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Publicado el 5 Noviembre, 2018 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

CUBA 1843

El año de la rebeldía

Matanzas fue escenario de la más numerosa sublevación de esclavos de la época colonial
Ruinas del ingenio Triunvirato. (Foto: Autor no identificado)

Ruinas del ingenio Triunvirato. (Foto: Autor no identificado)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Las autoridades coloniales no eran tan ingenuas como para pensar que la ejecución de José Antonio Aponte y sus compañeros en 1812 iba a ser suficiente para desvanecer en la masa de esclavos el deseo de alcanzar la libertad individual. Tal vez por ello el ayuntamiento de Puerto Príncipe (hoy Camagüey), al decapitar a 12 jefes de la conspiración, le añadió una segunda parte a ese acto tan macabro: el otorgamiento de la carta de libertad a varios descendientes de africanos fieles que delataron al movimiento o ayudaron a suprimirlo.

Tal estrategia fue seguida a todo lo largo de las primeras cuatro décadas del siglo XIX. El mensaje estaba muy claro. Para conseguir la ansiada libertad, el camino no era el de la rebelión armada sino la alianza con los amos y el colonialismo español. Pero los esclavos no se dejaban convencer, continuaron las escapadas cimarronescas y su participación en conspiraciones donde también andaban involucrados los libertos. Incluso en momentos de reflujo del independentismo se revivían los afanes levantiscos. Tal es el caso de la sublevación que preparaban los lucumíes en La Habana durante 1835.

Un ingenio habanero según un grabado de la época. (Foto: Autor no identificado)

Un ingenio habanero según un grabado de la época. (Foto: Autor no identificado)

De acuerdo con el criterio de varios autores como los historiadores Philip Howard y Matt Childs, las metas de esta rebelión eran las mismas que la de Aponte: la abolición de la esclavitud y el derrocamiento del Gobierno colonial. Aunque la sublevación lucumí no tuvo éxito, no por ello cesaron las reuniones conspirativas. En un informe del procurador José de Velazco al Capitán General, se alertaba de encuentros secretos entre miembros de las milicias de pardos y morenos libres con los del cabildo lucumí. Lo que más preocupaba a los funcionarios peninsulares era que algunos veteranos de la frustrada revuelta de 1812, como el liberto Pilar Borrego, volvían a desempeñar ahora un papel protagónico.

Un año tremendo

Entre 1831 y 1840 entraron en Cuba, según fuentes españolas, unos 194 000 africanos encadenados, aunque investigadores como Juan Pérez de la Riva estimaban que en realidad fueron alrededor de 300 000. Según el censo de 1841, había más de 436 000 esclavos en la Isla, aproximadamente el 43 por ciento de la población total; de ellos, más de la tercera parte eran de origen congo; una quinta parte, lucumí, luego seguían los gangás (13 por ciento) y carabalíes (8.8 por ciento). Según el historiador José Luciano Franco, la población esclava en Matanzas superaba la cifra de 100 000.

Así imaginó un dibujante cubano a la lucumí Carlota. (Foto: VIRGILIO MARTÍNEZ)

Así imaginó un dibujante cubano a la lucumí Carlota. (Foto: VIRGILIO MARTÍNEZ)

Tal crecimiento, por supuesto, no implicó una mejora en las condiciones de vida de ese sector poblacional. Para los bozales (esclavos recién llegados del continente), una vida con grilletes y bajo la amenaza del cepo, feroces perros y los latigazos del mayoral no era vida, por lo que proliferaron las fugas hacia los palenques y las revueltas. La primera de estas estalló en la noche del 26 de marzo de 1843 en el ingenio matancero Alcancía. Cientos de esclavos al son de sus tambores y armados de machetes y estacas afiladas se encaminaron hacia las haciendas cercanas para engrosar sus filas.

En el pueblo de Bemba (Jovellanos), parte de los esclavos que trabajaban en el almacén del ferrocarril se les unió. Fuentes de la época estimaron la conformación de los sublevados en unos 465 de ambos sexos. Esas mismas fuentes aseguraban que ellos ejecutaron a siete personas, entre ellos tres afrodescendientes que laboraban como contramayorales. El levantamiento fue sofocado dos días después. Hubo una cruel represión y se fusiló a ocho rebeldes, mientras que unos 120 fueron sancionados a trabajos forzados.

El temor a una insurgencia esclava de gran magnitud provocó una total coincidencia de criterios entre los esclavistas cubanos y la corte madrileña. Gerónimo Valdés, catalogado de pusilánime, fue sustituido por el joven general Leopoldo O’Donnell, de apenas 34 años, quien ya se había distinguido como capitán general en Aragón y Valencia. No andaban descaminados. A pocas semanas del arribo a La Habana del nuevo gobernador colonial, estalló en el ingenio Triunvirato, el domingo 5 de noviembre de ese año, una formidable revuelta, encabezada (según la tradición) por el gangá Manuel y la mítica lucumí Carlota.

