente, brindando por Cuba y Viet Narra, añadió con énfasis: “La amistad vietnamita-cubana, fundamentada en el marxismo-le­ninismo y el internacionalismo proletario, se ha probado en las llamas de la Revolución de los dos pueblos…”.

Septiembre 17 (lunes) 

El Gobierno Revolucionario Provisional de la República de Viet Nam del Sur da a conocer un comunicado sobre la visita de Fidel a zonas liberadas. En uno de sus párrafos expresa: “Luego de reiterar que no obstante su derrota, Estados Unidos no se resigna aún a abandonar sus pretensiones neocolonialistas en Viet Nam del Sur, el primer ministro Fidel Castro manifestó la convicción de que el pueblo sudvietnamita pondrá en juego el patriotismo y el heroísmo revolucionario y cumplirá exitosamente sus grandes tareas en la nueva etapa de lucha… ¡Que florezcan siempre, eternamente indestructibles la solidaridad combativa y la entrañable amistad entre el pueblo de Viet Nam del Sur y el pueblo de Cuba!”.

Fechado el lunes 17 se publica una declaración conjunta vietna­mita-cubana como resultado de las conversaciones entre los representantes de uno y otro pueblo. Ambas partes exigen “firmemente a los Estados Unidos que pongan fin a todos los actos de intervención y agresión contra Laos y Cambodia, respete estrictamente el derecho de los pueblos laosiano y camboyano a ser dueños de su propio destino, dejando a los pueblos de Laos y Cambodia arreglar por sí mismos los asuntos internos de sus respectivos países sin interferencia extranjera”, señala en uno de los párrafos. Y en otro: “Las dos partes constatan con satisfacción que la solidaridad combativa, el apoyo mutuo y la cooperación fraternal entre el Partido de los Trabajadores de Viet Nam y el Partido Comunista de Cuba entre el pueblo vietnamita y el pueblo de Cuba, han logrado un hermoso y creciente desarrollo. Las dos partes expresaron su determinación de hacer todo lo posible por el fortalecimiento continuo y el desarrollo creciente de la solidaridad combativa y la colaboración fraternal entre Viet Nam y Cuba, por .el interés de los pueblos de ambos países y por la causa revolucionaria de les pue­blos del mundo”.

Tras la entusiasta y fraternal despedida en Hanoi, el avión que conduce a Fidel hace una escala técnica en Calcuta, a las 12:30 p.m y poco después otra en Nueva Delhi. Indira Gandhi, la primera ministra india, y Swaran Singh, ministro de Relaciones Exteriores, le dan la bienvenida oficial.

De regreso a Cuba, Fidel se detiene en Praga. En el aeropuerto lo recibe Gustav Husak, secretario general del Partido Comunista checoslovaco, que encabeza la representación oficial y del pueblo. Durante una conferencia de prensa Fidel declara, después de un breve análisis sobre el encuentro de los No Alineados en Argel y de un informe en torno a su visita a Viet Nam, que “el pueblo chi­leno sabrá responder al ejemplo que le dio su presidente… Allende murió de una manera impresionantemente heroica”. Por la noche, recepción oficial.

Septiembre 18 (martes)

Breve escala en Gander, a donde arriba Fidel a las 4:30 am. del martes. Dos horas después el “Islushin” remonta vuelo hacia Cuba. A las 10:22 a.m. llega al aeropuerto internacional “José Martí”. Dorticós y Raúl son los primeros en abrazarlo en suelo patrio. MGC.

La visita a la casa de Ho Chi Minh.

El lago contiguo a la casa de Ho Chi Minh, donde el gran dirigente vietnamita alimentaba a los peces.

 

 

TODOS LOS PUEBLO DEL MUNDO Y LA OPINION MUNDIAL TIENEN QUE EXIGIR Y TIENEN QUE APOYAR CON TODAS SUS FUERZAS EL CUMPLIMIENTO DE LOS ACUERDOS DE PARIS: EL CESE DEL FUEGO, EL RESPETO DE LAS ZONAS LIBERADAS, LA LIBERACIÓN DE LOS PRESOS POLÍTICOS Y EL ESTABLECIMIENTO DE LOS DERECHOS DEMOCRATICOS DEL PUEBLO DE VIET NAM DEL SUR.

