0
Publicado el 4 Septiembre, 2018 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

4 de septiembre de 1933

Golpe de Estado revolucionario

 

Golpe de estado revolucionario, 4 de septiembre de 1933 Por Pedro A. García

El 12 de agosto de 1933 Gerardo Machado abandona el territorio nacional. El embajador yanqui Benjamin Sumner Welles maniobra y coloca en la presidencia a Carlos Manuel de Céspedes y Quesada. Pero el país se torna ingobernable. Señorean el hambre, el desempleo, la asfixia económica.

En el Ejército Nacional cunde la anarquía. Las clases y soldados conspiran en los cuarteles. En Columbia (hoy Ciudad Libertad) encabezan la insubordinación los sargentos Pablo Rodríguez, José Eleuterio Pedraza, Manuel López Migoya y Fulgencio Batista, entre otros. Este último se apodera de la jefatura del movimiento castrense. Los conspiradores estrechan lazos con el Directorio Estudiantil Universitario (DEU) y los grupos ABC radical y Pro Ley y Justicia.

En la noche del 4 de septiembre de 1933 se produce la sedición. La presencia en Columbia de la dirigencia del DEU la transforma en un acto revolucionario. Entre las 10 de la noche de ese día y las tres de la madrugada del día 5, los principales cuarteles del país se suman a la asonada. A las 3 a.m., en Columbia, se reúnen los líderes del DEU, los profesores universitarios Ramón Grau San Martín, Guillermo Portela y José M. Irisarri, el periodista Sergio Carbó y el ex teniente Emilio Laurent, entre otros, con Batista, autoproclamado sargento jefe de todas las fuerzas de la república. Suscriben una Proclama de la Revolución al pueblo de Cuba.

El DEU propone una dirección colegiada y cuatro nombres para integrarla: Grau, Portela, Irisarri y Carbó. Se agrega uno más: Porfirio Franca. Queda establecido lo que después se denominaría la Pentarquía.  De Columbia los sublevados se trasladan al Palacio Presidencial. Céspedes los recibe. Habla Grau: “Señor, hemos venido a recibir de usted el gobierno de la nación”. Tras un intercambio de frases entre el mandatario y el profesor de Fisiología, Céspedes exclama: “Bien, doctor Grau, ¿se han dado cuenta ustedes de la responsabilidad que contraen ante el pueblo de Cuba y ante la historia?”. El aludido sonríe burlonamente: “Hace años, señor, que hemos cumplido la mayoría de edad”.

Sumner Welles, al conocer la noticia, queda estupefacto. Toda su estrategia injerencista la han hecho trizas en una noche. Se ha instalado un Gobierno revolucionario pequeño burgués de facto como primer poder revolucionario en la historia de Cuba, que alcanzará el máximo de radicalización cuando Antonio Guiteras –ya suprimida la Pentarquía y con Grau como presidente provisional-, asuma la secretaría de Gobernación e impulse desde su cargo leyes que satisfacen viejas demandas populares.


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García