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Publicado el 7 Octubre, 2018 por Redaccion Cultura e Historia en Historia
 
 

CUBA 1868

Yara, el combate iniciador

Céspedes y sus compañeros dieron un buen ejemplo de intransigencia revolucionaria
El combate de Yara, según la imaginación de un dibujante cubano. (Autor no identificado)

El combate de Yara, según la imaginación de un dibujante cubano. (Autor no identificado)

Por JOSÉ PEDRO SALGADO y OSVALDO RAMÓN PARRA SERRANO *

Al conmemorarse en su aniversario 150 el inicio de nuestras guerras por la independencia, se debe por justicia histórica situar los hechos en el tiempo y el espacio, en el que realmente se desarrollaron. En la historiografía tradicional cubana anterior a 1959, basándose en una errónea tradición oral, se hizo coincidir el Grito de Yara con lo ocurrido en el ingenio Demajagua el 10 de octubre de 1868.

Lo ocurrido en la fábrica de azúcar, ubicada alrededor de 30 kilómetros de Yara, la convirtió sin lugar a dudas en un sagrado altar de la Patria, donde Carlos Manuel de Céspedes se pronunció y dio lectura al Programa de la Revolución conocido como el Manifiesto del 10 de Octubre, instante en el que le otorgó la libertad a sus esclavos, hecho trascendental en nuestra historia. En ese lugar permanecieron todo ese día, en los preparativos de la gran contienda que materializarían.

En la madrugada del domingo 11 de octubre de 1868, partieron aquellos patriotas hacia Nagua, donde establecerían su campamento general, al comprender Céspedes que Manzanillo era una plaza militar inexpugnable, en la que prevalecía el integrismo encabezado por una gran capa de ricos comerciantes de origen catalán, que ejercían el poder político y económico desde el ayuntamiento, en alianza con la Iglesia católica.

Al amanecer hicieron el primer alto en el ingenio San Francisco, y entre las 9 y las 10 de la mañana hicieron otro en la hacienda Palmas Altas, donde se organizaron, almorzaron y salieron alrededor de las 2 de la tarde hacia poblado de Yara, donde materializarían su primera acción militar. Una fuerte tempestad los sorprende en las sabanas de Don Pedro, exactamente en Coboa, donde hicieron las últimas precisiones y desde allí enviaron al corneta Rafael Castellano para que se entrevistara con el capitán pedáneo Tomás Riera, quien solo contaba con alrededor de cinco hombres para defender la plaza militar.

El parque Carlos Manuel de Céspedes, en Yara, es hoy Monumento Nacional. (Cortesía de los autores)

El parque Carlos Manuel de Céspedes, en Yara, es hoy Monumento Nacional. (Cortesía de los autores)

La victoria parecía inminente pero el infortunio acompañó a los insurrectos. Al salir Castellano de Yara, llega al poblado procedente de Bayamo una columna española del Regimiento de la Corona número 3, al mando del teniente coronel Villares, quien se dirigía a Manzanillo para sofocar la posible insurrección. El militar ibérico decide pernoctar en Yara por la inclemencia del tiempo, el mal estado de los caminos y el peligro que los asecharía en la oscuridad de la noche. Puesto al corriente de lo acaecido se atrincheran para esperar al incipiente Ejército Libertador en la Plaza Real española de Yara -convertida hoy en Monumento Nacional-, bajo una intensa lluvia, con un cerrado fuego de fusilería.

En el parte de pronunciamiento escrito por el segundo jefe del levantamiento, el yarense Bartolomé Masó Márquez, se describe la acción de la siguiente manera: “el enemigo que logró penetrar sin ser apercibido, se atrincheró en dos establecimientos q(ue) se hallan situados en el ángulo N(orte) de la plaza. Por esta zona norte penetraron las tropas cubanas al mando de los coroneles Juan Hall, José Rafael Masó y Emiliano García viéndose los dos primeros envueltos entre aquel, que los recibió con una ruda descarga, sorprendidos del encuentro inesperado, pero sin vacilar respondieron con tiros y se trabó el combate; seguidamente avanzaron las fuerzas de García y Calvar y la nuestra (la de Céspedes y Masó) reuniéndonos con los primeros en la plaza, de donde pasado el fuego nos replegamos hacia la calle a menos de dos cuadras de la misma, dándose el toque de llamada”.

