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Publicado el 2 Noviembre, 2018 por Redaccion Cultura e Historia en Historia
 
 

SAN SALVADOR DE BAYAMO

Una ciudad hecha historia

Tres momentos de la cuna de la nacionalidad cubana: su fundación hace 505 años, la toma de la ciudad por las tropas mambisas, convirtiéndose en la capital de la Revolución del 68, y su incendio hace 150 años
Plaza de la Parroquial Mayor de Bayamo. (Foto: CORTESÍA DEL AUTOR)

Plaza de la Parroquial Mayor de Bayamo. (Foto: CORTESÍA DEL AUTOR)

Por LUDÍN B. FONSECA GARCÍA

La historiografía cubana ha presentado como inequívocas las determinaciones de los hombres que conquistaron y colonizaron la Isla de Cuba, sin tener presente que desconocían el medio geográfico y estaban sometidos a la presión que ejercían las comunidades aborígenes indómitas y la corona española, deseosa de tener noticias halagüeñas. Las dudas y el apremio ejercieron influencia en las decisiones que tomaban, e incidieron en la selección del lugar que escogió el Adelantado Diego Velázquez para fundar la segunda villa, San Salvador, en noviembre de 1513.

Los hispanos debían desarrollar en la Isla producciones que abastecieran las expediciones colonialistas continentales. En 1512 Velázquez envió una carta al rey, desde Baracoa, donde solicitaba autorización para legitimar la distribución de aborígenes y tierras y señalaba un punto de contacto, en la zona de Guacanayabo (costa suroeste del oriente cubano), hacia donde se debían dirigir las naves.

Tanto el Adelantado Diego Velázquez como la Corona autorizaron el surgimiento de San Salvador del Bayamo en el segundo semestre de 1515. (Foto: AUTOR SIN IDENTIFICAR)

Tanto el Adelantado Diego Velázquez como la Corona autorizaron el surgimiento de San Salvador del Bayamo en el segundo semestre de 1515. (Foto: AUTOR SIN IDENTIFICAR)

Es notorio que el Adelantado se vio apremiado por la celeridad con que trascurrían los acontecimientos desde finales de septiembre e inicios de octubre de 1513. En esta última fecha conoció que navíos procedentes de la península venían en dirección al golfo por él indicado. Entonces optó por emplazar el nuevo asentamiento en la margen oeste del río Yara, un área montañosa, cubierta de montes, pedregosa, intransitable, completamente inculta y deshabitada.

La ubicación escogida desconocía las determinaciones reales, las cuales estipulaban que el poblado debía estar junto al mar. Para tener acceso a ella se debían desplazar más de legua y media, por tierra firme. No obstante, se hallaba próxima a vías navegables.

San Salvador se fundó el 5 de noviembre de 1513, en un período de paz momentánea entre los conquistadores y la población originaria. El paraje se encontraba distante de los núcleos poblacionales aborígenes. Con esta determinación Velázquez evitaba fricciones. Y no se equivocó en relación con la actitud que asumirían los nativos, estos se mostraron afables debido a que no se invadía su comunidad. Esta decisión evitó una sublevación inmediata. Un enfrentamiento hubiera provocado inestabilidad, quizás tener que desplazar la villa, y eso traería complicaciones para el contacto con las naves; no se recibirían, o demorarían, las provisiones; además, las relaciones con la tropa se dificultarían.

El punto seleccionado para establecer la villa poseía más condiciones militares, de baluarte defensivo, que ventajas para propiciar un desarrollo económico mercantil. Aquí encontrarían protección los hombres que ejecutaban el primer proceso de ocupación de la Isla, la logística que era necesario almacenar, así como la fundición de oro y la Casa de Contratación. San Salvador fue, quizás, la única de las primeras villas cubanas que evolucionó de enclave militar a núcleo poblacional.