    FIDEL en la recepción de despedida de Hanoi

 

 

 

CRONICAS DE VIAJE

Itinerario Cuatricontinental

Nadie, veinte, quince años atrás, puede imaginar un viaje semejante. Cuba es un minúsculo puntico en la geografía del Caribe. Algunos mapas, con pincel displicente la dibujan con los colores yanquis subrayando su fisonomía neocolonial. Carece de voz propia en el concierto internacional. Si se la conoce no es por su historia ni sus virtudes sino en términos de maracas y ron. Cuando llega la Revolución, un gobierno corrompido la está proyectando con una sucia notoriedad de garito y de prostíbulo.

Se trata de un pasado reciente en el orden estrictamente cronológico pero remotísimo en el aspecto moral y político.

Cuba, la Cuba sensual y rumbera de los viejos afiches turísticos Constituye hoy uno de los centros dinámicos en el afanoso batallar de los pueblos que pugnan por su total liberación.

El nombre de Cuba y la imagen de su líder expresados en todos los idiomas y alfabetos se inscribe con caracteres vigorosos en el acontecer de la época. La palabra y el mensaje de Cuba llega a todos los rincones del globo.

Tiempos humillante, y amargos aquéllos cuando los espurios mandatarios de la ínsula vasalla, cumplimentando una tradición de sometimiento, viajan a Washington para doblar el espinazo en acto de pleitesía y reciben las bendiciones de la Casa Blanca.

Ningún gobernante se considera legitimado, firme en el mando, si antes no se asegura el respaldo norteamericano. Así se enfanga la soberanía y se hacen jirones con la dignidad nacional. 

Ahora Cuba viaja ¡pero de qué distinta forma! El itinerario cua­tricontinental de Fidel que se inicia en el Caribe se extiende ya hasta los confines del sudeste asiático en la tierra heroica de Viet Nam. De Guyana a Puerto España. De Puerto España a Guinea, sobre el Atlántico Sur.

Enseguida, violentando los husos horarios arriba a la capital arge­lina para participar en la magna asamblea de los No Alineados para “tomar por asalto la tribuna” según la expresión del diario “Le Mon­de” de París y barrer, en un discurso de treinta minutos, con la atmósfera de intrigas —”smog” imperialista— creada con el ánimo de enfrentar la conferencia con el campo socialista. El lunes 10 está en Bagdad. Al anochecer siguiente lo reciben en Nueva Delhi. En uno y otro país la presencia del Primer Ministro cubano señorea la actua­lidad. Figura de estatura mundial por lo que es, lo que significa y representa, el respeto oficial se complementa con el calor popular. Para el hombre humilde de chilaba o de turbante, en las riberas del Tigris como en las orillas del Ganges, Fidel es un abanderado en la causa de todos los pueblos. Sobre el fino césped, suave como una alfombra se levanta una carpa cubierta con un toldo de vivos colores. La organización es perfecta. Fotógrafos y camarógrafos de diversas nacionalidades se aprietan en la cama de una rastra con ancho campo visual a su disposición. La temperatura es relativamente benigna. Se advierten señales de lluvia reciente.

Cuando se posa el Ilushin y se abre la puerta, la primera ministra Indira Gandhi avanza al encuentro de su invitado que desciende por la escalerilla. La jefe del gobierno de la India viste el sari típico. En el último instante entrega su cartera a un edecán y se ata un pañue­lo a la cabeza para proteger el cabello. Una y otro apenas dos días antes, han participado en la cumbre de Argel. Desde su improvisada plataforma, los trabajadores de la cámara le toman constancia del saludo. Fidel abandona la roja alfombra para acercarse a los periodistas gráficos.

Penetrando en la carpa abandona otra vez la senda marcada para responder a la solicitud de voces y de manos.