Bartolomé Masó describió la acción en un parte redactado por aquellos días. (ESTEBAN VALDERRAMA)

Bartolomé Masó describió la acción en un parte redactado por aquellos días. (ESTEBAN VALDERRAMA)

Según describe Masó en el referido parte, el combate se inició sobre la 7: 30 de la noche y la retirada se produce sobre las 12 de la noche. Los mambises quedaron desconcertados ante la superioridad del armamento enemigo y sangre cubana se derramó en aquel escenario por vez primera en la contienda, al caer Fernando Guardia y Céspedes. Los españoles lamentaron la pérdida de un soldado de apellido Aguilera.

Cuenta la tradición oral que uno de los hombres de Céspedes al ver la diáspora que se producía exclamó: “Todo se ha perdido”, a lo que el Héroe del 10 de Octubre, con palabras proféticas, respondió: “Aún quedamos doce hombres. Bastan para hacer la independencia de Cuba”.

La noticia de este combate, que tuvo la connotación del Grito de Dolores dado en México en 1810 por el cura Miguel Hidalgo y el de Lares en Puerto Rico por Manuel Rojas el 23 de septiembre de 1868, fue publicada por orden del capitán general Francisco Lersundi en la Gaceta de La Habana el 13 de octubre de 1868 y en la que decía: “Según telegramas oficiales, en Yara, jurisdicción de Manzanillo, se levantó el día 10 una partida de paisanos, su importancia debe ser escasa cuando en el mismo pueblo de Yara tuvo un encuentro antes de ayer con una columna de soldados que salió de Bayamo en su persecución y huyeron a los pocos tiros que se cruzaron”.

El contenido publicado en la gaceta estaba apoyado en el informe que envió Villares a sus superiores ignorando el lugar del levantamiento, el número de insurrectos, el jefe que los dirigía y el propósito que los guiaba.

Mucho más precisos y completos que los partes oficiales son los informes de un hacendado norteamericano establecido en Manzanillo, C.H. Bithorn, quien escribió al Secretario de Estado de Estados Unidos una carta fechada 17 de octubre donde refiere: “La banda más grande de cerca de 500 hombres bajo el mando de un hacendado, general Carlos Manuel de Céspedes, hacia el anochecer del día 11 había entrado simultáneamente con hombres de infantería y 12 hombres de caballería, enviados desde Bayamo a esta población la villa de Yara”.

A raíz de esta noticia, el Capitán General envió a Valmaseda con un gran contingente militar hacia Manzanillo. La noticia del hecho estremeció el cimiento del imperio colonial español, al despertarse en esta jurisdicción el sentimiento anticolonial del caribe hispano.  Por este encuentro en Yara se dio a conocer al mundo que en Cuba se había iniciado una Revolución. Hecho que la Historia de Cuba ha reconocido como Grito de Yara y dio nombre a la Guerra del 68.

Por su parte refiriéndose a aquellos acontecimientos Eusebio Leal Spengler en su discurso del 10 octubre del 2017 en acto político y ceremonia militar de inhumación de los restos de Carlos Manuel de Céspedes y Mariana Grajales en el cementerio Santa Ifigenia en Santiago de Cuba, expresó: “El 10 de octubre fue el comienzo, y unas horas después en Yara, lanzado el guante al rostro del adversario, la causa tomó el nombre de aquel sitio y se le llamó entonces Grito de Yara”.

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Fuentes consultadas

Los libros Dos Fechas Históricas, de Hortensia Pichardo y Fernando Portuondo, y Carlos Manuel de Céspedes. Escritos (compilación realizada por los dos historiadores antes mencionados)


Redaccion Cultura e Historia