Lugar donde estuvo emplazado el Teatro de Bayamo en el siglo XIX, en la manzana que se interponía entre el callejón de Buruchaga (hoy General Maceo) y la hoy Plaza de la Revolución. (Foto: CORTESÍA DEL AUTOR).

Lugar donde estuvo emplazado el Teatro de Bayamo en el siglo XIX, en la manzana que se interponía entre el callejón de Buruchaga (hoy General Maceo) y la hoy Plaza de la Revolución. (Foto: CORTESÍA DEL AUTOR).

La ubicación primigenia de la segunda villa no estuvo donde se encuentra el actual pueblo de Yara, situado en la porción este del río y con terrenos favorables para el cultivo. Por el contrario, carecía de tierras fértiles, y de yacimientos auríferos, otras de las características que, según las ordenanzas españolas,  debían concurrir para erigir un asentamiento.

El languidecimiento de San Salvador se hizo manifiesto al año de su fundación. Contribuyeron determinaciones Reales y de Velázquez. En carta dirigida a este y fechada el 19 de octubre de 1514, el rey orientaba utilizar el puerto de Trinidad, por sus mejores condiciones geográficas y porque allí había minas de oro. Otras razones fueron el traslado, hacia Santiago de Cuba, de la fundición de oro, la Casa de Contratación y la capital de la Isla, por decisión del Adelantado. En el segundo semestre de 1515 la inicial San Salvador desapareció como villa.

Tierra adentro, en Bayamo, continuaban desarrollándose los vínculos entre españoles y aborígenes iniciados desde finales de 1511 o principios de 1512. Una incursión fugaz tuvo el Adelantado cuando perseguía a Hatuey. Consumada la quema, los nativos se alzaron y fue necesario enviar una fuerza pacificadora al mando de Pánfilo de Narváez. A partir de ese momento los hispanos se establecieron allí, sin haberse iniciado aún el proceso oficial de colonización.

Céspedes, convencido de que las tropas se rendirían en un período corto, dictó el 19 un decreto organizando al Gobierno de la ciudad. (Foto: AUTOR SIN IDENTIFICAR)

Céspedes, convencido de que las tropas se rendirían en un período corto, dictó el 19 un decreto organizando al Gobierno de la ciudad. (Foto: AUTOR SIN IDENTIFICAR)

Al ocurrir el abandono de la segunda villa, los españoles residentes en tierras bayamesas tuvieron la posibilidad de elevar el rango de su emplazamiento. Esta fue una aspiración materializada de inmediato. La comarca de Bayamo era alfarera y productora de alimentos. Tanto Velázquez como la Corona autorizaron el surgimiento de San Salvador del Bayamo en el segundo semestre de 1515, porque era el sitio que mejores condiciones organizativas y productivas poseía. La comunidad se fortaleció demográficamente y se convirtió en un centro de aprovisionamiento de las empresas colonialistas.

Las dos caras de un santo

Los conquistadores sintieron orgullo al nombrar a la segunda villa San Salvador porque aspiraban a liberar de un pensamiento insurgente a los habitantes de la Isla, sobre los restos calcinados del cacique Hatuey. Bajo su advocación, en 1513 se inició la institucionalización del dominio colonial en Cuba; allí Velázquez recibió las provisiones de repartidor de aborígenes y tierras.

Tres siglos más tarde, el icono del santo lo utilizaron los bayameses que crearon el Comité Revolucionario de Bayamo, en 1867. En la Parroquial Mayor, donde se encontraba su efigie con rostro aborigen, dieron a conocer, públicamente, el pensamiento independista, mediante la melodía de La Bayamesa, himno patriótico cubano, devenido Himno Nacional. Ese año los descendientes de los colonizadores primigenios comenzaron el proceso independista.

Así, una misma imagen representó procesos antagónicos.