Le ciñen al cuello guirnaldas de flores, mientras Indira Gandhi y Carlos Rafael Rodríguez contemplan risueños la escena. La recepción se matiza de espontaneidad y alegría.

Ya es de noche cuando se inicia la partida hacia la ciudad.

Ahora es el pueblo, estacionado en el cruce de las avenidas princi­pales el que saluda al visitante al grito de “Larga vida a Castro”. Las aclamaciones lo acompañan hasta la mansión de gobierno para una ceremonia de carácter oficial. Entretanto, los periodistas cubanos se precipitan hacia el edificio de la embajada para preparar sus notas y transmitirlas a La Habana. Hay nueve y media horas de diferencia. Noche en Nueva Delhi y mediodía en Cuba.

Y de pronto desciende la dramática noticia. Golpe fascista en Chile. Allende derrocado. Los despachos de prensa fijados en las tablillas del “Ashoka” hotel lo dan por muerto.

Entusiasta presencia infantil en el recibimiento.

EL PUEBLO VIETNAMITA MANIFIESTA SU HONDA ADMIRACIÓN AL HEROICO PUEBLO DE CUBA POR HABER MANTENIDO SIEMPRE EN ALTO LA BANDERA DE LA INDEPENDENCIA NACIONAL Y EL SOCIALISMO EN AMÉRICA LATINA.

Comunicado conjunto vietnamita-cubano

 

En Hanoi

Hace poco menos de un año, en la escalada final de la ofensiva aérea norteamericana, los B-52 y los Phantorns de Nixon vuelcan su furia criminal sobre Gia Lam, el aeropuerto de Hanoi. Enormes agu­jeros en las pistas, las instalaciones demolidas señalan el paso de los bombardeos de la USAF. Forzado por el repudio internacional y do­méstico y más que nada por el altísimo precio que paga en máquinas derribadas y pilotos perdidos, el siniestro pirómano de la Casa Blan­ca suspende los ataques y regresa a Ia mesa de conferencias en París. 

De entonces a hoy, esfuerzos prioritarios en el magno empeño de reconstrucción, la terminal aérea de la capital nordvietnamita repara los daños, restablece los servicios y borra la huella de sus heridas. Gia Lam rescata su fisonomía normal. Nada, aquí, evoca el rastro de una guerra despiadada. Este miércoles 12 de septiembre el aero­puerto se enciende de júbilo y de banderas. Carteles desplegados de letras amarillas sobre fondo rojo pregonan el estrecho abrazo de pueblo a pueblo: “Viva Cuba abanderada del movimiento de libera­ción nacional de América Latina”. De un instante a otro se espera el arribo del comandante Fidel Castro que llega a cumplimentar una visita largo tiempo anhelada. Al borde de la pista, de uniforme de gala de color blanco, se estaciona una compañía del ejército vietna­mita. Los dorados metales de la banda de música relucen al sol del mediodía.

La temperatura de 33 grados centígrados, se compensa con una brisa amable que acaricia suavemente pendones y pañuelos. Los minu­tos de la espera, con ser pocos, transitan lentamente para la tensa impaciencia colectiva. La recepción popular, en esta primera etapa, deposita su énfasis en la presencia de mujeres, jóvenes y escolares. El gran golpe de pueblo se reserva para el desfile a través de las calles engalanadas de Hanoi. Bello el espectáculo de centenares de muchachas cubiertas con los típicos sombreros cónicos luciendo sus vestidos nacionales abiertos a la cintura en una visión de azul, verde y rosa.

La llegada

La delegación cubana viaja en dos aviones IL-18. En el primero, que aterriza a las 11 y 30 minutos de la mañana llega una avanzada de periodistas y camarógrafos. En el otro vienen Fidel y las figuras representativas del Partido y el gobierno que le acompañan. Exacta­mente a las 12 meridiano, a la misma hora que millones de cubanos se entregan al sueño reparador de la medianoche anterior, el trueno todavía apagado de los poderosos motores del Ilushin anuncia la proximidad del ilustre invitado. Unos segundos más y asoma ya la nave recortando su silueta sobre el fondo blanconazo de las nubes.

