0
Publicado el 2 Diciembre, 2018 por ACN en Historia
 
 

El Granma llega a puerto seguro, nacen las FAR

Muy amadas por el pueblo y temidas por el enemigo, las gloriosas Fuerzas Armadas Revolucionarias están hoy de cumpleaños y también los hombres y mujeres que las integran para constituir un brazo fuerte y de acero en defensa de la Patria

Desembarco del Granma

Han pasado 62 años y, sin embargo, lo que sucedió el dos de diciembre de 1956 en la ribera inhóspita de Los Cayuelos, cerca del playazo de Las Coloradas, Niquero, costa suroriental de Cuba, clavó un jalón en la historia más reciente de la nación y reafirmó que la continuidad de la revolución libertaria era una realidad, anclada al fin en puerto seguro.

El desembarco de los 82 expedicionarios que al mando de su líder Fidel Castro habían navegado por un Mar Caribe proceloso, debido a fuerzas naturales y a la vigilancia y persecución enemigas, definió el nacimiento del Ejército Rebelde que libraría durante poco más de dos años la batalla final contra la tiranía de Fulgencio Batista.

En esa fecha hoy se celebra con toda justicia y exacta significación el día fundacional de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Aún hay una hondura mayor en su trascendencia. Con cada avance y victoria del núcleo mínimo primigenio de combatientes –diezmado sensiblemente por el ejército batistiano tras el desembarco-,  también renacieron y se extendieron enormes fuerzas morales y patrióticas en todo el pueblo cubano. Y esa conciencia nacional robusteció la lucha en número y en respaldo popular,  e hizo posible la victoria del Primero de Enero de 1959.

Luego de su excarcelación en 1955, tras los sucesos del Moncada, Fidel Castro marchó al exilio en México. Desde allí nucleó a un grupo de valiosos compatriotas, como él  comprometidos con la causa liberadora. Entre los expedicionarios había hombres que pronto se convertirían en figuras legendarias por su heroísmo y destreza militar.

Citemos solo algunos: Camilo Cienfuegos, el Señor de la Vanguardia; el argentino Ernesto Che Guevara, el mítico guerrillero amado por el pueblo cubano; Juan Almeida Bosque, comandante de innata sencillez, arrojo y fidelidad, el mismo que en medio de la arrasante metralla que los dispersó pocos días después de tocar tierra, en Alegría de Pío, gritó ante el llamado enemigo: “¡Aquí no se rinde nadie, c…!”

El segundo jefe de la expedición era un revolucionario extraordinario, lamentablemente asesinado poco después del arribo del Granma, luego de su captura debido a una delación. Era el periodista Juan Manuel Márquez, de una trayectoria impresionante como luchador comunista y desde el frente de su oficio. No en balde se le confió el puesto de segundo al mando.

Salieron del puerto de Tuxpan, México, el 25 de noviembre, todavía sin haber clareado la mañana. El tiempo era infernal, por el oleaje, vientos y lluvias de la temporada. Pasaron días aciagos de adaptación a la navegación y al hacinamiento de aquellos hombres nada duchos o habituados a las faenas marineras.

Finalmente, en la madrugada del 28 ya avanzaban con certeza Mar Caribe adentro. Sin embargo, al día siguiente hubo una alarma de combate, pues se acercaban dos naves sospechosas que resultaron ser dos inofensivos pesqueros que ni los miraron.

El 30 de noviembre, fecha en la cual inicialmente se esperaba su arribo a costas cubanas, el yate iba bien enrumbado hacia la Mayor de las Antillas, pero estaba lejos de las maniobras de desembarco.

Entonces se enteraron por la radio sobre el alzamiento de la ciudad de Santiago de Cuba, en apoyo a la llegada de la expedición, para distraer a las fuerzas de los batistianos. Esta acción heroica de los santiagueros fue reprimida con saña por el tirano y no cumplió los objetivos.

En la madrugada del primero de diciembre y cuando el expedicionario Roberto Roque oteaba el horizonte, una fuerte vibración sacudió el navío y cayó al mar. Su rescate angustioso y azaroso retrasó el viaje, pues por órdenes de Fidel se detuvo la navegación hasta encontrarlo sano y salvo, por suerte.

Al encender los motores de nuevo, a la hora divisaron las luces del faro de Cabo Cruz. Transitando por el canal de Niquero dieron con unas boyas no prescritas en la carta de navegación disponible. Esto les creó dudas del sitio donde se encontraban.

Decidieron disminuir la velocidad, cambiar el rumbo y dirigirse a la costa sin esperar más. Ya en la tarde de ese día dijo que atracarían de un momento a otro en un punto cercano de Niquero, al sur de Oriente. Definió la organización militar que asumirían.