La toma de Bayamo

Encabezadas por Carlos Manuel de Céspedes, las tropas cubanas llegaron a las márgenes del río Bayamo en horas de la tarde del 17 de octubre de 1868 y se acantonaron en la hacienda Santa Isabel, propiedad de Francisco Vicente Aguilera. Los militares españoles se recluyeron en el cuartel. El pueblo mostraba su simpatía por los independentistas.

Antes de iniciar las acciones el día 18, Céspedes hizo un intento por lograr la rendición de la plaza y para ello envió al capitán Joaquín Tamayo con una comunicación para el teniente coronel y comandante militar, Julián Udaeta. La respuesta fue negativa.

Para garantizar la defensa de la ciudad los españoles adoptaron varias medidas. El 13 de octubre salieron hacia allí desde La Habana dos fuertes columnas que desembarcaron en Manzanillo y en Gibara. Al día siguiente, Udaeta dividió el centro de la urbe en cuarteles; ordenó construir barricadas en las calles de acceso a la plaza Isabel Segunda y armó los batallones de pardos y morenos, cuyo personal tenía que dormir en el cuartel.

En el combate del arroyo Babatuaba, Francisco Vicente Aguilera estuvo en la primera línea de combate. (Foto: AUTOR SIN IDENTIFICAR)

En el combate del arroyo Babatuaba, Francisco Vicente Aguilera estuvo en la primera línea de combate. (Foto: AUTOR SIN IDENTIFICAR)

Integradas por más de 380 hombres, las tropas españolas estaban atrincheradas en tres instalaciones: el cuartel de caballería, el de infantería y la cárcel. Además, en la bocacalle de la Plaza de Armas se levantaron barricadas.

Entraron las tropas independentistas en horas de la mañana del 18 de octubre. De los tres objetivos militares que se propuso tomar Céspedes, aproximadamente en horas del mediodía habían caído la cárcel y el cuartel de caballería; solo restaba el de infantería. Continuó el asedio y los insurrectos ocuparon las esquinas de las calles que desembocaban en esa edificación. El tiroteo duró hasta la media tarde, cuando Udaeta dispuso que los soldados entraran y cerraran la puerta.

Se reinició el ataque en la mañana del 19. La táctica de los cubanos consistió en evitar un inútil derramamiento de sangre: una vía fue incendiar el cuartel para acelerar la rendición. Para ello, lanzaron botellas con petróleo encendido. El fuego, si bien resultó extinguido por los sitiados, los dejó sin reservas de agua.

Mientras se estaban efectuando las acciones contra el cuartel de infantería, Carlos Manuel de Céspedes conoció que una columna, de más de 600 hombres, dirigida por el coronel Juan López del Campillo, había salido desde Manzanillo para auxiliar a los asediados. El jefe mambí ordenó a Modesto Díaz que impidiera la llegada de esa tropa a Bayamo. En el arroyo Babatuaba, el 19 de octubre, ocurrió el enfrentamiento, que constituyó un triunfo para las bisoñas fuerzas cubanas; junto a Díaz, en la primera línea de  combate, estuvo Francisco Vicente Aguilera. Allí fracasó la única opción de ayuda que tenían los españoles acantonados en la ciudad.

Durante la noche, levantaron los cubanos barricadas y trincheras de piedras frente al cuartel. Céspedes, convencido de que los militares se rendirían en un período corto, dictó un decreto organizando el Gobierno de la ciudad.

La situación resultaba insostenible para los españoles, quienes no podían establecer una buena defensa y el edificio donde se refugiaban, amenazaba con desplomarse. Debatieron si debían abandonar el cuartel y dirigirse a Manzanillo o capitular. El consejo de guerra convocado aceptó la segunda opción.

Las bases de la capitulación se redactaron el 20 de octubre, en horas de la mañana, en el cuartel de infantería. Los  cubanos ocuparon el local y los españoles fueron trasladados al Edén, establecimiento comercial de Francisco Vicente Aguilera, en la Plaza de Isabel Segunda.