En su larga trayectoria de revolucionario y estadista, en su primerísima dimensión internacional, un nombre que alcanza a todos los rincones del mundo y al corazón de todos los pueblos, Fidel Castro ha tenido ocasión para muchos y emocionante recibimientos. Sin embargo, esa palabra, “emocionante” con todo y su especial significación, no basta para calificar circunstancias y sentimientos que concurren en los cálidos abrazos, mejilla con mejilla, al pie de la escalerilla. “Conmovedora” es el término más preciso para describir las escenas de Gia Lain.

El pleno del buró político del Partido de los Trabajadores de Viet Nam saluda a Fidel. Allí, compartiendo el regocijo del encuentro, está Le Duan, primer secretario del Partido, Trouong Chinh presidente de la Asamblea Nacional, el primer ministro Pham Van Dong,  el canciller Duy Trinh, el ministro de Defensa General Vo Nguyen Giap y el viceprimer ministro Le Than Nghi. Los formalismos del protocolo naufragan en una ola de afecto. La banda militar interpreta los himnos nacionales de ambos países en tanto el estampido de las salvas reglamentarias de cañón sacude el espacio. Fidel pasa revista a las tropas y luego, apresurando el paso, se dirige a la zona destinada al público donde centenares de pioneros repican sus tambores y le ofrecen ramos de flores.

El himno del 26 de Julio despide a Fidel cuando inicia la marcha hacia el centro de la capital en la otra orilla del río Rojo considerablemente hinchado por las lluvias de un tifón reciente. Diez meses atrás, esta propia carretera se deslizaba entre escombros y ruinas, el puente de acero y hierro de 800 metros de longitud está doblado y retorcido por el impacto de las bombas teledirigidas con rayos laser. Por entonces se requieren barcazas y remolcadores para cru­zar el río. Apenas cesan los ataques, la infatigable tenacidad vietna­mita lo levanta de nuevo.

Hanoi quiebra la saludable tradición de la siesta para acoger a Fidel. El pueblo entero está en las calles, apretado, desbordando las aceras. De los árboles y los techos cuelgan racimos entusiastas. A partir de la avenida Hangai sólo dejan estrechos pasadizos de asfalto para permitir el paso de los autos. Al frente de la caravana, en un carro descubierto, viaja Fidel acompañado por Le Duan y Pham Van Dong. Es un festival de muchedumbres. Muchas veces, en el curso de la guerra, se habla de la sonrisa de Viet Nam, de su amor a la vida que no se deja someter por las bombas. Los quioscos de flores permanecen abiertos mientras estallan los explosivos y rugen, sobre los techos, los cazabombarderos yanquis. Tal es el pueblo que desde hace siglos rechaza a golpes de puño a los invasores extranjeros y guarda reservas de cariño para recibir al amigo y hermano. La breve ceremonia en el Palacio de Gobierno no hace más que forma­lizar la bienvenida multitudinaria que corre por las calles.

 

LA VISITA EFECTUADA POR EL PRIMER MINISTRO FIDEL CASTRO EN LAS ZONAS LIBERADAS DE VIET NAM DEL SUR, CULMINÓ CON ÉXITO. EL PRIMER MINISTRO REAFIRMÓ EL PODEROSO Y CONSECUENTE RESPALDO DEL PARTIDO, DEL GOBIERNO Y DEL HERMANO PUEBLO DE CUBA AL PUEBLO SUDVIETNAMITA.

Comunicado del  GRP de la República de Viet Nam del Sur con motivo de la visita de Fidel a zonas liberadas.

En casa del Tío Ho

La primera actividad de la delegación cubana tiene lugar en horas de la tarde del propio miércoles 12 y contempla una visita al cemen­terio militar donde reposan los caídos por la patria. Difundida la noticia, millares y millares de vietnamitas movilizados por su cuenta cubren la ruta para repetir las inolvidables escenas de la mañana.