Así fue como la noble Granma encalló en una punta de mangle nombrada Los Cayuelos, a dos kilómetros de la playa Las Coloradas, que fue donde proyectaron el desembarco. Eran las 06:50 horas del dos de diciembre de 1956.

Intentaron usar  un  bote auxiliar para llevar a tierra el armamento y demás materiales de guerra, pero fue tanto el peso que la pequeña embarcación se hundió. Cada cual debió cargar lo suyo. Cuando solo quedaba por salir del navío el pelotón de retaguardia, pasaron cerca del yate una lancha de cabotaje y un barco arenero. Esto los urgió a dar mayor rapidez a las maniobras. Ya no quedaba ni rastro de petróleo para hacer navegar de nuevo al navío.

Obligados a moverse por la franja costera cenagosa, a veces putrefacta e infestada de mosquitos, tardaron varias horas en llegar a tierra firme. Esa marcha forzada e imprevista los hizo perder la mayor parte del equipamento que restaba.

Por suerte la tupida maraña de mangle los protegía de ser localizados con certeza por la aviación enemiga que andaba a su caza.

Al fin llegaron. La tierra cubana era entonces puerto seguro para la libertad y para los ideales que ellos traían consigo. No tanto para la vida de cada uno, pero lo sabían y asumían. Entonces, a pesar de los azares y quebrantos, sintieron la dicha de haber llegado a ella. Y continuaron, sin rendirse, el camino… (ACN)

FAR, brazo de acero de la Revolución

La disciplina militar, clave para el cumplimiento de las misiones.

La disciplina militar, como tarea política principal de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, favorece el cumplimiento de misiones y de otras actividades a los combatientes.

Por Aida Quintero Dip

Muy amadas por el pueblo y temidas por el enemigo, las gloriosas Fuerzas Armadas Revolucionarias están hoy de cumpleaños y también los hombres y mujeres que las integran para constituir un brazo fuerte y de acero en defensa de la Patria.

Nacieron el dos de diciembre de 1961 como saludo al desembarco del yate Granma, ocurrido en 1956, cuando un grupo de valientes cubanos con Fidel al frente tuvo su bautismo de fuego en Alegría de Pío, en el oriente de la Isla, tras la llegada procedente de México para ser libres o mártires.

Crecieron con la savia de las tradiciones de lucha del pueblo y atesoran años de duras batallas, libradas con inteligencia y audacia por jefes, oficiales y soldados, a quienes se les rinde merecido homenaje en esta fecha y todos los días, con la certeza de que ese cuerpo armado cuida cada amanecer el sueño de la Patria.

Ante la proverbial capacidad de las FAR para salvaguardar las conquistas de la Revolución, logradas con la sangre de sus mejores hijos y el sudor del pueblo, se han estrellado las más inverosímiles maniobras del imperialismo yanqui, ancestral enemigo de Cuba.

Forjadas en tiempos de combate, están ahí invictas como la Revolución misma, tras una historia tejida en momentos de lucha crucial contra el imperio, que no admite la existencia de una nación soberana y un pueblo que se haya resistido a sus designios y no lo hayan puesto jamás de rodillas.

Decir Fuerzas Armadas Revolucionarias es decir pueblo, Revolución, soberanía, libertad; es también hablar de hombres y mujeres íntegros, capaces de los más altruistas gestos y hazañas a favor de una causa y de un ideal.

Las FAR gana cada día mayor autoridad y prestigio a los ojos de su pueblo, por el alto espíritu patriótico-moral y su audacia que le hacen merecer siempre el respeto más sentido, considera el Héroe del Trabajo de la República de Cuba, Rolando Beltrán Hurtado.

Para el joven Reinier Hernández este cuerpo armado se halla cada día mejor preparado moral y técnicamente para ser como una antorcha encendida, vislumbrar los claros caminos de la Revolución y continuar tras las huellas de su invicto jefe de siempre: Fidel.

Contra viento y marea marcha como hueso duro de roer por el enemigo, y para los cubanos es esa FAR que acude solícita a cada convocatoria del pueblo, por ejemplo, para protegerlo ante huracanes devastadores o en la recuperación de los daños, subraya William Segura, trabajador jubilado de las comunicaciones.

Las misiones cumplidas con éxito en la Patria y fuera de las fronteras nacionales le han otorgado una válida gloria, gracias al valor y la hidalguía de sus veteranos y jóvenes combatientes, mezcla de energía, vitalidad y experiencia para seguir siendo ese escudo de la nación, realmente invencibles. (ACN)


ACN

 
ACN