Cuentan que al son de los tambores de Eduardo, de la etnia fula, quien había heredado el don de interpretar la percusión de los cueros de sus ancestros de la costa guineana, la gangá Filomena sublevó a la dotación del ingenio Ácana y con el refuerzo de los del Triunvirato, liberaron a Fermina, la veterana líder, quien yacía en el cepo desde que había sido descubierta en agosto mientras hacía campaña para un levantamiento.

La rebelión se extendió a otras haciendas. En el ingenio Concepción, dicen, la lucumí Lucía lideró el levantamiento. También se sublevaron las dotaciones de San Miguel y San Lorenzo. A los machetes y estacas afiladas habían incorporado unas pocas escopetas de caza y pistolas arrebatadas a los antiguos mayorales y amos. A su paso, incendiaban casas señoriales, ingenios y bateyes.

Monumento al esclavo rebelde erigido por la Revolución en homenaje a los participantes de la revuelta de 1843. (Foto: Autor no identificado)

Monumento al esclavo rebelde erigido por la Revolución en homenaje a los participantes de la revuelta de 1843. (Foto: Autor no identificado)

Copados en la finca San Rafael, fueron masacrados en una lucha desigual contra un Ejército profesional. Hubo entre los sublevados 56 muertos, 17 heridos y unos 60 prisioneros. Desconocemos si las fuerzas colonialistas sufrieron alguna baja. La mayor parte de los esclavos prófugos fueron capturados en los siguientes días, aunque según ciertas fuentes, algunos lograron llegar a la Ciénaga de Zapata y erigieron allí un palenque. La tradición insiste en afirmar que hubo también varias ejecuciones extrajudiciales, como la de Carlota, descuartizada públicamente.

La heroicidad y el estoicismo de esta lucumí devinieron paradigma para los cubanos blancos, negros y mulatos. No es de extrañar que en 1975 cuando nuestros compatriotas marcharon a Angola a luchar por la independencia de ese pueblo hermano, se tomara su nombre para esa operación militar.

Después de Triunvirato

En el proceso judicial seguido a los sublevados el tribunal  obró con extrema dureza. Ocho de ellos fueron fusilados, entre ellos, la lucumí Fermina, y tres prófugos sancionados a igual pena. No contento con ello, dictaminó que además se ejecutaran dos rebeldes en cada una de las dotaciones del Ácana, San Miguel y Concepción delante del resto de los esclavos para que sirviera de escarmiento y advertencia. Pero la rebeldía no cesó.

A inicios del siguiente diciembre, la esclava Apolonia, barragana de Esteban Santa Cruz de Oviedo, propietario del ingenio Santísima Trinidad, delató otra formidable rebelión que se preparaba para la noche de navidad y que abarcaba, aparte de esa fábrica de azúcar, las de Santa Rosa y Santo Domingo, de Domingo Aldama; la Majagua, de Gonzalo Alfonso, y La Trinidad, de Francisco Morejón. Según la informante, la sublevación perseguía, entre otros objetivos, el incendio de todas las propiedades, la muerte de sus dueños y “el exterminio y desolación de todo aquel que se opusiera a tan bárbaro plan”.

En el juicio sumario celebrado en Sabanilla del Comendador, el 21 de diciembre de 1843, a los complotados de las dotaciones mencionadas, 16 de ellos fueron condenados a muerte, otros a 10 años de trabajos forzados con ramal y grillete en la Fortaleza de la Cabaña y el resto, hasta completar la cifra de 35, a cuatro años de prisión en las fincas de sus amos, también con ramal y grillete, aparte de 100 azotes.

Con esta causa el Gobierno colonial inició lo que después se ha denominado como el proceso de la Conspiración de la Escalera. A más de 3 000 personas, entre ellos unos 100 blancos, se les encausó tras ser sometidos a prisión. De ellos, 78 fueron ejecutados, 28 sancionados a 10 años de cárcel, 652 a penas que oscilaban de uno a ocho años y 312, entre seis y 12 meses. Se desterraron a más de 400 negros y mulatos libres de la Isla, a pesar de que ninguna culpa se les comprobó.

Al año de la rebeldía siguió el año del cuero, como se le llamó luego a 1844. Pero eso será tema de otro artículo.

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Fuentes consultadas:

Los libros Conspiraciones y revueltas. La actividad política de los negros en Cuba (1790-1845), de Gloria García, La forja de una nación, de Rolando Rodríguez, Componentes étnicos de la nación cubana, de Jesús Guanche, La rebelión de Aponte de 1812 en Cuba y la lucha contra la esclavitud atlántica, de Matt D. Childs, y La gesta heroica del Triunvirato, de José Luciano Franco. Los textos periodísticos “Fermina Lucumí, heroína y mártir de las rebeliones de esclavos en Matanzas”, de Josefina Toledo y “Carlota, la esclava rebelde”, de Marta Rojas.


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García