Con la toma de Bayamo la naciente revolución tuvo su primera capital y se proveyó de recursos logísticos. El Gobierno Provisional dictó medidas radicales, como la apertura de escuelas obligatorias y gratuitas y la abolición condicionada de la esclavitud.

Ese triunfo cimentó la revolución proclamada por Carlos Manuel de Céspedes, al decir de Fernando Figueredo Socarrás. Después de este hecho la guerra se expandió, los alzamientos llegaron hasta la región central de la Isla y su fuerza y pujanza tuvo que ser aceptada por España, obligada a emplear lo mejor de su ejército en Cuba para combatirla.

La batalla del río Salado

Es común leer en los libros de historia de Cuba que una indisciplina provocó la derrota de las tropas mambisas en río Salado, tras la cual se impuso la quema de la ciudad de Bayamo, el 12 de enero de 1869. Obras cinematográficas también han divulgado tal criterio. Se plantea que Donato del Mármol desobedeció las órdenes dadas por Carlos Manuel de Céspedes al cruzar el río Cauto para enfrentar la columna capitaneada por el Conde de Valmaseda, quien lo derrotó. Es una culpabilidad que ha acompañado a ese mayor general durante 142 años. Estudiar las causas de la incriminación rebasa estas líneas, dedicadas a aclarar que el bayamés jamás se insubordinó.

Pedro Figueredo se reunió en horas de la noche del 11 de enero con las autoridades de Bayamo en la sede del gobierno para analizar la situación y tomar una determinación. (Foto: AUTOR SIN IDENTIFICAR)

Pedro Figueredo se reunió en horas de la noche del 11 de enero con las autoridades de Bayamo en la sede del gobierno para analizar la situación y tomar una determinación. (Foto: AUTOR SIN IDENTIFICAR)

Las autoridades españolas intentaron recuperar Bayamo enviaron una columna integrada por 2 000 hombres y artillería, con el Conde de Valmaseda, jefe de estado mayor, al frente. Avanzaron desde Nuevitas. Los cubanos escogieron como teatro de operaciones una extensa área de terreno que forma un triángulo, desde el cruce del río Salado hasta el del Cauto, ambos sobre el Camino Real de la isla de Cuba, y desde ahí hasta el poblado de Cauto el Paso.

El general Donato del Mármol preparó una defensa escalonada que se inició con la colocación de obstáculos en el camino que viene desde Las Tunas; se apostaron hombres en todos los lugares vadeables de la margen derecha del río, y se construyeron trincheras. El general Modesto Díaz se aprestó para atacar por la retaguardia. El plan de defensa se consultó, de seguro, con el general en jefe Carlos Manuel de Céspedes. Fue pensado y calculado para obtener una importante victoria, no existió improvisación en las armas cubanas.

Durante el desplazamiento, el Conde cambió de trayecto. Al llegar al punto donde chocaba con las trincheras, dejó el Camino Real y tomó el de Boajato. Su tropa pasó el río Salado por un punto no previsto por los mambises debido a las dificultades que presentaba: una cuenca profunda, de pendiente resbaladiza y pronunciada, la subida es escabrosa, y hay una profundidad de casi  un metro.

Las fuerzas cubanas se presentaron en el lugar el 8 de enero de 1869, cuando la infantería y la artillería peninsulares estaban en la margen derecha atrincheradas y preparadas para combatir. Los independentistas lucharon en condiciones desfavorables, la superioridad de los españoles se impuso. Los cubanos se retiraron. Ambas tropas tuvieron grandes pérdidas humanas.

El 9 de enero continuó el avance de la columna ibérica por el camino que conduce a Cauto el Paso. Al llegar encontraron a los mambises en la margen derecha del río Cauto, protegidos por trincheras y un espeso bosque que los enmascaraba. Los españoles crearon condiciones defensivas e hicieron una chalana. En la tarde comenzó la preparación artillera hispana y tiros de fusilería que se extendieron hasta el día siguiente. Se inició entonces el combate de Cauto el Paso, segundo de la batalla del río Salado. El ataque fue intenso, pero no pudieron desalojar la defensa cubana.