Una calzada de grava conduce hasta el sitio donde descansan los héroes. Una doble fila de soldados permanece en posición de firmes. El monumento adopta la forma de una columna de piedra conforme a las líneas generales de la arquitectura del sudeste asiático. En cada cara se lee un texto que dice: “La patria siempre reconoce sus méritos”. En la base, en una lámpara de hierro se enciende una llama.

La noche avanza rápidamente. Envueltos en la sombra, la línea de los pinos cobra extrañas formas alargadas. Cuando llega la dele­gación ya es totalmente oscuro. Acaso por ello el acto se proyecta más emocionado y solemne, alumbrado por una luna pálida, a medias escondida entre una mancha de nubes grises. Dos funcionarios viet­namitas depositan la corona, Fidel, descubierto permanece erguido frente al monumento. A la siguiente mañana es el contacto con Ho Chi Minh, eternamente vivo en la modesta casita donde reside sus últimos años en los jardines del Palacio de Gobierno. Es un lugar tranquilo, de apacible belleza natural, vestido de árboles, cocoteros, palmeras y plátanos. La construcción, de madera fina y cortinas de bambú se conserva intacta. Sobre la mesa están sus libros, en las paredes de la sala de trabajo se extienden los mapas de las opera­ciones militares correspondientes al 15 de junio de 1969.

El general Giap responde a las preguntas de Fidel analizando la situación en aquellos momentos, hace cuatro años. Pham Van Dong le presenta a Vu Ky. Vu Ky es el responsable de la conservación de la residencia. Pequeño, vivaz, acompaña por mucho tiempo al Tío Ho. Lo conoce en toda su luminosa intimidad humana. Si se presta a una entrevista, el suyo constituye un inapreciable testimonio para acercarse más directamente a la personalidad del glorioso comba­tiente. Fidel lo abraza afectuoso. Regresando al Palacio Fidel identifica a la joven vietnamita que sirve de intérprete a los periodistas. Fina y gentil como un junco, se llama Lejuan y es graduada de la Universidad de La Habana. En Cuba, aligerando las dificultades idiomáticas, adopta el nombre de Azucena. Hasta en este detalle se advier­te el sentido poético del pueblo vietnamita. Una vez tiene ocasión de trabajar al lado de Fidel en unas traducciones, hace tiempo, pero el Comandante en Jefe la recuerda. Le extiende la mano risueño:

– ¿Cómo estás? ¿Qué estás haciendo?

– Estoy con los periodistas cubanos, Comandante.

De retorno al Palacio comienzan las conversaciones de alto nivel entre las representaciones de los dos países.

En Quang Tri se improvisa un acto masivo donde habla Fidel.

La delegación cubana con un batallón de las FAPL, “Decididos a Vencer”

EN VIET NAM DEL SUR

El saludo a Fidel del batallón femenino de las FAPL

No sólo hemos visitado la República Democrática de Viet Nam;  hemos visitado también al Gobierno Revolucionario Provisional en la zona liberada de Viet Nam del Sur. Cruzamos la frontera del territorio
liberado por el Paralelo 17. Allí, del lado de acá y del lado de allá del río Ben Hai,  observamos que vivían vietnamitas exactamente iguales en todos los aspectos; que los vietnamitas del norte y del sur del río Ben Hai son
exactamente iguales;  que la tierra, la vida y las costumbres son exactamente igual; que el alma es la misma. Y allí pudimos ver lo adsurdo que fue dividir
este país, lo criminal y lo injusto que es esta división.

           Del discurso de FIDEL en la despedida de Viet Nam

 

 

 

 

 

¡Qué ejército, qué tropa, qué combatientes, cuántas decenas y decenas de héroes extraordinarios! Con ellos tuvimos oportunidad de conversar mucho, y nos dimos cuenta de que aquellos hombres jamás podrán ser derrotados.

FIDEL, a su regresp de las zonas liberadas de Viet nam del Sur.

 

 

Fotos de PRENSA LATINA


Redacción Digital

 
Redacción Digital