En horas de la mañana del 11 de enero los colonialistas rompieron fuego de artillería y una parte de su columna tomó por el camino que bordea el río Cauto y llega hasta Cauto Embarcadero, en un desplazamiento silencioso y no detectado por los mambises. En alrededor de tres horas llegaron al paso del Camino Real de la Isla en el río Cauto, iniciaron un fuego cerrado de artillería y fusilería contra los escasos hombres que lo defendían. Comenzaba el combate de Cauto Embarcadero, tercero de la batalla del río Salado. Las defensas cubanas cedieron poco a poco, hasta que abandonaron las posiciones.

Las guerrillas españolas alcanzaron a nado la orilla derecha del  Cauto, y poco después se trasladaron a esa ribera la vanguardia ibérica, el cuartel general y el Conde de Valmaseda. La columna española tenía expedito el camino hacia Bayamo. El general Donato del Mármol partió hacia la segunda villa fundada en Cuba para trasmitir la infausta noticia.

Al valorar la derrota sufrida por las tropas cubanas, Carlos Manuel de Céspedes no señaló como causa la indisciplina, insubordinación o incumplimientos del mayor general Donato del Mármol. El 15 de enero de 1869 el Padre de la Patria envía una carta al Agente de la República de Cuba en los Estados Unidos, donde afirmaba que después de los combates en la sabana Caridad y Cauto el Paso, el Conde de Valmaseda estaba derrotado, “pero una traición inesperada, que aún no hemos podido averiguar, le facilitó el medio de pasar el río frente a Cauto Embarcadero”.

La quema de la ciudad

Con el incendio de Bayamo, el pueblo demostró estar dispuesto a luchar por la independencia hasta las últimas consecuencias. (Foto: AUTOR SIN IDENTIFICAR)

Con el incendio de Bayamo, el pueblo demostró estar dispuesto a luchar por la independencia hasta las últimas consecuencias. (Foto: AUTOR SIN IDENTIFICAR)

Pedro Figueredo se reunió en horas de la noche del 11 de enero con las autoridades de Bayamo, en la sede del gobierno, para analizar la situación y tomar una determinación. En medio del debate, Joaquín Acosta propuso quemar la ciudad, la medida tuvo apoyo popular. De nada valieron los intentos disuasivos de las esposas de los comerciantes y oficiales españoles, en horas de la madrugada del 12 de enero se vieron las primeras llamas.

Cuando entró Valmaseda el 16 de enero, las cenizas aún estaban calientes y tuvo que abrirse paso entre los escombros, las maderas humeantes y las paredes desplomadas. En la antigua plaza Isabel Segunda halló una sorpresa: un letrero anunciaba su rebautizo como Plaza de la Revolución.

De las 1 174 casas de Bayamo, 1 014 fueron quemadas y solo 160 sobrevivieron, según un padrón encontrado por la investigadora Idelmis Mari Aguilera. Más de 7 411 personas se trasladaron a los campos, muchas murieron como consecuencia del hambre, las enfermedades y la persecución de las tropas españolas.

Como un desastre urbanístico, demográfico, y por consiguiente cultural, ha sido vista la quema de la ciudad, lo cual es cierto si se analiza el impacto negativo que tuvo en la sociedad. Pero el suceso dio lugar a la formación de una nueva cualidad: desde ese momento la cultura popular sería preeminente en Bayamo durante décadas. Los diversos sectores sociales se vieron obligados a convivir y realizar entre sí préstamos culturales, hasta esos momentos inéditos; el resultado fue una mayor integración étnica y cultural de la sociedad. El 12 de enero de 1869 comenzó el parto de la nación cubana.

* Máster en Ciencias Históricas. Historiador de la ciudad de Bayamo


Redaccion Cultura e Historia